Ser padres de un niño con TDAH: pautas educativas (II parte)

En el anterior artículo hablamos sobre las pautas educativas generales a aplicar con niños con TDAH (y que podrían aplicarse también a niños con Trastornos de conducta en general).
A continuación nos centraremos en ciertos aspectos en los que creemos que es importante prestar especial atención y que pueden ser complejos de gestionar debido a las características de los niños y niñas con TDAH o Trastornos de conducta.
Dar órdenes de forma efectiva:
En muchas ocasiones, el poder dar órdenes de forma efectiva implica desaprender el modo en que las hemos dado hasta ahora. Por ejemplo, repetirlas constantemente para que nos haga caso, usar un tono de voz elevado…
De forma resumida y clara, cuando damos instrucciones o órdenes debemos:
•    Dar instrucciones/órdenes simples. De una en una. Por ejemplo, si queremos que nuestro/a hijo/a aprenda a poner la mesa, le iremos indicando que tiene que ir llevando. Somos conscientes de que se trata de algo que requiere mucha paciencia, pero ayudará a que nuestro hijo interiorice la rutina y, por lo tanto, que se mantenga en el tiempo.
•    Las órdenes deben ser concretas. Por ejemplo, no sería útil decir “ordena tu habitación” ya que nuestro/a hijo/a puede entender que eso sólo implica que recoja los juguetes y puede omitir ciertos detalles. Es mejor decirle exactamente que tareas debe llevar a cabo para recoger su habitación: “recoge los juguetes, pon la ropa sucia en el cesto…”.
•    Usar un tono de voz firme y neutro. No debemos caer ni en el enfado, ni en ser demasiado blandos (por ejemplo, formularlo en forma de pregunta).
•    Asegurarnos que en ese momento nuestro hijo nos está prestando atención. Para ello eliminaremos distractores y le ayudaremos a que establezca contacto visual con nosotros.

Aplicar consecuencias (positivas y negativas):
Unido a cómo dar órdenes o instrucciones, está en cómo aplicaremos consecuencias positivas y negativas.
Cuando apliquemos las técnicas que explicaremos a continuación tendremos en cuenta:
•    Ser sistemáticos y consecuentes: es decir, hacerlo siempre igual en los diferentes entornos y contextos en que se dé la conducta.
•    Aplicar la técnica de forma inmediata en el tiempo.
•    Aprender a combinar las diferentes técnicas ya que potencia su utilidad.
•    Pensar en las conductas que queremos eliminar y priorizar cuáles serán las primeras en las que intervendremos; escogeremos dos o tres conductas, las que se den con mayor frecuencia.

Técnicas para aumentar conductas deseables:
La mejor manera para instaurar o que se aprenda una conducta es que se refuerce. Una norma que no se refuerza cuando el niño la cumple no se mantendrá en el futuro.
Cuando reforcemos debemos tener en cuenta:
•    Que reforzaremos las conductas adecuadas.
•    Qua alabaremos las conductas adecuadas en el momento en que se dan.
•    Proporcionaremos un refuerzo concreto: verbal, gestual y/o material (a ser posible, evitaremos los refuerzos materiales).
•    Los refuerzos verbales siempre deben ir acompañados de un componente gestual (sonrisas, contacto visual, caricias…).
•    Usaremos el reforzador de forma consistente: siempre que se de la conducta que deseamos potenciar.

Debemos tener en cuenta que el conseguir que la frecuencia de aparición de las conductas que deseamos aumente puede llevar su tiempo.

•    Lo que no funciona…
o    Dar mensajes dobles: “hoy lo has hecho muy bien, no sé porqué no lo haces así cada día…”. Este tipo de mensajes hieren la autoestima de nuestros hijos ya que son vividos como una crítica.
o    Criticar: debemos diferenciar entre criticar y dar feedback. Un ejemplo de crítica seria “tendrías que saber organizarte y preparar tu mochila solo”; en cambio, una forma de retroalimentar o dar feedback al niño sobre la conducta que está llevando a cabo podría ser “fíjate bien en tu horario, ¿crees que es posible que te falte alguna cosa que necesitas para el colegio hoy?”.
o    No hacer críticas globales: nuestro hijo necesita ser corregido pero no mediante críticas globales (“siempre te olvidas de hacer X”). Este tipo de comentarios no le ayudan a saber qué cosas tiene que mejorar y que cosas ha mejorado ya; por tanto, le hace pensar que no tiene ningún valor esforzarse para conseguir pequeñas mejoras. Para poder ayudarlo en este aspecto, lo mejor es establecer discursos donde quede patente que ha habido una mejora y qué pasos tiene que llevar a cabo para seguir mejorando.

