Pasamos gran parte de nuestras vidas experimentando innumerables emociones, incluso si lo pensamos, es difícil calcular por las que hemos pasado a lo largo de un mismo día. De hecho, resulta complicado concretar alguna ocasión en la que no hayamos sentido nada (incluso en el sueño las experimentamos!). Por ello, éstas forman parte inevitable de nosotros, dándole sentido y color a nuestro mundo. Algunas, especialmente las agradables, las clasificamos y entendemos como positivas (alegría, confianza, esperanza, amor…); pero otras, en cambio, las ponemos en el cajón negativo, teniendo en cuenta el malestar o la limitación que producen.

 

Esta última idea se encuentra estrechamente vinculada al término presentado, la Mochila Emocional. Podemos definir ésta como el peso que acumulamos a través de ciertas experiencias, y en el que vamos añadiendo o escondiendo, todas aquellas emociones que nos han afectado negativamente, y que se asocian en su mayoría, a situaciones negativas que nos ha costado afrontar. Su contenido, pues, está conformado de una mezcla de recuerdos, experiencias y sentimientos de diferente tamaño o intensidad, que hemos decidido (consciente y/o inconscientemente), bloquear. Si no aprendemos a vaciar la mochila de experiencias negativas, cuanto más tiempo pase, más cargada la tendremos, y mayor peso deberemos soportar, lo cual repercutirá tanto a nivel físico como psicológico o emocional, pudiendo sufrir tanto fatiga o cansancio, tensión, dolores musculares… como tristeza, culpa, ansiedad, problemas de autoestima… Repercutiendo además, en nuestras relaciones y nuestro día a día. 

 

Vaciarla, soltando todo aquello que nos tiene presos del pasado y nos quita energía, nos permitirá avanzar. Aceptar nuestros errores, identificar, observar y conocer nuestras emociones, valorar nuestros avances y nuestras fortalezas, y, sobre todo, aceptar lo que experimentamos y vivimos sin luchar contra ello, nos hace dueños de nosotros mismos, ayudándonos a tener un mayor control. Se trata de un proceso de afrontamiento y de aprendizaje en el que el olvido, la represión, la evitación, y sobre todo, el autocastigo, deben dejarse a un lado, dando paso a la observación, identificación, y por encima de todos, la aceptación. 

 

Si deseas conocer más acerca de este tema, o te gustaría aprender o conocer estrategias para este o cualquier otro aspecto, en nuestro centro de Psicología, en Mataró, te proporcionaremos toda la ayuda e información que necesites. Llámanos, estaremos encantados de atenderte.

Son muchos los autores que han dejado su huella, no solo en el mundo de la psicología y la salud mental en general, sino en el mundo entero. Entre ellos, uno de los más relevantes es Abraham Maslow (1908-1970), psicólogo estadounidense considerado uno de los artífices y fundadores de la Psicología Humanista. Esta corriente, a grandes rasgos se caracteriza por postular la existencia de una tendencia humana básica hacia el bienestar mental y emocional, manifestándose u obteniéndose a través de procesos como la búsqueda de autorrealización o de actualización. Y su teoría estaría en congruencia con este principio.

La pirámide o jerarquía de las necesidades de Maslow es una teoría que propone que la satisfacción de ciertas necesidades más básicas o subordinadas, dará lugar al cumplimiento o generación progresiva de otras necesidades más elevadas o superordinadas, hasta llevar a la autorrealización. La no satisfacción de algunas de las necesidades será el factor responsable de las alteraciones emocionales y de la conducta. Las principales categorías o necesidades de la pirámide son:

