Tal y como recogen diversos medios estos días, los problemas de ansiedad y depresión constituyen uno de los principales motivos de consulta en Atención Primaria. La situación actual de crisis económica ha agravado notablemente la prevalencia de estos trastornos, de tal manera que los expertos advierten que en el 2020 constituirán la primera causa de discapacidad en el mundo.
Recientemente, en el marco de un congreso nacional sobre ansiedad y trastornos comórbidos, profesionales de la medicina han reconocido que los tratamientos farmacológicos actuales resultan insatisfactorios en estos casos, ya que sólo son efectivos en la mitad de los pacientes y su administración no elimina cierta patología residual que se mantiene en el tiempo.
En contrapartida, y si tenemos en consideración la evidencia científica de los últimos años, la terapia psicológica y, específicamente, la terapia cognitivo-conductual, ha demostrado ser una alternativa más eficaz y económica que los fármacos para el tratamiento de la ansiedad y de la depresión y, a diferencia del tratamiento farmacológico, no supone ningún riesgo para la salud y no presenta ningún efecto secundario adverso.
Además de reducir los síntomas de ansiedad y depresión y mantener estos cambios terapéuticos a largo plazo, el tratamiento psicológico proporciona otros beneficios en comparación con el tratamiento farmacológico, tales como una mayor adherencia al tratamiento, una disminución significativa del riesgo de recaídas y una elevada tasa de recuperación (es decir, a diferencia de los fármacos, no deja ninguna patología residual), evitando la cronificación del trastorno y disminuyendo, consiguientemente, el número de visitas al médico y los días de hospitalización.
De hecho, las principales guías de práctica clínica basadas en la evidencia científica, tanto internacionales como nacionales (como la del National Institute for Health and Clinical Excellence NICE-), recomiendan la terapia cognitivo-conductual como el tratamiento de primera elección para el trastorno depresivo leve y moderado, el trastorno de angustia, el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno de ansiedad generalizada y las fobias específicas.
Asimismo, el tratamiento psicológico es aconsejable por encima del farmacológico cuando el problema de salud mental que presenta el paciente está complicado por otras condiciones médicas, como abuso de alcohol o drogas, o problemas crónicos de salud física, así como en el caso de niños, adolescentes y mujeres embarazadas, debido al riesgo elevado para la salud que supone el consumo de psicofármacos en estos grupos de pacientes. Sólo en los casos severos se recomienda el uso de medicación, pero siempre en combinación con tratamiento cognitivo-conductual, e informando al paciente sobre los objetivos terapéuticos, la duración del tratamiento farmacológico, los posibles efectos secundarios y los riesgos que conlleva una interrupción brusca de la medicación.
Por todos estos motivos, numerosos organismos competentes en materia de salud -como la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia Clínica del Reino Unido (NICE) o la Federación Mundial de la Salud Mental (WFMH)- señalan las ventajas económicas y psicosociales de la implementación de terapias psicológicas en los servicios de Atención Primaria, así como la necesidad de los ciudadanos de recibir otro tipo de atención sanitaria menos medicalizada, más humanizada y, sobre todo, más ajustada a sus necesidades.
ANSIEDAD/FOBIA SOCIAL: Explicación del trastorno y Programa de Tratamiento CONCEPTO Y CARACTERÍSTICAS DE LA FOBIA SOCIAL q DEFINICIÓN FOBIA SOCIAL (CRITERIOS DIAGNÓSTICOS): 1. TEMOR acusado y persistente a una o más situaciones sociales o de actuación en público en las que la persona se ve expuesta a gente desconocida (o que no pertenecen al ámbito familiar) o al posible escrutinio/evaluación por parte de los demás, y en las que el sujeto teme actuar de alguna manera que pueda ser humillante o embarazosa (o mostrar síntomas de ansiedad). Así pues, TEMOR A LA EVALUACIÓN NEGATIVA: temor a situaciones en las que el sujeto tiene que hacer algo mientras sabe que los demás le estarán observando y, en cierta medida, evaluando su conducta. La característica distintiva, pues, es un temor al escrutinio por parte de los demás, y temen que ese escrutinio sea embarazoso, humillante, … les haga parecer como tontos, o sean evaluados negativamente. 2. La persona reconoce que ese temor es excesivo o irracional (poco razonable). 3. La exposición a la/s situación/es social/es temida/s provoca en el individuo una respuesta inmediata de ANSIEDAD de modo casi invariable. 4. Las situaciones sociales o de actuación en público se EVITAN o se soportan con una ansiedad o malestar intensos. 5. Los síntomas del trastorno (comportamientos de evitación, anticipación ansiosa, o el malestar que aparece en las situaciones temidas) INTERFIEREN de manera importante con el funcionamiento del individuo en una o más áreas (rutina habitual, relaciones laborales o académicas, relaciones sociales…), y/o se da un NOTABLE MALESTAR por el hecho de padecer la fobia (es decir, los síntomas producen un malestar clínicamente significativo). q CARACTERÍSTICAS CLÍNICAS:COGNITIVAS, FISIOLÓGICAS Y CONDUCTUALES. I.- Aspectos cognitivos más frecuentes: – Sobreestimación aspectos negativos de su conducta (magnificación debilidades personales) – Atención selectiva a las debilidades y errores – Minimización ventajas/aptitudes personales, descartar valor de los éxitos pasados, … – Excesiva conciencia de sí mismo – Temor a la evaluación negativa – Hipersensibilidad a la crítica – Temor a hacer el ridículo – Temor a lo que los demás piensan de uno mismo – Temor de no agradar a los demás – Temor a no saber qué decir – Patrones excesivamente elevados para la evaluación de su actuación (auto-exigencia) – Percepción de falta de control sobre su propia conducta II.- Síntomas fisiológicos más frecuentes de la respuesta de ansiedad: – palpitaciones – temblor – sudor – tensión muscular – sensación de vacío en el estómago – boca seca – sensación frío/calor – ruborizarse – tensión/dolor cabeza III.