Pedir ayuda, de cualquier tipo, no es un proceso fácil. Además, considerando el motivo que nos puede llevar a acudir a un psicoterapeuta, este aspecto puede resultar más comprensible. Abrirnos emocionalmente, exteriorizar, y procurar comprender y trabajar aspectos que inicialmente pueden resultarnos confusos, supone un esfuerzo, y una muestra de valentía. Es una experiencia en su totalidad, la cual implica adentrarnos a conocernos a nosotros mismos, y crear una relación de confianza y cercanía con una persona que actúa como un facilitador, un canal para potenciar y mejorar nuestros recursos personales a la hora de afrontar situaciones o aspectos que nos generen malestar.

 

Los motivos que pueden llevarnos a iniciar tratamiento psicológico pueden ser diversos, conscientes e inconscientes, individuales o múltiples, y pueden generar más o menos malestar. Comúnmente conocemos los problemas de ansiedad, depresión, dificultades relacionadas con la autoestima, adicciones…entre muchos otros; siendo su denominador común el malestar propio o ajeno. Además, muchas veces estos mismos enmascaran otras dificultades implícitas que pueden ser identificadas y trabajadas en las sesiones. La forma en que se abordan depende principalmente de la orientación seguida por el terapeuta, y existen diferentes dentro de la psicología clínica: Cognitivo-Conductual, Psicoanálisis, modelos humanistas, sistémicos… Todos ellos se presentan como alternativas útiles y eficaces para diferentes situaciones, y varían principalmente en la conceptualización de las patologías, las herramientas utilizadas, el número de sesiones y el carácter del terapeuta. A pesar de ello, poseen un denominador común, que es la estructura o el proceso seguido:

 

  • Fase de exploración, valoración y diagnóstico: En esta primera parte, el objetivo es conocer profundamente a la persona y delimitar las variables/situaciones problemáticas a trabajar. Se necesita una buena comprensión tanto del paciente como de su situación vital para poder plantear objetivos terapéuticos que se adecuen a sus necesidades. Es común aquí utilizar cuestionarios de valoración del estado de ánimo y otras herramientas para complementar la información obtenida mediante la entrevista. Una vez realizada la exploración, se realiza un diagnóstico o una explicación de la situación de la persona.

 

  • Fase de tratamiento o seguimiento: Supone la parte gruesa y nuclear de la intervención, la cual cuenta con mayor número de sesiones y donde se trabajan los objetivos planteados. Aquí es donde encontramos las principales diferencias entre orientaciones, aunque la mayoría de ellas utilizan técnicas tanto en sesión como fuera de ella, con tal de generalizar el efecto de las intervenciones, y comúnmente se utiliza también la colaboración de terceros para potenciar los resultados. 

 

  • Fase de prevención de recaídas: Representa la parte final del proceso, y donde principalmente se consolidan los recursos y herramientas alcanzados, reforzando los avances y anticipando posibles dificultades. Esto permite mantener el efecto de la terapia a largo plazo, favoreciendo la autonomía y resiliencia de la persona.

 

Sobre esta base además, todos coinciden en que la psicoterapia es un trabajo constructivo y en colaboración entre paciente y terapeuta, en el que el uso de la palabra es clave tanto para trabajar mediante diferentes técnicas en las sesiones, como para establecer un vínculo basado en la empatía, la escucha activa, y la reciprocidad. Junto a esto, en todas las orientaciones las sesiones pueden llevar se a cabo de forma individual, grupal, de pareja o familiar, dependiendo del motivo de consulta. 

 

Si deseas profundizar más sobre este tema, o tienes cualquier pregunta, nuestro equipo de psicólogos y psiquiatras, en Mataró, te facilitará todo lo que necesites. Poseemos una amplia formación en diferentes ramas, no lo dudes y contacta con nosotros.

Dejar las cosas para el último momento es una constante en nuestro día a día y nuestra sociedad. Y en esto consiste precisamente la procrastinación. A veces por falta de motivación, otras por priorizar hacer otras tareas o actividades, otras por falta de autoexigencia, u otras por factores emocionales como el miedo al fracaso o la falta de confianza en uno mismo. También es común en épocas como la actual, en la que debemos volver a la rutina laboral y académica, y esta transición implica adaptarnos a una nueva estructura, en la que debemos dejar o disminuir el tiempo dedicado a realizar una serie de cosas, para priorizar otras. Así, todos estos motivos nos llevan a lo mismo, a retrasar responsabilidades, provocando que tengamos que hacer un sprint en el tramo final, o incluso si lo conseguimos, retrasarlo aún más para otro momento. 

