”Imagina que eres una casa llena de muebles. Los muebles no son y nunca serán la casa. Los muebles son lo que contiene la casa o lo que está dentro de ella. La casa sólo da cabida o contiene a los muebles y le da el contexto para que puedan funcionar como tal. Ahora, si consideráramos a los muebles como buenos o malos esto no diría nada sobre el valor de la casa, porque una cosa son los muebles y otra la casa. De la misma manera, lo que piensas o sientes no conforman tu identidad, no eres tú”.

 

En muchas ocasiones, tendemos a juzgarnos y valorarnos únicamente en función de aquello que nos preocupa, que nos hace sentir mal, que queremos arreglar o cambiar. Lo hacemos de tal forma, que pasamos incluso a “ser” el propio problema, diciéndonos cosas como “nunca conseguiré estar bien”, “soy inútil”, “soy peor que los demás”… atacando directamente nuestro autoconcepto y autoestima. Todos estos mensajes denotan que nos hemos inmiscuido hasta tal forma en nuestro malestar, que llegamos a desmerecer, ignorar e incluso a eliminar todo lo positivo y protector que tenemos como personas, y lo cual nos puede ayudar a luchar contra lo que nos hace sentir mal. 

 

Los síntomas como las preocupaciones, la tristeza, la ansiedad, o cualquier otra dificultad, son reales, y nos molestan, pero debemos ser conscientes de que estos son una pequeña parte de nosotros, y de que además, en muchas ocasiones, vienen y se van, es decir, fluctúan en el tiempo en función principalmente de las situaciones que vivimos. De esta forma, el problema no es sentir o pensar de forma negativa, ya que esto resulta algo inevitable; la clave se encuentra en cómo reaccionamos ante esa “negatividad” y en el cómo nos acabamos relacionando con nuestro interior.

 

Valorémonos en función de lo que realmente somos, y de lo que hemos aprendido de nosotros, no sólo de aquello que nos preocupa o nos hace sentir mal en el ahora. Somos mucho más de lo que nos molesta, y merece la pena observarlo. 

 

Orientaciones como el Mindfullness o la Terapia de Aceptación y Compromiso se encaran a trabajar este importante aspecto, entre muchos otros. En nuestro centro de psicología, en Mataró, encontrarás profesionales formados en estas y otras orientaciones que te ayudarán a encontrar tu bienestar emocional. Ponte en contacto con nosotros, te facilitaremos toda la información que necesites. 

 

Albert Bandura, psicólogo canadiense y profesor de la Universidad de Stanford, definió la autoeficacia, en 1978, como la convicción de que uno puede ejecutar con éxito la conducta requerida para producir determinados resultados. Sería algo así como la confianza en la propia competencia. Ésta, es multidimensional y contextual, es decir, varía en función de la tarea requerida y del contexto en el que nos encontremos. Por ello, por muy atractivo que resulte un objetivo, no nos esforzaremos si no nos percibimos con recursos necesarios para conseguirlo. 

Dicha confianza en uno mismo, en muchas ocasiones aparece alterada o significativamente disminuida en diferentes alteraciones: baja autoestima, depresión, problemas adictivos… Aunque no hace falta tener un problema como tal para sentirnos menos capaces de hacer algo. En cuanto al origen, el propio autor postula 4 factores: la experiencia personal (es decir, el feedback sobre nuestra propia ejecución), la experiencia vicaria (observar a los demás hacerlo), la influencia social (opinión y valoración que los demás hacen sobre nuestra conducta), y los cambios fisiológicos (información sobre el estado interno del organismo). 

Así pues, las personas con alta autoeficacia presentarán, con mayor probabilidad, las siguientes características:

  • Elevado nivel de aspiraciones.
  • Atracción por las situaciones de mayor complejidad, percibiéndolas como retos.
  • Persisten para lograr sus objetivos.
  • Ante dificultades, analizan la situación, fijándose en sus puntos fuertes para abordarla. 
  • Se recuperan rápidamente tras un fracaso, que suelen atribuir a un insuficiente esfuerzo.
  • Frecuente experiencia de éxito en sus actividades, reafirma su nivel de autoeficacia. 

