Un ataque de pánico se define como la aparición súbita de miedo o de malestar intenso que alcanza su máxima intensidad en minutos y durante el cual se producen una serie de síntomas como pueden ser las palpitaciones, el temblor, la sudoración, náuseas, mareo, miedo a perder el control…entre otros. De esta forma, aparecen diferentes síntomas de ansiedad de manera inmediata, casi simultáneamente, y los cuales se desarrollan rápidamente hasta alcanzar un nivel elevado y significativo. Este episodio, cabe mencionar que puede producirse desde un estado de calma o desde un estado de ansiedad. Por ello, muchas personas informan de que parecen “caídos del cielo”, ya que sin estar haciendo nada especial, o pensando en algo que les preocupe, se producen los síntomas. 

Bien, cuando nuestro cerebro percibe un peligro (real o imaginario), automáticamente se pone en marcha el sistema de alarma; es decir, se activa una parte de nuestro sistema nervioso que provoca diversos cambios fisiológicos con los que nuestro organismo se prepara para afrontar el peligro: 

  • El cuerpo libera adrenalina y noradrenalina, que producen una sensación de nerviosismo e inquietud.
  • Aumenta la frecuencia y la fuerza de los latidos del corazón, así los músculos disponen de más sangre y eliminamos mejor las toxinas, con lo que nos resultaría más fácil atacar o huir. 
  • Hiperventilamos: es decir, respiramos más cantidad de aire y más deprisa, preparando también a nuestro cuerpo, para la lucha o la huida. La hiperventilación hace que dispongamos de más oxígeno en la sangre y que notemos ciertas sensaciones internas (lo podemos incluso comprobar en casa). 
  • La sangre se concentra en las áreas del cuerpo donde podría ser más necesaria en una situación de peligro. Por tanto, queda menos sangre en otras zonas, por ej., en las manos, pudiendo dar lugar a temblor, hormigueo, etc. 
  • Las pupilas se dilatan, con lo que estamos preparados para detectar mejor cualquier estímulo que pueda ser peligroso. Esto puede hacer que percibamos las cosas en forma extraña. 

Junto a todo esto, existe por supuesto la experiencia subjetiva de miedo, mediante el cual tendemos a huir y a querer ponernos a salvo. Sientes miedo y tiendes a huir para ponerte a salvo. Todos estos cambios, serían útiles y beneficiosos si nos encontráramos ante un peligro real. Pero, si en vez de tomarlos como algo «normal», pensamos que esas sensaciones son peligrosas, se activará aún más el sistema de alarma, y, por tanto, las sensaciones y el miedo aumentarán, cerrando así un circulo vicioso negativo.

Por todo ello, es importante que conozcamos los mecanismos que sigue la ansiedad, ya que únicamente de esta forma comprenderemos cómo funciona nuestro cuerpo cuando percibimos el peligro, y podremos controlar los diferentes síntomas.  

Si deseas recibir más información, y conocer más específicamente algunos datos sobre lo comentado, ponte en contacto con nuestro equipo de terapeutas situado en Mataró. Te proporcionaremos toda la información y ayuda que necesites.

A lo largo de toda nuestra vida, pasamos por situaciones que pueden resultarnos difíciles de superar, de afrontar. Incluso a lo largo de un mismo día podemos sufrir contrariedades que nos pongan a prueba, tanto a nivel emocional como físico. Así, a veces podemos sentirnos incapaces, o en cierta manera, hundidos por algún acontecimiento. En otras, en cambio, llegamos incluso a sorprendernos de lo fuertes que hemos sido. La variabilidad en el comportamiento y estado de ánimo que mostremos vendrá determinada, en gran parte, por el concepto aquí presentado, la resiliencia. 