 

Junto a esto, además, aparecen consecuencias emocionales evidentes, como estrés, ansiedad, sentimientos de culpa, y en general malestar con nosotros mismos. Este puede expresarse de muchas maneras, pero es común mostrarnos irritados o molestos ante casi cualquier situación, generando conflictos frecuentemente. Y esto, puede alimentar todavía más la procrastinación, al encontrarnos en un estado de ánimo desfavorable para empezar y terminar las tareas o actividades. 

 

¿Cómo podemos romper el círculo? A continuación se proponen algunas estrategias útiles para afrontar esta situación:

 

  • Estructura y organización: Utilizar una agenda, o calendarios para gestionar el tiempo es clave para facilitarnos sentirnos estructurados y organizados. Si estos son hechos a nuestra manera, vivos, y a poder ser visibles (p.ej., colgándolos en un lugar visible), suponen una herramienta imprescindible.

 

  • Subobjetivos y valoración: Para llegar a un destino debemos trazar un camino, y muchas veces enfocarnos especialmente en este. Definir submetas y subobjetivos a conseguir dentro de la tarea, puede actuar como un facilitador clarísimo de energía. Si además conseguimos pararnos a valorar lo que estamos ya haciendo y consiguiendo, y cómo nos estamos acercando, mantenernos allí nos resultará mucho más sencillo. 

 

  • Focalización en la meta: No debemos perder de vista dónde queremos llegar, y cómo nos podemos sentir cuando lo consigamos. Esto principalmente repercute en nuestro grado de motivación, aumentándola. 

 

  • Condicionar el espacio: A la hora de hacer cualquier cosa, tarea o actividad, tener un espacio y ambiente adecuados nos facilita, y mucho, enfocarnos y trabajar cómodos. Así pues, son importantes tanto una estructura y organización interna como externa. 

 

  • Descansos: Podemos y debemos ir más allá de lo que queremos conseguir o hacer. Pautarnos no solamente espacios para trabajar, sino también para desconectar, haciendo algo que nos gusta, y como recompensa a lo realizado, es una estrategia especialmente útil. 

 

Éstas son algunas de las propuestas que os facilitamos para combatir la procrastinación. Si deseas conocer más al respecto, o te ves afectado/a por problemas similares u otros, no lo dudes y ponte en contacto con nuestro equipo de psicólogos y psiquiatras. Estamos situados en el centro de Mataró, será un placer atenderte.

El duelo es una reacción, una respuesta emocional normal, adaptativa e inevitable ante una pérdida. En sí mismo, no se considera patológico, y sirve para reajustar nuestras emociones, reestructurar los pensamientos y adaptar los comportamientos que se han desajustado o desestabilizado con la pérdida del ser querido, permitiendo recolocar las nuevas situaciones vitales. Además, es sufrido por todos, incluyendo a pequeños y mayores, aunque con algunas especificaciones. 

 

El duelo en población infantil y adolescente puede ser vivido, y sobre todo exteriorizado, de maneras muy distintas al adulto. Así, aunque el sufrimiento puede ser igual o mayor, a veces puede quedar enmascarado por otros síntomas, los cuales difícilmente nos pueden hacer sospechar de que el/a niño/a está sufriendo por la pérdida de alguien. Entre las caracterísitcas más importantes y que nos pueden ayudar a detectar el duelo en este colectivo, estan las siguientes:

 

  • Menor verbalización de aspectos relacionados con la pérdida o la persona.
  • Mayor irritabilidad.
  • Problemas de conducta (conductas negativistas y/o desafiantes).
  • Dificultades relacionadas con el sueño (pesadillas o despertares) y la alimentación (pérdida de apetito, rechazo…).
  • Quejas o alteraciones somáticas y físicas (dolores musculares, de cabeza…).
  • Bajo rendimiento escolar (ausencias, problemas de concentración…).
  • Representación a través del dibujo o el juego.

