Las enfermedades psicosomáticas se definen como aquellas alteraciones en las que aparecen síntomas físicos los cuales no pueden ser explicados, total o parcialmente, por una enfermedad física u orgánica, y en las que los factores psicológicos/emocionales juegan un papel crucial en su desarrollo y/o mantenimiento. En este sentido, existe una amplia evidencia acerca de la relación cuerpo-mente, conociéndose una gran variedad de patologías causadas y amplificadas por problemas como el estrés o la ansiedad

 

Entre ellas el Síndrome del Intestino Irritable (SII) es un trastorno funcional de la motilidad del tracto intestinal, el cual no se explica por alteraciones orgánicas, y caracterizado por dolor abdominal que mejora tras la defecación y alteraciones en ésta última como necesidad urgente de defecar, estreñimiento o diarrea, distensión abdominal, o pesadez. Se estima que afecta a un 10-20% de personas en países occidentales, y afecta al doble en mujeres que en hombres. Además, suele presentarse más en jóvenes (antes de los 30 años), aunque se ha evidenciado un segundo pico pasados los 65-70 años. Por otro lado, no se ha conseguido determinar una única causa que explique su aparición, hablándose de una interacción de factores fisiológicos (p.ej., hipersensibilidad visceral, alteraciones de la motilidad intestinal o disfunciones en la relación cerebro intestino) y psicosociales. 

 

Entre estos últimos, el estrés y la ansiedad juegan un papel crucial, pero junto a estos, existen variables personales que predisponen a que se acentúen ciertos síntomas: la baja autoestima, la autoexigencia, la tolerancia/intolerancia a la incertidumbre y a la frustración, la necesidad de aprobación, y la rigidez a la hora de cumplir con ciertas normas sociales. Así, las personas que reaccionan de manera desproporcionada a las molestias físicas o muestran un miedo intenso a desarrollar una enfermedad, o las que han experimentado una situación de estrés (problemas en el trabajo, fallecimiento de un ser querido, historia de abusos…), son más propensas a desarrollar el síndrome. 

 

Por todo ello, la comprensión y el abordaje de esta dificultad debe tener un carácter multifactorial y multidisciplinar, el cual se centre tanto en los síntomas puramente físicos o médicos, y los psicológicos. De esta forma, se requerirá un examen médico completo junto con una evaluación del estado mental y emocional de la persona para diseñar un tratamiento lo más adecuado posible. La Terapia Cognitivo-Conductual o la Terapia de Aceptación y Compromiso han demostrado amplia evidencia al respecto, utilizando técnicas como la psicoeducación, la relajación/respiración, el Mindfulness o la Reestructuración Cognitiva, las cuales se encara a que la persona comprenda y asuma más control de su enfermedad, y a la vez aprenda a regular los síntomas desde diferentes componentes: físico, mental y emocional. 

 

Todas las patologías, sean de índole psicógena o física, poseen una gran relevancia desde el punto de vista emocional. El impacto que pueden generar en la persona y en los seres cercanos puede ser realmente elevado. Si deseas obtener más información, contacta con nuestro equipo de psicólogos y psiquiatras de Mataró, te proporcionaremos toda la ayuda que necesites.

A lo largo de nuestra vida, y como seres sociales que somos, vamos construyendo vínculos con diferentes personas. Inicialmente, y de forma casi inevitable, con nuestros padres, para posteriormente hacerlo con otros seres familiares cercanos, compañeros y amigos de la escuela… etc. Entre estos, las relaciones de pareja son unas de las más atractivas y potentes, y llegan a poder constituir un pilar fundamental en nuestro día a día.  Junto a esto, es quizás la comunicación, o mejor dicho, una buena comunicación, la que explica gran parte del bienestar en nuestras relaciones, ya que si cuidamos sus principales ingredientes, ayudamos a fortalecer aspectos como la confianza, la intimidad o la empatía. 