  • Necesidades básicas o fisiológicas: corresponden al primer eslabón de la pirámide. Según el propio autor, son las únicas que se encuentran inherentes en todos nosotros, y resultan claves para la supervivencia. Englobarían respirar, alimentarse, vestirse, hidrataarse, el sexo, etc. 
  • Necesidades de seguridad: aquí buscamos mantener y crear una situación de orden y seguridad en nuestras vidas. Entroncaría principalmente una seguridad física (la salud), económica (tener un mínimo de ingresos), de vivienda, entre otros. 
  • Necesidades sociales: este escalón implica el sentimiento de pertenencia a un grupo, incluyendo la familia, la pareja, los amigos, los compañeros de trabajo, etc.
  • Necesidades de estima o reconocimiento: Constituyen las necesidades de reconocimiento como la confianza, la reputación, la independencia social o las metas financieras. Dentro de la interacción social, necesitamos recibir cierta aprobación para conformar nuestra autoestima. 
  • Necesidades de autorrealización: es el quinto y último nivel, el más alto, y el cual sólo puede satisfacerse cuando todas las demás necesidades han sido cubiertas y alcanzadas. Cuando se llega a la cumbre, se considera haber alcanzado el éxito personal. 

 

Maslow marcó una época con sus aportaciones, y si lo pensamos, cada uno de sus escalones puede representarnos en cierta manera, o incluso, en cierta manera, la búsqueda de ellos. Todos tenemos una serie de necesidades, las cuales podemos distribuir por ámbitos, siendo el personal y el social o interpersonal dos categorías claves para englobarlas y comprenderlas. Dentro de ellas, surgirán conflictos, alteraciones, o incluso patologías en forma de problemas de ansiedad, tristeza o depresión… Su afrontamiento y resolución conllevará satisfacer una serie de necesidades, y, por lo tanto, la obtención de bienestar físico y emocional. 

 

La Psicología Humanista es una de las orientaciones que existen dentro de la psicología clínica, junto a otras como la Sistémica o la Cognitivo-Conductual. Si deseas conocer más acerca de ellas, o crees que pueden beneficiarte, ponte en contacto con nuestro equipo, situado en Mataró, te proporcionaremos toda la información que necesites.

La llegada de un hijo es un gran acontecimiento, y supone una nueva etapa que suele llevar consigo una inmensa ilusión y felicidad. Tener un nuevo miembro en la familia supone un gran cambio, y para los padres puede suponer un paso más hacia la realización tanto personal como de la pareja o matrimonio. Junto a esto, pero, en ocasiones este acontecimiento puede producir un estado algo diferente al comentado, el cual es conocido como Baby Blues

 

Este, es un fenómeno psicológico vinculado a la maternidad caracterizado por alteraciones en el estado de ánimo en las cuales se observa una tristeza, irritabilidad, cambios de humor, cansancio y decaimiento emocional. Se trata de un estado que puede durar de minutos a horas, y hasta las dos semanas siguientes al parto, y se considera muy frecuente entre las madres primerizas. Hay que tener en cuenta, que los síntomas no llegan a interferir significativamente en la vida de la persona, lo cual permite distinguirlo de la Depresión Mayor, y específicamente de la depresión postparto, en la cual sí se observa esta limitación funcional. Esto significa que aunque el baby blues conlleva malestar, no incapacita a la mujer para llevar a cabo la rutina del día a día y, por tanto, no les disminuye su autonomía. 

 

¿Cuáles son sus principales manifestaciones? Además de las citadas, se encuentran:

 

  • Problemas de sueño (insomnio).
  • Disminución del apetito.
  • Sensación de malestar y tristeza generalizada. 
  • Pérdida de energía.
  • Llanto espontáneo. 

 

En cuanto a sus causas, éstas son difíciles de determinar, aunque se habla de una influencia bidireccional entre lo biológico y lo ambiental. De esta forma, se propone que los cambios bruscos a nivel hormonal que se producen en la madre después del nacimiento pueden ser importantes. Así, los estrógenos, la progesterona, la serotonina y la prolactina se han mostrado implicadas. Por otro lado, la necesidad de dar una buena atención al bebé produce un desgaste psicológico y físico, juntamente con la reacción del entorno. 

