El malestar psicológico y emocional puede manifestarse de maneras extraordinariamente diversas. Muestra de ello son el conjunto de patologías que hoy en día recogen los manuales de diagnóstico y clasificación. Así, aunque se intentan crear categorías globales como los trastornos de ansiedad, o los trastornos del estado de ánimo, no ha habido más remedio que crear subcategorías, debido a la diversidad de presentación de los distintos cuadros (p.ej., trastorno de pánico o trastorno de ansiedad generalizada dentro de los trastornos de ansiedad; trastorno bipolar o depresión dentro de los del espectro anímico). Entre ellos, uno de los que suscita más interés es la disforia de género. 

 

Se define como el malestar que puede acompañar a la incongruencia entre el propio género sentido y expresado, y el género asignado al nacer vinculado casi siempre exclusivamente a las características anatómicas. De esta forma se hace énfasis en el malestar, ya que sin éste criterio, es decir sin sufrimiento, no existiría dificultad o patología. Junto a esto, se definen algunos otros criterios como son: el deseo por poseer los caracteres sexuales correspondientes al sexo opuesto, el deseo de ser del otro sexo y de ser tratado como del otro sexo, o la convicción de que uno tiene los sentimientos y reacciones típicas del otro sexo. Es importante que ninguno de estos criterios citados es necesario ni suficiente para identificar la problemática, pero sí lo es el malestar experimentado por el propio individuo. Además de ello, los diferentes manuales han procurado diferenciar entre niños y adolescentes, especificando características para los dos colectivos. 

 

Los datos epidemiológicos más recientes destacan que se trata de una situación poco frecuente, aunque aparece más en hombres. Por otro lado, y a falta de más investigación al respecto, no existen explicaciones exhaustivas sobre la etiología de estos problemas, sino tan sólo una serie de conjeturas con escaso y contradictorio apoyo experimental. Un dato pero, que resulta interesante, es que uno de los trastornos más prevalentes entre niños/as con disforia de género, es el Trastorno del Espectro Autista (TEA). 

 

Lo más importante pues, cuando acude una persona a consulta, es tener en cuenta el malestar que expresa, y ayudarlo a gestionar emocionalmente la situación. Es por ello que en todas las categorías cada vez se aboga más por resaltar la importancia de que exista malestar. A pesar de ello, existen alteraciones en las que no existe un alto grado de introspección, y por tanto malestar personal (p.ej., ciertos casos del espectro psicótico o del trastorno bipolar), y deberemos tener en cuenta la alteración en el funcionamiento social, familiar o laboral, o el malestar experimentado por las personas más cercanas. 

 

Si quieres ampliar la información al respecto, o deseas recibir ayuda, los profesionales de nuestro centro de psicología, en Mataró, te facilitarán todo lo que necesites. Llámanos, estaremos encantados de atenderte.

El sueño supone no sólo un elemento inevitablemente frecuente en nuestras vidas, sino sumamente importante. Como tal, es una de las claves para regular nuestro organismo, mantener nuestra homeostasis y facilitar nuestro bienestar físico y emocional. Y es que cuando no dormimos bien, lo notamos casi al instante (fatiga, dolor de cabeza, irritabilidad, pérdida de apetito, falta de concentración…). Junto a estos, y si los problemas se prolongan en el tiempo, puede provocar problemas emocionales limitantes como síntomas depresivos o incluso patologías físicas. 

 

Aunque todos tenemos una idea de lo que es el insomnio, se calcula que existen más de cien trastornos relacionados con el sueño, los cuales se pueden clasificar en las siguientes categorías:

 

  • Disomnias: las cuales engloban problemas de la cantidad, calidad y horario del sueño. Aquí entrarían el insomnio, la hipersomnia (somnolencia excesiva), la narcolepsia, los trastornos del sueño relacionados con la respiración (apnea, hipopnea e hipoventilación), y los trastornos del ritmo circadiano sueño-vigilia.