 

Así, notar que somos comprendidos, escuchados, y que la información fluye en una balanza equilibrada, nos hace estar tranquilos, y encontramos en el otro la posibilidad de compartir casi cualquier cosa. Por el contrario, cuando existe una comunicación deficitaria, explica gran parte de las problemáticas de las relaciones de pareja, y puede ser tanto la principal causa de malestar, como consecuencia de otros procesos o situaciones deficitarias (p.ej., problemas en el trabajo, malestar en la familia de uno u otro, alcoholismo…). Entre los principales errores de comunicación, se encuentran los siguientes:

 

  • Lector de mentes: Este es uno de los errores más comunes. Consiste en interpretar constantemente lo que estará pensando o sintiendo el otro, dándolo por verdadero y único, como si tuviéramos una especie de telepatía. Esto precipita dos cosas; por un lado que disminuyamos nuestro nivel de comunicación al “no necesitarlo”, ya que consideramos que ya sabemos lo que está pasando por la mente del otro. Y por otro, que nos creemos una imagen distorsionada tanto de la otra persona como de la situación. 

 

  • Sordera psicológica: Este error supone básicamente la incapacidad de escuchar al otro. Estamos tan centrados en nuestro discurso, y a veces, en tener la razón, que no nos paramos a atender qué nos están diciendo, y ni mucho menos transmitiendo. Además, es uno de los principales componentes de la empatía, ya que sin escucha real, no puede haber empatía. 

 

  • Déficit de autocontrol: Explica las dificultades en controlar emociones y comentarios significativos, como la ira, el enojo, o la rabia. Esto se traduce en aspectos como gritos o alzar la voz, mirada fija y amenazante, postura tensa o rígida, gestos pavorosos, intimidación… Esto provoca un daño emocional evidente, además de la posibilidad de causar uno físico. 

 

  • Asunción de responsabilidad: En ocasiones tendemos a asumir la responsabilidad de todo lo que está sucediendo, sea porque el otro nos lo hace sentir de esta forma, o porque tendemos a interpretarlo nosotros. Debemos procurar tener presentes cuales son nuestros límites, hasta donde podemos abarcar.

 

  • Unidireccionalidad: Esto ocurre cuando acaparamos toda la conversación, por estar firmemente convencidos de tener la razón, o por dar mayor importancia a lo que nosotros queremos transmitir. Esto no permite que el otro devuelva lo que ha entendido del contenido del mensaje.

Estos son algunos de los errores más comunes, aunque existen otros, e incluso una gran variedad de “microerrores” en cada uno de los expuestos. Cabe mencionar, que afectan tanto a la comunicación verbal como no verbal, por lo que resulta clave trabajarlo y mejorarlo desde ambos canales de comunicación. La terapia de pareja, o la Terapia Sistémica resultan alternativas muy útiles para ello. En nuestro centro de psicología, de Mataró, recibirás toda la información que necesites al respecto. No lo dudes y llámanos!

Dedicamos gran parte de nuestro tiempo a resolver problemas, y si no es así, a anticiparlos para estar preparados para cuando vengan. Las responsabilidades del día a día y las diferentes situaciones o conflictos laborales y familiares a veces parecen no darnos un respiro. Esto precipita que nos percibamos como responsables y con control de todo lo que acontece a nuestro alrededor, y no nos damos cuenta de la gran carga emocional y psicológica que esto supone para nuestro organismo. 

 

De esta forma, aunque sea comprensible que realicemos este proceso de “búsqueda de control”, con tal de ganar una cierta sensación de seguridad, esto no quita que pueda ser perjudicial, ya que fomenta estados de estrés y ansiedad acentuados, especialmente cuando luchamos contra algo que tiene un carácter incontrolable por nosotros mismos. Además, supone un gasto de energía muy alto, y se traduce en frustración al ver que todo el tiempo y esfuerzo que hemos empleado ha sido inútil e incluso contraproducente. Pero, ¿qué entendemos situaciones incontrolables? A continuación te proponemos un pequeño listado de situaciones que típicamente cometemos el error de interpretar como controlables:  

  • La influencia y educación de tus seres queridos.
  • Los comportamientos y decisiones de los demás.
  • Cómo se siente alguien cercano y el nivel de intensidad con qué lo hace.
  • Actitudes, pensamientos y emociones ajenas.
  • Sucesos con alta improbabilidad de ocurrencia.
  • Lo que opinen los demás.

