Las categorías diagnósticas nos ayudan a identificar y a comprender las dificultades por las que puede estar pasando una persona. Además, facilitan la elaboración de tratamientos específicos y eficaces, creando estrategias teniendo en cuenta las características de la patología. Dentro del espectro del Trastornos Obsesivos y relacionados, los cuales engloban una serie de problemas que tienen como denominador común la presencia de preocupaciones/obsesiones intrusivas y/o de comportamientos o actos mentales excesivos que buscan disminuir la ansiedad o la probabilidad de que suceda algo temido, aparece el trastorno de acumulación. 

 

Este diagnóstico, comúnmente conocido Síndrome de Diógenes, se define como la dificultad persistente para deshacerse o renunciar a las posesiones, independientemente de su valor real. Esto aparece debido a una necesidad percibida de tener que guardar las cosas, junto al malestar experimentado cuando se deshace de ellas. De esta forma, la dificultad para deshacerse de las posesiones, da lugar a la acumulación de cosas, característica principal del trastorno. Además, tal y como se indica en algunos manuales, si las zonas habitables se encuentran despejadas, es sólo debido a la intervención de terceros. Junto a estas características, aparece un rasgo importante, y es que la persona puede presentar o no, adquisición excesiva. Esto se refiere a que, además de tener dificultad para desprenderse de elementos, puede presentar la necesidad de adquirir constantemente otros que no necesita. 

 

Afecta desproporcionadamente más a adultos mayores, específicamente entre los 55 y 94 años, y de manera similar a ambos sexos. El curso suele ser crónico, necesitando un tratamiento específico y principalmente psicológico para disminuir tanto sus síntomas como el malestar asociado. Uno de los principales problemas, es que suele detectarse de manera tardía, ya que hasta que la persona no manifiesta malestar (en forma de ansiedad, irritabilidad, problemas laborales o sociales, entre otros), o los demás no observan la dificultad para desprenderse o para dejar de acumular, puede pasar bastante tiempo. 

La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), se ha demostrado eficaz para estos casos, y especialmente la Exposición con Prevención de Respuesta. Si te interesa saber más acerca de su funcionamiento o tienes cualquier pregunta, te invitamos a que contactes con nosotros. En nuestro centro de psicología, en Mataró, encontrarás profesionales que te ayudarán a resolver todas tus dudas.

La forma en que afrontemos, cognitiva, emocional y comportamentalmente, aquello que nos genera malestar, marcará indudablemente la superación o la persistencia del problema. No adoptamos una única estrategia para todos los problemas, sino que en función de estos, y del grado de competencia y control con el que nos percibamos, utilizaremos una u otra alternativa. Especialmente ante aquellos que nos provocan una reacción emocional intensa, sea de miedo, de tristeza, de ansiedad, o de cualquier otra emoción, es común que inicialmente nos ayudemos de la evitación. 

 

La evitación se define como la estrategia o el comportamiento mediante el cual escapamos, nos apartamos o rehuimos de objetos y situaciones aparentemente aversivas, o que pueden producirnos ansiedad o malestar. De esta forma, alejarnos inicialmente de la fuente de malestar, negando o ignorando el problema, es algo totalmente normal y habitual, y supone un mecanismo de defensa ante situaciones especialmente dolorosas. A pesar de esta concepción general, resulta interesante diferenciar entre dos tipos de evitación:

 

  • Evitación pasiva: Enmarca todas aquellas conductas encaradas a alejarnos de la fuente o estímulo aversivo. El ejemplo más claro aquí son las fobias. La persona buscará huir ante la percepción de peligro (p.ej., en el miedo a las alturas, no subir a pisos elevados; en el miedo a espacios cerrados, eludir ascensores o habitaciones pequeñas…etc.). Existen otras como el miedo a hablar en público, donde se evitarán las exposiciones, o el miedo al fracaso, donde quizás rechazamos ofertas de trabajo o ciertas situaciones por el temor a no cumplir con ciertas expectativas.