Ésta se define como la capacidad que poseemos para afrontar y adaptarnos a las diferentes situaciones, especialmente cuando estas son menos favorables. Dicho de otro modo, se trataría del mecanismo que permite la superación de adversidades y el no quebrarnos emocionalmente. Sin embargo, cada uno de nosotros la tenemos en diferente grado, y esto refleja que no solo depende de mecanismos innatos, sino que podemos modificarla, aprenderla o moldearla. Así, las personas resilientes tendrían las siguientes características:

  • Autoobservación y detección: acostumbran a tener facilidad para encontrar la causa de sus problemas. Mediante el autoanálisis, procuran tener en cuenta cómo han afrontado conductual y emocionalmente las diferentes situaciones para que éstas no vuelvan a repetirse. Podríamos decir que con la experiencia fortalecen sus recursos. 

  • Gestión emocional: suelen mostrar una buena capacidad para manejar sus emociones. En este sentido, procuran que cuando éstas son especialmente negativas, no les invadan. Para ello, buscan el equilibrio entre aceptar su estado emocional y cambiarlo, tendiendo más a la modificación cuando el estado es especialmente negativo. 

  • Objetividad/realismo: Razonan rápidamente y encuentran alternativas realistas ante los diferentes acontecimientos. Este mecanismo está muy ligado con la capacidad anterior, ya que si tenemos pensamientos negativos o catastrofistas, normalmente aparecerán emociones negativas, pero si nuestra intepretación es más constructiva y tenemos en cuenta diferentes alternativas, probablemente nuestro estado de ánimo mejore. 

  • Autoconfianza y toma de decisiones: Son personas que tienen en cuenta sus posibilidades, y buscan potenciarlas por encima de todo. Ante la duda, focalizan la atención en sus habilidades y las ponen en marcha. Este segundo punto entroncaría la toma de decisiones. Cuanta más autoconfianza, muy posiblemente haya un plan de acción eficaz más rápido. 

Además de estas características, la resiliencia engloba otras como la empatía, la automotivación, el autorespeto… En algunas patologías, como en los problemas de autoestima, de ansiedad, y sobre todo en la depresión, aparecen claras dificultades en este proceso. Como hemos remarcado además, son habilidades que podemos potenciar, entrenar, mejorando así nuestra capacidad para hacer frente a los acontecimientos negativos. Si deseas formarte o potenciar esta importante habilidad, puedes ponerte en contacto con nuestro equipo de psicólogos, en Mataró. Estaremos encantados de ayudarte y de proporcionarte todo aquello que necesites. 

A la hora de explicar y comprender los diferentes problemas psicológicos y emocionales, se han ido realizando diferentes propuestas, algunas de las cuales permiten delimitar mejor cuál puede ser la etiología y/o la explicación para el mantenimiento de algunas problemáticas. Entre ellas se encuentra la Sensibilidad a la Ansiedad, constructo propuesto por Reiss (1991) en su modelo denominado de expectativa de la ansiedad. 

Reiss entendía que los miedos estaban motivados por expectativas y por sensibilidades, los cuales explicaban el aumento y el mantenimiento de estos. Por un lado, las expectativas conformarían estimaciones, probabilidades de que suceda algo que teme la persona (p.ej., es probable que tenga un accidente de coche; no podré controlar mi miedo en la presentación de mañana). Las sensibilidades ayudarían a comprender el por qué lo tememos (p.ej., siento vergüenza cuando me equivoco delante de los demás). La sensibilidad a la ansiedad pues, haría referencia al “miedo a las sensaciones de ansiedad”, pudiendo considerar la persona que los síntomas que experimenta poseen consecuencias somáticas, psicológicas y sociales que pueden resultar peligrosas. De esta forma, una vez iniciados los síntomas, la persona pasaría a centrarse en éstos y en sus consecuencias, intensificando su gravedad, y por lo tanto aumentando progresivamente su malestar y su miedo. Podríamos decir que este término equivaldría al “miedo al miedo”. 