Considerar lo contrario, y que nosotros podemos abarcar e incidir en todos estos aspectos, y sobre todo, modificarlos, únicamente nos llevará a la frustración. Como vemos, la mayor parte de cosas se refieren al pasado y/o a estados mentales y emocionales de los demás. Nosotros podemos ofrecer nuestro apoyo, comprensión, escucha…pero es importante no percibir la totalidad de la mejora o cambio como dependiente únicamente de lo que hagamos nosotros. Conocer y tener presentes donde están nuestros límites nos ayuda a desvincularnos de la responsabilidad, y permite que nos relajemos y respetemos. Junto a esto, permite que desarrollemos una mirada más objetiva sobre las diferentes situaciones, con lo cual, el impacto emocional de estas se reduce. 

En nuestro centro de psicología, en Mataró, puedes informarte sobre este y muchos otros temas que te interesen. Llámanos y te atenderemos de una forma profesional e individualizada. 

Las emociones forman parte inherente e inevitable de nuestras vidas. Nos ayudan a dar color a las diferentes situaciones que vivimos, hasta tal punto que tendemos a recordar mucho más a una persona o un acontecimiento, cuando estas son intensas y están asociadas a momentos o contextos significativos. Aunque todos/as nosotros/as tenemos una concepción de cuáles se pueden catalogar como positivas y como negativas, son las características de intensidad y duración las que marcan su carácter disfuncional (p.ej., alegría o euforia elevada y permanente es característica de la fase maníaca del Trastorno Bipolar). Por ello, aceptar y normalizar que podamos tener o pasar por sentimientos negativos resulta no sólo imprescindible, sino también terapéutico. 

 

Podemos definir la culpa como la emoción que aparece cuando nos atribuimos o nos atribuyen la responsabilidad de un suceso o acción negativa (perjudicial), el cual afecta a una situación o persona. Es una sensación interna permanente de haber hecho algo negativo, de ser mala persona, o de haber infringido alguna norma o ley, produce un malestar significativo, y aparece tanto en situaciones reales como imaginarias. Esta última diferenciación es importante, ya que el efecto negativo o perjuicio puede ser real u objetivo (p.ej., tropezar y dar un golpe a alguien sin querer) o subjetivo, el cual es fruto de una interpretación ajena o personal, y acostumbra a aparecer en situaciones de más ambigüedad. En este sentido, si acostumbramos a responsabilizarnos y castigarnos por los sucesos, somos personas autoexigentes y rígidas, y tenemos una alta necesidad de control considerando que siempre podemos hacer algo para modificar las situaciones, fácilmente nos sentiremos frustrados, incapaces, desesperanzados, y dañaremos nuestra autoestima, pudiendo llegar a concluir cosas como “soy mala persona”, o “no soy capaz”, o “soy inferior”…

 

¿Cómo podemos afrontarlo? Este incapacitante sentimiento únicamente puede afrontarse reprocesando, reinterpretando y transformando todos aquellos mensajes negativos que nos hemos inculcado y nos han hecho creer que somos merecedores del castigo. Para ello, te proponemos un ejercicio práctico muy útil, la “Carta de disculpa hacia ti mismo/a o hacia el otro”. El autoperdón es esencial, disculparnos por el posible daño infligido supone un paso clave hacia la autoaceptación. Y es que son muchos y diversos los beneficios inherentes: 

 

  • Exteriorización: En primer lugar, nos permite descargar todo el malestar que poseemos de una manera pausada y ordenada (recordemos que la mano va mucho más lenta que nuestra cabeza!).

 

  • Gestión emocional: facilita plasmar, experimentar y disminuir la intensidad de todas aquellas emociones que nos suscita la situación (p.ej., ansiedad, pena, rábia, frustración, tristeza, irritabilidad…).

 

  • Reestructuración: Ayuda a enumerar y reprocesar los autorreproches y automensajes negativos que nos hemos ido diciendo. Al irlo escribiendo, podemos ser conscientes de la magnitud con la que nos hemos castigado, e incluso de la distorsión que hemos realizado al analizar los acontecimientos. 

 

  • Autoaceptación: Es quizás la parte más importante, y la que repercute más en nuestra autoestima. La conclusión de un buen reprocesamiento se hace patente en una mayor aceptación de uno/a mismo/a, un mayor autorrespeto, y por tanto, una disminución del autocastigo.