 

Existen diferentes fenómenos psicológicos y emocionales los cuales no necesariamente debemos englobar en patologías concretas, y los cuales acostumbran a ser transitorios. Sólo si generan una limitación o malestar importante y/o perduran un tiempo significativo, deben ser abordados profesionalmente. Nuestro equipo de psicólogos y psiquiatras, en Mataró, te puede facilitar toda la información que necesites acerca de este o cualquier otro tema. No lo dudes y contacta con nosotros, te ayudaremos.

Vivimos en una sociedad donde la accesibilidad y la inmediatez son cada vez mayores. Estamos inmersos en un mundo progresivamente más tecnológico, donde la proliferación de herramientas para conocer y acceder a casi cualquier contenido es impresionantemente rápida. Esto tiene sus obvias ventajas, y difícilmente nos quejamos de que esto sea así, pero a veces podemos obviar sus desventajas, y sobre todo sus negativas consecuencias para nuestra salud física y emocional. Entre ellas, claramente está la impaciencia; aprendemos a tener y quererlo todo de inmediato. La impulsividad; actuando de forma rápida y precipitada en muchas ocasiones. Las alteraciones como la ansiedad y el estrés al estar sometidos a un flujo de información e interactuación tan potente y constante. Y la incapacidad para postergar nuestros intereses o motivaciones inmediatas.

 

Este último aspecto tiene especial relación con lo que aquí comentamos, la demora de la gratificación. Este concepto fue propuesto en 1960 por el psicólogo Walter Mischel, el cual realizó un experimento muy sencillo con niños: básicamente ponía a prueba su capacidad para autocontrolarse situándolos en una sala, con una golosina delante, durante unos minutos hasta que el examinador regresara. Si cuando éste volviera, el niño no había comido la golosina, eran premiados con una golosina más. Los perfiles eran diversos, desde el que se lo comía de inmediato, hasta el que tardaba algo más, y hasta aquellos que esperaban a que volviera, consiguiendo el segundo premio. Pero esto no terminó aquí; años después se volvió a examinar a adultos que habían pasado por el experimento, y aquellos que habían conseguido vencer la tentación, eran los que habían desarrollado una mejor carrera académica y laboral. 

 

De esto se dedujo la importancia de educar y entrenar en la capacidad de demora de gratificación, la cual se asocia a la capacidad de control y autosugestión. Así, es importante tener en cuenta en primer lugar que puede aprenderse y desarrollarse; aunque podamos nacer con más o menos capacidad, se puede entrenar, y debemos reforzarla desde la infancia, enfatizando la importancia de no conseguirlo todo de inmediato, y reforzando el esfuerzo y la constancia. Además, propicia que ganemos en autocontrol y en poder de decisión, repercutiendo clara y muy positivamente en nuestra autoestima. Junto a esto, tener la capacidad de esperar y no ceder ante lo inmediato nos proporciona la oportunidad de obtener mejores resultados, de realizar el plan a nuestra propia medida, y de ver en qué fallamos y cómo podemos resolverlo, e ir adquiriendo habilidades que nos permitan afrontar las diferentes situaciones con muchos más recursos.

Especialmente ahora nos estamos viendo forzados a demorar nuestros planes, nuestros intereses, y a reajustar nuestros objetivos constantemente, debido a una causa de fuerza mayor que atenta contra nuestra salud y la de nuestros allegados. Así, se está poniendo a prueba claramente nuestra capacidad de autocontrol. Todos podemos vencer nuestras tentaciones, y demorar la recompensa. Solo necesitamos fuerza de voluntad, motivación, adquirir una serie de habilidades y herramientas y fortalecer la confianza en nosotros mismos. 

Si deseas recibir más información, nuestro equipo de psicólogos y psiquiatras de infantil y de adultos te proporcionará todo lo que necesites. Llámanos y te atenderemos de inmediato.