 

  • Evitación activa: Aquí se sitúan todas aquellas conductas que realizamos para prevenir el malestar y la ansiedad. En este caso, hablamos de acercamiento a fuentes de tranquilización de forma activa, para prevenir un “mal mayor”. Por ejemplo, en la hipocondría, es típico que la persona vaya de médico en médico en búsqueda de información tranquilizadora. De esta forma, se percibe con control ante la posible enfermedad, y elude la exposición a cualquier posibilidad de caer enfermo. También cuando buscamos asegurarnos de haber realizado bien algo, preguntando constantemente a los demás, estamos eludiendo el posible “fracaso”, pero aproximándonos a información que consideramos válida para controlar el miedo. 

 

De esta forma, aunque la evitación forma parte inevitable de nuestro repertorio de conductas de afrontamiento, y en ciertas situaciones puede resultar efectiva y adaptativa, a largo plazo puede mantener e incrementar los problemas, al mantener la ansiedad o el malestar. Debemos identificar qué hacemos y qué dejamos de hacer ante los problemas, y procurar encontrar la alternativa más adecuada para ellos. 

 

Puedes recibir más información en nuestro centro de salud mental, donde tanto psicólogos/gas como psiquiatras te proporcionarán la ayuda que necesites. No lo dudes y contacta con nosotros, será un placer atenderte. 

Desde el nacimiento, e incluso antes de este, desarrollamos vínculos. Las relaciones, inicialmente con las figuras paternas, y posteriormente con amigos, compañeros, pareja…entre otros, constituyen uno de los pilares fundamentales de nuestras vidas. Tanto es así, que gran parte de nuestra autoestima se explica por la visión que tenemos de nosotros mismos, y por la que creemos que tienen los demás de nosotros. En este sentido, también en buena parte, el malestar que podemos sufrir puede explicarse muchas veces por conflictos con los demás. Por ello, se han desarrollado propuestas como la aquí presentada, la Terapia Interpersonal de Klerman.

 

Así pues, se trata de un tipo de intervención, que, como su propio nombre indica, se centra en analizar y trabajar las relaciones entre la problemática del paciente y el contexto psicosocial e interpersonal en el que vive, es decir, cómo se relaciona con los demás. Para ello, esta orientación da mucha relevancia a las experiencias actuales de la persona, a los principales vínculos de ésta, y a su repertorio de habilidades sociales para adaptarse a un mundo en constante interacción. En este sentido, aunque no elude el análisis del pasado, da mucho énfasis al presente, y considera el ambiente social como potenciador tanto de síntomas, como de cambio y mejoría. Además, se considera una terapia breve, y en la que el paciente juega un papel activo. Las principales áreas que aborda son las siguientes:

 

  • Duelo: en el caso de haber perdido a algún ser querido, se trabaja la pérdida. 
  • Las disputas interpersonales: se refiere a los conflictos pasados y que puedan surgir con los demás a lo largo de la intervención.
  • La transición de rol: se trabajan las dificultades para pasar de un rol “biográfico” a otro (p.ej., de estudiante a profesional, de hijo a padre, jubilarse…). Se considera que su afrontamiento adecuado ayuda a estabilizar y aumentar la autoestima.
  • Los déficits interpersonales: aquí se analizan y trabajan los recursos y habilidades verbales y no verbales de la persona, y su capacidad para crear, mantener y resolver tanto vínculos como conflictos con los demás. 

 

Aunque inicialmente fue creada como terapia de mantenimiento para la depresión, actualmente se utiliza para diferentes problemáticas, como la Bulimia Nerviosa, el Trastorno Bipolar, o el Trastorno Adaptativo, entre otros. Además, se puede aplicar tanto a adultos como a adolescentes. 

 

Si deseas obtener más información acerca de esta intervención o de cualquier tema que te interese, estamos a tu disposición. En nuestro centro de psicología, situado en Mataró, contamos con profesionales experimentados que te proporcionarán toda la ayuda que necesites. No lo dudes y llámanos.

El Mindfulness ha ido ganando terreno e importancia en el mundo de la psicología y en la salud mental en general. En sí, ha sido traducido de diferentes maneras, las cuales buscan encontrar, en una palabra, abarcar su totalidad: plena conciencia, presencia plena o abierta…siendo “Atención plena” la más aceptada y generalizada. Se define como aquella experiencia que nos permite anclarnos y conectar con el presente, procesando y reconociendo lo que está sucediendo mientras está sucediendo, y aceptando activamente el flujo de la experiencia en su esencia, tal cual está transcurriendo, sin juzgarla. Así, puede considerarse como un fin en sí mismo, un estilo de vida que implica practicar, en nuestras actividades diarias y rutinarias, el ser conscientes de lo que estamos haciendo en su totalidad.

