¿Sabías que tener un propósito en la vida te hará vivir más y mejor?

Para tener una vida satisfactoria y plena es imprescindible que te marques metas significativas.

Algunas personas buscan dar un significado a sus vidas a través de la familia, otros a través del trabajo y el dinero y otros a través de la religión. Sin embargo, otros muchos viven por inercia y se dejan llevar por la rutina, como auténticos robots.

Es importante marcar varios propósitos o metas vitales, para no centrar toda nuestra atención y esfuerzo en un solo objetivo. Además, hay que tener en cuenta que las metas puedes cambiar a lo largo de la vida ya que nuestros intereses son cambiantes y evolucionan al ritmo que nosotros también evolucionamos.

Tener objetivos en la vida nos moviliza y nos encamina hacia una dirección, y nos anima a movernos en dicha dirección con ánimo y responsabilidad.

La motivación tiene mucho que ver con la capacidad de ponerte estas metas, ya que una persona que alcanza una meta significativa es una persona que vive más feliz y más motivada para alcanzar nuevas metas.

Los objetivos pueden ser materiales como comprarte el coche de tus sueños o comprar una bonita casa con piscina, o inmateriales como aprender a ser más tolerante o tener más paciencia con mis hijos. Sean materiales o no, todos suman y todos son importantes.

Pero más allá de los objetivos, también es clave tener una misión en la vida, dar un sentido a tu existencia. A veces lleva años entender cuál es tu propósito más importante a alcanzar, pero una vez lo tienes, tu vida en general es más fácil y tu actitud es mucho mejor, ya que todo cobra sentido. Trabaja por encontrar tus objetivos y ve más allá y busca cuál es tu MISIÓN.

Te propongo que elabores una lista de objetivos vitales a largo plazo (a alcanzar a lo largo de la vida), a medio plazo (a alcanzar en el próximo año) y a corto plazo (a alcanzar en el próximo mes). Revisa a menudo tus listas y fíjate bien si estás bien encaminado o debes hacer algún cambio para ponerte en el camino adecuado.

Texto: Cristina Martínez Viana

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