Este concepto conlleva grandes repercusiones en el mundo de la psicología, ya que puede explicar muchas de las dificultades y alteraciones emocionales que sufrimos hoy en día. Su estudio y potenciación pueden permitir desarrollar teorías e intervenciones mucho más eficaces y eficientes. En nuestro centro de psicología, psiquiatría y neuropsicología, en Mataró, trabajamos para ofrecerte el mejor servicio y ayuda. Si deseas obtener más información, no dudes en contactar con nosotros, estaremos encantados de atenderte. 

 

Las emociones forman parte inevitable de nuestras vidas y de nuestro día a día. La experimentamos constantemente, y pueden variar de un momento a otro casi sin darnos cuenta. Cuando lo hacemos, habitualmente es porque éstas aparecen, o bien de forma muy intensa, o porque se repiten mucho en el tiempo. Además, las tendemos a categorizar de maneras específicas en función de lo que hemos vivido y de lo que conocemos sobre ellas, siendo estas etiquetas en muchas ocasiones contraproducentes (p.ej., estoy triste-tengo depresión).

A continuación se exponen las principales diferencias entre la tristeza funcional y tristeza desadaptativa:

Tristeza funcional

  • Existe habitualmente un estímulo concreto que la desencadena.
  • Hay una cierta proporcionalidad entre ese estímulo y nuestra reacción. 
  • La duración de la emoción se ajusta al estímulo. 
  • Afecta de manera escasa al rendimiento personal. 
  • Los síntomas físicos están mitigados o ausentes. 

Tristeza desadaptativa

  • El desencadenante únicamente es posible (la tristeza puede aparecer sin éste).
  • Desproporcionalidad entre el estímulo y la reacción, siendo ésta última más exagerada.
  • Duración extensa y desproporcionada.
  • Afecta y disminuye notablemente el rendimiento. 
  • Aparecen síntomas físicos acusados (cansancio, tensión, insomnio…).

De esta forma, debemos comprender y observar las emociones como algo mucho más dimensional. Los sentimientos y las emociones son mucho más una cuestión de grado, y no resulta útil juzgarlas y etiquetarlas de manera negativa, ya que de esta forma lo único que conseguiremos  será aumentar y mantener el malestar que nos producen. No por tener ansiedad o cualquier otra emoción significa que tengamos un problema grave. Podemos convivir con nuestras experiencias tanto externas como internas, y cuanto menos castigo o carga les añadamos, muy probablemente menor duración e intensidad tendrán éstas. 

Si deseas obtener más información, en nuestro centro de psicología, en Mataró, te atenderemos encantados. No lo dudes y llámanos.

 

Tendemos a concebir la terapia psicológica como un proceso mediante el cual casi exclusivamente se “arreglan” o “cambian” una serie de problemas o situaciones negativas, partiendo de aspectos tanto internos como externos que juzgamos como problemáticos por el malestar que nos producen. Esto puede provocar que nos planteemos acudir al psicólogo cuando ya no podemos más, cuando estamos sufriendo mucho, y sobre todo cuando notamos que hay una repercusión física (ansiedad, insomnio, pérdida de apetito…). Más allá de esto, la psicoterapia engloba mucho más, y puede suponer un camino hacia un beneficio mucho más significativo. 

¿Cómo podemos concebir el tratamiento psicológico?

  • Somos más que nuestras preocupaciones: Para mejorar una situación, o para conseguir sentirnos mejor, no solamente es útil focalizarnos en “lo que va mal” (formas de pensar, sentir o actuar), sino que debemos tener muy presentes todas aquellas potencialidades y factores protectores de la persona y de su entorno. Tirar de estos y potenciarlos en muchas ocasiones puede tener un efecto mucho más potente que centrarnos solo en lo que consideramos mejorable. Somos mucho más que aquello que nos perturba o que no nos gusta.
  • Crecimiento/automejora: No necesariamente el motivo de consulta debe focalizarse en un problema. Podemos acudir al psicólogo partiendo de una situación ya positiva. Así, podemos acudir para simplemente potenciar aspectos de nosotros que nos gustan, que nos dan sentido, y que no queremos perder. Además, puede ser una oportunidad para conocer otras partes de nosotros, y adquirir recursos que nos hagan sentir autorrealizados y con mayor control.
  • Espacio personal:  El hecho de acudir, supone una inmersión hacia nosotros mismos como no habíamos hecho antes, nos abrimos a una experiencia en la que somos los protagonistas. Así, tenemos un espacio en el que compartir todo lo que queramos, lo que deseemos, sin sentirnos juzgados. Algo que puede ser difícil encontrar en nuestro día a día y que puede servir para dedicarnos exclusivamente a nosotros. 
  • Aprendizaje: El proceso supone un aprendizaje continuo, tanto a nivel personal, como a través de los conocimientos que vamos adquiriendo de las emociones y del comportamiento humano en general. Esto se desvincula de la visión “negativa” que podamos tener de entrada. Así, supone una oportunidad para adquirir nuevos conceptos y herramientas que pueden resultarnos útiles para muchísimas situaciones. 