 

  • Parasomnias: engloban una serie de acontecimientos o conductas anormales que suceden durante el sueño. Se situarían aquí las pesadillas, los terrores nocturnos, el sonambulismo o el trastorno de conducta del sueño REM. 

 

Estos serían los principales, o sobre los que existe un gran consenso. Junto a estos, o incluso dentro de algunos de ellos, puede haber especificaciones (p.ej., insomnio de conciliación o inicial, de mantenimiento o medio, y final o tardío).  Así pues, como vemos, el sueño es un fenómeno complejo que engloba una gran cantidad de problemáticas relacionadas. Por ello, se han venido desarrollando diferentes alternativas que permiten abordarlo de una forma global:

 

  • Técnicas de relajación: actúan sobre el estado de activación del organismo, procurando que este entre en modo reposo con mayor facilidad. La Relajación Muscular Progresiva, el Entrenamiento Autógeno, la Respiración Diafragmática o la Meditación y la Hipnosis se consideran alternativas útiles. 

 

  • Higiene del sueño: Se trata de un procedimiento educativo que intenta mejorar dos aspectos; por un lado condicionar y modificar los factores ambientales relacionados (luz, sonido, temperatura…), y por el otro los hábitos inadecuados, con recomendaciones como disminuir el consumo de cafeína, nicotina, alcohol, controlar la dieta o hacer ejercicio físico.

 

  • Control de estímulos: Busca regular el horario de sueño de la persona y restringir la realización de actividades incompatibles en la conducta de dormir. Algunas de sus recomendaciones serían acostarse para dormir sólo cuando se tenga sueño, no permanecer despierto en la cama más de 15-20 minutos, mantener regulares los horarios de acostarse y levantarse, evitar dormir durante el día, o usar la cama y dormitorio exclusivamente para dormir. 

Existen muchas otras alternativas y técnicas específicas que se han creado para problemáticas específicas, y las cuales han demostrado altamente su eficacia. La Terapia Cognitivo-Conductual se erige como una de las principales propuestas para los problemas de sueño. En nuestro centro de psicología y psiquiatría, en Mataró, estamos especializados en ésta y en otras orientaciones como la Terapia Sistémica o el EMDR. No lo dudes y contacta con nosotros, te ayudaremos.

Pasamos la mayor parte de nuestro tiempo pensando. Las imágenes e ideas se suceden con mucha rapidez, y con una frecuencia casi asombrosa. Algunos de estos pensamientos pueden ser casi imperceptibles, o dicho de otra manera, automáticos e inconscientes. Otros, en cambio, son especialmente sobresalientes y significativos, pueden tener una mayor duración, y generan un impacto emocional mucho mayor. En este último caso nos acercamos al concepto de distorsión cognitiva.

 

Las distorsiones cognitivas, tal y como fueron definidas por Beck (1963) en su teoría sobre la depresión, consisten en errores a la hora de procesar la información, al interpretar las diferentes situaciones. Esto provoca que aparezcan sentimientos negativos en relación a estas situaciones y a nosotros mismos, y facilita que se mantengan las creencias negativas acerca de nosotros, el mundo y el futuro. Todos hemos podido experimentar alguna vez alguna distorsión, aunque son principalmente comunes en problemáticas como la ansiedad, la depresión o los problemas relacionados con la autoestima. A continuación, se exponen algunas de las definiciones y ejemplos de las principales distorsiones:

 

  • Catastrofización: Consiste en pensar constantemente en el peor escenario posible acerca de una situación, sin importar lo improbable de su ocurrencia. Esto provoca que veamos la situación como terrible, inevitable, intolerable o sin solución. Por ejemplo, “si lo hago me va a salir mal y será horrible”; “seguro que voy a fracasar”; “me quedaré siempre solo/a…”

 

  • Lectura del pensamiento: también denominado “lector de mentes” o “error del adivino”. Se refiere al hecho de inferir lo que los demás están pensando de nosotros, y darlo por verdadero. Por ejemplo, “si le hablo pensará que soy tonto/a”, “mi jefe/a cree  que no valgo”, “la gente piensa que soy débil…”.