De esta forma, son diferentes las propuestas que se basan o que usan el Mindfullness para trabajar diferentes problemáticas (ansiedad, depresión, estrés…), las cuales nos proponen estrategias para alimentarlo y desarrollarlo. Sin embargo, para aprenderlo debemos detectar y reducir aquello que no nos permite acceder a ello. Mantener la atención totalmente en el presente, en lo que está ocurriendo aceptándolo sin pretender cambiarlo puede resultar complicado. Llegar a la conciencia plena exige esfuerzo, cambiar hábitos de “desatender” y “distraernos”, los cuales hemos ido desarrollando a lo largo de nuestras vidas. Además de ello, es difícil sentir y detenerse en el momento actual, el ahora en toda su plenitud, y especialmente cuando queremos abrirnos para acoger algo doloroso o indeseable, utilizando lo que algunos autores denominan como Mindlessness. Este mecanismo se refiere al estado en el que  no prestamos atención a nuestro día a día, a las actividades que realizamos, no percibimos las sensaciones que nos ocurren y estamos más conectados con preocupaciones sobre el futuro o el pasado, que con el presente. Esta actitud “distraída” podríamos decir que es la que acostumbramos a adoptar la mayoría de las personas, ya sea por restarle importancia al presente, por estar demasiado ocupados, por tener preocupaciones de cierta importancia…etc.

Así, algunos ejemplos de Mindlessness son:

  • Estar más preocupados o preocupadas por el futuro o por el pasado.
  • Pasar rápidamente de una actividad a otra sin ser conscientes de ello, sin prestar atención.
  • Romper o derramar algo por falta de cuidado, por no estar atendiendo o por estar pensando en otra cosa.
  • Olvidar donde hemos dejado algo que acabábamos de tener en la mano, u olvidar el nombre de una persona casi en el mismo momento en el que lo oímos.
  • No ser conscientes de sensaciones sutiles de tensión física o incomodidad..
  • Actuar de forma autónoma, olvidando lo que hemos estado haciendo en los últimos minutos.

 

Como podemos ver, todas las situaciones anteriores se relacionan con una falta de atención al ahora, o por un exceso de atención o concentración en aspectos distintos a lo que estamos haciendo o sintiendo. La práctica del Mindfullness como contrario al Mindlessness puede permitirnos escucharnos y entendernos mejor, conectar con todo aquello que hagamos y que nos rodea, y mejorar nuestro bienestar y calidad de vida. 

 

Los profesionales de nuestro centro de psicología, en Mataró, están formados en esta y otras técnicas terapéuticas que te pueden ayudar a aumentar tu salud tanto física como emocional. Ponte en contacto con nosotros y te proporcionaremos toda la información que necesites.

La ansiedad es una reacción adaptativa del organismo ante la percepción de un peligro real o imaginario. Ésta desencadena una serie de síntomas como pueden ser: nerviosismo, inquietud, sudoración, temblor… los cuales nos permiten, o bien hacer frente a la situación de una manera eficaz, o escapar de ella. Como tal, supone una entidad amplia y dinámica, la cual incluye un componente claramente físico o emocional (las reacciones citadas), uno cognitivo (la cadena de pensamientos e interpretaciones que realizamos sobre el suceso), y otro conductual (los comportamientos llevados a cabo para afrontar o escapar de la situación). Y son muchas las categorías diagnósticas que se enmarcan dentro de ella, siendo la aquí presentada una de las más prevalentes.

 

El Trastorno de Ansiedad Generalizada o TAG se define como aquella alteración en la que existe una preocupación o anticipación aprensiva excesivas, que se produce de manera continua, en relación a diferentes sucesos o actividades relacionadas con cualquier ámbito vital (familiar, laboral, académico…). Además, a la persona le es difícil controlar esta preocupación, ocasionándole un malestar significativo. Junto a esto, aparecen una serie de síntomas que son característicos de esta problemática: inquietud o sensación de estar atrapado o con los nervios de punta, facilidad para fatigarse, dificultad para concentrarse o quedarse con la mente en blanco, irritabilidad, tensión muscular y problemas de sueño. Es importante tener en cuenta que no es necesario que aparezcan todos los síntomas citados para realizar el diagnóstico, pero sí en una proporción significativa. 

