Las personas pasamos gran parte de nuestras vidas haciendo predicciones, y tomando decisiones en base a éstas. Actuamos como pequeños científicos que buscan cerciorarse de los acontecimientos, antes incluso de que pasen. Conforme vamos creciendo, vamos viendo que algunas de nuestras anticipaciones pueden cumplirse; desde algo simple como “si aprieto este interruptor se encenderá la luz”, a eventos más complejos como “si estudio mucho, sacaré mejor nota en el examen”. A partir de aquí, elaboramos un plan de acción que consideramos útil para llegar donde queremos, tanto a corto como a largo plazo. El problema es que en muchas ocasiones estas predicciones no se cumplen, y no solo eso, sino que pueden llegar a ser significativamente negativas. 

¿Cuándo pasa esto? Pues en situaciones como la que estamos viviendo actualmente. La incertidumbre, y el miedo, son unas de las fuentes más poderosas de creación de predicciones y anticipaciones. Nos cuesta tolerar no saber, no poder ver qué pasará, y por ello nos podemos pasar gran parte de nuestro tiempo imaginando posibles escenarios. Además, si lo hemos estado alimentando desde tiempo atrás, es posible que hayamos establecido un hábito. Por otro lado, sabemos que es particularmente difícil dejar la mente en blanco. En cierta manera, percibimos como más peligroso “dejar de pensar”, en comparación con pensar de manera negativa o incluso catastrófica. Esto es así debido a que cuando adoptamos la segunda opción, podemos tener la sensación de que nos preparamos para algo, de que si somos capaces de anticiparlo, estaremos más preparados para cuando pase. 

Nada más lejos de la realidad; la inmensa mayoría de veces, cuando pasa el acontecimiento que temíamos, lo sufrimos igual o incluso peor. Y si este no sucede, habremos estado un largo periodo de tiempo sufriendo en vano. En este sentido, habremos sufrido angustia, ansiedad, impotencia, frustración… Todo un conjunto de emociones y sensaciones perturbadoras que limitan nuestro disfrute vital y nuestro rendimiento en cada una de las áreas de nuestras vidas. Este fenómeno aparece especialmente en los trastornos de ansiedad, pero también es típico de ciertos trastornos de la personalidad como el Trastorno de la personalidad Obsesivo Compulsivo. 

Para afrontarlo y mejorarlo, es importante tener en cuenta que no debemos plantearnos eliminar o evitar nuestras predicciones, y por tanto, nuestra necesidad de control. Sino que es importante reducirlo, identificando cuándo lo estamos haciendo, porqué, y planteándonos alternativas que ayuden a contemplar opciones más realistas, constructivas y positivas ante un mismo acontecimiento. Orientaciones psicológicas como la Cognitivo-Conductual o la Sistémica pueden ayudarte mucho a potenciar estas habilidades. Ponte en contacto con nuestro equipo de terapeutas, situado en Mataró, y te facilitaremos todo aquello que necesites. 

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