 

Junto a esto, la utilidad de la carta puede ir mucho más allá, ayudándonos en futuras situaciones no solo a interpretar los hechos de una manera más objetiva, sino a definir planes de acción y formas de afrontamiento mucho más adaptativas. Si deseas recibir más información sobre ello, o crees que puede beneficiarte nuestra ayuda, no dudes en contactar con nuestro equipo de psicólogos, en Mataró, será un placer atenderte.

El 21 de septiembre se reconoce como el día mundial de la Enfermedad de Alzheimer, una patología descrita por primera vez en el año 1906 por Alois Alzheimer, y la cual afecta aproximadamente a unas 800.000 personas en España. Se estima que unos 50 millones de personas sufren demencia a nivel mundial, y que de éstas, dos de cada tres casos son diagnosticados de Alzheimer. Además, a medida que aumenta el conocimiento y se refinan las medidas para su diagnóstico y tratamiento, su aparición y detección va en aumento año a año. Todo ello le confiere una importancia especial y significativa. 

 

Se trata de una enfermedad neurodegenerativa que conduce, de un modo lento y progresivo, a una situación neurovegetativa que precipita la muerte de la persona. Se caracteriza, inicialmente, por una gran dificultad para aprender nueva información (amnesia anterógrada), y a medida que las lesiones neuroanatómicas avanzan, se presenta una dificultad para recordar información del pasado (amnesia retrógrada). Además de las dificultades de memoria, aparecen otros déficits asociados a la denominación, capacidad de planificar, razonamiento y toma de decisiones. Junto a estos, más cognitivo, pueden aparecer otros síntomas como cambios afectivos (irritabilidad, labilidad emocional, depresión, ansiedad…), que pueden presentarse de forma temprana, y alteraciones del pensamiento y psicomotoras (p.ej., deshinibición, deambular, agresividad…), que suelen ser más típicas de fases moderadas y graves. 

 

Actualmente sabemos que no está asociada a una única causa, y que menos del 5% de casos tienen un origen vinculado a un gen específico. Así, su aparición podría explicarse por la interacción de diferentes factores: genéticos, de riesgo individual y no modificables (edad o antecedentes familiares), vinculados a la vulnerabilidad de la persona (riesgo vascular, traumatismos…), el estilo de vida (el tabaco, el consumo de alcohol…) y ambientales (p.ej., exposición a tóxicos). Su combinación sería la que precipitaría la aparición de un proceso neuropatológico progresivo. 

 

Debemos tomar conciencia de su importancia, no solo por su alto nivel de incidencia, sino por las limitaciones que genera en la persona que lo sufre, y en su entorno más cercano. Especialidades como la neuropsicología ayudan cada vez más a comprender e intervenir sobre esta y otras muchas problemáticas. En el Gabinet Psicològic Mataró, encontrarás a profesionales formados en esta, y en otras muchas ramas de la psicología. Si deseas obtener más información, ponte en contacto con nosotros. 

A medida que nuestra vida pasa, vamos creando impresiones, formas de ver lo que nos rodea, y lo interiorizamos de diferentes maneras, influidos por rasgos personales como nuestra personalidad, y por aquellas personas y estímulos con los que interaccionamos y tenemos contacto, como son: nuestros familiares, nuestro círculo social, nuestros compañeros del trabajo, nuestra pareja…etc. Esto confluye en esquemas o creencias sobre cómo son, y sobre cómo deben ser las cosas. 

 

Las creencias pues, son ideas o pensamientos que asumimos como verdaderos, y reflejan cómo evaluamos las situaciones, las personas, o los diferentes estímulos, y los cuales se van formando desde nuestra infancia. Aunque muchas de ellas pueden ser adaptativas o positivas, en otros casos pueden resultar desadaptativas, y generar un malestar emocional e interferencia significativos. En este sentido, Albert Ellis, uno de los terapeutas cognitivos más influyentes de la psicología clínica, creó a partir de 1955, la Terapia Racional Emotiva, y diferenció entre las creencias racionales y las irracionales:

 

  • Creencias racionales: Son aquellas que contienen un carácter probabilístico y relativo, expresan deseos y gustos (p.ej., me gustaría, desearía que…), son flexibles, y ayudan al individuo a establecer libremente metas y propósitos. Implican una mayor apertura de la mente, y se asocian o bien a emociones positivas, o a neutras, implicando una mayor estabilidad para el individuo. 

