Ciclotimia o trastorno ciclotímico: definición, características y tratamiento

Los trastornos del estado de ánimo abarcan una serie de alteraciones, con especial afectación en el ámbito afectivo, y en los que existe además una limitación a nivel no solo personal, sino también familiar, laboral y social. Entre ellos, encontramos la depresión y los trastornos bipolares y relacionados. Estos últimos abarcan problemáticas en las que la característica principal es la inestabilidad o los cambios, más o menos frecuentes, en el estado de ánimo del individuo, pasando por periodos de euforia o energía intensa, a otros de tristeza y apatía acentuada, entre otras características. Dentro de estos últimos, se encuentra el trastorno ciclotímico o ciclotimia. 

 

Esta patología se caracteriza por una periodo de al menos 2 años (1 en niños y adolescentes), de numerosos períodos con síntomas hipomaníacos, y períodos con síntomas depresivos. En ambos, desde los diferentes manuales de clasificación diagnóstica se exige que no se cumplan los criterios para un episodio hipomaníaco o para un episodio depresivo completamente desarrollados. Además, estos síntomas deben estar presentes la mayor parte del tiempo, generar un malestar y/o limitación en los diferentes ámbitos de la vida de la persona, y no haber un periodo de más de 2 meses en el que la persona haya estado libre de ellos.

 

Los síntomas hipomaníacos se caracterizan por una elevación del estado de ánimo, en forma de aumento de la autoestima y grandilocuencia, disminución de la necesidad de dormir, mayor necesidad de hablar, fuga de ideas o la experiencia subjetiva de que los pensamientos se desencadenan rápidamente, y aumento de la actividad o involucramiento en actividades peligrosas. Por contra, los síntomas depresivos engloban dificultades como la tristeza, la apatía, la disminución de la autoestima, la anhedonia, o la pérdida de energía y cansancio, entre otros. 

 

Algunos datos interesantes respecto a esta alteración son que habitualmente aparece primero en adolescentes y adultos jóvenes, y existe un riesgo del 15 al 50% de que la persona desarrolle un trastorno bipolar I o II. Además, se ha evidenciado un componente genético que aumenta el riesgo de desarrollar la patología, y especialmente en familiares de primer grado de personas con trastornos del estado de ánimo. Junto a esto, el abuso de sustancias y las dificultades relacionadas con el sueño son frecuentes, y los niños acostumbran a ser más propensos a tener un TDAH concurrente. Finalmente, cabe mencionar que los intentos e ideas de suicidio también aparecen con más frecuencia en este tipo de alteración.

 

Por último, en cuanto al tratamiento, se trata de una alteración que normalmente requiere la pauta conjunta de medicación junto con intervenciones psicológicas. Así, los estabilizadores del estado de ánimo como el Litio o el Valproato, o los antidepresivos, son alternativas eficaces. Y por otro lado, la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), la psicoeducación, o las intervenciones familiares centradas en potenciar la comprensión y los recursos para allegados, también han resultado útiles.

 

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