Existe un amplio abanico de constructos y problemáticas que nos ayudan a definir y contextualizar no sólo el malestar o la disfuncionalidad de los individuos, sino también rasgos o características más estables, como son los trastornos de la personalidad. Así, más allá de problemáticas como la ansiedad (englobando fobias y otros problemas), depresión, dificultades relacionadas con el neurodesarrollo (TDAH, problemas de aprendizaje…), entre otros, existen aspectos, más arraigados de nosotros mismos, y aparentemente menos observables, que pueden limitar nuestras vidas y generar malestar tanto a nosotros mismos como a los demás. 

 

Así pues, los Trastornos de Personalidad se definen como patrones permanentes e inflexibles de experiencia interna y de comportamiento que se apartan de las expectativas de la cultura de la persona. Estos además, engloban la cognición (forma de percibir e interpretarse a uno mismo y al mundo), afectividad (mundo emocional), el funcionamiento interpersonal y el control de impulsos. Sabemos que el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC, sin ser de personalidad), engloba una serie de pensamientos, ideas o sensaciones (obsesiones) y comportamientos repetitivos e indeseables (rituales) que impulsan a la persona a hacer algo para prevenir algún daño y/o para reducir estas obsesiones. 

 

El TOCP, en congruencia con la definición de Trastorno de la Personalidad, se caracteriza por un patrón estable de preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control mental e interpersonal a costa de la flexibilidad, la apertura y la eficiencia. Entre sus rasgos más destacados se encuentran los siguientes:

 

  • Preocupación por los detalles, reglas, listas, orden, organización u horarios hasta el punto de que se pierde el punto más importante de la actividad. 
  • Perfeccionismo que interfiere con la terminación de las tareas.
  • Excesivamente devoto del trabajo y  la productividad hasta la exclusión de actividades placenteras y amistades.
  • Escrupulosidad e inflexibilidad sobre cuestiones de moral, ética o valores.
  • Dificultad para descartar objetos inservibles o sin valor aun cuando no tengan siquiera un valor sentimental. 
  • Rigidez y terquedad.

 

Así pues, a diferencia del TOC, el TOCP no presenta obsesiones y/o compulsiones característicos del primero, y muestra en cambio, un patrón de rigidez e inflexibilidad acentuados, los cuales se muestran en la mayoría de ámbitos de la vida de la persona. Es importante recordar que uno no excluye al otro, es decir, que pueden presentarse ambas problemáticas a la vez en un mismo individuo. 

 

Son diversas las categorías que se han utilizado para definir las patologías mentales. Es importante conocer sus características de cara a elaborar tratamientos útiles y eficaces que beneficien lo máximo posible y de una manera eficiente. Si tienes alguna pregunta o te interesa conocer más, en nuestro centro de psicología, en Mataró, encontrarás toda la información que necesites. 

 

Nuestras vidas, y nuestro día a día, está repleto de sensaciones, de emociones que nos permiten ver cómo actuamos y cómo percibimos las diferentes situaciones. Por mucho que en ocasiones las obviemos, y que incluso seamos poco conscientes de su aparición, siempre están ahí. A menudo, pasamos a ser conscientes de ello cuando su impacto es elevado, con lo cual pasamos a notarlas físicamente (p.ej., mucho miedo se transforma en ansiedad, o la añoranza se convierte en tristeza). A partir de ahí, podemos realizar un juicio erróneo de éstas, percibiéndolas como algo negativo o perjudicial. 

 

A continuación se citan algunos de los mitos existentes en relación a las emociones:

 

  • Expresar mis emociones me hace débil, vulnerable y susceptible de que me hagan daño.

 

  • Existe una forma correcta de sentirse en cada situación.

 

  • Ser emotivo es perder el control.

 

  • Los demás son mejores jueces de lo que yo debo sentir.

 

  • Las emociones negativas son malas, peligrosas y destructivas.

 

La comprensión y el manejo de nuestras emociones en los diferentes ámbitos de nuestra vida, nos puede permitir adaptarnos mejor a nuestro entorno y aumentar nuestro bienestar emocional. Junto a esto, comprender su origen nos facilitará responder de una manera adecuada ante diferentes situaciones, incluso en aquellas que percibimos como más complejas o amenazantes. 

