En ocasiones, y quizás ahora cobra más sentido, llegamos a hacer las cosas sin pensar. Transcurre nuestro día a día y realizamos nuestros hábitos, nuestras rutinas por inercia, pudiendo incluso estar atendiendo a otros asuntos. A esto, podemos denominarlo encender el piloto automático. Además, y ahora que podemos tener más tiempo, cuando nos paramos a pensar, es probable que lo hagamos sobre el futuro, anticipando posibles escenarios que en ciertos momentos pueden llegar a ser especialmente negativos. 

Esto puede tener diferentes repercusiones; a veces simplemente, sin darnos cuenta, podemos reaccionar de maneras algo incongruentes con lo que nosotros somos. Otras, cuando nos apercibimos, nos podemos sorprender por cómo hemos actuado. Ambas opciones lo que denotan es que pasamos poco tiempo preguntándonos por qué, atendiendo a nuestro cuerpo y mente y conectando con el momento presente. Esto es debido, en buena parte, a que no le damos importancia. Estamos tan focalizados en solventar nuestras responsabilidades o en afrontar situaciones hipotéticas del futuro, que minimizamos el ahora. Pues bien, si nos paramos, y nos escuchamos, podemos descubrir muchos beneficios que hasta el momento permanecían latentes, escondidos. Así, entre los aspectos que podemos potenciar se encuentran los siguientes:

  • Autoconocimiento: es evidente que este se verá beneficiado. Con el simple acto de analizar qué estamos haciendo, pensando, y sintiendo, nos permitimos aprender de nuestra persona, e incluso también más de los demás, ya que podremos comprobar que tenemos muchos más puntos en común de los que imaginábamos.

  • Anticipación y prevención: Podríamos decir que el anterior lleva inevitablemente a este. Si lo practicamos con regularidad, podremos ver como actuamos de manera similar en diferentes situaciones. Ello nos puede permitir con el tiempo anticiparnos, y cambiar nuestra conducta, fortaleciendo la seguridad en nosotros mismos y nuestro estado de ánimo. 

  • Importancia del presente: Haciendo este simple ejercicio, minimizamos la importancia y el tiempo dedicado al pasado y al futuro, algo frecuente en trastornos como la depresión o el Trastorno de Ansiedad Generalizada. Por tanto, lo que provocamos es que conectemos con el ahora, algo que promueve de manera significativa el Mindfulness. Si lo pensamos, el presente es nuestra realidad más certera, y cuanto más lo exprimamos y aprovechemos, mejor nos sentiremos. 

El uso de lo que denominamos diario emocional, o cualquier tipo de registro, y rellenarlo en algún momento del día, puede ayudarnos a potenciar la autoobservación. En nuestro centro de psicología, en Mataró, te proporcionamos herramientas y estrategias para este o cualquier otro tema que te interese. Llámanos, estamos a tu disposición. 

Martin Seligman, psicólogo norteamericano, escritor y director del Departamento de Psicología de la Universidad de Pensilvania, es el pionero de la psicología positiva, una nueva rama que nace en los años 90 y que se dedica al estudio científico de todo lo que hace feliz al ser humano.

Seligman concluyó que la felicidad se puede construir trabajando intensamente en 3 dimensiones muy concretas:

  • Crear una vida gratificante, que consiste en saber crear emociones positivas y que éstas tengan durabilidad. Para ello, primero hay que tener las necesidades básicas cubiertas. Hay también encontrar el equilibrio entre pasado, presente y futuro. Por ello es fundamental valorar el pasado, desarrollar atención y conciencia plena con el momento presente y mirar al futuro con optimismo y confianza.
  • Construir una buena vida, alcanzando nuestro máximo potencial humano, trabajando a diario las diferentes fortalezas personales.
  • Tener una vida significativa, lo que está estrechamente relacionada con el concepto de realización personal de Maslow, y que tiene que ver con la dimensión de la bondad, es decir, saber elevarnos más allá del placer personal para ponernos al servicio de las personas que nos rodean.

Meditar en el amor, la compasión y el altruismo no sólo hace felices a los demás, sino que repercute directamente en nuestro nivel de felicidad y satisfacción personal.