Así, diferentes investigadores han propuesto que la sensibilidad a la ansiedad puede ser un factor de riesgo para el desarrollo y mantenimiento de diferentes trastornos de ansiedad. Concretamente, se ha reconocido su papel en el trastorno de pánico, en el cual actúa intensificando las sensaciones corporales y predice la ocurrencia de más ataques de pánico. Además, también supone una vulnerabilidad para la agorafobia y la fobia social. Junto a estos, y más allá de los trastornos de ansiedad, actualmente se está relacionando con el consumo de sustancias y el Trastorno de Estrés Postraumático

La comprensión por parte de profesionales y pacientes de constructos como el aquí descrito, puede ayudar a la elaboración de tratamientos eficaces y clínicamente útiles, lo cual puede suponer un gran avance a la hora de mejorar la salud mental de las personas. Si quieres más información, o tienes cualquier duda al respecto, los psicólogos y psiquiatras de nuestro centro, en Mataró, te proporcionarán todo lo que necesites. Estaremos encantados de atenderte.

 

Podemos definir la autoestima como el concepto, la valoración, o el conjunto de sensaciones que tenemos sobre nosotros mismos, englobando pensamientos, sentimientos y actitudes. Constituye de esta manera un constructo dinámico, el cual puede estar formado por aspectos positivos y negativos. Por ello, puede ser alta en unos ámbitos (p.ej., nos sentimos competentes en el ámbito laboral) y baja en otros (p.ej., nos consideramos tímidos y con dificultades para relacionarnos en el área social). De esto debemos deducir que es importante trabajar en nosotros mismos para encontrar el equilibrio. 

En sí, debemos tener claro que poseer una baja autoestima no es sinónimo de patología mental, de trastorno. Se trata más de un problema que puede llegar a generar mucho malestar y sufrimiento. En este sentido, se puede traducir en inseguridad personal, lo cual precipita que no poseamos ese motor que nos mueva a perseguir nuestros objetivos, ya que difícilmente confiaremos en nuestras capacidades, y, por lo tanto, es posible que abandonemos nuestras metas y sueños. A pesar de ello, es cierto que esta circunstancia puede formar parte de otros problemas, quedando inherente a ciertos trastornos como pueden ser la depresión o los trastornos de la conducta alimentaria, donde la baja autoestima puede tener un papel clave para entender el desarrollo y curso de la problemática. 

Para potenciarla, en primer lugar hay que tener presente de que se trata de algo dinámico. Desde el nacimiento, y a través de la interacción y la creación de vínculos con nuestros padres y posteriormente con nuestros amigos y compañeros, vamos construyendo una imagen sobre nosotros mismos, incorporando constructos positivos, y en ocasiones negativos, y suprimiendo otros que pueden no resultarnos tan útiles. Es a través pues del aprendizaje y de la autoobservación mediante lo cual potenciamos nuestro autoconocimiento y la valoración que hacemos de nosotros mismos. Así, a continuación proponemos algunas estrategias que te pueden permitir alimentarla y potenciarla:

  • Autoobservación: El primer paso para mejorar es analizar, ver, ser conscientes de cómo somos, de quién somos, y principalmente de qué sentimos y cómo. Implica un ejercicio de introspección importante, el cual podemos llevar a cabo en nuestro día a día, atendiendo a nuestros comportamientos y en definitiva a todo aquello que nos caracterice. Este es el paso que nos permitirá pasar a los demás niveles. 

  • Identificar y transformar los automensajes: Es importante detectar cómo nos tratamos a nosotros mismos; si tendemos a castigarnos al realizar ciertas acciones o nos felicitamos y valoramos. En el caso en que nos juzguemos y maltratemos, debemos procurar transformar por mensajes constructivos que nos ayuden a sentirnos capaces y estables.

  • Rememorar experiencias positivas y crear de nuevas: Este es un ejercicio sumamente poderoso. Para potenciar sentimientos de autoeficacia y confianza, podemos procurar hacer un repaso de experiencias de éxito, de situaciones que hayamos conseguido afrontar de manera adecuada, y si son parecidas a las que nos esperan, mucho mejor. Otra alternativa es crearlas; para ello podemos planificar algo con lo que nos sintamos más o menos seguros y llevarlo a cabo. Recordemos que se trata constantemente de afrontar y de superarnos. 