 

Por todo ello, no se trata de intentar controlar las cosas que nos ocurren en nuestro día a día, sino de comprender y gestionar cómo reaccionamos ante ellas.

 

Si deseas obtener más información, en nuestro centro situado en Mataró de psicología infantil y psicología de adultos, contamos con profesionales especializados en diferentes orientaciones, entre ellas la Terapia Sistémica, el EMDR o la Terapia Cognitivo-Conductual. Ponte en contacto con nosotros, te ayudaremos a resolver las dudas que tengas.

Pasamos gran parte de nuestro tiempo pensando en aquello que no hemos hecho, recordándonos nuestros errores, o focalizados en el futuro, preocupándonos por lo que pueda pasar, por lo que vendrá. Vamos saltando de un pensamiento a otro, de pasado a futuro, de futuro a pasado… Sin darnos cuenta, nos encontramos casi totalmente desvinculados de nuestro presente, del ahora, del momento actual. Y lo que es peor, difícilmente somos conscientes de la potencia que puede tener conseguirlo. 

¿Qué nos impide focalizarnos en el presente? Son muchos los factores que inciden, tanto externos como internos o personales, nadie está exento de ellos, y además todos interaccionan entre sí. Por un lado, las responsabilidades diarias como el cuidado familiar o el rendimiento en el trabajo pueden desviarnos de la conexión con el momento actual. Además, esto nos lleva claramente a la balanza de prioridades: aunque cada uno define las suyas, es muy fácil considerar que rendir a un determinado nivel es lo importante, o que los demás deben estar bien, y luego ya nos lo permitiremos nosotros, cuando tengamos tiempo… Todo esto, claramente inmerso en una presión social continua donde se valora la proyección, el crecimiento y la productividad continúa por encima de la salud y el bienestar emocional. 

¿Cómo podemos fomentar pues conectar con el ahora? 

  • Autoobservación: En primer lugar, debemos ser observadores de nosotros mismos, a ser conscientes de lo que nos preocupa y de nuestro estado emocional, y ver cuánto tiempo dedicamos a preocupaciones pasadas o futuras.

  • Normalización: El siguiente paso es legitimar el hecho de estar preocupados, de tener un mal día, o de sentirnos cansados o incluso molestos. Tras identificar nuestro estado mental y emocional, conviene no juzgarlo, no culpabilizarnos por ello. 

 

  • Anclaje en el presente: Esto se refiere a atender, valorar y analizar minuciosamente lo que estemos haciendo “ahora”. Esta parte es especialmente potente. Desde que nos levantemos, procurar analizar todo lo que vayamos haciendo y percibiendo, los colores, las sensaciones, los olores, todo lo que esté sucediendo en este preciso momento. 

  • Permitirnos: Sin nuestro propio permiso no será posible. Somos nosotros los que debemos darnos esta oportunidad, y fomentar momentos de observación e introspección, y comprobar que no por ello dejamos de lado nuestras obligaciones, sino que incluso mejora nuestro rendimiento en ellas al no haber un desgaste previo a través de la anticipación o preocupación constante. 

Junto a estas, y especialmente vinculado al último proceso, resulta clave dedicarnos momentos a nosotros, a lo que nos gusta y nos hace sentir bien. Si lo pensamos, nos resultará más fácil conectar con lo que estemos haciendo si es algo agradable, que no si supone una obligación o algo que no nos resulte motivante. 

Orientaciones como el mindfulness trabajan especialmente en este mecanismo. En nuestro centro somos especialistas en ésta y otras intervenciones como la Terapia Cognitivo-Conductual, la Terapia Sistémica, o el EMDR. Si deseas recibir más información ponte en contacto con nosotros, estaremos encantados de ayudarte. 