La felicidad es una combinación de fortalezas personales e identificó 24. Estas fortalezas se pueden medir y se pueden desarrollar. Las fortalezas son la vía para alcanzar las 6 VIRTUDES HUMANAS. Éstas son las 6 virtudes con cada una de las fortalezas asociadas:

  • SABIDURIA Y CONOCIMIENTO: Son las fortalezas que implican la adquisición y uso del conocimiento: CREATIVIDAD, CURIOSIDAD, APERTURA DE MENTE, DESEO DE APRENDER y SABIDURIA.
  • VALENTÍA: Fortalezas que implican alcanzar objetivos a pesar de las dificultades internas o externas: VALOR, PERSISTENCIA, AUTENTICIDAD y VITALIDAD.
  • HUMANIDAD: Fortalezas que implican cuidar y dar amor a los demás: AMOR, AMABILIDAD y INTELIGENCIA SOCIAL.
  • JUSTICIA: Fortalezas que implican llevar una vida en comunidad saludable: CIUDADANÍA, JUSTICIA y LIDERAZGO.
  • MODERACIÓN: Fortalezas que nos protegen contra los excesos: PERDÓN Y COMPASIÓN, HUMILDAD, PRUDENCIA y AUTOCONTROL.
  • TRASCENDENCIA: Fortalezas que dan significado a la vida: GRATITUD, aprecia DE LA BELLEZA Y LA EXCELENCIA, ESPERANZA, SENTIDO DEL HUMOR y ESPIRITUALIDAD

La gratitud es una de las fortalezas personales dentro de la virtud humana de la trascendencia. Practicar la gratitud incrementa la felicidad y protege contra la depresión y el estrés.

Los 6 ejercicios para incrementar la gratitud que os proponemos a continuación aumentarán la visión positiva de su vida, su capacidad de ser resilientes, la autoestima y la felicidad.

  1. DIARIO DE LA GRATITUD:

Consiste en escribir cada día, idealmente al terminar el día, las 3 cosas por las que estás más agradecido del día. Si hacerlo a diario se hace demasiado pesado, se puede optar por hacer esta tarea 1 vez por semana pero registrar al menos 5 cosas por las que estás agradecido en tu vida en relación a cosas que hayan sucedido en los últimos 7 días. Este ejercicio nos ayudará a focalizar nuestra atención en lo positivo y obviar las negativas y actuará como entrenamiento que permitirá que nuestro cerebro se convierta en una especie de «radar» de las cosas positivas de la vida.

  1. PASEO DE LA GRATITUD

Desgraciadamente vamos permanentemente en modo «piloto automático», lo cual nos ayuda a optimizar nuestros recursos, pero pagamos un alto precio, pues nos perdemos muchos detalles e intensidad emocional en las cosas que vivimos, ya que no procesamos toda la información que recibimos a través de todos nuestros sentidos y por lo tanto nos perdemos una parte de la experiencia.

Estos ejercicio consiste en salir a dar un paseo consciente, poniendo toda nuestra atención a lo que nos rodea y también a cómo nos sentimos, poniendo énfasis en lo positivo que hay a nuestro alrededor: la belleza de la arquitectura que nos rodea, la sonrisa de un niño en brazos de su madre, el olor a café al pasar junto a una cafetería, las tiendas abiertas que dan vida a la ciudad … en fin, a las cosas que vemos cada día pero que nos pasan inadvertidas y poner nuestro foco de atención en ellas.

  1. EL BOTE DE LA GRATITUD:

Consiste en llenar un frasco transparente con notas de agradecimiento, es decir, escribiremos en varias notas de papel las cosas por las que estamos agradecidos y que valoramos de nuestra vida. No te olvides de nada! Escribe tantas notas como puedas. Los mensaje de estas pequeñas notas deben empezar con frases como «Estoy agradecido por …» «Valoro …» «Doy gracias por …» Puedes poner tantas notas como quieras al día a medida que vayas tomando conciencia de las cosas por las que estás agradecido y pone este puede visible en algún lugar de la casa, porque así lo verás, literalmente, lleno de cosas buenas. También puedes releer tus notas en momentos de desánimo, en los que te cueste encontrar las cosas positivas de tu vida o simplemente en un «mal día».

