Mente y cuerpo son prácticamente inseparables, y debemos tener esta visión global y unitaria para comprender cómo se influyen mútuamente. De esta forma, entre las problemáticas que engloban el malestar físico y emocional, existen algunas que inmiscuyen ambos componentes. En ocasiones buscamos una única causa que explique la dolencia que estamos sufriendo, y acostumbramos a acudir inicialmente al médico, pero muchas veces la explicación y por lo tanto el tratamiento de esa situación, es casi totalmente emocional. 

 

Los síndromes somáticos funcionales se entienden como condiciones médicas que cursan con diferentes síntomas clínicos que generan un gran malestar, y muchas veces, una importante discapacidad y sufrimiento a las personas que los sufren. Entre ellos, los más conocidos son la fatiga crónica, la fibromialgia o el síndrome de intestino irritable. En todos ellos, se observa una sintomatología clara, el dolor. Junto a este, pueden aparecer otros como el malestar estomacal, el cansancio, y, sobre todo, el malestar emocional traducido en ansiedad, tristeza… A todo esto, le siguen las limitaciones provocadas en todos los ámbitos, tanto a nivel personal, como familiar, social y profesional/académico. 

 

¿Cuál es la causa de su aparición? Se considera que la etiología es multifactorial, estando implicados principalmente factores genéticos, inmunológicos, nutricionales y estrés en su origen. Todos ellos en interacción, provocan que el sistema se desregule, pudiendo aparecer las patologías mencionadas. Los hábitos alimenticios y de sueño, así como el trabajo en nuestra gestión y cuidado emocional, son claves para mantener en equilibrio a todo nuestro organismo. 

 

¿Y cuál es por tanto el mejor tratamiento? Teniendo en cuenta que sus causas, como hemos visto, son multifactoriales, el tratamiento más idóneo es aquél cuyo abordaje tenga un carácter multidisciplinar. Es decir, que la intervención que llevemos a cabo, deberá incluir un componente físico-corporal, uno psicológico y uno emocional. Para ello, deberemos contar con profesionales de la salud tanto física, como mental. Desde médicos, neurólogos, hasta psicólogos y psiquiatras

 

Conviene recordar que éstas, son entidades que afectan tanto a adultos como a población infanto-juvenil, y con una prevalencia similar entre hombres y mujeres. Además, estas han ido a la alza en los últimos tiempos, debido a que la frecuencia del malestar emocional también ha aumentado. 

 

Si sufres algún problema similar, o simplemente te interesa conocer más sobre ello, te animamos a que nos escribas o nos llames. Nuestro equipo de psicólogos y psiquiatras, en Mataró, te facilitará toda la información y ayuda que necesites.

En esta época del año, en la que el buen tiempo y la alta temperatura se empiezan a apoderar, también lo hace la autoobservación, y especialmente la mirada hacia nuestro físico. Ésta puede ir acompañada de unos hábitos adecuados, los cuales nos ayudan a sentirnos bien con nosotros mismos, y potencian la seguridad y la autoconfianza. Pero también de lo contrario, es decir, de autocrítica, de preocupación, y de malestar al compararnos y tener excesivamente presentes ciertos ideales de belleza y al fijarnos constantemente en aspectos que no nos gustan.

Por lo general, tendemos a concebir la autoestima como un elemento único, como un aspecto global de nosotros mismos, el cual puede estar alto o bajo, aunque a veces incluso desconocemos en que punto situarlo.  Pues bien, conviene tener en cuenta que ésta puede desmenuzarse y mejorarse desde diferentes elementos. Así, algunos autores recomiendan diferenciar los siguientes componentes:

  • Autoconcepto: Este primer componente se refiere a la opinión que tenemos de nosotros mismos, la cual lleva asociada un juicio de valor. Se trataría de aquel componente más semántico o conceptual, a la valoración que hacemos de nosotros. Incluiría pues, lo que nos decimos, y cómo lo hacemos, conformando todos aquellos mensajes que nos lanzamos, tanto de manera consciente como inconsciente. 

 

  • Autoimagen: Tal y como se deduce etimológicamente de la propia palabra, la autoimagen se refiere a la imagen que poseemos de nosotros, englobando principalmente la parte más física o externa. Sería equivalente a situarnos delante de un espejo, y describir lo que vemos. 