- Aspectos Conductuales: El síntoma conductual más habitual es la EVITACIÓN de las situaciones sociales temidas. Algunas de las más frecuentes son: – Iniciar y/o mantener conversaciones – Quedar con alguien – Asistir a fiestas, reuniones, congresos… – Telefonear (especialmente a personas a quienes no se conoce muy bien) – Comportarse asertivamente (p.e. expresar desacuerdo o rechazar una petición) – Devolver un producto a la tienda donde lo ha comprado – Hacer y recibir cumplidos – Hablar con personas de autoridad – Hablar con desconocidos – Hacer contacto ocular con gente que no conoce – Hablar en público (p.e. ante grupos pequeños o grandes), pronunciar un discurso… – Actuar ante otras personas – Ser el centro de atención (p.e. entrar en una habitación cuando la gente ya está sentada) – Comer/beber en público – Escribir/trabajar mientras le están observando – Utilizar los urinarios públicos q SUBTIPOS DE FOBIA SOCIAL: Fobia social simple o específica: Cuando el temor se refiere a estímulos o situaciones muy específicas (comer o beber en público, escribir delante de otros, hablar en público…). Fobia social generalizada: si los temores hacen referencia a la mayoría de situaciones sociales (p.e., iniciar o mantener conversaciones, participar en pequeños grupos, tener citas, hablar con figuras de autoridad, asistir a fiestas…). En la clínica, el 60-70% del total de pacientes pertenecen a la fobia social de tipo generalizado. Los distintos tipos de fobia social, a excepción del temor a hablar en público, presentan frecuentemente antecedentes de timidez en la infancia y determinadas características de personalidad (neuroticismo e introversión, especialmente). q ETIOLOGÍA (Orientación Cognitivo-Conductual): – Insistir en que es un comportamiento aprendido, y que como tal puede desaprenderse. – A continuación se explica cómo se forma y mantiene el problema (Tª Bifactorial de Mowrer): (ej. experimento: provocación fobia en un niño a un conejo blanco-ruido) La adquisición de la fobia se explica por un proceso de Condicionamiento Clásico (C.C.): asociación de un Estímulo Neutro (EN), que es neutral en principio en cuanto a la provocación de ansiedad (situación social) con un Estímulo Incondicionado (EI) (estímulo capaz de producir por sí mismo ansiedad/daño: experiencia aversiva), de tal forma que el EN se convierte en Estímulo Condicionado (EC: situación fóbica), es decir, funciona como un estímulo que provoca ansiedad/miedo. El mantenimiento de la fobia se explica por un proceso de Condicionamiento Operante (C.O.), por el mecanismo de refuerzo negativo (consecuencia positiva al eliminar algo malo): la evitación de la situación temida provoca una disminución de la ansiedad a corto plazo, actuando así pues como refuerzo negativo (sensación de alivio: es una consecuencia positiva de eliminar algo malo, como la ansiedad). Pero la evitación facilita un mantenimiento del miedo pues no se puede aprender que el E fóbico no va seguido necesariamente de las consecuencias negativas. Por otra parte, la evitación también facilita la influencia de pensamientos negativos (esquemas cognitivos -distorsiones cognitivas- subyacentes = modo de vulnerabilidad). Así, la evitación reduce la ansiedad a corto plazo, pero mantiene el miedo a largo plazo porque son conductas reforzadas negativamente (sensación de alivio) y porque impide que la persona aprenda que la situación no es peligrosa y que es poco probable que sus predicciones ansiosas se conviertan en realidad, además que impide o dificulta el desarrollo de habilidades sociales exitosas. – Enfatizar la necesidad de una participación activa para romper el círculo vicioso que mantiene la fobia. FASES EN EL DESARROLLO DE LA FOBIA SOCIAL Experiencia Social Negativa en persona psicológicament vulnerable (nivel alto de neuroticismo y de introversión)
Respuestas Psicofisiológicas de Ansiedad (rubor, taquicardia, sudor, temblor, etc.)
Anticipación de consecuencias negativas ante otras relaciones sociales
Respuestas psicofisiológicas de ansiedad (rubor, taquicardia, sudor, temblor, etc.)
CONDUCTA INHÁBIL
1ª FASE: Fracaso en las experiencias sociales
Anticipación de consecuencias negativas ante nuevas situaciones sociales
Respuestas Psicofisiológicas de Ansiedad (rubor, taquicardia, sudor, temblor, etc.)
EVITACIÓN DE LA SITUACIÓN SOCIAL
Sensación de alivio y desaparición de las respuestas de ansiedad
2ª FASE: Reforzamiento de la evitación social FUNDAMENTACIÓN PROGRAMA DE TRATAMIENTO (COGNITIVO-CONDUCTUAL): TÉCNICAS A UTILIZAR Tratamiento Cognitivo-Conductual: Programa Multicomponente (especialmente en la Fobia Social Generalizada). TÉCNICAS FUNDAMENTALES: – EXPOSICIÓN A SITUACIONES TEMIDAS – TERAPIA COGNITIVA: REESTRUCTURACIÓN COGNITIVA, AUTOINSTRUCCIONES… TÉCNICAS COMPLEMENTARIAS: – RELAJACIÓN/RESPIRACIÓN – ENTRENAMIENTO EN HABILIDADES SOCIALES Y ASERTIVIDAD – ENTRENAMIENTO EN RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS – AUMENTO DE LA AUTOESTIMA – DIVERSIFICACIÓN ACTIVIDADES DIARIAS DIFERENCIAS ENTRE EXPOSICIÓN TERAPÉUTICA Y EXPOSICIÓN NATURAL: EXPOSICIÓN TERAPÉUTICA
EXPOSICIÓN NATURAL
Prolongada en el tiempo
Breve + Escape
Frecuente
Esporádica
Predecible
Impredecible
Control percibido: la exposición se encuentra bajo el control de la persona
La exposición se percibe lejos del control del paciente
Estrategias de afrontamiento adaptativas (cogniciones racionales + control ansiedad)
Estrategias de afrontamiento desadaptativas: distracción, evitación, mantenimiento cogniciones ansiosas y catastróficas…
Se estima que en España más de 500.000 personas sufren serios problemas con el juego y casi 800.000 presentan algunos de los síntomas característicos de los ludópatas.
El punto de partida en este tema es que el juego patológico, aunque pueda parecer un vicio, es una enfermedad. Porque, aunque el juego en general es algo normal y deseable, cuando se constituye en adicción se convierte en enfermedad.
Muchas personas han llegado a perderlo todo, dinero, familia, trabajo, relaciones, por culpa de su dependencia del juego. Para estos enfermos, el juego es una obsesión que puede considerarse como un descontrol de los impulsos, lo mismo que sucede con el impulso de robar (cleptomanía) o de quemar cosas (piromanía). Hay ludópatas que hallan placer en el hecho de jugar, otros que dicen ganar dinero jugando y también los hay que afirman ser unos expertos en los trucos del azar y que son capaces de detectar cuándo, por ejemplo, la maquina «está caliente» y se dispone a dar premios cuantiosos.
Todos sabemos que si se llaman juegos de azar es porque no hay forma de controlar sistemáticamente los resultados del juego y, por tanto, apenas intervienen las habilidades de la persona para saber cuándo se cantará bingo, si la ruleta se detendrá en tal o cual número o si el premio de la lotería se venderá en tal o cual localidad. Por otro lado, algunos ludópatas se excusan asegurando que jugar les libera de tensiones cotidianas, que les divierte, les distrae o les permite albergar la esperanza de un futuro sin problemas económicos.