 

  • Los debería: Consisten en la transformación de preferencias, deseos o elecciones en absolutos universales. Por ejemplo, “debo caer bien”, “debería empezar a correr”, “debo ser perfecto…”.

 

  • Pensamiento dicotómico: O “blanco o negro” o “todo o nada”. Aquí la persona va de extremo a extremo a la hora de interpretar la realidad, y además, muestra su postura con mucha rigidez. Ejemplos de ello serían: “no sirvo para cocinar ya que ésta comida me ha quedado salada”; “si no puedo llevar a mi mascota, prefiero perderme la función”; o valorar las cosas como buenas o malas, amigos o enemigos, a favor o en contra. 

 

Junto a estas, existen otras distorsiones las cuales fueron definidas por el mismo autor y posteriormente ampliadas por otros autores. Algunas de ellas son la magnificación, la sobregeneralización o la personalización, todas ellas comunes tanto en población general como clínica. En este sentido, a nivel terapéutico lo que se pretende es facilitar a la persona descubrir sus pensamientos disfuncionales e irracionales, junto al efecto que tienen sobre su comportamiento y estado de ánimo, y dotarle de herramientas de afrontamiento adecuadas para que lleve a cabo su vida de forma más satisfactoria.

Cuando hablamos de autoestima, todos poseemos una definición más o menos subjetiva de lo que significa; el cómo nos sentimos con nosotros mismos. Más allá de esto, el término engloba diferentes aspectos que son especialmente importantes a tener en cuenta, de tal forma que nos encaremos a cuidar y alimentar cada uno de ellos. Uno sería la autoimagen, es decir, la percepción física que tenemos de nosotros mismos y la que creemos que tienen los demás. Y el otro, el cual aquí presentamos, es el autoconcepto.

Este se refiere a lo qué pensamos de nosotros mismos, al conjunto de ideas y conceptos que utilizamos para definirnos, y el cual resulta uno de los pilares fundamentales de nuestra autoestima. Es importante tener en cuenta que no posee un carácter genético, es decir no se hereda, sino que se aprende a través de las experiencias familiares, sociales y/o relacionales que vamos teniendo a lo largo de toda nuestra vida. Por ello, resulta clave tener presente que la interacción con los demás es una de las principales herramientas para desarrollarlo. Junto a esto, en función del autoconcepto que tengamos, vamos a predecir, anticipar y prepararnos para hacer frente a las situaciones o problemas de nuestra vida de una manera u otra. A continuación se exponen algunas diferencias entre un autonconcepto positivo y uno negativo:

  • Autoconcepto positivo: Soy capaz, me lo merezco, soy interesante, soy bueno/a, soy inteligente…
  • Autoconcepto negativo: soy inútil, no puedo, no lo merezco, soy inútil, no lo conseguiré, soy aburrido/a, soy un desastre…

Como podemos apreciar, en función de si nos situamos en un polo más positivo, o en otro más negativo, nuestro estado de ánimo se verá influenciado claramente, y esto afectará a la manera en que interpretamos y afrontamos las diferentes situaciones. En caso de situarnos más a menudo en el primero, debemos intentar preguntarnos dónde aprendimos eso de nosotros, y quién o qué me transmitió esos mensajes.

En nuestro centro de psicología, en Mataró, podemos ayudarte a trabajar o comprender mejor conceptos como el aquí presentado. Nuestros profesionales de psicología y psiquiatría te proporcionarán toda la ayuda que necesites.

Pasamos gran parte de nuestro tiempo con la mente ocupada, situada mayormente en aspectos que conciernen el futuro lejano o inmediato, o bien en escenarios del pasado, incluyendo a veces aquí juicios o valoraciones de cómo deberíamos haber actuado, y cómo no lo hemos hecho. Podríamos decir que nos cuesta “estar en el presente”, y cuando lo estamos, rápidamente buscamos un motivo para alejarnos. 