  1. LA CAJA DE LA GRATITUD:

Este es un bonito ejercicio para ejercitar esta fortaleza y compartir tus sentimientos positivos con los que más quieres. Consiste en escribir una carta dirigida a algún ser querido explicándole por qué el valoras y por qué cosas le estás agradecido. Pones esta carta dentro de la caja, la lías con un bonito papel de regalo y le haces entrega de este hermoso regalo. Este mismo ejercicio lo puedes hacer dirigido a ti mismo! Es importante que dirijas la gratitud hacia los demás y hacia la vida, pero también hacia ti mismo.

  1. INVENTARIO DE LA GRATITUD:

Consiste en escribir una larga lista de cosas por las que estás agradecido y que valoras de la vida. Cuantas más, mejor. Divide esta lista en 4 categorías para ayudarte en esta tarea: tus fortalezas personales, tus posesiones materiales, tus relaciones personales significativas y tus experiencias vividas.

  1. LA SILLA DE LA GRATITUD

Esta es una dinámica grupal de lo más bonita. La puedes hacer con tu familia, tus amigos, tus compañeros de trabajo o con cualquier grupo de personas con las que tengas una relación. Consiste en poner una silla delante de todos y la persona que se siente recibirá comentarios positivos de los otros, que expresarán por qué se sienten agradecidos y que valoran de esta persona. La idea es que todos pasen por la silla de la gratitud para poder recibir amor y saber qué piensan de positivo los otros de la persona que ocupa la silla especial.

 

Texto: Dra. Cristina Martínez Viana

El descanso, y concretamente el sueño, constituye un elemento indispensable de nuestro día a día. Aunque son muchas las hipótesis que se han realizado entorno a este y sus funciones, la más aceptada es la que lo vincula con la reparación y el procesamiento de nuestro organismo. Podríamos decir que ayuda principalmente a mantener nuestra homeostasis vital, nuestro equilibrio. Seguro que habremos notado en más de una ocasión como se nos hace mucho más difícil afrontar el día cuando no hemos descansado lo suficiente, estando fatigados o incluso con cierto dolor de cabeza.. Esto sería uno de los ejemplos en menor escala, pero las consecuencias pueden ir mucho más allá.

Los cambios de rutina, y principalmente los hábitos irregulares, pueden resultar en una alteración muy significativa del sueño. Los ritmos circadianos son unos mecanismos que se encargan de regular el correcto funcionamiento de los ciclos luz-oscuridad. Durante el dia, fomentan que el cuerpo esté activado, y que nuestras funciones vitales actúen para afrontar las diferentes situaciones de nuestro día a día. Por la noche, en cambio, segregamos una substancia denominada melatonina, la cual nos permite descansar. Todo esto se realiza detectando los cambios de luz. De esta forma, durante el sueño procesamos y consolidamos toda la información que hemos ido elaborando durante el dia, y además, se reestablecen nuestras funciones fisiológicas. Por ello, decimos que el sueño es reparador, pero si lo respetamos. Si cambiamos nuestros hábitos, durmiendo demasiadas horas durante el día, y pocas durante la noche, provocamos una alteración en nuestro organismo, el cual difícilmente nos va a mentir cuando necesita algo. 

Entre las alteraciones más comunes, a parte de las inicialmente citadas, pueden aparecer oscilaciones del estado de ánimo, irritabilidad, conducta impulsiva, e incluso problemas de ansiedad o depresivos. Esto, lleva además a problemas secundarios como un bajo rendimiento laboral, problemas familiares y relacionales…etc. Ante esto, alternativas como la higiene del sueño pueden resultar muy útiles. Ésta, consiste en un procedimiento educativo que busca mejorar principalmente dos aspectos; los factores ambientales relacionados con el sueño (ruido, luz, temperatura…) y los hábitos inadecuados (ejercicio, dieta, disminución del consumo de cafeína, ir a dormir a cierta hora…). Se ha utilizado con eficacia para el insomnio, y ha demostrado resultados muy prometedores para diferentes problemas de sueño. 

Si deseas ampliar la información al respecto, o crees que puede beneficiarte nuestra ayuda, los profesionales de nuestro centro, en Mataró, especializados en orientaciones como la Terapia Cognitivo-Conductual o el EMDR, te proporcionarán todo aquello que necesites. No lo dudes y llámanos, estaremos encantados de atenderte. 