Existen muchas otras características además de las citadas, que permiten ver cómo la psicología va mucho más allá de la resolución de problemas. Si deseas tener más información al respecto, nuestros profesionales (entre ellos, psiquiatras, psicólogos y neuropsicólogos) estarán encantados de resolver todas las dudas que tengas. Ponte en contacto con nuestro equipo, en Mataró, te ayudaremos. 

En muchas ocasiones nos damos cuenta de que algo no va bien o de que no lo estamos gestionando de la mejor manera cuando nuestras funciones fisiológicas básicas se ven afectadas. Comer, beber, dormir… son procesos clave para nuestro equilibrio y homeostasis físico y mental. Ya Abraham Maslow, en su famosa pirámide sobre las principales necesidades humanas, plasmó que las primeras que deben ser cubiertas son precisamente éstas y que, una vez lo estuvieran, encima se construirían las de seguridad, la social, la autoestima y por último la autorrealización.

Así pues, los problemas relacionados con el sueño pueden llegar a ser altamente incapacitantes y pueden ser tanto causa como consecuencia de otros problemas psicológicos (ansiedad, depresión, trastorno por estrés postraumático…). El insomnio se conceptualiza como la insatisfacción por la cantidad o la calidad del sueño, la cual provoca un malestar clínicamente significativo o genera un deterioro en las diferentes áreas vitales (familiar, social, laboral…). Además, debe producirse a pesar de las condiciones favorables para dormir y presentarse un mínimo de tres noches a la semana durante tres meses. En cuanto a los subtipos, tenemos los siguientes:

  • Insomnio de inicio o de conciliación: La persona tiene problemas para quedarse dormida y generalmente lo consigue tarde, con lo cual hay una latencia de sueño aumentada y un decremento en las horas totales que se duerme.
  • Insomnio de mantenimiento o medio: En este caso aparecen los despertares nocturnos. Aunque se consiga dormirse rápidamente, el sueño aparece de manera discontinua y superficial. 
  • Insomnio terminal, final o tardío: Hace referencia al despertar pronto por la mañana. Puede haber un sueño rápido sin despertar a media noche, pero la persona se despierta significativamente antes de lo previsto, sin conseguir volver a dormir. 

La combinación de los tres subtipos anteriores es la presentación típica, con lo cual difícilmente veremos una clara predominancia de uno u otro. También es interesante destacar que suele empezar en la adultez temprana y tiene una prevalencia mayor en mujeres. El insomnio puede mejorar interviniendo sobre las causas que lo provocan o directamente sobre él. En este sentido, técnicas como la relajación, la intención paradójica o el control de estímulos se han demostrado eficaces.

Si deseas conocer más acerca de estas técnicas o tienes cualquier pregunta, en Mataró contamos con un equipo especializado que te proporcionará toda la información que necesites. No lo dudes y llámanos.

A lo largo de nuestras vidas, y en nuestro día a día, somos víctimas de fenómenos y procesos psicológicos que pueden actuar de forma consciente o inconsciente pero que no resultan, de por sí, para nada patológicos. Para enmarcarlos se utilizan clasificaciones referidas a la función cognitiva implicada, como puede ser la atención, la concentración, la memoria, la percepción… entre otras. 

Los procesos aquí presentados se engloban dentro de las anomalías de memoria. Los lapsus, los olvidos o simplemente la dificultad para recordar cosas son frecuentes. A veces incluso olvidamos lo que hemos comido ese mismo día o dónde está algo que acabamos de dejar. Pero todos ellos no reflejan ni mucho menos una alteración. Entre ellos están los dos siguientes:

  • Dejà vu: A este fenómeno también se le denomina como “esto ya lo he visto”, y reflejaría aquel proceso mediante el cual afirmamos haber vivido una experiencia o estado en un sitio aun sabiendo que es la primera vez que lo vemos. Se trata de una sensación muy común. Aquí influyen experiencias previas parecidas a lo que estamos presenciando y otras variables como nuestro estado de ánimo. Se lo considera un falso reconocimiento positivo, ya que afirmamos reconocer algo, siendo esta afirmación totalmente falsa. 
  • Jamais vu: Este sería el proceso contrario al anterior, y considerado un falso reconocimiento negativo. En este caso, aunque conocemos y recordamos una situación o entorno, no experimentamos familiaridad, pudiendo afirmar que nunca lo hemos visto o vivido. Este fenómeno es algo menos frecuente aunque también se da. Acostumbra a aparecer más en personas mayores. 

