La dependencia del WhatsApp

El uso de los teléfonos móviles de última generación ya está totalmente normalizado, y evidentemente, junto a este fenómeno, aparece el uso de las diferentes app que nos ofrece; una de las que más éxito ha tenido ha sido el  WhatsApp. Es cierto que es una herramienta muy eficaz para contactar con otras personas intuitiva y económica, que nos facilita la interacción con nuestro entorno. Pero no hay que olvidar que también hay que saber un hacer un buen uso de ella. Por ejemplo: No dejar de mirar el móvil para ver si han leído tu mensaje, intentar controlar a las personas según la ultima conexión o su estado, agobiarse cuando alguien está en línea y no responde o tardan en hacerlo, confundir ciertos sonidos del ambiente teniendo la sensación de que se trata de una notificación de WhatsApp e incluso entrar en la aplicación aun cuando no tienes mensajes nuevos serían algunos de los síntomas de ser un adicto al WhatsApp. Decimos que son adictos las personas que alteran el transcurso normal de su vida debido a estos hábitos continuados interfiriendo en el trabajo, estudios, y en el tiempo de ocio. Hacer uso de esta aplicación para controlar, o no ser capaces de charlar con otras personas sin dejar de consultar el móvil de forma constante y respondiendo a los mensajes de forma inmediata, independientemente de cual sea el escenario. Situaciones como estas, ponen de manifiesto el desinterés por la vida real,  la pérdida de control, una grave interferencia en la vida cotidiana y una dependencia constante del feedback que se recibe a través de esta app. Por otra parte, es importante saber si la persona que sufre esta adicción tiene otros problemas psicológicos como inestabilidad emocional, inseguridad, incapacidad de comunicarse personalmente, una timidez extrema o, incluso, ansiedad o fobia social. Ello es importante ya que rompe un mito, porque, en contra de lo que a priori pueda parecer, no sólo afecta a adolescentes, también a personas maduras con algunas patologías psicológicas ya que el no ver la cara de la otra persona hace que los usuarios del WhatsApp se lancen a la piscina y se sumerjan en conversaciones más intensas y espontáneas, difíciles de matizar sin verle la cara a la otra persona. Aunque debido a su reciente implantación en la sociedad aún no hay datos de esta adicción asociada al uso irracional del WhatsApp, entre el 80 y 90% de la población se conecta a Internet por motivos de ocio y entre el 5 y el 9% realiza un uso inadecuado de esta herramienta. Otros aspectos que también pueden revertir de forma negativa en los usuarios de esta aplicación. Discutir o tratar temas delicados a través del WhatsApp: asumiendo que se trata de una comunicación asíncrona en la que, a pesar del uso de emoticonos, no podemos observar el rostro de la otra persona y, por tanto, nos perdemos gran parte de la comunicación, la no verbal. A esto hay que sumar la posible existencia de malentendidos, confusiones… que se generan debido a la asincronía y que, muchas veces, acaban con la ruptura de las parejas. También ocurre cuando se trata de largas y precisas explicaciones que impliquen multitud de mensajes, porque allí es dónde ya se producen la confusión y el desconcierto, que habitualmente dan lugar a malentendidos.   Mirar el móvil continuamente, sin importar donde o con quien estés, es decir estar “hiperconectado/a”, alegrarse cuando oyes el sonido de la notificación, o sentir cierto desanimo cuando levantas la tapa de tu móvil y no hay lucecita ni mensajeson síntomas de dependencia del what’s app. La falsa creencia del “double check”, consiste en pensar que en el momento en que aparece el “double check” significa que la persona que esta al otro lado de la pantalla, ha leído el mensaje. Sin embargo, eso sólo significa que el receptor lo ha recibido pero no, necesariamente, que lo haya leído. Esto, nuevamente, es origen de discusiones y enfados, lo cual no es más que otro síntoma de dependencia. Y por último podríamos hablar del síndrome de la “vibración fantasma” que se produce cuando la obsesión por recibir notificaciones, lleva a la persona a oír vibraciones que, en realidad, nunca se han producido. Según un estudio publicado por la Sociedad Británica de Psicología, estas supuestas vibraciones son generadoras de un intenso estrés, directamente proporcional al número de veces que miramos el móvil para asegurarnos y reasegurarnos de la llegada del mensaje. Según este estudio, el estrés es altamente perjudicial y, sobretodo, debería ser eliminado en el ámbito laboral. Sin embargo, José Antonio Molina, psicológo participante en el estudio “Control de movilemia” afirma que “…los ‘smartphones’ están muy implantados en el día a día. Conseguir que alguien lo apague es (casi) misión imposible…” Según este estudio, el 55% de los españoles come con el móvil al lado, un tercio se lo lleva al baño y sólo un 25% lo apaga cuando mantiene relaciones sexuales con su pareja.