 

  • Creencias irracionales: Éstas, en cambio, son dogmáticas y absolutistas, expresan obligación y exigencia (p.ej., tengo que…, o debo de…), són rígidas, obstaculizan la consecución de metas y propósitos, y se consideran falsas, disfuncionales y automáticas. Junto a esto, y al contrario de las anteriores, generan emociones o estados negativos (p.ej., depresión, ansiedad, culpabilidad…) y alteraciones conductuales (p.ej., aislamiento o abuso de sustancias). 

 

Es en base a estas segundas sobre las que se construirá un trabajo terapéutico con énfasis en la flexibilización cognitiva. Se considera que, identificar los pensamientos automáticos negativos, los cuales reflejan la superficie de las creencias, permitirá acceder a éstas, cuestionarlas y transformarlas. Esto repercutirá directamente en el estado de ánimo de la persona, fomentando un mayor bienestar. 

 

Alternativas como la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), o la Terapia Sistémica, abordan estos componentes, y han ido actualizando sus herramientas para dotar de más recursos al individuo. Si quieres recibir este tipo de ayuda o tienes cualquier consulta, en nuestro centro de psicología situado en Mataró, te ofreceremos toda la información que necesites. 

El malestar psicológico y emocional puede manifestarse de maneras extraordinariamente diversas. Muestra de ello son el conjunto de patologías que hoy en día recogen los manuales de diagnóstico y clasificación. Así, aunque se intentan crear categorías globales como los trastornos de ansiedad, o los trastornos del estado de ánimo, no ha habido más remedio que crear subcategorías, debido a la diversidad de presentación de los distintos cuadros (p.ej., trastorno de pánico o trastorno de ansiedad generalizada dentro de los trastornos de ansiedad; trastorno bipolar o depresión dentro de los del espectro anímico). Entre ellos, uno de los que suscita más interés es la disforia de género. 

 

Se define como el malestar que puede acompañar a la incongruencia entre el propio género sentido y expresado, y el género asignado al nacer vinculado casi siempre exclusivamente a las características anatómicas. De esta forma se hace énfasis en el malestar, ya que sin éste criterio, es decir sin sufrimiento, no existiría dificultad o patología. Junto a esto, se definen algunos otros criterios como son: el deseo por poseer los caracteres sexuales correspondientes al sexo opuesto, el deseo de ser del otro sexo y de ser tratado como del otro sexo, o la convicción de que uno tiene los sentimientos y reacciones típicas del otro sexo. Es importante que ninguno de estos criterios citados es necesario ni suficiente para identificar la problemática, pero sí lo es el malestar experimentado por el propio individuo. Además de ello, los diferentes manuales han procurado diferenciar entre niños y adolescentes, especificando características para los dos colectivos. 

 

Los datos epidemiológicos más recientes destacan que se trata de una situación poco frecuente, aunque aparece más en hombres. Por otro lado, y a falta de más investigación al respecto, no existen explicaciones exhaustivas sobre la etiología de estos problemas, sino tan sólo una serie de conjeturas con escaso y contradictorio apoyo experimental. Un dato pero, que resulta interesante, es que uno de los trastornos más prevalentes entre niños/as con disforia de género, es el Trastorno del Espectro Autista (TEA). 

 

Lo más importante pues, cuando acude una persona a consulta, es tener en cuenta el malestar que expresa, y ayudarlo a gestionar emocionalmente la situación. Es por ello que en todas las categorías cada vez se aboga más por resaltar la importancia de que exista malestar. A pesar de ello, existen alteraciones en las que no existe un alto grado de introspección, y por tanto malestar personal (p.ej., ciertos casos del espectro psicótico o del trastorno bipolar), y deberemos tener en cuenta la alteración en el funcionamiento social, familiar o laboral, o el malestar experimentado por las personas más cercanas. 

 

Si quieres ampliar la información al respecto, o deseas recibir ayuda, los profesionales de nuestro centro de psicología, en Mataró, te facilitarán todo lo que necesites. Llámanos, estaremos encantados de atenderte.