 

  • Autoestima: Por último, tendríamos la autoestima en sí. Si analizamos la palabra, podemos identificar un claro componente emocional. Es decir, que conformaría el cómo nos sentimos con nosotros mismos, el cómo nos queremos. Este, está especialmente influido, y de una manera casi equivalente, por los dos componentes anteriores. 

En la línea de lo último expuesto, es importante tener presente que todos los elementos conforman un todo, y se influyen mutuamente entre ellos. Lo interesante aquí, es ver que si cuidamos lo que nos decimos, las comparaciones que establecemos, y aprendemos a tratarnos mejor, estamos fortaleciendo cada uno de ellos por separado y de manera conjunta. Para ello, es útil tener en cuenta, no solamente todo lo “auto”, es decir, lo que vemos o sentimos de nosotros mismos, sino también aquello que creemos que ven, piensan y sienten los demás sobre nosotros. Así, te proponemos realizar un pequeño análisis en el que intentes identificar, por áreas (p.ej., familiar, pareja, social, académica, laboral…), cómo te ves a tí mismo/a en los 3 componentes descritos, y cómo crees que lo hacen los demás. 

Este tipo de reflexiones  resultan especialmente terapéuticas. La mejora de la autoestima es un elemento clave para pacientes con depresión, en psicología infanto-juvenil (especialmente adolescencia), o para potenciar las relaciones familiares y de pareja. Si deseas recibir más información, los profesionales de nuestro centro, en Mataró, te facilitarán todo lo que necesites. Llámanos, te ayudaremos.

Nos encontramos sumergidos en un día a día exigente, frenético, y en muchas ocasiones rutinario. Esperamos al fin de semana o a ciertos momentos para permitirnos parar, para descansar. Además, muchas veces esperamos a que algo o alguien nos saque de este ritmo, y nos brinde un momento de desconexión, de relajación. Con todo ello, muchas veces olvidamos quiénes son los verdaderos dueños de nuestro tiempo y nuestra vida, y no es otra persona que tú mismo/a.

Cuidar de nosotros empieza en nosotros, y puede que a veces olvidemos no sólo hacerlo, sino cómo hacerlo. Los días pueden ir pasando y cuando nos damos cuenta hemos abandonado actividades, hábitos y entornos que nos permitían conectar con aquello que nos gusta más de nosotros mismos. Por ello, a continuación te proponemos, por ámbitos, formas de autocuidado personal que puedes poner en práctica:

 

  • Físico: Cuidarnos a nivel físico es un ámbito clave, y puede que todo empiece aquí. Podemos incluir aquí los hábitos relacionados con dormir bien, procurar tener una alimentación equilibrada, hacer deporte y descansar. Aunque pueda parecer sencillo, conseguir que todos estos estén en armonía, implica esfuerzo, dedicación, constancia, y respetar los horarios que nos pautemos. 

 

  • Social: Conservar y crear vínculos es otro aspecto especialmente relevante. Por ello, aquí entraría no solamente el cuidar nuestras relaciones, sino también conductas específicas como saber pedir ayuda, decir no, escuchar y ser escuchado, o el dar afecto. Todo ello junto a intentar proponer planes de mayor o menor complejidad que impliquen mantener el contacto. 

 

  • Cognitivo: Cuidarnos mentalmente es un ejercicio, y casi una obligación primordial. Aquí, englobamos todas aquellas pautas que implican identificar y gestionar nuestros pensamientos, como aquellas prácticas que nos permiten enlentecer y relajar nuestra mente, y conectar con nosotros mismos y con el presente. Aquí entrarían la meditación, el permitirnos conectar con la naturaleza, el disfrutar del silencio, leer o incluso estudiar. 

 

  • Emocional: Finalmente está nuestro bienestar y salud emocional. A éste podemos llegar con todo lo anterior expuesto, pero también debemos tener presente que puede trabajarse en sí mismo. Así, por ejemplo, trabajando el autoperdón, la autocompasión, la positividad, o la resiliencia, podemos fomentar un claro aumento de este. Junto a esto, aprender a manejar emociones negativas como el estrés, la ansiedad, el enfado o la tristeza, también son ingredientes clave. 