 

Como vemos, existe una gran variedad de características asociadas al sufrimiento relacionado con la pérdida en niños y adolescentes, y pueden variar mucho en función de la edad. Debemos estar atentos a éstas y a sus cambios, procurando profundizar en su significado y exploración, ya que pueden estar tapando un sentimiento de nostalgia y melancolía significativos. Por otro lado, entre las principales líneas de intervención diseñadas para ello, se encuentran las siguientes:

 

  • Programas de prevención y acompañamiento: Estos constituyen programas multicomponente donde se incluye una parte psicoeducativa, donde se proporciona información sobre el duelo y sus características, sesiones de apoyo y grupales para padres o familiares cercanos, y sesiones con los niños para ayudarlos en la comprensión, gestión y expresión de su estado emocional. 

 

  • Terapia o intervención familiar: la participación de los padres es siempre clave, y especialmente cuando la pérdida supone un cambio importante en la estructura familiar. Así, acostumbran a tener una duración limitada, y a poseer un formato grupal, con la participación de otros padres. De esta forma se fomenta la empatía mútua, y la resiliencia. 

 

  • Terapia de juego: Además de servir para evaluar, el juego es una herramienta terapéutica clave, y especialmente en los más pequeños. Este puede ayudarlos a exteriorizar aspectos que difícilmente pueden conseguir por otras vías, además de permitir reconstruir y reprocesar todas sus emociones. El terapeuta deberá guiar la interacción, pero también puede resultar útil el juego libre. 

 

  • Terapia narrativa: Finalmente, la narración de historias, reales o ficticias, puede permitir verbalizar y recrear situaciones vinculadas a la pérdida. Habitualmente, el narrador o terapeuta cuenta una historia, sobre todo el inicio y el nudo, procurando incorporar elementos relacionados con el fallecimiento del ser querido, y es el niño el que la finaliza. 

La Terapia Cognitivo-Conductual, la Sistémica o el EMDR también se consideran alternativas eficaces y clínicamente útiles para abordar esta problemática. En nuestro centro encontrarás a especialistas formados en estas y otras orientaciones. Ponte en contacto con nosotros, te proporcionaremos toda la información que necesites.

Un trastorno de personalidad constituye un patrón permanente de experiencia interna y de comportamiento que se aparta acusadamente de las expectativas de la cultura del sujeto, y que puede apreciarse desde la infancia o adolescencia. Afecta tanto a nivel de cognición (la forma de percibir e interpretarse a uno mismo, a otras personas y a los acontecimientos), afectividad (el rango, la intensidad, la labilidad y la adecuación de la respuesta emocional), y el funcionamiento interpersonal. Además, tiene un carácter inflexible, duradero, y se extiende a una amplia gama de situaciones personales y sociales. Entre ellos, el Trastorno Límite de la Personalidad o TLP se caracteriza por una pauta general de inestabilidad en las relaciones personales, la autoimagen y el estado de ánimo, junto a una impulsividad muy marcada. Además, acostumbra a estar acompañado de conductas potencialmente autolesivas (p.ej., gasto, sexo, drogas…), y un sentimiento crónico y acentuado de vacío. También puede exhibir ideas paranoides y síntomas disociativos. 

 

Son diversas las propuestas que se han realizado para explicar esta compleja patología. Algunas se decantan por factores más innatos, y otras enfatizan los estilos de crianza, las experiencias negativas traumáticas y/o el aprendizaje. Marsha Linehan (1943), psicóloga y profesora estadounidense, desarrolló su teoría tras sufrir personalmente esta problemática. Según ella, el TLP se origina tras una disfunción del sistema de regulación emocional, fruto de la interacción entre irregularidades biológicas, y un ambiente invalidante. Así, apuesta por un modelo en el que tanto la parte biológica como la ambiental juegan un papel importante. En cuanto a la primera de las influencias, la autora propone que existe una vulnerabilidad emocional, la cual incluiría una sensibilidad elevada hacia los estímulos emocionales, una tendencia a experimentar emociones intensas, y dificultades para volver a la línea base emocional. Y en la parte ambiental destaca los patrones de crianza, los cuales no validarían las expresiones emocionales del niño vulnerable, por ejemplo mediante respuestas erráticas, inapropiadas o no contingentes a la comunicación de las emociones y experiencias íntimas.

 

A partir de su modelo biosocial, Linehan elaboró la Terapia Dialéctica Conductual (TDC), un tratamiento psicológico de tercera generación encarado a trabajar específicamente los síntomas centrales del trastorno, combinando estrategias cognitivo-conductuales, junto con aproximaciones zen y budistas basadas en la aceptación (p.ej., mindfulness). Además, en esta intervención se combinan la terapia individual y la grupal, en la que se entrenan diferentes habilidades, y supone la alternativa con mayor respaldo científico para este trastorno, contando con numerosos estudios de eficacia probada. 