Lo primero es reconocer el problema.
Casi siempre son situaciones que se prolongan en el tiempo, porque el jugador patológico raramente reconoce serlo. Muestra tendencia a mentir incluso a los seres más próximos, a endeudarse para saldar deudas de juego y así poder jugar nuevamente para eliminar la nueva deuda contraída, aunque manifiesta que todo se solucionará enseguida, cuando llegue la «racha buena».
Minimizan su problema manifestando (como lo hacen otros adictos, por ejemplo al alcohol) «esto lo dejo cuando yo quiera». Con frecuencia, la ludopatía es una adicción que se presenta asociada a otras: alcohol, tabaco, medicamentos, drogas… El perfil más clásico de quien juega de modo patológico es el de una persona caprichosa, con problemas de ansiedad, dificultades de adaptación social y escasa tolerancia de las frustraciones.
En cuanto a las formas de juego, junto al bingo, las loterías y los casinos, las máquinas tragaperras merecen una atención específica, aunque sólo fuera por su proliferación y por esa cercanía tan inmediata a toda la población.
El atractivo de las tragaperras consiste no sólo en la relativa frecuencia con que suenan las monedas al caer, aunque sean en poca cantidad, sino además derrochan músicas, palabras seductoras y colores en movimiento que estimulan y atraen al posible jugador. Quienes han diseñado los programas de las máquinas conocen los mecanismos del comportamiento humano. Refuerzan de tal manera la conducta que quienes padecen alguna debilidad anterior fácilmente corren el riesgo de convertirse en adictos a ese juego y a otros.
Las tragaperras devuelven al jugador un porcentaje fijo del dinero captado. Pero sepamos que si se juega de forma continuada, se pierde siempre, irremisiblemente.
Mantienen la atención y la tensión del jugador concediendo pequeños premios de vez en cuando. Como las máquinas pueden ser en cierto modo manejadas por el jugador que selecciona opciones mediante palancas o botones, se le hace creer a este que de alguna manera controla el resultado de los premios a obtener.
Indicadores que descubren un problema de adicción al juego.
La Asociación Americana de Psiquiatría indicó en 1995 que hay juego patológico cuando se dan al menos cinco de estas circunstancias:
Preocupación por el juego (por ejemplo, idear formas de conseguir dinero para jugar) Necesidad de jugar con cantidades crecientes de dinero para conseguir el grado de excitación deseado. Fracaso repetido de los esfuerzos para controlar, interrumpir o detener el juego. Inquietud o irritabilidad cuando se intenta interrumpir o detener el juego. El juego se utiliza como estrategia para escapar de los problemas. Después de perder dinero en el juego, se vuelve a jugar para intentar recuperarlo. Se engaña a los miembros de la familia, terapeutas u otras personas para ocultar el grado de implicación en el juego. Se cometen actos ilegales como falsificaciones, fraude, robo o abusos de confianza para financiar el juego. Se han puesto en riesgo o perdido relaciones interpersonales significativas, trabajo u oportunidades profesionales por causa del juego. Se confía en que los demás proporcionen dinero que alivie la situación financiera causada por el juego
Qué hacer ante la ludopatía.
Las familias de jugadores patológicos pueden solicitar la prohibición de que entren a ciertos lugares de juego, como bingos y casinos. Si existen indicios razonables de juego patológico, acudir a profesionales especializados y también a asociaciones de autoayuda para las ludopatías. Normalmente, un ludópata no puede dejar de jugar sin recibir ayuda, por mucha fuerza de voluntad que tenga. La ludopatía rara vez tiene una sola causa o circunstancia. Requiere de la intervención de especialistas de la psicología para diseñar el proceso de deshabituación. Es frecuente que el ludópata tenga una personalidad inmadura, miedos, sentimientos de inferioridad y falta de responsabilidad. Como una de las características del ludópata es la impulsividad, la intervención consistirá en una reestructuración de la personalidad, que le permita afrontar situaciones difíciles, tolerar la frustración y aprender a fijarse limites. Además debe intervenirse en el entorno familiar o social, como en cualquiera otra adicción. La familia debe entender que se trata de una enfermedad y asumir la responsabilidad de acompañar y ayudar al paciente en el proceso de deshabituación. Y la prevención. Sin ir más lejos, es importante que los hijos no oigan frecuentemente que una lotería o un juego solucionaría nuestras vidas. Deben saber desde muy pequeños que con los juegos de azar siempre se acaba perdiendo.
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También conocido como trastorno maniaco-depresivo. Se caracteriza por cambios severos en el estado de ánimo que duran varias semanas o meses y van más allá de lo que la mayoría de nosotros experimentamos.
Estos cambios son:
– Depresiones: sentimientos de depresión intensa y desesperanza.
– Manías: sentimientos de felicidad extrema .
– Mixtos: p. ej: sentirse deprimido y al mismo tiempo tener la inquietud y el exceso de actividad de la fase maníaca.
¿Con qué frecuencia ocurre?
Uno de cada 100 adultos tiene un trastorno bipolar. Generalmente empieza durante o después de la adolescencia. Afecta por igual a hombres y mujeres.
¿Cuál es la causa?
No se conocen bien, pero los estudios sugieren que:
– Tiende a aparecer en determinadas familias, por lo que podrían estar implicados factores genéticos.
– Puede que haya un trastorno físico en los sistemas cerebrales que controlan el estado de ánimo.
– Acontecimientos estresantes o enfermedades físicas pueden precipitar cambios en el estado de ánimo.
¿Qué se siente en un trastorno bipolar?
1. Depresión: es un sentimiento que todos podemos reconocer en nosotros mismos a lo largo de la vida; pero en el caso el trastorno bipolar es más intenso, continúa durante más tiempo y hace que sea difícil o imposible afrontar el día a día.
2. Manía: es un sentimiento extremo de bienestar, energía y optimismo. Puede ser tan intensa que afecte a su manera de pensar y juzgar; puedes creer cosas extrañas sobre ti mismo, tomar malas decisiones y comportarte de manera vergonzosa, dañina y a veces peligrosa.
¿Qué tratamientos existen?
El tratamiento principal son los estabilizadores del ánimo, muchos de ellos son fármacos antiepilépticos. El litio fue el primer estabilizador del ánimo eficaz.
¿Qué tratamiento conviene más?
Eso lo tiene que decidir el psiquiatra según el estado clínico del paciente, predominancia de episodios depresivos o maníacos
¿Durante cuánto tiempo se debe tomar un estabilizante del ánimo?
Durante al menos dos años después de un primer episodio, y hasta cinco años o de forma indefinida si existen:
– Recaídas frecuentes.
– Episodios psicóticos.
– Consumo abusivo de alcohol o drogas.