Es importante conocer y diferenciar aquellos procesos normales de los que se consideran patológicos. Las demencias, o el deterioro cognitivo leve, pueden llevar asociados estos y otros fenómenos. Además, en problemas como la ansiedad o la depresión, también pueden aparecer problemas atencionales y de memoria. Debemos fijarnos en la intensidad, en la frecuencia y en el grado de malestar que genera en la persona para poder realizar un diagnóstico adecuado. 

Tener presentes aquellos procesos normales, por los que todos pasamos, también nos ayuda a desestigmatizar las enfermedades mentales y a ser conscientes de que, muchas veces, la diferencia entre normal y patológico es cuestión de grado, intensidad o dimensionalidad. 

Si deseas conocer más, o tienes cualquier pregunta, no dudes en contactar con nuestro equipo de psicología en Mataró.

La psicología, en su sentido más amplio, es la ciencia que estudia el comportamiento humano y sus procesos mentales, y cómo afectan estos al desarrollo y funcionamiento adaptativo. Dentro de esta, existen diferentes especialidades o disciplinas las cuales podemos clasificar en función de su ámbito de aplicación (psicología clínica, social, de las organizaciones, jurídica…). Todas ellas buscan profundizar en la comprensión y mejora de nuestra adaptación individual y colectiva, y para ello aportan conocimientos y mecanismos desde diferentes puntos de vista para fomentarlo.

El término forense proviene del latín forum. Esto es, la plaza, el espacio público donde en la época romana tenían lugar los juicios públicos. La psicología forense sería pues la rama de la psicología jurídica que posee como objetivo aplicar sus conocimientos a los procedimientos judiciales. Así, la psicología aplicada a los tribunales busca colaborar en la resolución de procesos judiciales, procurando comprender y estudiar los diferentes factores psicológicos que puedan ser útiles y aplicables a los juicios. Es decir, busca aportar datos para contribuir en la resolución de los distintos casos. Para ello, hace uso de informe pericial psicológico, el cual puede solicitar un Juez como ayuda a la hora de comprender mejor la naturaleza de unos hechos o del comportamiento de un individuo. De esta forma, los principales componentes que se pueden determinar mediante el informe son:

  • El estado en el que se encuentra la salud mental de una persona.
  • Evaluar si tiene secuelas psicológicas de algún suceso traumático.
  • Dictaminar si es apta para la guardia y custodia de discapacitados o menores.
  • Valorar si es responsable penalmente en función de un posible trastorno mental (depresión, ansiedad, esquizofrenia, etc.).

El psicólogo forense, además de tener que ser graduado en psicología, debe contar con conocimientos y herramientas propias del derecho procesal, judicial y penal. Este bagaje le permite comprender e intervenir con precisión en los procesos judiciales y aplicar de manera adecuada diferentes estrategias psicológicas en este campo, aportando diferentes evidencias relacionadas con las facultades mentales y condiciones psicológicas y emocionales de las diferentes partes implicadas. 

En nuestro centro de psicología, en Mataró, contamos con diferentes especialidades, entre ellas la psicología forense, mediante las cuales puedes beneficiarte para resolver las dudas que tengas o para recibir toda la atención y ayuda que necesites. No lo dudes y contacta con nosotros, te proporcionaremos información actual e individualizada.

Desde que nos levantamos y hasta que volvemos a la cama, pasamos la mayor parte del tiempo tomando decisiones: decidimos qué desayunar, cómo vestirnos, el medio de transporte para ir a trabajar, y ya no hablemos del sinfín de caminos que debemos elegir en el trabajo o en la escuela. Algunas, como podremos intuir, son más conscientes e implican un proceso de decisión más elaborado. Otras, en cambio, operan más a nivel inconsciente, automático (p.ej., ponernos las zapatillas al levantarnos). Todas ellas dibujan y marcan nuestro día a día y, además, repercuten directamente en nuestro estado de ánimo.