El sueño supone no sólo un elemento inevitablemente frecuente en nuestras vidas, sino sumamente importante. Como tal, es una de las claves para regular nuestro organismo, mantener nuestra homeostasis y facilitar nuestro bienestar físico y emocional. Y es que cuando no dormimos bien, lo notamos casi al instante (fatiga, dolor de cabeza, irritabilidad, pérdida de apetito, falta de concentración…). Junto a estos, y si los problemas se prolongan en el tiempo, puede provocar problemas emocionales limitantes como síntomas depresivos o incluso patologías físicas. 

 

Aunque todos tenemos una idea de lo que es el insomnio, se calcula que existen más de cien trastornos relacionados con el sueño, los cuales se pueden clasificar en las siguientes categorías:

 

  • Disomnias: las cuales engloban problemas de la cantidad, calidad y horario del sueño. Aquí entrarían el insomnio, la hipersomnia (somnolencia excesiva), la narcolepsia, los trastornos del sueño relacionados con la respiración (apnea, hipopnea e hipoventilación), y los trastornos del ritmo circadiano sueño-vigilia.

 

  • Parasomnias: engloban una serie de acontecimientos o conductas anormales que suceden durante el sueño. Se situarían aquí las pesadillas, los terrores nocturnos, el sonambulismo o el trastorno de conducta del sueño REM. 

 

Estos serían los principales, o sobre los que existe un gran consenso. Junto a estos, o incluso dentro de algunos de ellos, puede haber especificaciones (p.ej., insomnio de conciliación o inicial, de mantenimiento o medio, y final o tardío).  Así pues, como vemos, el sueño es un fenómeno complejo que engloba una gran cantidad de problemáticas relacionadas. Por ello, se han venido desarrollando diferentes alternativas que permiten abordarlo de una forma global:

 

  • Técnicas de relajación: actúan sobre el estado de activación del organismo, procurando que este entre en modo reposo con mayor facilidad. La Relajación Muscular Progresiva, el Entrenamiento Autógeno, la Respiración Diafragmática o la Meditación y la Hipnosis se consideran alternativas útiles. 

 

  • Higiene del sueño: Se trata de un procedimiento educativo que intenta mejorar dos aspectos; por un lado condicionar y modificar los factores ambientales relacionados (luz, sonido, temperatura…), y por el otro los hábitos inadecuados, con recomendaciones como disminuir el consumo de cafeína, nicotina, alcohol, controlar la dieta o hacer ejercicio físico.

 

  • Control de estímulos: Busca regular el horario de sueño de la persona y restringir la realización de actividades incompatibles en la conducta de dormir. Algunas de sus recomendaciones serían acostarse para dormir sólo cuando se tenga sueño, no permanecer despierto en la cama más de 15-20 minutos, mantener regulares los horarios de acostarse y levantarse, evitar dormir durante el día, o usar la cama y dormitorio exclusivamente para dormir. 

Existen muchas otras alternativas y técnicas específicas que se han creado para problemáticas específicas, y las cuales han demostrado altamente su eficacia. La Terapia Cognitivo-Conductual se erige como una de las principales propuestas para los problemas de sueño. En nuestro centro de psicología y psiquiatría, en Mataró, estamos especializados en ésta y en otras orientaciones como la Terapia Sistémica o el EMDR. No lo dudes y contacta con nosotros, te ayudaremos.

Pasamos la mayor parte de nuestro tiempo pensando. Las imágenes e ideas se suceden con mucha rapidez, y con una frecuencia casi asombrosa. Algunos de estos pensamientos pueden ser casi imperceptibles, o dicho de otra manera, automáticos e inconscientes. Otros, en cambio, son especialmente sobresalientes y significativos, pueden tener una mayor duración, y generan un impacto emocional mucho mayor. En este último caso nos acercamos al concepto de distorsión cognitiva.