•    Lo que funciona:
o    Especificar y explicitar el esfuerzo que ha hecho el niño para mejorar y los resultados que ha obtenido (“te has esforzado mucho en poner la mesa porque no te has dejado ningún cubierto…qué bien que puedas ayudarnos en casa, lo estás haciendo cada vez mejor”).
o    Dar elogios inmediatos; los elogios demorados en el tiempo tienen menos efectos positivos.
o    Ser específicos elogiando: los elogios generales no le ayudan a saber qué conductas son apropiadas y cuáles no. Es mejor especificar qué ha hecho bien y qué sería lo siguiente a conseguir para hacerlo aún mejor.
o    Ser auténticos: si se siente feliz o sorprendido por los esfuerzos que está realizando su hijo, hágaselo saber.
o    Usar en nuestros feedbacks la expresión de nuestros sentimientos: es positivo para la autoestima de nuestro hijo saber que sus padres tienen sentimientos en cuanto a su conducta y sus mejoras.
o    Tener expectativas realistas ya que, si no las tenemos, no sabremos elogiar apropiadamente aquellas conductas positivas o mejoras que se estén dando.

Técnicas para disminuir y eliminar las conductas no deseables:
•    La extinción: ¿cómo ignorar?
o    La extinción se trata de una técnica altamente eficaz para eliminar comportamientos no deseados y consiste en no dar atención al comportamiento no deseado; a su vez, prestaremos atención a aquellas conductas que sí que queremos fomentar.
o    Debemos tener en cuenta que la aplicación de la extinción hará que al principio las conductas no deseadas empeoren en frecuencia y en intensidad; debemos ser pacientes.
o    Por supuesto, esta técnica no es útil para todas las conductas a eliminar ya que hay comportamientos que no podemos tolerar que se den. Para este tipo de comportamientos aplicaremos la técnica del tiempo fuer, que detallaremos a continuación.

Tiempo fuera
Se trata de una técnica dirigida a aquellas conductas que, por su intensidad o gravedad, no podemos ignorar. En realidad se trata de una forma extrema de ignorar al niño ya que se separa físicamente de todos los reforzadores positivos que puedan estar fomentando su mala conducta, especialmente de la atención del adulto.
Como en el anterior caso, el empezar a aplicar esta técnica hará que al principio empeore la conducta; por ello, debemos estar preparados para aplicarla hasta el final.
o    Antes de aplicar la técnica le explicaremos al niño las normas de la misma: ante qué conductas aplicaremos esta técnica, qué se le dirá para indicarle que se retire, a dónde debe retirarse (escogeremos un lugar), lo plantearemos como algo positivo para él/ella que le ayudará a calmarse, el tiempo que estará fuera (que variará en función de la edad)…
o    Es altamente importante ignorar al niño durante la aplicación del Tiempo fuera.
o    Se tienen que limitar el número de conductas en las que aplicaremos esta técnica.
o    Reforzaremos la primera conducta positiva o deseable que se dé después del Tiempo fuera.

Coste de respuesta o refuerzo negativo
Sería similar a una multa: el niño perderá un privilegio cuando ejecute una conducta no adecuada.

Todas las técnicas presentadas pueden combinarse, lo que las hará más efectivas, y conforme las apliquemos nos haremos más expertos en el manejo de las mismas. Se trata de entrenarnos como padres y reorientar las conductas que hasta el momento habíamos llevado a cabo así que seamos pacientes con nosotros mismos y ayudémonos mutuamente a corregir la aplicación de las diferentes pautas que se han proporcionado en este artículo. Autobservarse y que nos evalúen desde fuera en la aplicación de consecuencias puede ser de gran ayuda en nuestro “entrenamiento”.