La disminución, adquisición y el mantenimiento de los hábitos

Equipo del Gabinet Psicològic Mataró · actualizado el 4 min de lectura
La disminución

Cuántas veces nos habremos dicho frases como: “Mañana empiezo una rutina en el gimnasio”; “tengo que reordenar esta habitación”; “la semana que viene empiezo a dejar de fumar”; “debería llamar algún día a María…”. Todas ellas se refieren a propósitos personales que nos marcamos para mejorar o moldear ciertos aspectos de nuestra vida actual. El problema es que muchos de ellos, o bien no terminan nunca de realizarse, o cuando se inician, se abandonan fácilmente. Por ello, es especialmente importante repasar el concepto de hábito y sus implicaciones en nuestro día a día.

A grandes rasgos, podemos definir el término como la práctica habitual que realiza una persona, un animal o un colectivo. Más específicamente, se refieren a conductas, más o menos arraigadas, aprendidas y automatizadas, que se encuentran asociadas a ciertas consecuencias, ya sean de carácter “positivo” (p.ej., ampliar el contacto o círculo social) o “negativo” (p.ej., consumo de tabaco o alcohol). Una de sus características principales es la fijeza o inmodificabilidad, principalmente cuando están vinculados a consecuencias positivas o aparentemente positivas. Así, según los ejemplos citados, el tener más contacto interpersonal podría ser de por sí positivo; e ingerir ciertas substancias, aunque podría concebirse por la propia persona como algo “agradable”, resultaría claramente perjudicial. De esta forma, podemos ver como la adquisición o el abandono de un hábito, requiere en la mayoría de ocasiones suprimir otro, aunque como veremos a continuación, esto puede resultar más o menos difícil.

Entre los principales factores que acostumbran a impedir emprender un nuevo hábito, o a mantenerlo en caso de ya haberlo adquirido, se encuentran:

La comodidad: Estamos bien como estamos, y esto nos aporta el “suficiente” bienestar. Constituye uno de los aspectos más potentes, ya que indirectamente se vincula a todos los demás. Si lo que estamos haciendo actualmente ya nos agrada, ¿para qué tocarlo?. Deberemos analizarlo objetivamente, teniendo en cuenta los pros y contras de los hábitos actuales, y de los que queremos adquirir, y tanto a corto como a largo plazo.

Procrastinación: Muy relacionado con el punto anterior, ya que ante la comodidad, y al plantearnos cambiar, uno de los mecanismos más utilizados es el hecho de postergar su realización para otro momento. Así, lo único que hacemos es convencernos a nosotros mismos de que ahora mismo tenemos otras prioridades, e incluso les otorgamos más importancia que aquello que realmente deseamos.

Creencias distorsionadas: No creer en la utilidad del cambio, en que no nos aportará cosas positivas, o en que no seremos capaces de hacerlo o de mantenerlo suponen algunas de las creencias negativas más comunes para no cambiar. En este sentido, cuando en ocasiones nos arriesgamos, y luego observamos las consecuencias, nos damos cuenta de la utilidad de abandonar nuestra zona de confort.

Minimizar y maximizar el esfuerzo: La minimización se encuentra más relacionada con el abandono de un hábito ya adquirido, y la maximización con el hecho de no iniciarlo. Así, cuando por ejemplo ya hemos iniciado una dieta, o dejado de fumar, es relativamente usual confiarnos y recaer. Por otro lado, tendemos a ver una gran montaña ante nosotros cuando nos planteamos empezar algo. Por ello, es importante atribuir el peso adecuado a cada aspecto.

En resumen, merece la pena tomar conciencia de todos estos mecanismos, que nos dificultan arrancar y salir de nuestra rutina. Merece la pena remarcar, que la mayoría son creados cognitivamente, es decir, somos nosotros mismos los que nos impedimos precipitar las cosas, cuando en realidad, a nivel externo existen pocos aspectos objetivos que de por sí supongan claras barreras para empezar. Junto a esto, también hay que tener en cuenta que muchos hábitos se encuentran asociados a trastornos específicos. En este sentido, las adicciones, algunos trastornos de ansiedad como las fobias, o ciertos problemas relacionados con la autoestima pueden explicarse desde este mecanismo.

Por ello, ciertas intervenciones como la Terapia Cognitivo-Conductual, la cual utiliza, entre otras, técnicas de modificación de conducta, pueden ser especialmente útiles para disminuir, crear o fortalecer algunos hábitos. Los profesionales de nuestro centro de psicología, en Mataró, están especializados en esta y otras intervenciones las cuales poseen hoy en día una amplia evidencia empírica. Si quieres recibir más información al respecto, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

Este artículo es divulgativo y no sustituye la valoración de un profesional. Si te reconoces en lo que explica, puedes consultarnos en el 636 768 455 o por WhatsApp.

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