 

Si quieres obtener más información al respecto, o deseas recibir ayuda, en nuestro centro de psiquiatría y psicología, en Mataró, podrás consultar a nuestros profesionales, los cuales te ofrecerán una atención individual, profesional y personalizada. ¡Llámanos! Será un placer atenderte.

Existe una gran variedad de herramientas y técnicas dentro de cada una de las vertientes de la psicología clínica. Entre ellas, la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) ha sido una de las que más ha contribuido, desarrollando métodos específicos para diferentes problemáticas, y consiguiendo que algunos de ellos sean útiles y eficaces para muchas de ellas. Entre estos últimos, se encuentra la aquí descrita. 

 

La intención paradójica se considera una técnica específica dentro de la TCC, la cual se centra en los procesos cognitivos, es decir, en la valoración que hace la persona de su problema, y en los intentos de solución que utiliza para controlarlo. Sus objetivos son, por un lado, disminuir o eliminar los intentos de solución de la conducta problema o el manejo inadecuado de los síntomas cuando se identifica que son tales intentos los responsables de su mantenimiento; y por el otro, provocar cambios en las actitudes y reacciones de las personas ante situaciones de malestar, tratando de desmontar el círculo vicioso, y pautando, precisamente, aquello que se teme o preocupa. Según los principios de la técnica, si la persona no logra seguir las instrucciones del terapeuta, ocurrirá lo contrario, y por lo tanto, se considerará un éxito. Y en caso de que la persona consiga hacerlo, poseerá un mayor control sobre el problema, lo cual contribuirá en sentirse más autoeficaz.

 

De esta forma, se le pide al paciente que provoque los síntomas bajo condiciones sistemáticas y específicas, procurando renunciar a los intentos de control del problema, y estando dispuesto a hacer aparecer y aumentar los síntomas. Por ejemplo, a un paciente con insomnio el cual se esfuerza continuamente para quedarse dormido, se le puede pedir que haga todo lo contrario, y es que procure mantenerse despierto. Con ello, puede dejar de luchar para conseguir dormirse, e incluso disminuir su ansiedad, lo cual puede facilitar el sueño. Evidentemente debe realizarse una evaluación rigurosa de la problemática, y tener claro que son los intentos de solución, es decir la lucha, lo que la mantiene. Además, conviene anticipar diferentes situaciones de peligro, y no aplicarlo ante conductas peligrosas (p.ej., ideas o conductas autolesivas).

 

Entre las diferentes modalidades encontramos la prescripción del síntoma (la más utilizada), la restricción y contención del cambio, el replanteamiento y cambio de postura, la programación de recaídas, o la reformulación del problema. Todas ellas poseen utilidad para diferentes problemas, como los trastornos de ansiedad o los trastornos de conducta. Además, también han sido utilizadas en terapia familiar y de pareja.

 

Si quieres conocer más acerca de ellas, nuestros terapeutas, especializados en diferentes técnicas y terapias, te proporcionarán toda la ayuda e información que necesites. Estamos situados en Mataró, llama o acude directamente, te atenderemos encantados.

Cuando dormimos, y sobre todo cuando descansamos bien, todos somos conscientes de lo beneficioso que resulta para nuestro día a día, y sobre todo para nuestro rendimiento. Notamos la cabeza despejada, se reducen los dolores de cabeza y tensionales, e incluso podemos notar una estabilización o mejora del estado de ánimo. A pesar de ello, el sueño se considera un fenómeno complejo del que todavía queda mucho por conocer e investigar, siendo la problemática aquí descrita una de las alteraciones más singulares.

 

La parálisis del sueño se define como aquel trastorno del sueño en el que a la persona le resulta incapaz realizar cualquier movimiento voluntario. Así, durante generalmente un corto de tiempo (desde segundos, hasta 1-2 minutos), existe un estado de semiconsciencia (entre el sueño y la vigilia), en el que solo se es capaz de observar lo que ocurre alrededor, sin poder realizar ninguna acción física. De esta forma, la persona se despierta parcialmente, sin tener control muscular. Estos episodios terminan por sí solos, o cuando se mueve o toca a la persona. Además, en algunos casos se pueden tener síntomas asociados como alucinaciones hipnopómpicas (al despertar), sobre todo en la visión periférica, y pesadillas, las cuales causan temor. Por otro lado, aunque no afecta a las funciones vitales como la respiración o los latidos cardíacos, al ser movimientos involuntarios, pueden aparecer síntomas de ansiedad ya que existe habitualmente una sensación de asfixia o de no poder respirar adecuadamente al no poder controlar voluntariamente los músculos, lo cual no se acompaña de un riesgo real de ahogo. 