Cada uno de estos componentes, si es respetado y alimentado de forma regular, no solamente nos permite conectar más a menudo con sensaciones y emociones positivas, sino que nos proporciona mayor control y supone un claro aumento de nuestra autoestima. Existen diferentes métodos y estrategias para llegar a ellos, y desde nuestro centro de psicología clínica, en Mataró, podemos facilitarte toda aquella información que te interese o necesites. Llámanos y te atenderemos encantados. 

Emprender el camino de la terapia psicológica supone un gran paso, independientemente del motivo de consulta. Exponernos a nuestras preocupaciones, emociones y conflictos, supone un acto de valentía, y desde el momento en que abrimos la puerta, ya estamos inmersos en ello. Esto requiere un tiempo, que puede variar, entre otras cosas, en función de la complejidad y del malestar experimentado, y va mucho más allá de las sesiones presenciales, ya que los problemas se originan, mantienen y resuelven en nuestro día a día. 

 

De esta forma, el trabajo interno, aunque empieza acudiendo al profesional, continua de manera consciente e inconsciente en casa. Es común no únicamente notar ciertos cambios a nivel emocional, sino hacernos preguntas, repasar contenidos y actuar de forma distinta al iniciar este camino. En este sentido, los terapeutas de todas las orientaciones (Psicodinámica, Humanista, Cognitivo-Conductual, Sistémica…), en diferentes momentos de la intervención, pueden solicitar un trabajo más allá de las visitas, a través de la realización o elaboración de diferentes ejercicios o materiales que buscan complementar y generalizar lo aprendido en sesión. 

 

En este sentido, podemos diferenciar tres momentos clave en los cuales esto resulta especialmente importante: la evaluación, el tratamiento en sí, y la prevención de recaídas. El primero de ellos supone realizar una exploración de las principales variables con las que vamos a trabajar, y para ello es común utilizar cuestionarios y registros que nos ayuden a conocer tanto las características y el nivel de malestar de la persona, como otros aspectos (p.ej., el tipo de personalidad). Estos materiales pueden ser completados por el propio sujeto y/o por personas cercanas a este. Durante el tratamiento, la realización de autorregistros, listas, recordatorios o ejercicios concretos, es clave para comprender y generalizar lo aprendido. Además, tener un “diario” con nuestro progreso, nos permite tener cierto control sobre nuestro estado de ánimo, a la vez que facilita un trabajo más exhaustivo, realista y eficiente a nivel terapéutico. Finalmente, en las últimas sesiones e incluso después de estas, resulta muy beneficioso seguir recordando lo trabajado durante todo el proceso, y anotar tanto posibles dificultades futuras como formas de hacerles frente. Esto favorece sentirnos capaces y fuertes para afrontar casi cualquier situación, y nos ayuda a mantenernos estables. 

 

Es importante tener en cuenta que este trabajo “extra” terapéutico, se lleva a cabo tanto en terapia individual, como de pareja y familiar. En este sentido, el malestar que podemos experimentar es poco frecuente que afecte solo al plano personal, inmiscuyendo normalmente a nuestro círculo íntimo, nuestro trabajo, y a nuestros amigos. Proponer y exponernos a situaciones en la vida real que nos generan malestar, y buscar formas de resolverlas, observando su efecto tanto en nosotros como en los demás, es un ejercicio clave, y permite tener un feedback continuo entre paciente y terapeuta.

 

Ponte en contacto con nosotros y te proporcionaremos más información. Nuestro equipo de profesionales, en Mataró, te facilitarán todo lo que necesites.

En muchas ocasiones, podemos ser nuestros peores jueces. Al proponernos realizar según qué actividades, tareas, o al afrontar ciertas situaciones, todos poseemos una serie de anticipaciones, relacionadas tanto con factores externos (p.ej., les caeré mal, me va a morder, la haré sentir mal, sonreirán y aplaudirán…etc.), como con factores internos (p.ej., me sonrojaré, tropezaré, lo haré mal…etc.). Esta cadena de pensamientos, nos predispone emocional y actitudinalmente a afrontar esos momentos de una determinada forma. Así pues, cuanto menos constructivas o positivas sean nuestras expectativas, muy posiblemente mayor malestar experimentaremos. 