– Estrés continuado en casa o el trabajo.
¿Es útil el tratamiento psicológico?
Entre fases maníacas y depresivas el tratamiento psicológico puede ayudar. Debe incluir:
– Psicoeducación.
– Seguimiento del estado de ánimo.
– Estrategias para la identificación de diferentes estados de ánimo.
– Ayuda para aumentar la capacidad de afrontar problemas en la vida diaria.
– Ayuda a familiares.
Los padres de niños con trastorno de espectro autista reclaman un mayor «respaldo» de administraciones e instituciones públicas y la apuesta por una educación que sea «realmente» integradora en los colegios, intentando normalizar el aprendizaje de sus hijos. Esta es una de las reivindicaciones de Autismo Bierzo, una organización que nació el año pasado para ayudar y dar apoyo a las familias con hijos diagnosticados de autismo o trastorno general de desarrollo, informa Ical.
«Debería haber más apoyo, específico e individual, porque ningún caso de autismo es igual, incluso parece que cada niño tuviera un trastorno diferente», explica el presidente de Autismo Bierzo, Iván Rivera, que aboga por que se haga un esfuerzo para que sus hijos tengan esa atención especial pero dentro de centros escolares ordinarios donde puedan relacionarse con otros pequeños de su edad.
«Lo ideal es que puedan acudir al colegio ordinario porque todos tienen capacidad de aprendizaje y mejorarían sus relaciones sociales, imitarían a otros niños, normalizarían conductas y hábitos», añadió Rivera. Una idea que también comparte la psicóloga Cristina Guerra, que colabora como voluntaria a través de su consulta Psicologym, que considera que la inclusión del niño autista en el aula regular es «la mejor terapia».
«Se habla mucho de integración y al final es lo que falta», lamenta Guerra, que reconoce que se exige más la adaptación del niño al sistema escolar existente, que la adaptación de este a las necesidades educativas de los pequeños. Así, puntualiza que a veces, en el caso del autismo, su aislamiento en colegios especializados puede llevar a un estancamiento en la evolución del niño. «Son niños que imitan mucho y, al no estar con niños no autistas, se pierden muchas posibilidades de seguir evolucionando y pierden vocabulario», añade.
Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Columbia, EEUU, han descubierto que muchos de los genes mutados en la esquizofrenia se organizan en dos redes principales, que participan en procesos claves, incluida la orientación del axón, la función de la sinapsis, la movilidad de la neurona y la modificación cromosómica.
Para descubrir las posibles conexiones entre los genes mutados en la esquizofrenia, el doctor Vitkup y su equipo desarrollaron un enfoque computacional, llamado NETBAG+, para identificar redes de genes susceptibles de ser responsables del mismo fenotipo genético. Después se analizaron las mutaciones más fuertes que se habían observado en la esquizofrenia por otros investigadores y las incluyeron en el programa.
El programa descubrió dos redes genéticas. Los genes en la primera red estaban involucrados principalmente en la orientación del axón, la función de la sinapsis y la migración celular. Los genes en la segunda red estaban involucrados en la organización cromosómica y la remodelación.
Corroboraron por tanto que, hay partes de ambas redes muy activas durante el desarrollo prenatal, lo que sugiere que los cambios en el cerebro que causan posteriormente la esquizofrenia se establecen muy temprano.
El estudio, publicado en la revista Nature Neuroscience, también reveló una intrigante relación entre la esquizofrenia y el autismo. «Si no hubiera sabido que se trata de dos enfermedades diferentes y hubiera puesto todas las mutaciones en un mismo análisis, habría obtenido redes muy similares», comenta Dennis Vitkup, profesor asociado en el Departamento de Informática Biomédica, de la Universidad de Columbia, e investigador principal del estudio. «Esto demuestra cuán estrechamente están relacionadas las redes genéticas del autismo y de la esquizofrenia», agregó.
Aunque se necesita tiempo para traducir los hallazgos en tratamientos prácticos, el estudio permite conocer las causas moleculares de la esquizofrenia. También sugiere que las mutaciones asociadas con la esquizofrenia, el autismo, y probablemente muchos otros trastornos psiquiátricos, probablemente convergen en un conjunto de procesos moleculares interrelacionados.
El cambio de hora puede provocar alteraciones de sueño, dificultad para levantarse por las mañanas y cansancio por el desajuste entre nuestro reloj biológico y la hora real.
Tras la finalización de las vacaciones, nuestro cerebro tiene que adaptarse nuevamente a los horarios y a la rutina diaria.
Personas que sufran de cefaleas, epilepsia o algún trastorno del sueño pueden experimentar cambios en la frecuencia e intensidad de sus síntomas.
La Sociedad Española de Neurología (SEN) advierte que, a pesar de que es común que en los días posteriores a los cambios de horario aparezcan ciertos trastornos motivados del desajuste entre nuestro reloj biológico y la hora real, este año éstos se pueden intensificar un poco más por coincidir con el fin de las vacaciones de Semana Santa. Habitualmente se necesitan entre uno y cinco días para que nuestro cerebro se ajuste al nuevo horario. Si ya de por sí, perder una hora suele entrañar más dificultades que ganarla, el hecho de que además este año haya coincidido con el final de la Semana Santa y tengamos que volver al día a día, puede significar más dificultades de adaptación, asegura el Dr. Carlos Tejero, Vocal de la Sociedad Española de Neurología.
Tras la finalización de las vacaciones, nuestro cerebro tiene que adaptarse nuevamente a los horarios y a la rutina diaria ya que, por lo general, acostumbramos a posponer la hora de inicio del sueño y a despertamos más tarde. Además, la vuelta a la rutina puede llevar implícito preocupaciones, estrés, o un bajo estado de ánimo, que pueden ser causa y consecuencia de algunos trastornos del sueño. Por otro lado, al cambiar la hora, nuestro cerebro debe adaptarse a la nueva luz ambiental que actúa a modo de sincronizador externo sobre el reloj biológico. Por esa razón no es sólo habitual que en los primeros días se produzca un retraso de fase, sino que en esta ocasión, adaptar nuestro reloj biológico al nuevo horario, puede hacerse un poco más difícil, señala el Dr. Carlos Tejero.
En la población sana, es relativamente habitual que el cambio de hora provoque alteraciones de sueño, dificultad para levantarse por las mañanas y cansancio. Algunas personas también pueden ver su estado de ánimo alterado. Pero, en general, las consecuencias del cambio de horario son leves y transitorias. No obstante, personas mayores y aquellas que sufran alguna enfermedad que necesiten mantener sus rutinas y descansar de forma adecuada para no experimentar cambios en la frecuencia e intensidad de sus síntomas, son las que se pueden ver más perturbadas por el cambio de horario, explica el Dr. Carlos Tejero. Sobre todo se da en personas que sufren cefaleas, epilepsia o algún trastorno del sueño. Por lo que lo aconsejable para todos, pero en especial para estas personas, que traten de tomar ciertas medidas para adaptarse de forma progresiva al cambio de horario y la vuelta a la rutina.