Si nos preguntamos qué nos viene a la mente cuando pensamos en la palabra Navidad, posiblemente nos aparecerán palabras como alegría, felicidad, luz, familia, descanso o ilusión. Pero también pueden aparecer términos como estrés, ansiedad, o incluso tristeza. Esta segunda opción puede ser más recurrente durante estos días, en las fiestas actuales. La incertidumbre, el miedo, las restricciones, y sobre todo, la adaptación continua que supone todo este proceso, puede resultarnos especialmente difícil, no solo para nosotros mismos, sino también a la hora de gestionar el malestar familiar y de la gente cercana. 

 

Durante el periodo navideño, se estima que el 44% padece síntomas relacionados con la depresión, la ansiedad o la tristeza. Algunos denominan a este síndrome “depresión navideña” o “blues de navidad”. Pero, ¿Cuáles son sus causas? Seguidamente enumeramos las principales:

 

  • Duelo por un ser querido: estas fechas suelen ser los momentos en que notamos más las ausencias de personas que han fallecido, y especialmente si lo han hecho recientemente. 

 

  • Ausencia de personas queridas: No se refiere únicamente a aquellas que han fallecido, sino también a las que no podemos tener cerca, por distanciamiento. Esto es particularmente importante, ya que actualmente nos vemos obligados a acentuar la distancia entre nosotros y aquellos que queremos. 

 

  • Añoranza por experiencias vividas: Ahora más que nunca es posible que comparemos la Navidad actual con las anteriores, y echemos de menos “cómo era antes” (con ciertas personas, cierto número de gente…). 

 

  • Presión social: Este último aspecto se vincula especialmente con el estrés y la ansiedad. Aquí entrarían los mensajes y campañas publicitarias que nos transmiten la “necesidad o deber ser felices”, y el elevado consumismo que intrincan estas fechas. Desvincularse de estas influencias puede resultar complejo. 

 

Si bien la “depresión navideña” no tiene validez nosológica, es decir que no aparece recogido en los manuales de clasificación de las enfermedades mentales, sus características nos ayudan a comprender el sufrimiento y el malestar que pueden estar experimentando algunas personas. 

 

Si deseas obtener más información, o te gustaría conocer cómo afrontar esta o cualquier otra dificultad, ponte en contacto con nuestro equipo de psicólogos y psiquiatras, situados en Mataró. Te facilitaremos toda la información que necesites. 

A nivel general, podríamos decir que nuestro cerebro y sistema nervioso poseen la capacidad de moldearse, de cambiar su funcionalidad y estructura en respuesta a factores o cambios externos e internos. Esta habilidad, resulta determinante no solo para la supervivencia, sino para la adaptación constante a nuestro medio ambiente, manteniéndose a lo largo de la vida. Asimismo, y derivado de lo anterior, aparece el concepto de plasticidad o moldeamiento cognitivo, el cual se refiere nuestra capacidad para adquirir nuevos recursos y habilidades, directamente relacionados con las funciones cognitivas (memoria, atención, percepción…); enmarcaría los procesos y mecanismos internos que permiten aumentar nuestras capacidades.

 

Pero, ¿Qué implicación tiene y cómo puede producirse este fenómeno? No somos seres pasivos; desde que nacemos, aparecemos en un mundo con una estimulación constante, inicialmente de nuestros padres, familiares cercanos, y progresivamente de nuestros compañeros y amigos, y todo esto en constante interacción con nuestro entorno social y cultural. El cerebro no está exento de esto, y va asimilando y absorbiendo información, creando conexiones neuronales y sistemas cada vez más complejos. Y esto nos lleva claramente a su implicación en el aprendizaje, y por ende, a la educación. En este sentido, se ha comprobado que a mayor número y diversidad de conexiones, aumenta la capacidad para aprender, entender y generar nuevas soluciones a los problemas. Así pues, dotar al niño de un entorno estimulante y enriquecedor fomenta que su cerebro se moldee y sus habilidades cognitivas mejoren rápidamente. Si necesitas más información sobre psicología infantil y juvenil en nuestro centro de Mataró te podremos ayudar.  