 

El mundo de las emociones puede resultar complejo, subjetivo, incierto y en ocasiones podemos incluso percibirlo como peligroso. Desde pequeños, aprendemos a gestionarlas y afrontarlas en base al aprendizaje, a la interacción social, y en ocasiones, incluso mediante la imitación. Una de las estrategias que a veces adoptamos, es la represión, o la no aceptación, con lo cual fomentamos que cuando éstas vuelvan a aparecer, lo hagan con mayor frecuencia e intensidad.

Esto último es especialmente importante para comprender el primer paso para una correcta gestión: no es la emoción en sí la que nos genera malestar, sino su intensidad, su frecuencia, y sobretodo nuestra interpretación sobre ella. La alegría, la tristeza, la rabia, el miedo, la culpa… todas ellas son ejemplos de emociones, y de por sí, igualmente válidas. Algunas, nos pueden resultar más tolerables, e incluso agradables, pero ciertamente resulta difícil sino imposible pensar que alguna persona no pasará por todo el espectro emocional durante su vida. En ocasiones, y ante sucesos con un elevado impacto emocional, es posible que percibamos la aparición de estas sensaciones como de manera externa, inesperada, considerándolas como poco controlables. Pero todo lo contrario, es posible gestionarlo y regularlo. 

Podemos entender la regulación o gestión emocional como la capacidad de un individuo para experimentar, influenciar, controlar y expresar emociones, de tal forma que dichos estados emocionales no interfieran la conducta dirigida a objetivos de su medio. En este sentido, puede resultar igual de importante disminuir, como mantener o incrementar una emoción. La desregulación, por contra, se produce cuando la persona es incapaz de aceptar o cambiar diferentes componentes del proceso emocional, o cuando experimenta un nivel de intensidad desmedido que interfiere con su autocontrol. En problemas como los trastornos de ansiedad, en los ataques de pánico, o incluso en los trastornos de personalidad, puede existir una gran dificultad para la gestión de las emociones. 

En nuestro centro de psicología, situado en Mataró, encontrarás un grupo de profesionales formados en diferentes vertientes que te ayudarán a afrontar este, o cualquier otro problema que te preocupe. Llámanos y te atenderemos encantados. 

Ante acontecimientos como el que ahora nos está tocando vivir, emergen fenómenos tanto individuales como colectivos, a los que merece la pena prestar atención, ya que ayudan a comprender el funcionamiento del ser humano. Resulta innegable el impacto que esta situación está teniendo en nuestras vidas, y éste puede traducirse, en parte, en cuestionarnos diferentes aspectos de nuestro día a día. Uno de ellos, especialmente importante ahora, es el de la comparación o diferenciación entre salud y bienestar. 

Nos encontramos inmersos en una rutina, un estilo de vida en el que nuestras responsabilidades nos hacen estar preocupados por diferentes aspectos, los cuales pueden alejarse mucho de nuestra salud. En general, vivimos enfocados a obtener bienestar, comodidad, y cuanta más, mejor. Esto, a veces incluso nos lleva a hacer cosas que van justo en contra de nuestro cuidado, ignorando o evitando su importancia, y poniendo por delante el placer que nos produce (p.ej., consumo de tabaco o alcohol). Junto a esto, el ritmo frenético al que estamos sometidos nos hace desenfocarnos de aspectos que ahora pueden ir resaltando y aparecer como verdaderamente importantes. Es cierto que esta situación atenta principalmente contra nuestra salud física, pero no son menos significativas las consecuencias psicológicas y emocionales que se derivan. Y tal y como define la OMS, la salud es un estado de perfecto (completo) bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de enfermedad. De ello se deriva la importancia de mantener un total equilibrio en nuestra vida.