La SEN aconseja, para minimizar los efectos del cambio de hora y la vuelta a la rutina:
Intentar, en la medida de lo posible, mantener regularidad en los horarios de alimentación y sueño.
Tratar de armonizar nuestra actividad con los tiempos de luz solar. Así veremos mejorado nuestro rendimiento.
Afrontar el cambio de forma progresiva y natural. No es aconsejable utilizar fármacos por mucho que creamos que nos puede ayudar en la adaptación al cambio.
Evitar o limitar el consumo de cafeína, alcohol, tabaco y otros productos estimulantes.
Evitar las siestas diurnas, en especial aquellas que superen los 20 minutos, para tener más sueño a la hora de acostarnos.
Antes de acostarnos se deben realizar únicamente actividades relajantes. Por ejemplo, se debe evitar realizar ejercicio físico justo antes de la hora de dormir.
Seguir otra serie de normas básicas de higiene de sueño: Nuestro dormitorio debe ser confortable, aislado de ruidos y tener una temperatura agradable. También es conveniente eliminar relojes y referencias temporales durante el sueño (tan solo deberíamos acordarnos del reloj cuando sonase el despertador).
Mantener una actitud positiva.
La depresión postparto consiste en el desarrollo de una depresión en la madre tras el nacimiento de su hijo. A veces, esta depresión puede tener una fácil explicación, bien porque el hijo no ha sido deseado o porque no es normal. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones la depresión parece no tener sentido: » Deseaba tanto tener este hijo y ahora que lo tengo me siento completamente desdichada», «¿Qué me está pasando?», «El parto fue magnífico, mucho mejor de lo que esperaba, y todo el mundo se portó maravillosamente conmigo, especialmente mi marido. Yo debería dar saltos de alegría», «Tenía miedo que el bebé tuviera algún defecto al nacer, pero es perfecto», » Entonces, ¿Porqué no lo estoy disfrutando?, Quizás no valgo para ser madre».
Estas mujeres no son unas desagradecidas o unas malas madres sino que están experimentando una de las complicaciones más frecuentes del parto, la depresión postparto, un trastorno que todavía sufren en silencio un gran número de mujeres.
Cuál es la frecuencia?
La depresión postparto es una de las enfermedades más frecuentes tras el parto ya que afecta a una de cada diez parturientas. Si no se trata adecuadamente puede persistir durante meses e incluso años.
Cuáles son sus síntomas?
Tristeza
La tristeza es desde luego el síntoma más frecuente de la depresión postparto. Las pacientes se sienten bajas de ánimo, infelices y desgraciadas la mayor parte del tiempo aunque estos síntomas pueden empeorar en algún momento particular del día, como por las mañanas o por las tardes. En ocasiones, las pacientes pasan días malos y días buenos, siendo estos últimos realmente frustrantes ya que el día bueno previo hizo que se albergaran esperanzas de mejorar. A veces, a las pacientes les parece que no merece la pena vivir, precisamente en unos momentos en que deberían sentirse muy alegres.
Irritabilidad
La irritabilidad con frecuencia acompaña a la sensación de tristeza. La paciente puede estar irritable con sus otros hijos y ocasionalmente incluso con el recién nacido, aunque la mayoría de las veces lo está con su marido quien no suele comprender qué es lo que está pasando.
Fatiga
Todas las nuevas madres se sienten un poco abrumadas y fatigadas, pero la madre con depresión postparto se siente tan agotada que llega a pensar que padece alguna enfermedad física.
Insomnio
Cuando por fin la madre se va a la cama puede que tenga dificultad para conciliar el sueño, o si duerme, puede que se despierte muy pronto, incluso aunque su pareja sea quien se ocupe de alimentar al bebé durante la noche.
Pérdida de apetito
Las madres deprimidas generalmente no tienen ni tiempo ni ganas de comer lo cual contribuye a que se sientan malhumoradas y agotadas. Algunas madres deprimidas comen en exceso para aliviar su malestar psicológico y luego se sienten culpables y molestas con su gordura.
Incapacidad para disfrutar
Lo que antes era un placer ahora no apetece y lo que antes interesaba ahora se convierte en aburrido. Esto es especialmente cierto en el caso de las relaciones sexuales. Algunas mujeres recuperan el interés por el sexo (si es que en algún momento lo perdieron) antes de que transcurran 6 semanas del parto, pero las madres con depresión postparto suelen rechazar cualquier contacto sexual lo cual puede generar tensión en la pareja.
Desbordamiento
Las madres con depresión postparto tienen la sensación de no disponer de tiempo para nada, de no hacer nada bien y de no poder hacer nada para remediarlo. A estas pacientes les resulta realmente difícil el establecer nuevas rutinas para poder hacer frente al bebé y a la nueva situación que viven.
Ansiedad
Suele ser aguda y se puede presentar en forma de temor a quedarse sola con el bebé por miedo a que este grite, no quiera comer, se ahogue, se caiga o se haga daño de cualquier otra forma. Algunas madres deprimidas perciben a su bebé como un objeto. En vez de sentir que han dado a luz a la criatura más cariñosa y adorable del mundo se sienten distantes de su hijo, al cual perciben como un pequeño ser misterioso y extraño, cuyos pensamientos (de tener alguno) son insondables y cuyas necesidades y emociones deben ser en algún modo satisfechas. La tarea de la nueva madre deprimida que todavía no se ha «enamorado» de su hijo es realmente dura. No obstante, el amor surge al final, cuando el niño es mayor y más interesante.
Sin embargo, la depresión postparto puede desarrollarse aún cuando el amor por el recién nacido sea intenso. En estos casos, la madre teme desesperadamente perder a su precioso bebé por no cuidarlo bien, porque no se desarrolle adecuadamente, por una infección o bien teme que muera súbitamente. Un simple catarro puede causar una gran preocupación. La madre puede obsesionarse con el peso del bebé y alarmarse si llora demasiado o incluso si pasa mucho tiempo en silencio, llegando a pensar: ¿habrá dejado de respirar?. Es frecuente que la paciente desee ser constantemente tranquilizada por su pareja, su familia, su médico o cualquier otra persona.
La ansiedad también puede hacer a la madre preocuparse por su propia salud. Puede sentir pánico cuando su pulso se acelera o si tiene alguna palpitación, llegando incluso a pensar que tiene algo malo en el corazón o que está al borde de un accidente cerebrovascular. En ocasiones se siente tan debilitada que piensa que tiene alguna enfermedad terrible y que nunca volverá a tener energía de nuevo. Estas sensaciones extrañas e inusuales le harán plantearse la pregunta ¿Me estoy volviendo loca? (La respuesta es NO).