Tendemos a infravalorar el poder que puede llegar a tener este proceso y a veces incluso delegamos en otros la elección de una u otra opción. Esto puede pasar por diferentes opciones: miedo al fracaso, no querer asumir la responsabilidad de las consecuencias, desconfianza o inseguridad hacia nosotros mismos, mayor confianza en lo que pueda hacer la otra persona, etc. De lo que no nos damos cuenta es de que esto poco a poco nos va rebajando la autoestima y, a su vez, aumentamos la dependencia, con lo que progresivamente nos hacemos pequeños, pudiendo precipitar síntomas depresivos o de ansiedad. Además, al no atrevernos a elegir o decidir, fomentamos dudar y sentirnos inseguros en situaciones futuras, esperando a que sean los demás los que lo hagan, y adoptando actitudes de pasividad.

La autoconfianza se gana tomando decisiones. Dirigir nuestra vida puede darnos un gran poder, además de hacernos sentir con mayor control. Nos conocemos mejor que nadie y ya únicamente por ello merece la pena definir nuestro propio destino. Actuar en congruencia con lo que somos, con lo que sentimos, es la mejor manera de alimentar nuestra autoestima. Para ello, te recomendamos lo siguiente:

  • Que sean propias, personales: Las decisiones deben ser un proceso totalmente individual y personal. Cuanto más, mejor. Es decir, cuanto más reflejen aquello que nosotros creemos, pensamos o sentimos, posiblemente menos dudas y remordimiento experimentaremos.
  • Reducir el miedo a equivocarnos: Podemos hacerlo y podemos errar. Las decisiones implican pros y contras, y en ocasiones puede que el resultado no sea el esperado. Pero todo supone un aprendizaje. Además, debemos tener en cuenta que no podemos contentar a todo el mundo, con lo cual resulta clave flexibilizar las consecuencias, reduciendo por tanto la probabilidad de que posteriormente nos castiguemos.
  • Focalizarnos en la emoción: Enfocarnos en lo que sentimos, en nuestras sensaciones más profundas, por complicadas o subjetivas que nos parezcan, es la mejor manera de actuar. Priorizar de qué manera nos hace vibrar una u otra opción es clave. Esto choca con nuestra tendencia en intentar visualizar los posibles escenarios en los que nos podemos encontrar si hacemos una u otra cosa.
  • Autorrespeto: Pensamos lo que pensamos, creemos lo que creemos y sentimos lo que sentimos. Y sólo nosotros lo sabemos. Hagámonos dueños de nosotros mismos, sin priorizar opiniones externas, y poniendo por delante nuestras intenciones y derechos. Es importante recordar este aspecto, aun teniendo presente que la influencia de los demás puede seguir estando allí.

La toma de decisiones es un aspecto clave e inevitable en nuestras vidas. Cuanto más consciente y evidente lo hagamos, mayor control adquiriremos sobre nosotros y nuestro estado de ánimo. Resulta un alimento indispensable para nuestra autoestima, y el cual merece la pena que sigamos cuidando.

Obtén más información poniéndote en contacto con los profesionales de nuestro centro de psicología, en Mataró. Estaremos encantados de atenderte.

Nacemos rodeados de personas significativas que le van dando sentido a nuestro mundo y nos aportan bienestar y estabilidad. Ciertamente, no siempre lo percibimos de esta manera y, en muchas ocasiones, aunque lo hagamos, no deja de ser curioso cómo a veces nos puede costar tanto exteriorizar y poner encima de la mesa lo que estamos sintiendo, especialmente cuando este puede ser un mensaje emocionalmente potente.

¿Qué nos impide hacerlo? Es importante en un primer momento autoobservarnos y averiguar qué nos lleva a dejar pasar la oportunidad de dar estos mensajes. A continuación te ofrecemos algunas opciones:

  • Restarle importancia: Sería quizás uno de los primeros factores y más importantes. Quitamos la importancia a decir o demostrar ciertas cosas, infravalorando el efecto que pueden tener. 
  • Olvido: Se relaciona directamente con el anterior. Cuanta menos importancia le damos, muy posiblemente más lo dejaremos pasar. 
  • Orgullo: Somos muy orgullosos, y esto hace que especialmente en situaciones conflictivas o discusiones, no cedamos, fomentando que sea todavía más complicado que exterioricemos una emoción o pensamiento positivo. 
  • Esperar a que sea el otro: Relacionado con lo anterior, no queremos ser los primeros. Damos mayoritariamente cuando recibimos, no dándonos cuenta de que si cambiamos el orden, y somos nosotros los que empezamos a hacerlo, es posible que provoquemos reacciones positivas en los demás, lo cual concluya en que pueden animarse con más facilidad a hacer lo mismo. 
  • Aprensión a la sensibilidad: En ocasiones existe cierto miedo a mostrarnos sensibles por el hecho de hablar sobre emociones o por decir ciertas cosas. Como si al hacerlo nos mostráramos demasiado sentimentales, blandos o delicados.