Existen muchas más estrategias y ejercicios para fomentar la autoestima. Como vemos, esta tiene un poder especial, es nuestro motor para persistir en nuestras ideas y objetivos, y para adaptarnos al entorno. Si quieres conocer más sobre ella o te interesa trabajarla, en nuestro centro de psicología, ubicado en Mataró, te atenderemos y proporcionaremos toda la ayuda que necesites. No lo dudes, y llámanos.

Los humanos somos seres complejos. Estamos conformados por una serie de características y procesos que nos hacen únicos, y nos permiten una mejor adaptación al mundo que nos rodea. Entre este entramado de elementos, tenemos el maravilloso mundo de las emociones. Aunque en ocasiones nos sea difícil identificar, diferenciar e incluso experimentar algunas de ellas, uno de los aspectos más positivos en relación a ellas es que son comunes a la mayoría de nosotros, lo cual nos permite tener una mayor comprensión. 

Son muchos los autores que han investigado sobre estas, procurando determinar la cantidad, la funcionalidad y su carácter primario o secundario. Paul Ekman o Robert Plutchick son algunos de los investigadores con más experiencia en este campo. La mayoría coinciden en considerar 3 funciones básicas de las emociones: la adaptativa (ajustar el organismo a las nuevas condiciones del entorno o prepararlo para la acción), social (como forma de comunicarnos e influenciar en otros), y motivacional (tienen la capacidad de potenciar y dirigir la conducta). En cuanto a la cantidad, el consenso gira entorno a entre 4 y 8 emociones, dependiendo de si algunas se agrupan en una misma o de la terminología utilizada. Finalmente, a continuación diferenciaremos entre aquellas consideradas primarias y las secundarias:

  • Emociones primarias: alegría, enfado, miedo, tristeza, asco, confianza e interés. 
  • Emociones secundarias: vergüenza, culpa, orgullo, entusiasmo, satisfacción, desprecio, complacencia, placer. 

Es importante tener presente que esta clasificación no es exhaustiva, y existe controversia acerca de ella. A pesar de ello, podemos apreciar como las primeras son aquellas que quizás nos vienen más rápidamente a la mente, poseen un carácter más universal, y sobretodo son innatas a todo individuo. Las secundarias, en cambio, se pueden considerar aprendidas ya que las vamos adquiriendo en base a nuestras experiencias, y principalmente en la interacción con los demás. Si nos fijamos, y aunque las primeras también pueden aparecer en estas circunstancias, las segundas son probablemente más fáciles de imaginar en ejemplos con situaciones en las que están involucradas otras personas.  

Un aspecto clave a tener en cuenta es que todas ellas son válidas. Somos nosotros los que con nuestros juicios (p.ej., no puedo sentirme así, estar triste es horrible, no quiero tener miedo…) las etiquetamos e incluso aumentamos su intensidad. En el Trastorno de Pánico o en la Depresión por ejemplo, vemos claramente este proceso. Debemos ser conscientes de ello, y de intentar aceptarlas y gestionarlas para poder convivir con ellas sin que nos causen malestar. Métodos como el diario emocional, el cual nos puede permitir autoobservarnos pueden facilitarnos tener un mayor control sobre ello. 

Si deseas conocer más acerca de esta estrategia o de cualquier otra que consideres que te puede beneficiar, contacta con nuestro equipo de psicólogos, en Mataró, te facilitaremos todo aquello que necesites. 

Todos nosotros tenemos formas distintas de vivir, y de sufrir la situación en la que estamos inmersos desde hace ya unas semanas. Durante este tiempo, podemos haber experimentado sensaciones y emociones diversas como miedo, angustia, rabia, impotencia… También es probable que algunos problemas en el hogar se hayan visto acentuados debido a la constante interacción que existe entre nosotros. Junto a estos, pero, debemos considerar también toda aquella gama de problemas, síntomas y trastornos que pueden aparecer o exacerbarse a raíz de este acontecimiento. 

Entre ellos, cobra una especial relevancia el Trastorno de Ansiedad por Separación. Esta patología se define como el miedo o ansiedad excesiva que se relaciona con la separación de aquellas personas por las que la persona siente apego. Se puede manifestar de diferentes maneras: con malestar cuando se prevé o se vive separación del hogar de las principales figuras de apego, con preocupación acerca de que puedan sufrir algún daño, rechazo a ir a la escuela o a cualquier otro lugar, miedo a estar solo… entre otros. Cabe recordar, que aunque anteriormente se consideraba que se manifestaba únicamente en niños y adolescentes, actualmente se acepta que puede aparecer también en adultos. 