Esto último, llevado a un nivel más general, nos debe hacer ver la importancia de cuidarnos y de prevenir, no solo a un nivel físico, sino claramente psicosocial. No debería ser necesaria la ocurrencia de pandemias o situaciones de emergencia para darnos cuenta de esto, pero no debemos desaprovechar la oportunidad para reflexionar sobre ello. De esta forma, es incluso posible que preocupaciones que tenemos en nuestro día a día, se hayan visto minimizadas por lo que estamos viviendo, y que por otro lado, detalles como el tiempo que pasamos en familia, la comunicación con aquellos con los que estamos cerca, o la estructuración de nuestro día a día esten teniendo mayor relevancia. Además, trasladándolo al ámbito de la salud mental, en muchas ocasiones minimizamos o ignoramos el impacto que tienen ciertos acontecimientos en nuestro estado de ánimo, o incluso la importancia de ciertos trastornos psicológicos. El miedo, la angustia, la ansiedad, la tristeza, e incluso ciertas problemáticas como la depresión pueden verse agudizadas por situaciones como la presente. 

Por todo lo comentado, la concienciación, al igual que lo está siendo la repercusión de este momento, debe ser global. En conclusión, se nos olvida que para obtener el mayor bienestar posible, hay que tener salud. Si deseas recibir más información, o te interesa cualquier otra temática, ponte en contacto con nuestros profesionales. En nuestro centro de psicología, en Mataró, estaremos encantados de atenderte. 

Nuestras vidas se están viendo desestabilizadas por algo que no preveniamos. Nos encontramos en una situación sin precedentes, la cual está provocando un impacto a todos los niveles; tanto personal, como social, cultural, económico e incluso político. Ante esto, y aunque cada uno de nosotros lo podamos sufrir de diferente manera en función de nuestras características personales y de nuestra situación particular, los sentimientos de miedo, indefensión, rabia, frustración y tristeza, emergen automáticamente y casi como mecanismo inconsciente de supervivencia, y son estos los que en mayor parte definen esta difícil situación, ya que podemos decir que los compartimos en su mayoría.

Junto a estos, aparecen los problemas personales, las dificultades familiares y de pareja, y las limitaciones laborales. Todo ello conforma una espiral que puede resultar complicada de combatir, de revertir. De esta forma, podemos decir que el impacto o las consecuencias tienen un carácter global, común, y por ello compartimos muchas de las dificultades que nos está provocando. Ante ello, existen una serie de estrategias que pueden ayudarnos a afrontar esta situación:

A nivel cognitivo (qué pensamos): Se enmarcarían aquí todo el conjunto de pensamientos, interpretaciones y anticipaciones que realizamos acerca de la situación. Esta parte es especialmente importante ya que marca cómo nos sentimos, y cómo actuamos. En ocasiones es inevitable ponernos en el peor de los escenarios, pero puede ser útil intentar controlar nuestra mente. Para ello, debemos permitirnos dar cabida a interpretaciones más realistas de lo que está sucediendo, y no sólo negativas, ya que todas ellas son válidas. Además, debemos procurar basarnos en la información que nos proporcionen las autoridades sanitarias, y procurar no ir más allá. Por último, no únicamente centrarnos en lo que no podemos hacer, sino también en lo que sí. Esto último nos lleva al siguiente punto.

A nivel conductual (qué hacemos): Son todos aquellos comportamientos y actitudes que adoptamos ante el suceso. Ciertamente, esta situación supone un cambio en nuestro día a día, pero es importante ver cómo podemos reajustar nuestra rutina, con tal de fomentar una máxima normalidad. Así, tener distribuidos los espacios para el trabajo, las responsabilidades del hogar y familiares, y para el ocio, resulta sumamente importante. Debemos procurar conservar el tiempo para nosotros mismos, y buscar actividades gratificantes que promuevan un estado de ánimo positivo. Cuanto más lo estructuremos y lo respetemos, mayor control adquiriremos sobre la situación. 

A nivel emocional (cómo nos sentimos): No podemos olvidarnos de gestionar todo el conjunto de sentimientos y sensaciones que nos genera este momento. Aunque indirectamente con lo dicho con anterioridad podemos incidir sobre este componente, de manera directa es importante en primer lugar aceptar nuestro estado anímico, e incluso tener ciertos momentos para procesar nuestras emociones. Algo así como permitirnos sin juzgarnos. Además, resulta clave conservar una comunicación fluida con gente cercana, ya que por un lado ayuda a aliviar nuestro malestar a través de la exteriorización, y por el otro, promueve la confianza entre nosotros, pudiendo ver que no estamos solos ante esto. 