 

Se han planteado diferentes hipótesis como causas de su aparición, como son la intolerancia a la incertidumbre, o la sensibilidad a la ansiedad. A pesar de ello, se considera que en su etiología interfieren múltiples factores, tanto internos (variables de personalidad, tendencia a la preocupación… entre otros), como externos (conflictos relacionales, pérdidas emocionales o laborales…entre otros), que pueden actuar tanto como predisponentes, como precipitantes de la patología. A pesar de ello, merece la pena tener presente que la ansiedad es algo dimensional, de grado. Es decir, que todos la sufrimos en muchos momentos de nuestra vida, y sólo si aparece reiteradamente o de una manera demasiado acentuada, limitando nuestro día a día, requiere una consideración y atención especial.

Son diferentes las propuestas que se han realizado para combatir esta problemática, siendo la Terapia Cognitivo-Conductual una de las más eficaces. En nuestro centro de psicología y psiquiatría, situado en Mataró, estamos formados en esta y otras intervenciones que pueden ayudarte. Si quieres conocernos, llámanos, te proporcionaremos toda la información que necesites.

El duelo supone una parte inevitable de nuestras vidas, y forma parte de un proceso inherente a todos nosotros. Como tal, puede definirse como aquel proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida (p.ej., ser querido, relación, empleo…). Se trata de un fenómeno totalmente natural y real, en el que se ponen a prueba nuestros recursos emocionales, nuestra resiliencia. Además, existe consenso en identificar 5 fases por las que podemos transitar durante este, como son: negación, enfado o ira, negociación, dolor o depresión, y aceptación. Estas aparecen de forma alternada y en espiral, no siguiendo una secuencia concreta, dependiendo de la persona. 

 

El duelo perinatal se define como la pérdida que sucede durante el embarazo, el parto o al poco tiempo de dar a luz. Aunque este proceso, ha quedado silenciado, o a la sombra, por el impacto, el miedo, o el considerarse un proceso antinatural, es sumamente importante darle voz, ya que supone una realidad frecuente y significativa. En el año 2015, la OMS lo incorporó como uno de los 100 indicadores básicos de salud. Además, 1 de cada 40 fetos muere antes de nacer, y concretamente en España, son 2000 los bebés que mueren pasadas las 24 semanas de gestación o durante el primer mes de vida. A estos, habría que sumar las pérdidas por abortos involuntarios, los cuales en 2 de cada 3 casos sucede durante el primer trimestre. Por lo tanto, nos encontramos ante una situación que existe, y a la que sigue un impacto emocional muy significativo. 

 

De esta forma, los sentimientos de tristeza, rabia, ansiedad, culpabilidad, o incluso patologías mentales pueden aparecer asociadas a este momento. La pérdida del nuevo proyecto de vida, de la ilusión, puede suponer un momento realmente complicado para muchos padres. Además, es importante tener en cuenta que el amor no entiende de tiempos, de edades. Así, el dolor será proporcional al amor que sintamos por esa persona. Se ha comprobado que incluso puede existir vínculo antes de la gestación, por lo que simplemente la esperanza, o el proyecto pueden ser ya claves para comprender su relevancia en nuestras vidas. Aun así, es cierto que a medida que avanza nuestro embarazo, el vínculo se fortalece y se hace más significativo. 

 

Ante esta situación, y debido al impacto y la incredulidad, podemos orientar de forma incorrecta la ayuda que proporcionamos a las personas afectadas. Así, frases típicas pueden ser: ya llegará otra oportunidad, sabes que te puedes quedar embarazada, todavía no había nacido, tienes que ser fuerte por el resto de tu família… Todas ellas llevan a fomentar sentimientos de incomprensión, de culpabilidad, evitando afrontar un dolor muy presente y real. Por contra, la validación emocional, la aceptación, el acompañamiento, la escucha, y el atender a las necesidades, se alzan como estrategias clave para el afrontamiento de la situación. En este sentido, frases como: no imagino por el dolor que estás pasando, ¿qué necesitas?, o no tengo palabras para consolar pero si brazos para sostenerte y para acompañarte, son alternativas que facilitan el procesamiento, la empatía, la comprensión.  Incluso un silencio puede ser más sanador que una frase mal dicha. 