Teniendo en cuenta pues, las características de esta problemática, podemos ver como la situación actual puede repercutir de manera muy significativa en su aparición. El hecho de que pasemos muchas horas en casa, inevitablemente provoca que el contacto entre nosotros y con nuestros hijos sea mayor. En ocasiones, la interacción puede ser positiva, y generarse dinámicas que potencien y fortalezcan nuestros vínculos. En otras pero, pueden aparecer hábitos poco saludables que provoquen una excesiva dependencia entre nosotros. De esta forma, aunque la interacción se de a menudo (incluso cuando no queremos comunicarnos o relacionarnos), es primordial seguir fomentando nuestra autonomía y la de los demás. Con ello, podemos prevenir futuros problemas como la dependencia. 

En caso de necesitar más información, o un tratamiento especializado en este o cualquier otro problema, puedes contactar con nosotros. Nuestro equipo está especializado en terapias como la Cognitivo-Conductual, el EMDR, o la Sistémica, entre otras. Llámanos y te atenderemos encantados. 

Las personas pasamos gran parte de nuestras vidas haciendo predicciones, y tomando decisiones en base a éstas. Actuamos como pequeños científicos que buscan cerciorarse de los acontecimientos, antes incluso de que pasen. Conforme vamos creciendo, vamos viendo que algunas de nuestras anticipaciones pueden cumplirse; desde algo simple como “si aprieto este interruptor se encenderá la luz”, a eventos más complejos como “si estudio mucho, sacaré mejor nota en el examen”. A partir de aquí, elaboramos un plan de acción que consideramos útil para llegar donde queremos, tanto a corto como a largo plazo. El problema es que en muchas ocasiones estas predicciones no se cumplen, y no solo eso, sino que pueden llegar a ser significativamente negativas. 

¿Cuándo pasa esto? Pues en situaciones como la que estamos viviendo actualmente. La incertidumbre, y el miedo, son unas de las fuentes más poderosas de creación de predicciones y anticipaciones. Nos cuesta tolerar no saber, no poder ver qué pasará, y por ello nos podemos pasar gran parte de nuestro tiempo imaginando posibles escenarios. Además, si lo hemos estado alimentando desde tiempo atrás, es posible que hayamos establecido un hábito. Por otro lado, sabemos que es particularmente difícil dejar la mente en blanco. En cierta manera, percibimos como más peligroso “dejar de pensar”, en comparación con pensar de manera negativa o incluso catastrófica. Esto es así debido a que cuando adoptamos la segunda opción, podemos tener la sensación de que nos preparamos para algo, de que si somos capaces de anticiparlo, estaremos más preparados para cuando pase. 

Nada más lejos de la realidad; la inmensa mayoría de veces, cuando pasa el acontecimiento que temíamos, lo sufrimos igual o incluso peor. Y si este no sucede, habremos estado un largo periodo de tiempo sufriendo en vano. En este sentido, habremos sufrido angustia, ansiedad, impotencia, frustración… Todo un conjunto de emociones y sensaciones perturbadoras que limitan nuestro disfrute vital y nuestro rendimiento en cada una de las áreas de nuestras vidas. Este fenómeno aparece especialmente en los trastornos de ansiedad, pero también es típico de ciertos trastornos de la personalidad como el Trastorno de la personalidad Obsesivo Compulsivo. 

Para afrontarlo y mejorarlo, es importante tener en cuenta que no debemos plantearnos eliminar o evitar nuestras predicciones, y por tanto, nuestra necesidad de control. Sino que es importante reducirlo, identificando cuándo lo estamos haciendo, porqué, y planteándonos alternativas que ayuden a contemplar opciones más realistas, constructivas y positivas ante un mismo acontecimiento. Orientaciones psicológicas como la Cognitivo-Conductual o la Sistémica pueden ayudarte mucho a potenciar estas habilidades. Ponte en contacto con nuestro equipo de terapeutas, situado en Mataró, y te facilitaremos todo aquello que necesites. 