Junto a las anteriores, existen diferentes estrategias que podrían englobarse en cada una de las categorías citadas. Desde orientaciones como la Terapia Cognitivo-Conductual o desde la Terapia Sistémica puedes encontrar alternativas que te faciliten un afrontamiento óptimo. Nuestros equipo de profesionales, en Mataró, poseen formación en éstas y otras intervenciones. Si deseas recibir más información, no dudes en contactar con nosotros, te ayudaremos. 

Nos encontramos en una situación difícil, en un momento en el que debemos adaptarnos a algo nuevo, algo aparentemente inusual pero real. Son muchos los cambios que debemos realizar, siendo el primero el de nuestra rutina diaria. No solo nos enfrentamos a una enfermedad, sino a nuestros temores, y son estos los que mayormente nos pueden llevar a desestabilizarnos emocionalmente. Cada uno haremos nuestras hipótesis sobre lo que creemos que podemos hacer, lo que puede pasar, cuándo terminará, todo en base a la información que vayamos recibiendo. A todo esto le podemos llamar jugar con la incertidumbre, uno de nuestros mayores miedos. 

Las personas poseemos una mente científica, necesitamos resultados concretos y esperables, de tal forma que tengamos la sensación de que controlamos nuestra vida. Lamentablemente en muchas ocasiones esto no es posible, y emergen sentimientos como la angustia, la ansiedad o la desesperación, especialmente cuando lo que sucede lo percibimos como potencialmente peligroso. Junto a estos, pueden incluso surgir problemas de autoestima al no vernos capaces de hacerle frente . En esta situación, podemos ser nuestros peores enemigos, y lo que debemos entender es que, ya no es tanto el hecho en sí lo que nos produce malestar, sino nuestras predicciones y anticipaciones constantes, en forma de escenarios claramente negativos e incluso catastróficos (p.ej., “voy a morir”; “seguro que me echan del trabajo”; “no terminará nunca”…). Por ello, es importante afrontarlo de la mejor forma posible, de tal manera que consigamos estabilizarnos y, dicho de forma simple, mantener la calma. Para ello podemos utilizar diferentes estrategias:

  • Mente objetiva: Resulta uno de los métodos más relevantes. Como se ha visto, nuestra mente nos la jugará creando escenarios muy negativos. Lo más importante es tener en cuenta que existen otras alternativas, seguramente mucho menos catastróficas, y sobre todo mucho más válidas que las que anticipamos. Debemos simplemente considerarlas, recordárnoslas, y confiar en que puedan darse de esta manera. No se trata de ser exageradamente optimista, sino simplemente de empequeñecer la potencia de las interpretaciones negativas, y dar cabida a pensamientos e hipótesis realistas, y tranquilizadoras. 

  • Contrastar y aceptar la información: Este está muy ligado con el anterior. El miedo puede hacer que vayamos directamente a confirmar nuestros mayores temores con información errónea. Así, para conseguir ser racionales, relativizar, y disminuir el miedo, es importante ceñirnos a la información que nos proporcionen, y únicamente la que nos llegue de las autoridades sanitarias y gubernamentales. Algo así como ni más ni menos. 

  • Exteriorizar y comunicarnos: Debemos mantener el contacto con las personas de confianza, y exteriorizar nuestro malestar. Esto, por un lado ayuda por un lado a sacar ciertas emociones negativas, y por el otro, permite ver que no estamos solos ante la situación. Además, fomenta la confianza interpersonal, facilitando que los demás se permitan abrirse también con más facilidad.

  • Mantener una rutina y hábitos: Es importante intentar ver que no todo debe girar entorno al problema, y procurar conservar una rutina diária lo más saludable y estructurada posible dentro de la “improvización” que nos está tocando vivir. De esta forma, intentar adaptar nuestras actividades resulta primordial, y ver hasta qué punto podemos conservar su realización con tal de sentirnos adaptados y con control.

Esta y otras estrategias pueden resultar muy útiles para combatir un miedo que resulta particularmente frecuente. Ponte en contacto con nuestro equipo de psicólogos, en Mataró. Estos te facilitarán toda la información que necesites sobre este o cualquier otro tema que te interese. 