 

Los bebés, lleven el tiempo que lleven con nostros, ocupan un lugar en nuestra vida. Su pérdida, sea en el momento que sea, debe reconocerse, hablando sobre ello, afrontándolo. Juzgar nuestro o el estado emocional ajeno no nos ayuda, y mucho menos el taparlo o evitarlo. Elaborarlo, a través de nuestros familiares, o pidiendo ayuda externa puede ayudarnos a facilitar nuestro proceso de adaptación. 

 

Si deseas recibir más información sobre ello, ponte en contacto con nuestro equipo de profesionales de la psicología, en Mataró, te proporcionaremos toda la ayuda que necesites.

Pasamos gran parte de nuestras vidas experimentando innumerables emociones, incluso si lo pensamos, es difícil calcular por las que hemos pasado a lo largo de un mismo día. De hecho, resulta complicado concretar alguna ocasión en la que no hayamos sentido nada (incluso en el sueño las experimentamos!). Por ello, éstas forman parte inevitable de nosotros, dándole sentido y color a nuestro mundo. Algunas, especialmente las agradables, las clasificamos y entendemos como positivas (alegría, confianza, esperanza, amor…); pero otras, en cambio, las ponemos en el cajón negativo, teniendo en cuenta el malestar o la limitación que producen.

 

Esta última idea se encuentra estrechamente vinculada al término presentado, la Mochila Emocional. Podemos definir ésta como el peso que acumulamos a través de ciertas experiencias, y en el que vamos añadiendo o escondiendo, todas aquellas emociones que nos han afectado negativamente, y que se asocian en su mayoría, a situaciones negativas que nos ha costado afrontar. Su contenido, pues, está conformado de una mezcla de recuerdos, experiencias y sentimientos de diferente tamaño o intensidad, que hemos decidido (consciente y/o inconscientemente), bloquear. Si no aprendemos a vaciar la mochila de experiencias negativas, cuanto más tiempo pase, más cargada la tendremos, y mayor peso deberemos soportar, lo cual repercutirá tanto a nivel físico como psicológico o emocional, pudiendo sufrir tanto fatiga o cansancio, tensión, dolores musculares… como tristeza, culpa, ansiedad, problemas de autoestima… Repercutiendo además, en nuestras relaciones y nuestro día a día. 

 

Vaciarla, soltando todo aquello que nos tiene presos del pasado y nos quita energía, nos permitirá avanzar. Aceptar nuestros errores, identificar, observar y conocer nuestras emociones, valorar nuestros avances y nuestras fortalezas, y, sobre todo, aceptar lo que experimentamos y vivimos sin luchar contra ello, nos hace dueños de nosotros mismos, ayudándonos a tener un mayor control. Se trata de un proceso de afrontamiento y de aprendizaje en el que el olvido, la represión, la evitación, y sobre todo, el autocastigo, deben dejarse a un lado, dando paso a la observación, identificación, y por encima de todos, la aceptación. 

 

Si deseas conocer más acerca de este tema, o te gustaría aprender o conocer estrategias para este o cualquier otro aspecto, en nuestro centro de Psicología, en Mataró, te proporcionaremos toda la ayuda e información que necesites. Llámanos, estaremos encantados de atenderte.

Son muchos los autores que han dejado su huella, no solo en el mundo de la psicología y la salud mental en general, sino en el mundo entero. Entre ellos, uno de los más relevantes es Abraham Maslow (1908-1970), psicólogo estadounidense considerado uno de los artífices y fundadores de la Psicología Humanista. Esta corriente, a grandes rasgos se caracteriza por postular la existencia de una tendencia humana básica hacia el bienestar mental y emocional, manifestándose u obteniéndose a través de procesos como la búsqueda de autorrealización o de actualización. Y su teoría estaría en congruencia con este principio.