El temor de quedarse sola con todas estas preocupaciones puede dar lugar a que incluso la mujer más capaz se sienta tan indefensa que no desee que su marido vaya al trabajo.
¿No se sienten todas las mujeres un poco así tras tener un hijo?
Gracias a Dios, no. Muchas mujeres, aproximadamente una de cada dos, se sienten un poco llorosas, desanimadas e inseguras en el tercer o cuarto día tras el parto. Es el conocido «maternity blues» o depresión del tercer día que dura de unas horas a un par de días y que pronto desaparece. Desde luego, muchas mujeres se sienten cansadas y un poco desorganizadas cuando regresan a casa del hospital, pero generalmente controlan perfectamente la situación cuando pasa más o menos una semana. Sin embargo, para las madres con una depresión postparto las cosas empeoran día tras día.
Cuándo ocurre?
La mayoría de los casos de depresión postparto surgen en el primer mes tras el parto, aunque en ocasiones este trastorno puede dar la cara 6 meses más tarde.
Por qué ocurre?
Todavía no sabemos lo suficiente sobre porqué las mujeres desarrollan depresiones postparto como para poder estar seguros de quien la desarrollará y quien no. Probablemente no existe una causa única sino más bien diferentes tipos de estrés que pueden tener la misma consecuencia o que pueden actuar conjuntamente.
Sabemos que entre esos «factores de riesgo» están:
una historia previa de depresión (especialmente de depresión postparto).
una falta de apoyo por parte de la pareja.
un bebé prematuro o con cualquier tipo de enfermedad.
el que la nueva madre hubiera perdido a su madre cuando era niña.
una acumulación de acontecimientos vitales adversos, como el fallecimiento de un ser querido, la pérdida del empleo de la paciente o de su pareja, problemas económicos, problemas de vivienda, etc.
Sin embargo, una mujer puede sufrir una depresión postparto sin que se aprecie ninguna razón obvia para la misma.
Qué pasa con las hormonas?
Parece probable que la depresión postparto esté relacionada con los importantes cambios hormonales que tienen lugar en el momento del nacimiento de su hijo, aunque todavía no dispongamos de evidencias al respecto. Aunque los niveles de estrógenos, progesterona y otras hormonas relacionadas con la reproducción que pueden afectar a las emociones descienden bruscamente tras el parto, no se han encontrado diferencias entre las hormonas de las madres que desarrollan una depresión postparto y las de las que no. Una posible explicación es que probablemente algunas mujeres puedan ser más sensibles que otras a tales cambios.
¿Maltratan las mujeres con depresión postparto a sus bebés?
No, ellas no lo hacen. Se pueden sentir como si lo fueran a hacer y se preocupan mucho por la posibilidad de hacer daño a sus hijos, aunque realmente nunca lo hacen. Para ser honestos, muchas mujeres sin depresión postparto han podido llegar a pensar en alguna ocasión » Creo que si sigue llorando lo voy a coger y lo voy a lanzar por la ventana».
Las mujeres que «golpean» a sus bebés con frecuencia presentan graves trastornos emocionales que tienen su origen en su infancia.
Raramente, sin embargo, un bebé es herido o incluso asesinado, constituyendo un infanticidio, por una madre que presenta un trastorno mental grave en esos momentos. Esta es una consecuencia trágica de la llamada «psicosis puerperal», una enfermedad mental muy grave, aunque tratable, que puede aparecer a los pocos días del parto. La madre puede delirar y llegar a pensar que su hijo es el diablo y por eso tiene que acabar con él, o puede tener ideas suicidas y decidir acabar no sólo con su vida sino también con la del recién nacido. La psicosis puerperal ocurre únicamente en uno de cada 500 partos y el infanticidio es afortunadamente muy raro.
Qué puede hacerse?
Muchas cosas, pero lo primero desde luego es reconocer y diagnosticar la depresión.
Muchas madres deprimidas no son conscientes de que tienen una enfermedad y se sienten avergonzadas de tener que admitir cómo les ha afectado su reciente maternidad. Algunas pueden llegar a creer que si dicen como se sienten realmente puede que les quiten a su hijo (esto NO ocurrirá). Algunos médicos, enfermeras y trabajadores sociales están preparados para reconocer la depresión postparto ya que conocen su existencia y se esfuerzan por detectara, sin embargo, otros profesionales la pasan por alto o, lo que es peor, la ignoran considerándola como un simple «maternity blues».
En la actualidad existe una mayor concienciación para el reconocimiento y tratamiento de la depresión en general y la depresión postparto no debe ser una excepción.
Una vez que se sospecha la presencia de este trastorno, hay que animar a la paciente para que exprese como se siente realmente tras el parto de su hijo. Si manifiesta sentirse triste, desgraciada, irritable, incompetente, asustada y desinteresada por el bebé, debe aceptarse esto con una actitud comprensiva, no con alarma y reproches.
El decirle a la madre que todo lo que le está pasando es consecuencia de que tiene una enfermedad llamada depresión postparto suele ser de gran ayuda, ya que por lo menos sabrá a qué tiene que enfrentarse. Hay que tranquilizarla e intentar convencerla de que ella no es una madre caprichosa, extravagante o una mala madre, y de que otras muchas personas han padecido y padecen la misma enfermedad. La depresión postparto es muy frecuente, y si se pone tratamiento sin duda mejorará. Hay que advertir a la paciente que el tratamiento necesitará su tiempo para hacer efecto y que será necesario el concertar algunas citas para que reciba el apoyo necesario hasta que se recupere.
En este momento es importante el involucrar a la pareja de la paciente de forma que él pueda comprender qué es lo que ha estado pasando (no olvidemos que él también ha estado sufriendo las cosecuencias de la depresión postparto). Posiblemente él sea quien mejor pueda apoyar a la paciente, aunque también necesitará algo de apoyo para sí mismo, especialmente si es el primer hijo que tiene la pareja y si se ha sentido desplazado tras su llegada. Este es un aspecto realmente importante ya que si el marido está resentido y no comprende hasta que punto su esposa necesita de su apoyo y ayuda podrán surgir más problemas. El marido de la paciente también se sentirá aliviado por el diagnóstico y por recibir consejos sobre cómo actuar. La ayuda práctica con el recién nacido, una actitud comprensiva y afectiva y el ser positivo serán apreciados incluso cuando la depresión desaparezca.
Qué pasa con el tratamiento hablado?
La oportunidad de poder hablar tranquilamente con un interlocutor simpático, comprensivo y no crítico, que puede ser un amigo, un familiar, un profesional o cualquier otra persona, puede significar una gran ayuda para la paciente.