 

Entre sus principales causas, se habla de una falta de coordinación entre ciertas áreas cerebrales y la parte del sistema nervioso que se encarga de ordenar a los músculos que pueden ser controlados voluntariamente. Así, a pesar de que la persona haya recuperado la consciencia y despierte, sus músculos percmanecen “desconectados” del cerebro, porque siguen en el estado inerte que se presenta en la fase REM, cuando soñamos. Junto a esto, también se asocia a diferentes afecciones neurológicas.

 

Finalmente, aunque se habla de una prevalencia más bien baja, su incidencia muestra un progresivo aumento. Así, algunos estudios indican que aproximadamente un 60% de la  población podría llegar a sufrirlo como fenómeno aislado. A pesar de ello, sus efectos negativos van más allá, ya que se sitúan principalmente en la subjetividad y el conjunto de sensaciones vividas por la persona que la sufre.

Los tratamientos psicológicos y psiquiátricos resultan especialmente útiles para esta problemática. En nuestro centro, situado en Mataró, estamos especializados en esta y muchas otras patologías. Si deseas conocer más, no lo dudes y ponte en contacto con nosotros, te ayudaremos.

El avance y la proliferación vertiginosa del mundo digital es una realidad. Supone uno de los grandes temas en nuestra sociedad actual, y tiene una vinculación clara y directa con el mundo de la salud mental, y especialmente en niños y adolescentes. En este sentido, nuestro cerebro, y sobre todo en edades tempranas, madura y progresa a partir de las experiencias y la estimulación que recibe, marcando esto el devenir y su constitución en edades más avanzadas. Así, todo cambio ambiental se traduce en información sensorial que será procesada y tendrá una influencia en la organización cerebral. Por ello, resulta clave tener presente que la estimulación que recibe un niño repercutirá en su personalidad y estado emocional. 

 

Actualmente, gran parte del tiempo libre de niños y adolescentes (e incluso no libre), es invertido en utilizar o interaccionar a través de una pantalla. Hablamos de sobreestimulación cuando existe una excesiva exposición por edad y madurez tanto física como psicológica. Así, aunque estas herramientas pueden ser útiles y mostrarse como buenas alternativas educativas, su uso excesivo puede repercutir de manera negativa tanto a nivel psicofisiológico, alterando las conexiones y circuitos neuronales y repercutiendo por tanto, en las áreas y capacidades cognitivas (memoria, atención, lenguaje…), como psicoemocional. En este segundo sentido, las principales consecuencias son las siguientes:

 

  • Dependencia y abuso (adicción).
  • Estrés y ansiedad.
  • Problemas depresivos.
  • Dificultades relacionadas con la autoestima.
  • Desvinculación familiar y social.
  • Trastornos de conducta.
  • Disminución de la realización de actividades y rutinas útiles y saludables, y de responsabilidades.

 

De esta forma, si bien es cierto que difícilmente podemos impedir la influencia e incluso en cierta manera, el uso de estas plataformas, sí podemos educar acerca del modo de uso, y proporcionar alternativas a ello. A continuación se citan algunas de ellas:

 

  • Actividades al aire libre: Aunque muchos de los niños y adolescentes prefieren quedarse delante de la pantalla, investigaciones recientes evidencian la utilidad y el beneficio de realizar actividades fuera de casa y de la estimulación digital, y especialmente en la naturaleza.

 

  • Ejercicio físico: Está más que evidenciado que el deporte ayuda a la mejora del funcionamiento cerebral. En concreto, los deportes en equipo pueden ayudar a prevenir el riesgo de desarrollo de problemas emocionales y de dificultades cognitivas, e incluso mejorarlas y potenciarlas (sobre todo el aprendizaje y memoria). 

 

  • Juegos sociales y de mesa: Llevar a cabo juegos y actividades en familia como cartas, juegos de descubrimiento, lógica o cooperativos, ayudan a estimular áreas motoras y cognitivas, además de repercutir positivamente a nivel emocional, ya que compartimos momentos de calidad. 