 

De esta forma, nos acostumbramos a vivir con preocupaciones. El ritmo frenético de nuestro día a día, las responsabilidades, y la presión social actúan como factores claramente implicados. Esto se acaba transformando en rutina, y lo que es peor, en normalidad. Junto a esto, tampoco ayuda el haber vivido ciertas experiencias negativas, lo cual puede hacer que, ante situaciones similares, aparezca una anticipación pesimista constante. Todo ello, confluye en una necesidad imperiosa de estar preocupados, preparándonos para lo que pueda venir, procurando tener una falsa sensación de seguridad. 

 

Entonces, ¿existe la intolerancia al bienestar? A raíz de todo esto, algunos autores han propuesto este fenómeno en contraposición al de intolerancia al malestar. Esto se explica porque parece común la sensación de no poder conectar con el disfrute, con la desconexión, y menos durante un largo periodo de tiempo. En este sentido, a pesar de poder contar con momentos en los que parece existir despreocupación, o en los que lo podemos pasar aparentemente bien, pronto podemos experimentar esa sensación de incapacidad para desvincularnos de la preocupación y del malestar. A veces, incluso podemos interpretar que estar bien es indicativo de que algo malo tiene que venir. Este efecto es curioso pero es común en aquellas personas que han encadenado una serie de experiencias negativas, lo cual hace que aparezca el mecanismo de la anticipación. 

 

Todo esto contrasta con nuestra intención y necesidad verdadera, la cual no es otra que estar bien, disfrutar, y pasar la mayor cantidad de tiempo posible, relajados. Pero son típicas las frases como “soy incapaz de estar tranquilo/a”, “me es imposible dejar la mente en blanco”, “salgo de una y ya estoy inmerso/a en otra”. Nada más lejos de la realidad. Si bien es cierto que nuestro día a día nos pone obstáculos para conseguirlo, podemos entrenar nuestra capacidad para conectar con sensaciones agradables; estrategias como darnos permiso, equilibrar la balanza de nuestras prioridades, buscar momentos para nosotros mismos y para los más cercanos, rebajar la autoexigencia y el perfeccionismo, o aprender estrategias de gestión emocional, resultan claves para potenciar esta importante habilidad. 

 

La psicología infantil y de adultos busca potenciar y comprender aspectos como los aquí mencionados, los cuales si se ven muy acentuados, pueden reflejar estados depresivos o ansiosos que pueden llegar a limitar nuestras vidas. No lo dudes y ponte en contacto con nosotros para recibir más información. Te atenderemos encantados. 

Entre todas las habilidades sociales que poseemos, es quizás la asertividad una de las más potentes, importantes y estudiadas. Ésta, se puede definir como la capacidad para exponer y defender nuestros derechos y pensamientos, haciéndolo de una forma empática y educada, y sin vulnerar los de los demás. Entre ellas, expresar nuestra opinión, decir lo que sentimos, elegir entre diferentes opciones, o el tomar decisiones, se alzan como algunas de las conductas asertivas más entrenadas. Junto a estas, el saber decir “no” cobra especial relevancia.

 

Las dificultades para expresar esta palabra o para simplemente oponernos a algo, pueden estar relacionadas por una parte con miedos; miedo a que se genere un conflicto, a hacer sentir mal al otro, a que se vea perjudicada nuestra imagen… Aunque también puede vincularse con una incapacidad para detectar lo que realmente deseamos, opinamos o sentimos. Este último aspecto puede guardar estrecha relación con el hecho de haber pecado, en muchas ocasiones, de anular nuestro punto de vista, lo cual ha podido hacer que finalmente perdiéramos la capacidad para autobservarnos y detectar aquello que realmente queremos. Todo ello, como podemos imaginar, precipita un deterioro significativo en la autoestima, pudiendo aparecer sentimientos de soledad, tristeza, o incluso rabia hacia nosotros mismos por no ser capaces de ponernos por delante. Problemas como la depresión y algunos trastornos de personalidad (p.ej., evitativo o dependiente), acostumbran a reflejar esta limitación. 