Los tratamientos psicológicos más especializados tales como la psicoterapia (mediante la cual intentará comprender la depresión en términos de lo que le ocurrió en el pasado) y la terapia cognitiva (que intentará hacerle sentir más positivo sobre sí mismo) constituyen también una gran ayuda y pueden ser solicitadas por su médico de cabecera a los profesionales de la Unidad de Salud Mental que le corresponda.
Qué pasa con las pastillas?
Los médicos de cabecera no siempre prescriben tratamiento farmacológico para sus pacientes con trastornos emocionales. Sin embargo, en ocasiones la naturaleza de la depresión es tal que hace necesario un tratamiento con fármacos antidepresivos. Estos medicamentos:
No son tranquilizantes ni estimulantes. No son adictivos, no crean dependencia. Necesitan dos semanas o más para empezar a hacer efecto. No hacen necesario el suspender la lactancia materna ya que entre los muchos antidepresivos disponibles existen algunos que no pasan a la leche materna y por tanto no afectarán a su hijo en absoluto. Necesitan ser mantenidos durante al menos 6 meses tras la depresión para reducir el riesgo de recaída. A muchas mujeres les parece más atractiva la posibilidad de recibir tratamiento con hormonas en lugar de con antidepresivos ya que consideran a éstas más naturales. Sin embargo, las evidencias disponibles sobre su eficacia son cuestionables y además no están exentas de efectos secundarios.
La progesterona parece funcionar mejor en supositorios, mientras que los estrógenos se aplican actualmente en forma de parches en la piel. No existe duda de que muchas mujeres creen que el tratamiento hormonal que han recibido les ha beneficiado, pero todavía está por demostrar que este sea algo más que un placebo, es decir que la curación se produce más por la esperanza puesta en el tratamiento que por el propio tratamiento en sí.
¿Cuál es el futuro de la depresión postparto si no se trata?
La mayoría de las mujeres suelen mejorar en algún grado al cabo de semanas, meses o incluso uno o dos años. Sin embargo, esto es a costa de un gran sufrimiento injustificado. La depresión postparto hace de la maternidad una mala experiencia y dificulta la relación entre la pareja. De forma que lo mejor es detectar lo antes posible este trastorno para tratarlo precozmente.
Puede prevenirse la depresión postparto?
Si. Existen tres formas de prevención: detectar precozmente el trastorno, tratarlo rápidamente y evitar sus consecuencias. Este folleto está especialmente dedicado a la detección y tratamiento precoz de la depresión postparto.
No intente ser una supermujer. El tener un hijo es un trabajo que puede exigir dedicación exclusiva, de forma que durante su embarazo intente reducir sus compromisos (si trabaja, asegúrese que se alimenta de forma suficiente y con regularidad y ponga los pies en alto durante la hora de la comida).
No se mude de casa mientras esté embarazada o hasta que su hijo no tenga seis meses.
Haga amistad con otras parejas que estén esperando un hijo o que lo hayan tenido recientemente. Entre otras cosas, esto le posibilitará el disponer de alguien que pueda cuidar a su hijo cuando lo precise.
Identifique a alguien en quien pueda confiar, es necesario disponer de algún amigo a quien acudir en caso de necesidad.
Vaya a las clases preparto y lleve a su pareja consigo.
Si ha sufrido previamente una depresión, esto no significa que usted vaya a tenerla de nuevo en el siguiente parto. Sin embargo, tras el parto es necesario que se ponga en contacto con su médico de cabecera para que éste vigile la posible aparición de cualquier signo de recurrencia de la depresión postparto y así comenzar lo antes posible con el tratamiento.
Una vez que el bebé haya nacido:
Aproveche cualquier oportunidad para descansar. Aprenda a echar cabezadas o pequeñas siestas. Su pareja podrá encargarse de alimentar al bebé por la noche, utilizando si usted lo desea incluso su propia leche extraída con anterioridad.
Aliméntese adecuadamente. Las ensaladas, los vegetales frescos, la fruta, los zumos, la leche y los cereales son alimentos muy adecuados para este momento y que además no necesitan de mucha cocina.
Encuentre tiempo para disfrutar con su pareja. Intente conseguir una niñera y salgan juntos a cenar, al cine, a ver unos amigos o tomar una copa.
Intente intimar con su pareja, incluso aunque todavía no le apetezca tener relaciones sexuales completas, un beso, un abrazo, una caricia, o un mimo pueden ser bastante reconfortables hasta que regrese el deseo sexual al completo.
No sea muy crítica consigo misma ni con su pareja. La vida se hace bastante dura en estos momentos y el cansancio y la irritabilidad de ambos puede conducir a discusiones frecuentes que no harán mas que debilitar su relación en unos momentos en que esta debería ser más fuerte.
No tema pedir ayuda cuando la necesite. Aunque su médico es quien debe realizar el diagnóstico de su depresión postparto, lo que usted haya aprendido en las clases preparto y en folletos como este puede orientarle sobre cuando pedir ayuda.
Finalmente, a pesar de que la depresión postparto ya esté instaurada cuando se le diagnostique, no se desespere, el apoyo, el consejo y la medicación marcarán la diferencia y acelerarán su recuperación. Nunca es tarde.
Para resolver y superar un problema con los juegos de azar, hay que tener voluntad firme de cambiar el comportamiento. Esta sección os ofrece algunas claves y recomendaciones para mantener el problema a raya.
Consejos para mantener los juegos de azar bajo control
Adquirir ciertos hábitos saludables, adoptar determinadas actitudes o haceros algunas normas en relación con el juego os puede ayudar a mantener bajo control el comportamiento con los juegos de azar. Algunos de los consejos siguientes pueden seros útiles.
Sed sincero con vuestra familia y amigos sobre cuánto jugáis.
Poned un límite en la cantidad que queréis gastar en los juegos de azar, y mantenedlo.
Limitad cuánto de tiempo queréis pasar apostando en los juegos de azar.
Limitad la cantidad de dinero en efectivo que os lleváis cuando vais a apostar en juegos de azar.
Dejad las tarjetas de crédito, talonarios (y otros) en casa.
Recordad que los juegos de azar son un gasto en entretenimiento: el entretenimiento cuesta dinero y, por lo tanto, también los juegos de azar.
Recordad que las ganancias son vuestras: os los podéis poner en el bolsillo y llevároslos en casa.
Antes de empezar a jugar, habláis con alguien durante media hora.
Mantened un registro de todo el dinero ganado y perdidos.
No jugeis nunca hasta que no hayais pagado las facturas.
Nunca pedid dinero para jugar a juegos de azar.
No jugad a juegos de azar si estás enfadado, preocupado o deprimido.