 

Las distorsiones cognitivas, tal y como fueron definidas por Beck (1963) en su teoría sobre la depresión, consisten en errores a la hora de procesar la información, al interpretar las diferentes situaciones. Esto provoca que aparezcan sentimientos negativos en relación a estas situaciones y a nosotros mismos, y facilita que se mantengan las creencias negativas acerca de nosotros, el mundo y el futuro. Todos hemos podido experimentar alguna vez alguna distorsión, aunque son principalmente comunes en problemáticas como la ansiedad, la depresión o los problemas relacionados con la autoestima. A continuación, se exponen algunas de las definiciones y ejemplos de las principales distorsiones:

 

  • Catastrofización: Consiste en pensar constantemente en el peor escenario posible acerca de una situación, sin importar lo improbable de su ocurrencia. Esto provoca que veamos la situación como terrible, inevitable, intolerable o sin solución. Por ejemplo, “si lo hago me va a salir mal y será horrible”; “seguro que voy a fracasar”; “me quedaré siempre solo/a…”

 

  • Lectura del pensamiento: también denominado “lector de mentes” o “error del adivino”. Se refiere al hecho de inferir lo que los demás están pensando de nosotros, y darlo por verdadero. Por ejemplo, “si le hablo pensará que soy tonto/a”, “mi jefe/a cree  que no valgo”, “la gente piensa que soy débil…”.

 

  • Los debería: Consisten en la transformación de preferencias, deseos o elecciones en absolutos universales. Por ejemplo, “debo caer bien”, “debería empezar a correr”, “debo ser perfecto…”.

 

  • Pensamiento dicotómico: O “blanco o negro” o “todo o nada”. Aquí la persona va de extremo a extremo a la hora de interpretar la realidad, y además, muestra su postura con mucha rigidez. Ejemplos de ello serían: “no sirvo para cocinar ya que ésta comida me ha quedado salada”; “si no puedo llevar a mi mascota, prefiero perderme la función”; o valorar las cosas como buenas o malas, amigos o enemigos, a favor o en contra. 

 

Junto a estas, existen otras distorsiones las cuales fueron definidas por el mismo autor y posteriormente ampliadas por otros autores. Algunas de ellas son la magnificación, la sobregeneralización o la personalización, todas ellas comunes tanto en población general como clínica. En este sentido, a nivel terapéutico lo que se pretende es facilitar a la persona descubrir sus pensamientos disfuncionales e irracionales, junto al efecto que tienen sobre su comportamiento y estado de ánimo, y dotarle de herramientas de afrontamiento adecuadas para que lleve a cabo su vida de forma más satisfactoria.

Cuando hablamos de autoestima, todos poseemos una definición más o menos subjetiva de lo que significa; el cómo nos sentimos con nosotros mismos. Más allá de esto, el término engloba diferentes aspectos que son especialmente importantes a tener en cuenta, de tal forma que nos encaremos a cuidar y alimentar cada uno de ellos. Uno sería la autoimagen, es decir, la percepción física que tenemos de nosotros mismos y la que creemos que tienen los demás. Y el otro, el cual aquí presentamos, es el autoconcepto.

Este se refiere a lo qué pensamos de nosotros mismos, al conjunto de ideas y conceptos que utilizamos para definirnos, y el cual resulta uno de los pilares fundamentales de nuestra autoestima. Es importante tener en cuenta que no posee un carácter genético, es decir no se hereda, sino que se aprende a través de las experiencias familiares, sociales y/o relacionales que vamos teniendo a lo largo de toda nuestra vida. Por ello, resulta clave tener presente que la interacción con los demás es una de las principales herramientas para desarrollarlo. Junto a esto, en función del autoconcepto que tengamos, vamos a predecir, anticipar y prepararnos para hacer frente a las situaciones o problemas de nuestra vida de una manera u otra. A continuación se exponen algunas diferencias entre un autonconcepto positivo y uno negativo:

  • Autoconcepto positivo: Soy capaz, me lo merezco, soy interesante, soy bueno/a, soy inteligente…
  • Autoconcepto negativo: soy inútil, no puedo, no lo merezco, soy inútil, no lo conseguiré, soy aburrido/a, soy un desastre…

Como podemos apreciar, en función de si nos situamos en un polo más positivo, o en otro más negativo, nuestro estado de ánimo se verá influenciado claramente, y esto afectará a la manera en que interpretamos y afrontamos las diferentes situaciones. En caso de situarnos más a menudo en el primero, debemos intentar preguntarnos dónde aprendimos eso de nosotros, y quién o qué me transmitió esos mensajes.

En nuestro centro de psicología, en Mataró, podemos ayudarte a trabajar o comprender mejor conceptos como el aquí presentado. Nuestros profesionales de psicología y psiquiatría te proporcionarán toda la ayuda que necesites.