 

Por otro lado, este importante mecanismo posee una repercusión clara en la prevención y mejora de las enfermedades y trastornos neurocognitivos, entendidos estos como alteraciones en las funciones cerebrales superiores que involucran la memoria, el lenguaje, la atención, la orientación, etc., junto a las dificultades emocionales y comportamentales que las acompañan (depresión, ansiedad…). Problemáticas como la Enfermedad de Alzheimer, el Parkinson, las lesiones vasculares o la Esclerosis Múltiple son ejemplos de ellos. Éstos acostumbran a ser más frecuentes en edades tardías, coincidiendo con una menor plasticidad cerebral. A pesar de ello, si entrenamos y estimulamos a nuestro cerebro, estas alteraciones pueden prevenirse, aminorarse y mejorar sustancialmente. 

 

Hasta aquí se ha recalcado la importancia de la plasticidad cerebral y cognitiva, y de su implicación en el aprendizaje y conocimiento en todas las etapas de nuestras vidas, por lo que es importante ser conscientes de su repercusión. Ramas como la neuropsicología, dentro del área de las neurociencias, se encargan del estudio y potenciación de este y otros temas. En nuestro centro de psicología, en Mataró, te ofreceremos información al respecto, además de ayudarte a resolver cualquier otra pregunta que te pueda surgir. No lo dudes y contacta con nosotros. 

 

El duelo, y su afrontamiento, han sido objeto de numerosos estudios e investigaciones, ya que aunque supone una parte inevitable de nuestras vidas, puede resultar una de las tareas más arduas de afrontar. Este se define como el proceso de adaptación emocional consecutivo a cualquier pérdida (p.ej., de un ser querido, de una relación, de un empleo, de un objeto…). Y resulta sumamente importante puntualizar que lo que marcará el malestar y la intensidad de éste, será la percepción de la propia persona, tanto de la importancia de aquello perdido, como de su capacidad para adaptarse a ello. 

 

De esta forma, William Worden, uno de los autores más interesados en este tema, propuso que tras una pérdida, la persona elabora una serie de etapas cuyo procesamiento y afrontamiento permite realizar un proceso sano y adaptativo, y previene la cronificación del malestar: 

 

  • Aceptar la realidad de la pérdida: Es frecuente que nuestra primera reacción sea de irrealidad, de negación sobre lo que ha pasado. Esto, progresivamente da paso a una pequeña transformación, donde mediante la duda, nuestra rutina diaria y el apoyo de los demás, se va generando la idea de que el reencuentro no es posible. 

 

  • Trabajar las emociones: el dolor tras este acontecimiento es totalmente real, y se manifiesta tanto mediante problemas físicos como psicológicos o emocionales (ansiedad, síntomas depresivos…). No todos los vivimos con la misma intensidad, pero generalmente no solemos estar preparados para el torbellino de sensaciones que nos sacudirán en este proceso. Por ello, reconocer y procesar este dolor supone uno de los pasos más importantes. 

 

  • Adaptación a la ausencia: adaptarse al entorno sin el ser querido o sin aquello apreciado, implica tareas tanto externas como internas. Es decir, supone adaptarnos a cómo influye ésto a la imagen que tenemos de nosotros, de nuestros valores, creencias, etc., y adaptaciones relacionadas con los quehaceres del día a día en la persona ausente. 

 

  • Recolocar y continuar: Finalmente el autor propone hallar una conexión duradera con el fallecido o aquello perdido, y seguir viviendo. Se describe pues, la necesidad de encontrar un vínculo perdurable, de forma que a la vez puedan instaurarse otros repertorios de comportamiento adaptados al entorno sin esa persona. 

 

Cada uno seguimos nuestro ritmo para pasar por las diferentes fases, y es común transitar por ellas de manera alternada en función de cómo nos sintamos. Lo que marca la dificultad o el malestar experimentado, puede ser el tiempo en el que nos pasemos en una de ellas, quedándonos anclados. 

 

Si deseas conocer más, o cómo trabajamos éste o cualquier otro tema, en nuestro centro de psicología de Mataró recibirás toda la información y atención que necesites. No lo dudes y contacta con nosotros.