La pirámide o jerarquía de las necesidades de Maslow es una teoría que propone que la satisfacción de ciertas necesidades más básicas o subordinadas, dará lugar al cumplimiento o generación progresiva de otras necesidades más elevadas o superordinadas, hasta llevar a la autorrealización. La no satisfacción de algunas de las necesidades será el factor responsable de las alteraciones emocionales y de la conducta. Las principales categorías o necesidades de la pirámide son:

  • Necesidades básicas o fisiológicas: corresponden al primer eslabón de la pirámide. Según el propio autor, son las únicas que se encuentran inherentes en todos nosotros, y resultan claves para la supervivencia. Englobarían respirar, alimentarse, vestirse, hidrataarse, el sexo, etc. 
  • Necesidades de seguridad: aquí buscamos mantener y crear una situación de orden y seguridad en nuestras vidas. Entroncaría principalmente una seguridad física (la salud), económica (tener un mínimo de ingresos), de vivienda, entre otros. 
  • Necesidades sociales: este escalón implica el sentimiento de pertenencia a un grupo, incluyendo la familia, la pareja, los amigos, los compañeros de trabajo, etc.
  • Necesidades de estima o reconocimiento: Constituyen las necesidades de reconocimiento como la confianza, la reputación, la independencia social o las metas financieras. Dentro de la interacción social, necesitamos recibir cierta aprobación para conformar nuestra autoestima. 
  • Necesidades de autorrealización: es el quinto y último nivel, el más alto, y el cual sólo puede satisfacerse cuando todas las demás necesidades han sido cubiertas y alcanzadas. Cuando se llega a la cumbre, se considera haber alcanzado el éxito personal. 

 

Maslow marcó una época con sus aportaciones, y si lo pensamos, cada uno de sus escalones puede representarnos en cierta manera, o incluso, en cierta manera, la búsqueda de ellos. Todos tenemos una serie de necesidades, las cuales podemos distribuir por ámbitos, siendo el personal y el social o interpersonal dos categorías claves para englobarlas y comprenderlas. Dentro de ellas, surgirán conflictos, alteraciones, o incluso patologías en forma de problemas de ansiedad, tristeza o depresión… Su afrontamiento y resolución conllevará satisfacer una serie de necesidades, y, por lo tanto, la obtención de bienestar físico y emocional. 

 

La Psicología Humanista es una de las orientaciones que existen dentro de la psicología clínica, junto a otras como la Sistémica o la Cognitivo-Conductual. Si deseas conocer más acerca de ellas, o crees que pueden beneficiarte, ponte en contacto con nuestro equipo, situado en Mataró, te proporcionaremos toda la información que necesites.

La llegada de un hijo es un gran acontecimiento, y supone una nueva etapa que suele llevar consigo una inmensa ilusión y felicidad. Tener un nuevo miembro en la familia supone un gran cambio, y para los padres puede suponer un paso más hacia la realización tanto personal como de la pareja o matrimonio. Junto a esto, pero, en ocasiones este acontecimiento puede producir un estado algo diferente al comentado, el cual es conocido como Baby Blues

 

Este, es un fenómeno psicológico vinculado a la maternidad caracterizado por alteraciones en el estado de ánimo en las cuales se observa una tristeza, irritabilidad, cambios de humor, cansancio y decaimiento emocional. Se trata de un estado que puede durar de minutos a horas, y hasta las dos semanas siguientes al parto, y se considera muy frecuente entre las madres primerizas. Hay que tener en cuenta, que los síntomas no llegan a interferir significativamente en la vida de la persona, lo cual permite distinguirlo de la Depresión Mayor, y específicamente de la depresión postparto, en la cual sí se observa esta limitación funcional. Esto significa que aunque el baby blues conlleva malestar, no incapacita a la mujer para llevar a cabo la rutina del día a día y, por tanto, no les disminuye su autonomía. 

 

¿Cuáles son sus principales manifestaciones? Además de las citadas, se encuentran:

 

  • Problemas de sueño (insomnio).
  • Disminución del apetito.
  • Sensación de malestar y tristeza generalizada. 
  • Pérdida de energía.
  • Llanto espontáneo. 

