La autoestima es la valoración que una persona hace de sí misma y se construye a partir de cómo se percibe, cómo se habla internamente y cómo se cuida en su día a día. Tener una autoestima saludable no implica sentirse superior a los demás, sino reconocer el propio valor, aceptar las limitaciones personales y confiar en la capacidad para afrontar las dificultades de la vida.
Desde la psicología, sabemos que una autoestima adecuada actúa como un importante factor de protección frente al estrés, la ansiedad y la dependencia emocional. Por el contrario, una autoestima baja puede generar inseguridad constante, miedo al rechazo, dificultad para tomar decisiones y una autocrítica excesiva que impacta directamente en el bienestar emocional y en las relaciones personales.
¿Cómo detectar el nivel de autoestima?
La autoestima no siempre es evidente, pero suele manifestarse a través de patrones de pensamiento, emoción y conducta. Algunos indicadores frecuentes son:
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Diálogo interno: presencia de pensamientos negativos, descalificadores o poco compasivos ante los errores.
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Gestión del error: vivir los fallos como fracasos personales en lugar de como oportunidades de aprendizaje.
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Relación con los demás: dificultad para poner límites, necesidad constante de aprobación o miedo intenso al conflicto.
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Autoconfianza: dudas persistentes sobre las propias capacidades y tendencia a infravalorar los logros.
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Autocuidado: priorizar de forma habitual las necesidades ajenas por encima de las propias, tanto a nivel físico como emocional.
En el ámbito clínico, existen herramientas validadas como la Escala de Autoestima de Rosenberg, que permiten evaluar de manera fiable el nivel de autoestima y orientar el trabajo terapéutico.
Cómo mejorar la autoestima: pautas prácticas
Mejorar la autoestima es un proceso gradual que requiere constancia, conciencia y autocompasión. Algunas estrategias clave son:
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Revisar el diálogo interno
Aprender a sustituir la autocrítica destructiva por un lenguaje interno más realista, respetuoso y equilibrado. -
Reconocer los logros
Valorar los pequeños avances diarios, no solo los grandes éxitos. El esfuerzo sostenido también cuenta. -
Aceptar la imperfección
Comprender que equivocarse forma parte del desarrollo personal y no define el valor como persona. -
Establecer límites saludables
Decir “no” cuando es necesario es una forma de autorrespeto, no de egoísmo. -
Cuidar las propias necesidades
Descansar, pedir ayuda y atender el bienestar emocional refuerzan directamente la autoestima.
La autoestima no es un rasgo fijo, sino una habilidad que puede trabajarse y fortalecerse a lo largo de la vida. Desarrollar una relación más sana con uno mismo facilita tomar decisiones más coherentes, construir relaciones equilibradas y afrontar los retos con mayor seguridad y serenidad.
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