 

  • Permitir el aburrimiento: Existe una tendencia cada vez mayor a no tolerar los espacios “en blanco” o de aburrimiento de los niños, acudiendo rápidamente a las pantallas para calmarlos y que nos dejen tranquilos. Dejar que se aburran y gestionen ellos mismos esta situación, facilita que creen su propia motivación y la elaboración de nuevas reglas y estructuras, potenciando la creatividad y la curiosidad. 

 

  • Comunicación: A veces no es necesario ser muy exigentes a la hora de concretar lo que vamos a hacer, e incluso en muchas ocasiones tenemos problemas para encontrar la actividad idónea. Una buena conversación, y especialmente cuando esta tiene contenido emocional, puede ser suficiente y muy útil. 

 

Si deseas recibir más información, o crees que puede beneficiarte nuestra ayuda, ponte en contacto con nosotros. Nuestro equipo de psicólogos y psiquiatras, situado en Mataró, te proporcionará la información que necesites.

La muerte es una realidad, y quizás la única certeza que tenemos desde que nacemos. Aunque acostumbra a guardar relación con el paso del tiempo, e idealmente lo queremos de esta forma, en ocasiones, desgraciadamente sucede antes de lo previsto. Así, y aun sabiéndolo, no estamos preparados para cuando ocurre, e incluso a veces nos esforzamos en evitar creer que sucederá, y en minimizar o suprimir el malestar propio o ajeno una vez acontece. De esta forma, parecemos intolerantes al sufrimiento, y buscamos sentirnos y hacer sentir bien de manera inmediata a los demás, no siendo conscientes de que muy posiblemente estamos provocando lo contrario, el mantenimiento del malestar. 

 

Por ello, a continuación se exponen algunas recomendaciones que pueden ser útiles de cara a a acompañar a un familiar o amigo que ha perdido un ser querido:  

 

  • Evitar las frases hechas:  En ocasiones, la incomodidad nos mueve a recurrir a expresiones que no ayudan, como “tienes que olvidar”, «mejor así, dejó de sufrir”, «el tiempo todo lo cura», “mantente fuerte por los niños”, “es ley de vida»… Es importante comprender que lo que más necesitan al principio es hablar y llorar, y no remarcarle que debe sobreponerse, ya lo hará a su tiempo. Si no sabemos que decir, no digamos nada, escuchemos y estemos presentes. Y si no sabemos que hacer, colaborar en algunas tareas cotidianas o ayudar en el papeleo, puede ser una buena manera de ayudarlo/a.

 

  • Tener en cuenta las actitudes que no ayudan: no digamos que le comprendemos si no hemos pasado por una situación similar. Tampoco intentemos buscar una justificación a lo que ha ocurrido. Junto a esto, no debemos empeñarnos en animarle/a o tranquilizarle/a, posiblemente lo que necesita sólo es que le escuchemos. No restemos importancia a lo que ha sucedido hablándole de lo que todavía le queda, o haciéndole ver las ventajas de una nueva etapa, no es el momento.

 

  • Permitir que se desahogue/exteriorice: sentir y expresar el dolor, la tristeza, la rabia, el miedo…por la muerte de un ser querido, es el único camino que existe para cerrar y curar la herida por la pérdida. Estamos equivocados si pensamos que verle o dejarle llorar y emocionarse, no sirve más que para añadir más dolor al dolor. También si creemos que ayudar implica distraerle de su dolor. Mediante la vivencia y expresión de los sentimientos, la persona en duelo se siente aliviada y liberada. Tampoco temamos nosotros mismos llorar o emocionarnos, no hay nada malo en mostrar nuestra pena, en exteriorizar que a nosotros también nos afecta lo que ha pasado.

 

  • Permitir que hable del ser querido: Debemos permitir que hable todo el tiempo y todas las veces que lo necesite. En ocasiones, el entorno rehuye hablar o pronunciar el nombre de la persona fallecida, desviando la conversación. Esto puede denotar miedo a alterar el estado emocional de la persona, y facilita que esta se sienta incomprendida. Resulta útil compartir recuerdos de la persona fallecida (ver fotos, contar anécdotas…). Recordar a la persona amada es un consuelo para los supervivientes, y repetir y evocar los recuerdos es parte del camino que tienen que recorrer para sanar su herida.