¿Sabías que tener un propósito en la vida te hará vivir más y mejor?

Para tener una vida satisfactoria y plena es imprescindible que te marques metas significativas.

Algunas personas buscan dar un significado a sus vidas a través de la familia, otros a través del trabajo y el dinero y otros a través de la religión. Sin embargo, otros muchos viven por inercia y se dejan llevar por la rutina, como auténticos robots.

Es importante marcar varios propósitos o metas vitales, para no centrar toda nuestra atención y esfuerzo en un solo objetivo. Además, hay que tener en cuenta que las metas puedes cambiar a lo largo de la vida ya que nuestros intereses son cambiantes y evolucionan al ritmo que nosotros también evolucionamos.

Tener objetivos en la vida nos moviliza y nos encamina hacia una dirección, y nos anima a movernos en dicha dirección con ánimo y responsabilidad.

La motivación tiene mucho que ver con la capacidad de ponerte estas metas, ya que una persona que alcanza una meta significativa es una persona que vive más feliz y más motivada para alcanzar nuevas metas.

Los objetivos pueden ser materiales como comprarte el coche de tus sueños o comprar una bonita casa con piscina, o inmateriales como aprender a ser más tolerante o tener más paciencia con mis hijos. Sean materiales o no, todos suman y todos son importantes.

Pero más allá de los objetivos, también es clave tener una misión en la vida, dar un sentido a tu existencia. A veces lleva años entender cuál es tu propósito más importante a alcanzar, pero una vez lo tienes, tu vida en general es más fácil y tu actitud es mucho mejor, ya que todo cobra sentido. Trabaja por encontrar tus objetivos y ve más allá y busca cuál es tu MISIÓN.

Te propongo que elabores una lista de objetivos vitales a largo plazo (a alcanzar a lo largo de la vida), a medio plazo (a alcanzar en el próximo año) y a corto plazo (a alcanzar en el próximo mes). Revisa a menudo tus listas y fíjate bien si estás bien encaminado o debes hacer algún cambio para ponerte en el camino adecuado.

Texto: Cristina Martínez Viana

En ocasiones, y quizás ahora cobra más sentido, llegamos a hacer las cosas sin pensar. Transcurre nuestro día a día y realizamos nuestros hábitos, nuestras rutinas por inercia, pudiendo incluso estar atendiendo a otros asuntos. A esto, podemos denominarlo encender el piloto automático. Además, y ahora que podemos tener más tiempo, cuando nos paramos a pensar, es probable que lo hagamos sobre el futuro, anticipando posibles escenarios que en ciertos momentos pueden llegar a ser especialmente negativos. 

Esto puede tener diferentes repercusiones; a veces simplemente, sin darnos cuenta, podemos reaccionar de maneras algo incongruentes con lo que nosotros somos. Otras, cuando nos apercibimos, nos podemos sorprender por cómo hemos actuado. Ambas opciones lo que denotan es que pasamos poco tiempo preguntándonos por qué, atendiendo a nuestro cuerpo y mente y conectando con el momento presente. Esto es debido, en buena parte, a que no le damos importancia. Estamos tan focalizados en solventar nuestras responsabilidades o en afrontar situaciones hipotéticas del futuro, que minimizamos el ahora. Pues bien, si nos paramos, y nos escuchamos, podemos descubrir muchos beneficios que hasta el momento permanecían latentes, escondidos. Así, entre los aspectos que podemos potenciar se encuentran los siguientes:

  • Autoconocimiento: es evidente que este se verá beneficiado. Con el simple acto de analizar qué estamos haciendo, pensando, y sintiendo, nos permitimos aprender de nuestra persona, e incluso también más de los demás, ya que podremos comprobar que tenemos muchos más puntos en común de los que imaginábamos.