Debemos intentar dejar atrás nuestros prejuicios en relación a decir o mostrar ciertas emociones y atrevernos a experimentar. Los beneficios aparecen tanto a nivel personal como en relación a los otros. Al hacerlo, generamos un clima de mayor confianza, de bienestar e incluso de gratitud. Provocamos que el otro se sienta escuchado, querido y que por ello pueda permitirse abrirse a hacer lo mismo con nosotros. Sería algo así como “dar para recibir”, aunque no en el sentido literal, ya que es importante no esperar siempre algo a cambio, sino encontrar el beneficio en simplemente ser nosotros los que realizamos el cambio y nos atrevemos a utilizar estas magníficas palabras.

En nuestro centro encontrarás profesionales formados en diferentes orientaciones como la Terapia Cognitivo-Conductual o la orientación Sistémica, trabajando con población tanto adulta como infanto-juvenil. Si te interesa algún tema en concreto o tienes cualquier duda, ponte en contacto con nosotros, estaremos encantados de atenderte.

Cada día vivimos y recibimos estimulación de todo tipo. Conforme vamos creciendo, vamos definiendo nuestra realidad en base a nuestras experiencias. Adquirimos progresivamente un conocimiento del mundo poco a poco más amplio, y en el que relacionamos objetos, personas e incluso acontecimientos. Además, somos como “pequeños científicos”, dedicando parte de nuestro tiempo a hacer predicciones en base a lo que conocemos sobre algo, y esto nos ayuda a tener cierto control sobre nuestro día a día, y a ser algo más eficientes. A pesar de ello, en ocasiones estas anticipaciones/predicciones pueden no ser del todo acertadas, como es el caso del fenómeno aquí expuesto.

Podemos definir la profecía autocumplida como un sesgo en nuestra percepción que provoca la anticipación de acontecimientos sin una base firme y lógica para ello. Esto genera que nuestras actitudes y comportamientos se modifiquen bajo la creencia de que sucederá lo que predecimos, lo cual provoca que la probabilidad de que ocurra aumente. Veámoslo mejor con un ejemplo: imaginemos a un estudiante que cree que no merece la pena estudiar para un examen, ya que considera que suspenderá de todos modos. Es probable que por desmotivación, por miedo, y por apatía, este termine mirándose poco el temario, y creyendo poco en sus posibilidades. Por ello, puede acercarse más a suspender. Otro ejemplo lo podríamos encontrar en el ámbito laboral, cuando vamos a pedir un aumento de sueldo para el que si no tenemos buenas expectativas y creemos que no nos lo darán, quizás no seremos capaces de demostrar nuestra valía ni defenderlo con suficiente convicción. En cambio, si nuestra creencia es firme en que nos lo merecemos, haremos todo lo posible independientemente del resultado final.

¿Dónde está el principal problema? En el cumplimiento de nuestras creencias y profecías. Si acertamos, y ocurre aquello que anticipamos, ganaremos la sensación de que podemos predecir el resultado de los acontecimientos, lo cual nos otorga una sensación de control completamente ilusoria. Esto hace que nos volvamos calculadores, obsesivos, y con mucha necesidad de control, lo cual provoca estados de estrés y ansiedad que pueden llegar a ser muy significativos.

¿Cómo podemos controlarlo o minimizarlo? Cuestionando nuestras creencias iniciales. Debemos poner en duda aquello que nos decimos a nosotros mismos, aunque tengamos una gran convicción sobre ello. Sólo así nos permitiremos concebir otros posibles escenarios y no actuaremos buscando confirmarlo, sino con mayor flexibilidad, ya que tendremos presentes diferentes posibilidades.

Ponte en contacto con nuestro equipo de psicólogos, en Mataró, para recibir toda la información que desees o necesites. Estaremos encantados de atenderte.