 

El miedo, la ansiedad, y la inquietud a la hora de exponernos a ciertos eventos, son absolutamente normales, e incluso en cierta manera nos preparan para activarnos y prepararnos mejor para ello (p.ej., sin estar algo nerviosos ante la época de exámenes, puede que estudiemos menos). El problema viene cuando estos sentimientos son demasiado intensos y frecuentes, lo cual muchas veces se explica por haberlos estado alimentando mentalmente durante largos periodos de tiempo. Por ello, aprender a combatir este fenómeno, flexibilizando la forma en que nos vemos y considerando alternativas, puede ser una herramienta clave.

 

Las autoinstrucciones son una técnica que busca la modificación o sustitución de las autoverbalizaciones internas, por otras más adaptativas, antes, durante y después de enfrentarnos a una situación aversiva. También se entienden como estrategias metacognitivas cuyo objetivo es favorecer la autorregulación de la conducta, así como la creencia y confianza en la propia capacidad de ejecución. Para ello, los principales objetivos son: conocer las autoverbalizaciones que tiene el sujeto, e instaurar o modificar el diálogo interno cuando lo que la persona se dice a sí mismo supone una interferencia en la ejecución de una tarea específica o bien presenta dificultades para abordar adecuadamente una situación. Un guión que podemos utilizar para trabajarlo es el siguiente.

 

  • Situación: Debemos describir específicamente la situación o situaciones que afrontaremos y que nos preocupan, procurando detallar los elementos principales por los cuales nos genera malestar o preocupación. 

 

  • Pensamientos negativos: A continuación resulta clave identificar la cadena de anticipaciones y pensamientos negativos que nos vienen antes, durante y después de afrontar esas situaciones. Aquí podemos incluir aquellos que creemos que pueden aparecer con mayor probabilidad (predicciones), para luego ver hasta qué punto se han cumplido. 

 

  • Alternativas (autoinstrucciones): Este es el punto clave. Basándonos en nuestra historia de éxitos, en lo que conocemos positivamente y de manera constructiva de nosotros, y cuestionando los miedos que poseemos, debemos enumerar y concretar alternativas en primera persona (p.ej., puedo hacerlo, soy capaz, ya he pasado por esto…etc.), que nos faciliten el acercamiento a esas situaciones. Un aspecto importante aquí, es que tal y como hemos descrito preocupaciones antes, durante y después, debemos hacer lo mismo aquí, buscando alternativas en los tres momentos. 

 

La Terapia Cognitivo-Conductual es pionera en el uso de este tipo de estrategias. Si te interesa y deseas profundizar, nuestro equipo de profesionales, situados en Mataró, puede proporcionarte toda la ayuda e información que necesites. Llámanos y te atenderemos encantados.

Las categorías diagnósticas nos ayudan a identificar y a comprender las dificultades por las que puede estar pasando una persona. Además, facilitan la elaboración de tratamientos específicos y eficaces, creando estrategias teniendo en cuenta las características de la patología. Dentro del espectro del Trastornos Obsesivos y relacionados, los cuales engloban una serie de problemas que tienen como denominador común la presencia de preocupaciones/obsesiones intrusivas y/o de comportamientos o actos mentales excesivos que buscan disminuir la ansiedad o la probabilidad de que suceda algo temido, aparece el trastorno de acumulación. 

 

Este diagnóstico, comúnmente conocido Síndrome de Diógenes, se define como la dificultad persistente para deshacerse o renunciar a las posesiones, independientemente de su valor real. Esto aparece debido a una necesidad percibida de tener que guardar las cosas, junto al malestar experimentado cuando se deshace de ellas. De esta forma, la dificultad para deshacerse de las posesiones, da lugar a la acumulación de cosas, característica principal del trastorno. Además, tal y como se indica en algunos manuales, si las zonas habitables se encuentran despejadas, es sólo debido a la intervención de terceros. Junto a estas características, aparece un rasgo importante, y es que la persona puede presentar o no, adquisición excesiva. Esto se refiere a que, además de tener dificultad para desprenderse de elementos, puede presentar la necesidad de adquirir constantemente otros que no necesita. 