 

  • Mantener el contacto: En muchas ocasiones, la mayoría de personas presentes en el funeral se ofrecen a ayudar, pero posteriormente se desvinculan. El contacto puede mantenerse de muchas maneras; podemos hacerle una visita, quedar para tomar un café o dar un paseo, escribir un whatsapp o una carta. Con una llamada telefónica, por ejemplo, podemos romper su soledad y recordarle que no está solo/a, que alguien está pensando en él o ella. Y las fiestas y aniversarios son momentos particularmente dolorosos en los que podemos hacer un esfuerzo especial para estar cerca de la persona en duelo.

Estas son algunas de las recomendaciones que hacemos desde nuestro centro de psicología y psiquiatría, en Mataró. Si deseas conocer más acerca de ello, o tienes cualquier otra consulta, no dudes en contactar con nosotros. Contamos con especialistas de diferentes orientaciones y herramientas (Psicoanálisis, Terapia Cognitivo-Conductual, Terapia Sistémica, EMDR…) que te permitirán trabajar cualquier situación que te incomode o genere malestar.

Cuando hablamos de adicciones, podemos diferenciar entre las referidas a sustancias o tóxicas, y las comportamentales, o no asociadas a drogas. Ambas modalidades muestran una incidencia particularmente alta, y aunque las segundas están ganando un gran peso debido a la progresiva tecnologización de nuestra sociedad, el consumo de drogas continúa aumentando de manera significativa. Según el Informe Mundial sobre las Drogas, aproximadamente 275 millones de personas consumieron drogas en todo el mundo en el último año, y más de 36 millones sufrieron trastornos por su consumo. En España, la droga legal más consumida es el alcohol, seguido del tabaco, y entre las ilegales, el cannabis se sitúa en primer lugar, siendo la cocaína el segundo. Los hombres consumen generalmente más que las mujeres, con excepción de los hipnosedantes (ansiolíticos). Y la edad media de inicio se sitúa en los 14 años. 

 

Como sabemos, cada sustancia lleva asociados unos efectos concretos, pudiéndose dividir entre depresoras (p.ej., alcohol y opiáceos), estimulantes (p.ej., cocaína o anfetaminas), y alucinógenas (p.ej., LSD, mescalina o derivados del cannabis). Habitualmente la persona que consume, lo hace a más de una, muchas veces para compensar los efectos adversos (p.ej., abstinencia) de la otra. Además, aunque ciertamente muchas sustancias poseen un alto poder adictivo, en la mayoría de casos nos encontramos con variables personales, y específicamente psicológicas y emocionales que, o bien anteceden al consumo, o lo acompañan de una forma u otra. Así, se ha visto que el 25% de las personas con dependencia de alcohol y un 50% de las personas dependientes de drogas tienen depresión comórbida. Los trastornos de ansiedad se diagnostican en aproximadamente el 25% de las personas dependientes de alcohol y en un 43% de las personas dependientes de drogas. Y los trastornos de la personalidad se diagnostican en el 50% de las personas dependientes del alcohol y en el 70% de las personas dependientes de drogas, siendo el más frecuente el antisocial. 

 

Aunque coloquialmente se usen de manera indistinta, el uso, el abuso y la dependencia a sustancias presentan características diferenciables. El primero se refiere a un tipo de consumo en el que, bien por su frecuencia, por la cantidad, o por la propia situación de la persona, no se aprecian consecuencias inmediatas sobre el consumidor o su entorno. El abuso, supondría un grado más, y donde sí existirían consecuencias negativas para el sujeto o para entorno (p.ej., pérdida de dinero, alteración del estado de ánimo o el comportamiento…). Finalmente, la dependencia representa una pauta de comportamiento en la que se prioriza el consumo frente a otras conductas y responsabilidades, pasando a ser el centro de la vida de la persona.

 

La adicción, o el trastorno por consumo de sustancias, aparece cuando se cumplen los siguientes criterios:

1) Existe una pérdida de control sobre la propia conducta.

2) Una dependencia psicológica (p.ej., craving o deseo continuo de consumir).

3) Aparece la tolerancia o necesidad de consumir cantidades cada vez mayores para tener los mismos efectos.

4) Abstinencia, es decir, síntomas negativos tanto físicos como psicológicos derivados del cese del consumo.

5) Efectos perjudiciales graves sobre el comportamiento y el estado de ánimo.  