Los trastornos disociativos constituyen un grupo heterogéneo de problemáticas complejas en las que aparece una alteración en las funciones de integración de la conciencia, la identidad, la memoria y la percepción del entorno. Es decir, existe una ruptura parcial o completa entre ciertos recuerdos del pasado, la conciencia de la propia identidad, ciertas sensaciones inmediatas y el control de los movimientos del cuerpo. En ocasiones, pueden darse fenómenos disociativos pasajeros que no constituyen categorías específicas, pero cuando suponen una limitación importante en la vida de la persona, y perduran durante un tiempo significativo, hablamos de patologías o trastornos específicos. 

Entre ellos, uno de los más complejos y a la vez interesante, es el Trastorno de Identidad Disociativo (TID). Su principal característica es una perturbación de la identidad en la que aparecen dos o más estados claramente definidos de la personalidad. Al producirse el cambio o la escisión entre personalidades, se observa una discontinuidad del sentido del yo y de la propia identidad, acompañado de perturbaciones del afecto (depresión, ansiedad…), el comportamiento, el conocimiento y la percepción. Junto a estos, también son frecuentes los lapsos de memoria sobre acontecimientos cotidianos e información personal relevante. Aunque es un trastorno cuya prevalencia es más bien baja, su aparición es cada vez más frecuente. Además, puede suponer uno de los trastornos psicológicos más incapacitantes. Uno de los fenómenos más curiosos de este trastorno, es la conciencia o no por parte de las personalidades, de la existencia de las otras. En este sentido, puede presentarse de diferentes formas: puede que se presenten independientemente, que una predomine y tenga conciencia de las demás, o que todas se conozcan. Ese último caso es el menos prevalente. 

En cuanto a su etiología, se ha propuesto que puede surgir como un fenómeno protector. En este sentido, el TID suele aparecer tras sufrir acontecimientos traumáticos, y es por ello que se asocia principalmente con el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT). En niños es importante no confundirlo con juegos fantasiosos, ya que suele ser común que tengan amigos imaginarios, o que generen situaciones ficticias en el juego. Finalmente, como datos a tener presentes, mencionar que el problema parece iniciarse en la infancia, y aparece de forma mucho más significativa en mujeres. 

Si deseas recibir más información sobre este o cualquier otro tema que te interese, estaremos encantados de atenderte. Nuestros psicólogos y psiquiatras, en Mataró, te proporcionarán toda la ayuda que necesites. 

Podemos definir el autocontrol como la capacidad del ser humano para alterar sus propias dinámicas o comportamientos, potenciando sus posibilidades de adaptación al poder ir ajustando sus acciones a distintos contextos y situaciones. A nivel general, muy probablemente hemos oído o utilizado la expresión “tiene mucho o poco autocontrol”; con ello comunmente hacemos referencia a una característica inherente a las personas, las cuales pueden tener en mayor o menor grado. Contrario a esta concepción, como veremos se trata más de una habilidad que puede entrenarse, que de algo exclusivamente innato. 

En la línea de lo último expuesto, son muchos los autores que han intentado definir este concepto. La mayoría de ellos, coincide en remarcar que no tiene nada que ver con voluntad, entereza o confianza en nosotros mismos. Los sujetos que “se saben controlar” no están hechos de ninguna fibra especial, y tampoco consiste exclusivamente en exponerse a las tentaciones para aumentar la capacidad de resistencia, aunque esto sea un componente de su tratamiento. Por contra, el autocontrol y su entrenamiento se refieren a un comportamiento concreto, en una situación concreta. Sus características y habilidades se consideran fruto del aprendizaje, y por lo tanto se pueden adquirir, siendo su principal objetivo reducir al mínimo la tentación planteando condiciones de la forma más favorable. Ésta última idea, nos lleva a entender a los ámbitos a los que se aplica, siendo las adicciones y los trastornos de la conducta alimentaria los más beneficiados. Además, puede concebirse como un programa en sí, o como un componente de otros protocolos de intervención.