  • Anticipación y prevención: Podríamos decir que el anterior lleva inevitablemente a este. Si lo practicamos con regularidad, podremos ver como actuamos de manera similar en diferentes situaciones. Ello nos puede permitir con el tiempo anticiparnos, y cambiar nuestra conducta, fortaleciendo la seguridad en nosotros mismos y nuestro estado de ánimo. 

  • Importancia del presente: Haciendo este simple ejercicio, minimizamos la importancia y el tiempo dedicado al pasado y al futuro, algo frecuente en trastornos como la depresión o el Trastorno de Ansiedad Generalizada. Por tanto, lo que provocamos es que conectemos con el ahora, algo que promueve de manera significativa el Mindfulness. Si lo pensamos, el presente es nuestra realidad más certera, y cuanto más lo exprimamos y aprovechemos, mejor nos sentiremos. 

El uso de lo que denominamos diario emocional, o cualquier tipo de registro, y rellenarlo en algún momento del día, puede ayudarnos a potenciar la autoobservación. En nuestro centro de psicología, en Mataró, te proporcionamos herramientas y estrategias para este o cualquier otro tema que te interese. Llámanos, estamos a tu disposición. 

Martin Seligman, psicólogo norteamericano, escritor y director del Departamento de Psicología de la Universidad de Pensilvania, es el pionero de la psicología positiva, una nueva rama que nace en los años 90 y que se dedica al estudio científico de todo lo que hace feliz al ser humano.

Seligman concluyó que la felicidad se puede construir trabajando intensamente en 3 dimensiones muy concretas:

  • Crear una vida gratificante, que consiste en saber crear emociones positivas y que éstas tengan durabilidad. Para ello, primero hay que tener las necesidades básicas cubiertas. Hay también encontrar el equilibrio entre pasado, presente y futuro. Por ello es fundamental valorar el pasado, desarrollar atención y conciencia plena con el momento presente y mirar al futuro con optimismo y confianza.
  • Construir una buena vida, alcanzando nuestro máximo potencial humano, trabajando a diario las diferentes fortalezas personales.
  • Tener una vida significativa, lo que está estrechamente relacionada con el concepto de realización personal de Maslow, y que tiene que ver con la dimensión de la bondad, es decir, saber elevarnos más allá del placer personal para ponernos al servicio de las personas que nos rodean.

Meditar en el amor, la compasión y el altruismo no sólo hace felices a los demás, sino que repercute directamente en nuestro nivel de felicidad y satisfacción personal.

La felicidad es una combinación de fortalezas personales e identificó 24. Estas fortalezas se pueden medir y se pueden desarrollar. Las fortalezas son la vía para alcanzar las 6 VIRTUDES HUMANAS. Éstas son las 6 virtudes con cada una de las fortalezas asociadas:

  • SABIDURIA Y CONOCIMIENTO: Son las fortalezas que implican la adquisición y uso del conocimiento: CREATIVIDAD, CURIOSIDAD, APERTURA DE MENTE, DESEO DE APRENDER y SABIDURIA.
  • VALENTÍA: Fortalezas que implican alcanzar objetivos a pesar de las dificultades internas o externas: VALOR, PERSISTENCIA, AUTENTICIDAD y VITALIDAD.
  • HUMANIDAD: Fortalezas que implican cuidar y dar amor a los demás: AMOR, AMABILIDAD y INTELIGENCIA SOCIAL.
  • JUSTICIA: Fortalezas que implican llevar una vida en comunidad saludable: CIUDADANÍA, JUSTICIA y LIDERAZGO.
  • MODERACIÓN: Fortalezas que nos protegen contra los excesos: PERDÓN Y COMPASIÓN, HUMILDAD, PRUDENCIA y AUTOCONTROL.
  • TRASCENDENCIA: Fortalezas que dan significado a la vida: GRATITUD, aprecia DE LA BELLEZA Y LA EXCELENCIA, ESPERANZA, SENTIDO DEL HUMOR y ESPIRITUALIDAD

La gratitud es una de las fortalezas personales dentro de la virtud humana de la trascendencia. Practicar la gratitud incrementa la felicidad y protege contra la depresión y el estrés.