 

Como vemos, podemos ver una escala progresiva de gravedad entre los diferentes términos hasta llegar a la patología. Por ello, muchas conductas, tanto en las adicciones tóxicas como en las comportamentales, no son patológicas en sí, e incluso, en muchos casos, son socialmente aceptadas. El inicio del problema se sitúa cuando el consumo es la fuente principal y exclusiva de gratificación, o cuando existen consecuencias negativas.

 

Ponte en contacto con nuestro equipo de psicólogos, de Mataró. Te ofreceremos toda la ayuda e información que necesites, de una forma profesional y personalizada.

Nos encontramos inmersos en un mundo tecnológico. El avance en el desarrollo de nuevas plataformas, herramientas y aplicaciones es cada vez más exponencial, y esto tiene un claro impacto en nuestra sociedad. En cierta forma, incluso nos podemos sentir desubicados o desadaptados si no conocemos o somos poseedores de ciertas redes sociales o dispositivos. Y todo este efecto se traslada igualmente al mundo del juego, tanto online como offline, y vinculado con las apuestas o sin ellas.

 

Las adicciones comportamentales, término acuñado por Isaac Marks (1990), consisten en síndromes caracterizados por la necesidad de llevar a cabo una conducta de forma tal que resulta perjudicial para la persona. Además, el impulso está inducido por claves externas condicionadas (p.ej., luces y colores de las tragaperras), que pueden establecer un condicionamiento secundario con otros estímulos internos, tanto viscerales como cognitivos o emocionales (p.ej., anticipación de ganancia, deseo, ansiedad…). Junto a esto, existe actualmente consenso en considerar que las adicciones son trastornos mentales que se caracterizarían por manifestar dos criterios nucleares, que son la tolerancia y el síndrome de abstinencia, además del deseo por llevar a cabo una conducta (craving), deterioro en el control de dicho comportamiento y llegar a padecer graves consecuencias negativas en el ámbito interpersonal por ello. Entre ellas, aunque la adicción al móvil o al internet no se consideran un trastorno mental en sentido estricto, todavía, sí se incluyen en los diferentes manuales la adicción al juego y a los videojuegos:

 

  • Gambling disorder o trastorno por juegos de apuesta: el gambling se refiere a los juegos en los que la competición, la diversión, la habilidad y/o el azar estan presentes, pero el objetivo es siempre ganar dinero (p.ej., máquinas tragaperras, apuestas deportivas, casinos…). Por ello, todos los incluidos aquí no están permitidos en menores. El trastorno representaría una incapacidad para dejar de apostar con un patrón de conducta tal que provoca la ruina personal y familiar. Es interesante destacar que la población general (sin patología) suele jugar con más frecuencia a loterías, loterías presorteadas, apuestas deportivas y máquinas de juego. Sin embargo, los juegos más frecuentes por parte de jugadores problemáticos o patológicos son las máquinas de juego y el juego online.

 

  • Gaming disorder o trastorno por videojuegos: El gaming incluiría videojuegos, tanto sociales como los denominados e-sports, y en los que se presentan también variables como el azar, la competición o la incertidumbre, pero no hay dinero de por medio, o este no es la finalidad. El famoso DSM-5 lo incluye en una sección aparte, pendiente de más estudios, y lo define con los siguientes criterios: (1) preocupación por los videojuegos, (2) abstinencia al quitarle los juegos (emociones disfóricas: irritabilidad, ansiedad o tristeza). Sin signos físicos de abstinencia farmacológica, (3) tolerancia al jugar (necesidad de aumento gradual del tiempo de juego), (4) dificultades para controlar su implicación en videojuegos, (5) pérdida de interés en otras actividades, excepto enjugar videojuegos, (ó) continuación del juego a pesar de los problemas que va ocasionando, (7) engaños a su familia o a otras personas sobre la cantidad de tiempo que juega, (8) videojuegos para aliviar o evitar estados de ánimo negativos, (9) riesgo de perder relaciones u oportunidades debido al uso de videojuegos.

 

La importancia de definir categorías como las aquí descritas es cada vez mayor, ya que los problemas asociados al ámbito tecnológico y especialmente al juego, va en aumento de manera casi desenfrenada. Además, la mayor parte de las personas con este tipo de problema sufren uno o más trastornos, como depresión, ansiedad, o dificultades relacionadas con la autoestima. 

 

Si quieres recibir más información, llámanos o contacta con nosotros por correo electrónico. Nuestro equipo de terapeutas, en Mataró, te facilitará toda la ayuda e información que necesites.