Cuando sea que sentís el impulso de jugar a juegos de azar y a la vez realmente no lo queréis hacer, buscáis alguien en quien confiáis y con quién podáis hablar, y habláis del que sea, no necesariamente sobre juegos de azar.
Poneds algunos objetivos para el dinero que utilizabais en el juego.
Recompensaos por todos los pasos que hacéis en la dirección deseada.
No intentad cambiarlo todo en un periodo corto de tiempo. Es mucho mejor hacer pequeños pasos en la dirección correcta, que no pretender cambios inmediatos y radicales. Reflexionad con sinceridad sobre vuestro comportamiento con los juegos de azar.
Control del dinero
Las consecuencias que el juego patológico tiene en la economía personal y familiar del jugador pueden ser graves. Por eso es importante tomar medidas para recuperar el control de las finanzas. A continuación se exponen algunas sugerencias para las personas que juegan y sus familias.
Para jugadores: controlad la deuda
Responsabilizaos de vuestra situación económica. Haced una propuesta a los acreedores y comprometeos a pagar la deuda pendiente, estableciendo un plan. Esto ayudará vuestras finanzas y también a reconstruir la autoestima.
No probais de jugar para resolver vuestros problemas económicos.
Procuraos más trabajo, si es necesario, para ocupar el tiempo libre: os ayudará a evitar una nueva ocasión de juego. Puede ser llevar, pero a largo plazo será bueno para vuestra situación económica y os hará sentir mejor.
Designad alguien de confianza para hacerse cargo, al menos temporalmente, de vuestras tarjetas de débito y crédito, y de los talonarios; o destruidlos.
Proteged vuestros activos transfiriendo la titularidad a nombre de vuestro cónyuge o compañero. Haced que hagan falta dos firmas para sacar dinero, en lugar de sólo la vuestra. Un asesor financiero os puede ayudar en el proceso.
Evitad cobrar y pagar en efectivo: domiciliáis la nómina y las facturas a vuestra cuenta corriente.
Limitad la cantidad de efectivo disponible, en general.
Buscad ayuda profesional con especialistas en juego patológico y especialistas en gestión de finanzas.
Para familiares: proteged el dinero
Estar al correinte de todo el dinero que se gastan y deben.
Proteged los activos. Considerad cambiar cuentas bancarias, hipotecas y otros activos de forma que el jugador no pueda acceder. Un asesor financiero os puede ayudar en el proceso.
Negociad el control de la gestión de las finanzas familiares. Intentad asumir la responsabilidad sobre las tarjetas de crédito y débito del jugador. Dadlos dinero sólo para las necesidades diarias hasta que la situación mejore.
No rescateis el jugador ofreciéndole dinero para pagar las deudas. Esto sólo alargaría el problema.
Buscad ayuda profesional, tanto para los consejos financieros como para el apoyo emocional.
Cambiar el comportamiento
Cambiar el comportamiento nunca es fácil, pero se puede hacer. Una de las claves es hacerlo a paso, sin pretender cambiarlo todo de golpe.
Señales de recaída
Es importante que podáis identificar una recaída cuando está pasando. Sólo si os dáis cuenta podéis elegir una opción diferente y sana.
Elecciones no saludables
Hacer una apuesta.
Hacer otra apuesta.
Perseguir las pérdidas.
Conseguir más dinero en efectivo (pedir, robar
).
Elecciones sanas
Afrontar las emociones propias (trucáis a un amigo, hablad).
Encontrar alguna otra cosa para hacer.
Parar las pérdidas: volvéis a casa y explicadlo a alguien.
Hacer algo: buscar ayuda.
Cuanto antes elegís una opción saludable, más éxito tendréis a la hora de dejar el hábito de los juegos de azar.
El desempleo, la pobreza, la deuda y la disminución de los servicios públicos también tienen implicaciones directas para la salud humana. Las depresiones, los suicidios asociados y los trastornos por consumo de alcohol, son consecuencias conocidas en todo el mundo. Es oportuno, pues, que este año pasado el Día Mundial de la Salud Mental que se celebró el 10 de octubre se centrara en la depresión como una crisis global.
La dura realidad de las enfermedades mentales como la depresión no se debe perder en las controversias sobre la clasificación psiquiátrica que han surgido durante la revisión del Manual de Diagnóstico y Estadística de los Trastornos Mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders). En un comentario en la edición de esta semana, Dilip Jeste pregunta: ¿Cómo puede cualquier persona razonable creer que las enfermedades mentales, que son trastornos del cerebro, son menos merecedoras de tratamiento que las que afectan a los pulmones o al hígado? La Ley de Paridad y Equidad de Salud Mental y Adicción ( Mental Health Parity and Addiction Equity Act) aprobada por el Gobierno de los EE.UU. en 2008, y los recientes progresos del Proyecto de ley de Salud Mental (Discriminación) en el Reino Unido, son bienvenidos ejemplos de que los legisladores reconocen la gravedad de la enfermedad mental.
La naturaleza completamente devastadora de la depresión es evidente si se considera que muchas personas con esta enfermedad prefieren morir a vivir con sus síntomas. Más del 50% de las personas que mueren por suicidio han tenido un episodio de depresión en el momento de la muerte. No me gusta estar cerca del borde de la plataforma cuando un tren está pasando, dijo Winston Churchill. La acción de un segundo terminaría con todo. Unas gotas de desesperación. Otros se autolesionan , más del 70% de los pacientes en una muestra del Reino Unido de autolesionados ha tenido un trastorno depresivo. Muchas más personas con formas más leves de depresión no experimentarán una desesperación tan profunda. Pero sin embargo, dejarán de funcionar como un individuo sano: pueden llegar a ser incapaces de trabajar, cuidar de sus hijos, o simplemente no poder pasar un día sin sentirse inútil y vacío o imprudente y enojado.
La carga de la depresión mundial es enorme. Las estiumaciones actuales de la OMS colocan los trastornos depresivos unipolares en tercera posición en la liga de enfermedades de carga global. Se espera que superen las infecciones respiratorias y las enfermedades diarreicas en 2030. Sin embargo, a diferencia de muchos grandes problemas globales de salud, la depresión es fácilmente tratable y, hasta cierto punto, se puede prevenir. El diagnóstico, que suele tener lugar en el ámbito de atención primaria, exige un historial riguroso y una exploración para identificar posibles trastornos comórbidos (por lo general ansiedad, trastornos por consumo de alcohol y enfermedades crónicas como el cáncer y la diabetes). El tratamiento consiste preferentemente en apoyo psicosocial básico combinado con medicamentos antidepresivos, psicoterapia a corto plazo (como la terapia cognitivo-conductual), o ambos. Desafortunadamente, se estima que el 50% de los pacientes en todo el mundo aún no reciben este tratamiento.