 

De esta forma, decir “no” implica una demostración de valentía, seguridad, y autoestima. Es el resultado de una personalidad sana y estable, y lo más importante, tal y como la hemos podido desaprender, podemos recuperarla cuidándonos a nosotros mismos, y poniéndola en práctica en diferentes situaciones. Como ejemplos, podemos encontrar los siguientes: No me gusta, gracias; gracias pero no es lo que deseo en este momento; preferiría tomar otra opción; respeto tu opinión pero no la comparto; me gustaría pensarlo; no quiero ser participe de esto; no, gracias; o simplemente, no.

 

Si deseas aprender más sobre ello, o crees que te podemos ayudar, contacta con nuestro equipo de psicólogos y psiquiatras, en Mataró. Te atenderemos de una forma individualizada y profesional.

Como seres humanos, somos seres sociables. Desde que nacemos, aparecemos en un mundo en constante interacción con los demás. Empezamos por nuestros padres, y continuamos complementando nuestra vida con vínculos de amistad, de pareja, de compañeros… A pesar de ello, e incluso en situaciones donde hemos estado rodeados de diferentes personas, es posible que nos hayamos sentido solos. 

 

La soledad es una emoción que aparece cuando percibimos que nos falta algo, o mejor dicho, alguien. Se trata de una sensación que podemos experimentar estando tanto físicamente solos, como cuando estamos acompañados, y tiende a ir acompañada de emociones como la incomprensión, la tristeza o la inseguridad. En el primer caso, el motivo de su aparición queda claro, pero en el segundo, podemos encontrar diferentes, de los cuales algunos de los más importantes son los siguientes: 

 

  • Vínculo: No tenemos el mismo vínculo con todas las personas que conocemos, y tampoco podemos pretenderlo. De esta forma, en según qué ámbitos sociales, podemos experimentar la sensación de soledad simplemente por no poseer una afinidad significativa con los que nos rodean. 

 

  • Pérdidas y/o experiencias negativas: El hecho de haber perdido a alguien importante puede precipitar sentimientos de vacío y de soledad, y especialmente cuando se trata de una persona con la que compartimos mucho. Junto a esto, haber sufrido experiencias negativas relacionadas con el rechazo, o la infravaloración, pueden acarrear que, aunque estas ahora no estén sucediendo, exista un sentimiento persistente de soledad. 

 

  • Autoestima y habilidades sociales: Si poseemos una imagen negativa de nosotros mismos, es fácil sentirnos distantes, diferentes o inferiores a los otros, lo cual nos acerca al sentimiento expuesto. Todo ello, si además lo juntamos con dificultades para interactuar y comunicarnos socialmente, supone una espiral que puede retroalimentar y perpetuar la situación.

 

  • Incomprensión: Se trata de una situación, o sensación en sí misma, que va muy de la mano con la soledad. El pasar o estar pasando por situaciones difíciles y tener dificultades para comprender nuestras propias emociones, también provoca que percibamos que los demás no nos comprenden. Eso a veces se traduce en que exigimos a los otros la comprensión que nos falta a nosotros mismos, precipitando la sensación de soledad.

Existen otras situaciones y problemáticas donde este sentimiento puede aparecer. Especialmente cuando sufrimos un problema en concreto como la depresión, o dificultades relacionadas con la autoestima, esto puede hacerse patente de una manera significativa. Por ello, abordarlo desde la psicología y la psiquiatría resulta especialmente útil. Si tienes cualquier pregunta al respecto te invitamos a que nos contactes, estaremos encantados de ayudarte.

La motivación se define como aquel estado interno que energiza o activa, dirige y mantiene nuestra conducta hacia objetivos determinados. Se trata del impulso que nos mueve a realizar diferentes acciones y a persistir en ellas. La podríamos considerar como la energía o la causa de muchos de nuestros comportamientos. Por ello, se tiende a considerar que sin ésta, es realmente difícil que exista iniciativa, y mucho menos persistencia de nuestros actos u objetivos. 