En cuanto a su procedimiento, podemos diferenciar entre estrategias para facilitar el cambio de conducta, las cuales aumentan la motivación; aquellas que implican planificación ambiental y por ende, cambian los antecedentes de la conducta; y las de programación conductual, centradas en las consecuencias. Entre las primeras, la autoobservación mediante la realización de autorregistros es un componente esencial. En este primero eslabón, el objetivo es que la persona aprenda a detectar indicios y a discriminar aquellas situaciones en las que aparece más frecuentemente el comportamiento. En cuanto a las segundas (de planificación ambiental), se utiliza mucho el control de estímulos y las estrategias cognitivas como las autoinstrucciones. Este segundo paso es quizás el más relevante del procedimiento. Finalmente, en la programación conductual resulta útil utilizar el autorrefuerzo y el autocastigo, dependiendo de si se ha ejecutado la conducta o no. 

Como se ha remarcado, se trata de un entrenamiento que puede ser exclusivo, específico y útil de por sí para un problema en concreto, pero que a menudo queda englobado en una intervención multimodal en la que se trabajan diferentes objetivos. Los psicólogos y psiquiatras de nuestro centro de Psicología, en Mataró, están formados en diferentes orientaciones, pudiendo brindarte la ayuda e información que necesites, y cuando la necesites. Llámanos, estaremos encantados de atenderte.

Cuando nos preguntan por problemas o trastornos psicológicos, es habitual que nos vengan a la cabeza alteraciones que implican estar consciente, despierto. Seguramente ahora nos puedan venir algunos ejemplos. A pesar de ello, no solamente se producen en un estado de vigília, sino que también pueden presentarse durante la noche, o mejor dicho, durante el sueño. Éste, a pesar de ser un fenómeno complejo, ha reflejado que existen una serie de alteraciones que se producen exclusivamente cuando dormimos, y que éstas pueden ser derivadas de otros problemas emocionales y/o médicos, o de naturaleza primaria, es decir, sin poder asociarlo o relacionarlo con ninguna otra afección. 

En relación a lo último expuesto, existen múltiples situaciones que pueden hacer que nuestro sueño se vea perturbado; entre ellos, los problemas laborales, familiares y sociales constituyen los grupos más amplios. Dentro de ellos podríamos especificar muchas situaciones, como cambios de turno, malestar con nuestra pareja, la pérdida de un ser querido, la entrega de un proyecto importante… Todo esto se traduce en malestar, el cual se puede exteriorizar con diferentes síntomas como ansiedad, depresión, o lo que aquí nos incumbe, problemas de sueño. Así pues, específicamente en esta amplia categoria, vamos a diferenciar dos problemáticas, que aunque se tienden a concebir dentro de la misma entidad, son dos alteraciones independientes con características individuales. Para ello podemos establecer diferentes aspectos a tener en cuenta:

  • Ciclo del sueño: Las pesadillas ocurren mayoritariamente en la fase REM de nuestro sueño, es decir, en la última fase del sueño donde aparece un EEG desincronizado, ondas parecidas a la vigilia y atonía muscular. En cambio, los terrores nocturnos suelen acontecer dentro de la fase más profunda del sueño, el sueño no REM o de ondas lentas. Éste englobaria las fases 3 y 4 del sueño. 

  • Activación: En el caso de las pesadillas, existe una activación leve o moderada, mientras que en los terrores nocturnos suele ser intensa, parecida a los síntomas de un ataque de pánico en el que aparecen diferentes síntomas de ansiedad. 

  • Despertar y recuerdo: En las pesadillas la persona despierta completamente y puede recordar gran parte del contenido del episodio, a diferencia de los terrores, donde el despertar es incompleto, y existe amnesia para lo acontecido. Esto tiene mucho sentido si tenemos en cuenta la fase del sueño. En REM aparecen signos parecidos a la vigília, y en no REM estamos en un estado de profunda dormición. 

 

Éstas serían las principales características de ambas alteraciones, las cuales pueden ayudarnos a diferenciarlas a nivel general. Enlazándolo con lo primero expuesto, ambos problemas pueden aparecer con o sin causa asociada, y tanto en la infancia como en la edad adulta. Si deseas recibir más información al respecto, puedes ponerte en contacto con nuestro equipo de psicólogos, en Mataró. Te proporcionaremos toda la ayuda que necesites.