Los 6 ejercicios para incrementar la gratitud que os proponemos a continuación aumentarán la visión positiva de su vida, su capacidad de ser resilientes, la autoestima y la felicidad.

  1. DIARIO DE LA GRATITUD:

Consiste en escribir cada día, idealmente al terminar el día, las 3 cosas por las que estás más agradecido del día. Si hacerlo a diario se hace demasiado pesado, se puede optar por hacer esta tarea 1 vez por semana pero registrar al menos 5 cosas por las que estás agradecido en tu vida en relación a cosas que hayan sucedido en los últimos 7 días. Este ejercicio nos ayudará a focalizar nuestra atención en lo positivo y obviar las negativas y actuará como entrenamiento que permitirá que nuestro cerebro se convierta en una especie de «radar» de las cosas positivas de la vida.

  1. PASEO DE LA GRATITUD

Desgraciadamente vamos permanentemente en modo «piloto automático», lo cual nos ayuda a optimizar nuestros recursos, pero pagamos un alto precio, pues nos perdemos muchos detalles e intensidad emocional en las cosas que vivimos, ya que no procesamos toda la información que recibimos a través de todos nuestros sentidos y por lo tanto nos perdemos una parte de la experiencia.

Estos ejercicio consiste en salir a dar un paseo consciente, poniendo toda nuestra atención a lo que nos rodea y también a cómo nos sentimos, poniendo énfasis en lo positivo que hay a nuestro alrededor: la belleza de la arquitectura que nos rodea, la sonrisa de un niño en brazos de su madre, el olor a café al pasar junto a una cafetería, las tiendas abiertas que dan vida a la ciudad … en fin, a las cosas que vemos cada día pero que nos pasan inadvertidas y poner nuestro foco de atención en ellas.

  1. EL BOTE DE LA GRATITUD:

Consiste en llenar un frasco transparente con notas de agradecimiento, es decir, escribiremos en varias notas de papel las cosas por las que estamos agradecidos y que valoramos de nuestra vida. No te olvides de nada! Escribe tantas notas como puedas. Los mensaje de estas pequeñas notas deben empezar con frases como «Estoy agradecido por …» «Valoro …» «Doy gracias por …» Puedes poner tantas notas como quieras al día a medida que vayas tomando conciencia de las cosas por las que estás agradecido y pone este puede visible en algún lugar de la casa, porque así lo verás, literalmente, lleno de cosas buenas. También puedes releer tus notas en momentos de desánimo, en los que te cueste encontrar las cosas positivas de tu vida o simplemente en un «mal día».

  1. LA CAJA DE LA GRATITUD:

Este es un bonito ejercicio para ejercitar esta fortaleza y compartir tus sentimientos positivos con los que más quieres. Consiste en escribir una carta dirigida a algún ser querido explicándole por qué el valoras y por qué cosas le estás agradecido. Pones esta carta dentro de la caja, la lías con un bonito papel de regalo y le haces entrega de este hermoso regalo. Este mismo ejercicio lo puedes hacer dirigido a ti mismo! Es importante que dirijas la gratitud hacia los demás y hacia la vida, pero también hacia ti mismo.

  1. INVENTARIO DE LA GRATITUD:

Consiste en escribir una larga lista de cosas por las que estás agradecido y que valoras de la vida. Cuantas más, mejor. Divide esta lista en 4 categorías para ayudarte en esta tarea: tus fortalezas personales, tus posesiones materiales, tus relaciones personales significativas y tus experiencias vividas.

  1. LA SILLA DE LA GRATITUD

Esta es una dinámica grupal de lo más bonita. La puedes hacer con tu familia, tus amigos, tus compañeros de trabajo o con cualquier grupo de personas con las que tengas una relación. Consiste en poner una silla delante de todos y la persona que se siente recibirá comentarios positivos de los otros, que expresarán por qué se sienten agradecidos y que valoran de esta persona. La idea es que todos pasen por la silla de la gratitud para poder recibir amor y saber qué piensan de positivo los otros de la persona que ocupa la silla especial.

 

Texto: Dra. Cristina Martínez Viana