 

De esta forma, y aunque en ocasiones puede costarnos encontrar actividades u objetivos que nos agraden y nos motiven, es a menudo incluso más habitual que sea el persistir o mantener nuestro compromiso lo que realmente se vea dificultado. En ocasiones porque aquello que resultaba tan atractivo inicialmente, se ha transformado en rutina. En otras, porque encontramos otras metas más estimulantes. A veces, también puede aparecer fatiga, o frustración al no conseguirlo. Todo ello nos aleja de nuestra meta. Pues bien, cuando alguna de estas variables aparece, puede ser útil llevar a cabo diferentes estrategias para mantener un estado óptimo de compromiso y activación:

 

  • Objetivos realistas: El primer paso implica plantearnos objetivos asequibles y realistas. De esta manera, si nos vemos capaces de conseguirlos, nuestra motivación crecerá, y estaremos disminuyendo la probabilidad de frustración si no lo conseguimos. 

 

  • Visualización: Es especialmente importante visualizarnos al final de la meta, y concretamente logrando aquello que nos hemos propuesto. Esto lo podemos utilizar a lo largo de todo el camino, ya que el premio puede resultarnos especialmente atractivo.

 

  • Recuerdo: Repasar los motivos por los cuales iniciamos este proceso también es una estrategia muy útil. En ocasiones, y cuando ya llevamos un cierto tiempo, es habitual olvidar qué nos movió a escoger este camino.

 

  • Registro: Consistiría en plasmar en un papel, a modo de gráfico o listado, los progresos que vayamos consiguiendo durante todo el camino. Esto, por un lado permite observar nuestra evolución, y por el otro, nos recuerda y visualiza lo que nos falta por conseguirlo.

 

  • Aceptación: Este apartado se refiere principalmente a los obstáculos. Aceptar que todo camino conlleva cierto sufrimiento es una herramienta clave. Las limitaciones y frustraciones forman parte de este, y del aprendizaje. De hecho, si lo pensamos, si fuera fácil y no supusiera un reto, por pequeño que sea, seguramente no existiría motivación.

 

  • Recompensas: Finalmente, y casi como método más importante, es fundamental no esperar a conseguir el objetivo final para recompensarnos, sino hacerlo por todo aquello que vayamos consiguiendo y nos acerque a él. Para ello, podemos hacer uso del gráfico de progresos, y pautarnos subobjetivos o submetas que nos permitan percibir que vamos consiguiendo pequeños pasos hasta el final.

A todo ello le acompaña un importante recordatorio, y es que debemos excluir la crítica hacia nosotros mismos, tanto por si nos cansamos, como por si no conseguimos realizar alguno de los pasos. Ésta lo único que provoca es frustración y malestar. En lugar de ello, transformarla en mensajes constructivos y positivos facilita la persistencia.

En nuestro centro de psicología y psiquiatría infanto-juvenil y de adultos encontrarás profesionales formados en orientaciones como la Terapia Sistémica, la Cognitivo-Conductual, o el EMDR, las cuales pueden ayudarte a resolver las preguntas o dificultades que poseas. No lo dudes y llámanos, será un placer atenderte.

Cuando exploramos y analizamos las diferentes problemáticas en población infanto-juvenil, nos encontramos con una diversidad y plasticidad especialmente significativas. Una misma dificultad, puede verse modificada en un periodo muy corto de tiempo, y, además, se puede expresar de maneras muy diversas. Por ello, conviene comprender adecuadamente las características, síntomas y evolución de cada una de ellas, con tal de poder ofrecer un tratamiento adecuado. 