 

En cuanto a sus causas, éstas son difíciles de determinar, aunque se habla de una influencia bidireccional entre lo biológico y lo ambiental. De esta forma, se propone que los cambios bruscos a nivel hormonal que se producen en la madre después del nacimiento pueden ser importantes. Así, los estrógenos, la progesterona, la serotonina y la prolactina se han mostrado implicadas. Por otro lado, la necesidad de dar una buena atención al bebé produce un desgaste psicológico y físico, juntamente con la reacción del entorno. 

 

Existen diferentes fenómenos psicológicos y emocionales los cuales no necesariamente debemos englobar en patologías concretas, y los cuales acostumbran a ser transitorios. Sólo si generan una limitación o malestar importante y/o perduran un tiempo significativo, deben ser abordados profesionalmente. Nuestro equipo de psicólogos y psiquiatras, en Mataró, te puede facilitar toda la información que necesites acerca de este o cualquier otro tema. No lo dudes y contacta con nosotros, te ayudaremos.

Vivimos en una sociedad donde la accesibilidad y la inmediatez son cada vez mayores. Estamos inmersos en un mundo progresivamente más tecnológico, donde la proliferación de herramientas para conocer y acceder a casi cualquier contenido es impresionantemente rápida. Esto tiene sus obvias ventajas, y difícilmente nos quejamos de que esto sea así, pero a veces podemos obviar sus desventajas, y sobre todo sus negativas consecuencias para nuestra salud física y emocional. Entre ellas, claramente está la impaciencia; aprendemos a tener y quererlo todo de inmediato. La impulsividad; actuando de forma rápida y precipitada en muchas ocasiones. Las alteraciones como la ansiedad y el estrés al estar sometidos a un flujo de información e interactuación tan potente y constante. Y la incapacidad para postergar nuestros intereses o motivaciones inmediatas.

 

Este último aspecto tiene especial relación con lo que aquí comentamos, la demora de la gratificación. Este concepto fue propuesto en 1960 por el psicólogo Walter Mischel, el cual realizó un experimento muy sencillo con niños: básicamente ponía a prueba su capacidad para autocontrolarse situándolos en una sala, con una golosina delante, durante unos minutos hasta que el examinador regresara. Si cuando éste volviera, el niño no había comido la golosina, eran premiados con una golosina más. Los perfiles eran diversos, desde el que se lo comía de inmediato, hasta el que tardaba algo más, y hasta aquellos que esperaban a que volviera, consiguiendo el segundo premio. Pero esto no terminó aquí; años después se volvió a examinar a adultos que habían pasado por el experimento, y aquellos que habían conseguido vencer la tentación, eran los que habían desarrollado una mejor carrera académica y laboral. 

 

De esto se dedujo la importancia de educar y entrenar en la capacidad de demora de gratificación, la cual se asocia a la capacidad de control y autosugestión. Así, es importante tener en cuenta en primer lugar que puede aprenderse y desarrollarse; aunque podamos nacer con más o menos capacidad, se puede entrenar, y debemos reforzarla desde la infancia, enfatizando la importancia de no conseguirlo todo de inmediato, y reforzando el esfuerzo y la constancia. Además, propicia que ganemos en autocontrol y en poder de decisión, repercutiendo clara y muy positivamente en nuestra autoestima. Junto a esto, tener la capacidad de esperar y no ceder ante lo inmediato nos proporciona la oportunidad de obtener mejores resultados, de realizar el plan a nuestra propia medida, y de ver en qué fallamos y cómo podemos resolverlo, e ir adquiriendo habilidades que nos permitan afrontar las diferentes situaciones con muchos más recursos.

Especialmente ahora nos estamos viendo forzados a demorar nuestros planes, nuestros intereses, y a reajustar nuestros objetivos constantemente, debido a una causa de fuerza mayor que atenta contra nuestra salud y la de nuestros allegados. Así, se está poniendo a prueba claramente nuestra capacidad de autocontrol. Todos podemos vencer nuestras tentaciones, y demorar la recompensa. Solo necesitamos fuerza de voluntad, motivación, adquirir una serie de habilidades y herramientas y fortalecer la confianza en nosotros mismos. 

Si deseas recibir más información, nuestro equipo de psicólogos y psiquiatras de infantil y de adultos te proporcionará todo lo que necesites. Llámanos y te atenderemos de inmediato.