 

El Trastorno de Desregulación Disruptiva del estado de ánimo se trata de un diagnóstico incorporado recientemente en los manuales de clasificación de las enfermedades mentales, concretamente dentro de los trastornos depresivos, debido a que se ha observado que sus características aparecen con una incidencia significativamente elevada. Éste consiste en accesos o arrebatos de cólera graves y recurrentes que se manifiestan verbalmente y/o con el comportamiento (p.ej., rabietas verbales o agresiones físicas a personas o propiedades) cuya intensidad o duración son desproporcionadas a la situación o provocación. Junto a esto, aparece un estado de ánimo entre esos accesos de cólera, persistentemente irritable. Es decir, que esos momentos en los que el niño/a parece no poder controlar su ira, se acompañan siempre o casi siempre de un estado alterado durante la mayor parte de los días.  También debemos tener en cuenta que el primer diagnóstico debe hacerse entre los 6 y los 18 años, y deben haber aparecido síntomas antes de los 10 años. Esto es así, debido a que se ha propuesto esta categoría para disminuir el solapamiento y la confusión con el Trastorno Bipolar, el cual era diagnosticado de una forma demasiada frecuente en los pequeños. 

 

Recordemos que, especialmente en psicología y psiquiatría infanto-juvenil, resulta especialmente importante la colaboración de los cuidadores, junto con una intervención continua a través de la escuela. Por ello, se acostumbra a remarcar que se necesita un abordaje multidisciplinar. Además, y como hemos remarcado al inicio, esto es clave debido al carácter cambiante de las problemáticas que nos encontramos en la infancia. Así, debemos leer entre líneas, ya que el hecho de que el comportamiento o estado de ánimo sea irritable, no tiene porque significar que exista un problema de conducta, sino que puede estar enmascarando un problema depresivo, como el aquí expuesto. 

 

Si te interesa este o cualquier otro artículo, o simplemente quieres hablar con nosotros para recibir más información, puedes ponerte en contacto con nuestro centro de psicología, en Mataró. Te facilitaremos toda la ayuda que necesites.

Como seres humanos, somos racionales. Pasamos los días con la mente en diferentes escenarios, ideas o preocupaciones. De hecho, resulta difícil recordar un momento en el que no hayamos estado pensando en nada. En este sentido, se estima que tenemos una media de 60.000 pensamientos al día! Y que de estos, el 90% giran en torno a los mismos asuntos que el día anterior. 

 

Los pensamientos son procesos cognitivos los cuales contienen una increíble capacidad para influenciar en nuestras vidas, ya que es de ellos principalmente de los que dependemos para explicar cómo nos sentimos y cómo actuamos. Ya los estoicos, en su momento, hacían referencia a esto remarcando que “no son las cosas en sí mismas las que nos perturban, sino nuestra interpretación de ellas”. Así, actualmente existe evidencia a favor de que estos, pueden ser responsables tanto de nuestro bienestar como incluso de diferentes enfermedades. Incluso desde la neurociencia se ha venido demostrando que los pensamientos modifican la estructura y funcionamiento de circuitos neuronales, los cuales se conforman de neurotransmisores que liberan sustancias con diferentes efectos en nuestro organismo y estado de ánimo. Además, cuando activamos a menudo el mismo circuito, este se refuerza y consolida, hasta el punto de poder llegar a automatizarse, por lo que la repetición de ciertos pensamientos puede llegar a convertirse en un hábito. Por ello, si gran parte del tiempo la dedicamos a pensar sobre unos mismos temas, se fortalecen una serie de circuitos y redes que repercutirán en cómo nos sentimos, y como consecuencia, en cómo actuamos. 

 

De esta forma, si esta espiral se conforma de pensamientos negativos, el circuito será inevitablemente negativo, pudiendo aparecer problemas como ansiedad o depresión. En cambio, si acostumbramos a pensar en situaciones positivas y agradables, se activarán aquellos circuitos relacionados con sensaciones de bienestar, seguridad y placer. Es cierto pero, que en ocasiones es inevitable estar preocupados, sea porque acabamos de vivir una situación desagradable, o porque anticipamos un escenario que percibimos como peligroso. Lo importante es procurar identificar estas situaciones, y no pasar mucho tiempo retroalimentando la negatividad. 

 

Estrategias como la reestructuración cognitiva o el trabajo mediante autoinstrucciones son alternativas útiles y eficaces para manejar nuestros pensamientos. Esto además, fomenta que aparezcan emociones positivas, y que nuestros actos y elecciones se lleven a cabo con mayor seguridad y autoestima

 

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