 

Afecta desproporcionadamente más a adultos mayores, específicamente entre los 55 y 94 años, y de manera similar a ambos sexos. El curso suele ser crónico, necesitando un tratamiento específico y principalmente psicológico para disminuir tanto sus síntomas como el malestar asociado. Uno de los principales problemas, es que suele detectarse de manera tardía, ya que hasta que la persona no manifiesta malestar (en forma de ansiedad, irritabilidad, problemas laborales o sociales, entre otros), o los demás no observan la dificultad para desprenderse o para dejar de acumular, puede pasar bastante tiempo. 

La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), se ha demostrado eficaz para estos casos, y especialmente la Exposición con Prevención de Respuesta. Si te interesa saber más acerca de su funcionamiento o tienes cualquier pregunta, te invitamos a que contactes con nosotros. En nuestro centro de psicología, en Mataró, encontrarás profesionales que te ayudarán a resolver todas tus dudas.

La forma en que afrontemos, cognitiva, emocional y comportamentalmente, aquello que nos genera malestar, marcará indudablemente la superación o la persistencia del problema. No adoptamos una única estrategia para todos los problemas, sino que en función de estos, y del grado de competencia y control con el que nos percibamos, utilizaremos una u otra alternativa. Especialmente ante aquellos que nos provocan una reacción emocional intensa, sea de miedo, de tristeza, de ansiedad, o de cualquier otra emoción, es común que inicialmente nos ayudemos de la evitación. 

 

La evitación se define como la estrategia o el comportamiento mediante el cual escapamos, nos apartamos o rehuimos de objetos y situaciones aparentemente aversivas, o que pueden producirnos ansiedad o malestar. De esta forma, alejarnos inicialmente de la fuente de malestar, negando o ignorando el problema, es algo totalmente normal y habitual, y supone un mecanismo de defensa ante situaciones especialmente dolorosas. A pesar de esta concepción general, resulta interesante diferenciar entre dos tipos de evitación:

 

  • Evitación pasiva: Enmarca todas aquellas conductas encaradas a alejarnos de la fuente o estímulo aversivo. El ejemplo más claro aquí son las fobias. La persona buscará huir ante la percepción de peligro (p.ej., en el miedo a las alturas, no subir a pisos elevados; en el miedo a espacios cerrados, eludir ascensores o habitaciones pequeñas…etc.). Existen otras como el miedo a hablar en público, donde se evitarán las exposiciones, o el miedo al fracaso, donde quizás rechazamos ofertas de trabajo o ciertas situaciones por el temor a no cumplir con ciertas expectativas.

 

  • Evitación activa: Aquí se sitúan todas aquellas conductas que realizamos para prevenir el malestar y la ansiedad. En este caso, hablamos de acercamiento a fuentes de tranquilización de forma activa, para prevenir un “mal mayor”. Por ejemplo, en la hipocondría, es típico que la persona vaya de médico en médico en búsqueda de información tranquilizadora. De esta forma, se percibe con control ante la posible enfermedad, y elude la exposición a cualquier posibilidad de caer enfermo. También cuando buscamos asegurarnos de haber realizado bien algo, preguntando constantemente a los demás, estamos eludiendo el posible “fracaso”, pero aproximándonos a información que consideramos válida para controlar el miedo. 

 

De esta forma, aunque la evitación forma parte inevitable de nuestro repertorio de conductas de afrontamiento, y en ciertas situaciones puede resultar efectiva y adaptativa, a largo plazo puede mantener e incrementar los problemas, al mantener la ansiedad o el malestar. Debemos identificar qué hacemos y qué dejamos de hacer ante los problemas, y procurar encontrar la alternativa más adecuada para ellos. 

 

Puedes recibir más información en nuestro centro de salud mental, donde tanto psicólogos/gas como psiquiatras te proporcionarán la ayuda que necesites. No lo dudes y contacta con nosotros, será un placer atenderte. 

Desde el nacimiento, e incluso antes de este, desarrollamos vínculos. Las relaciones, inicialmente con las figuras paternas, y posteriormente con amigos, compañeros, pareja…entre otros, constituyen uno de los pilares fundamentales de nuestras vidas. Tanto es así, que gran parte de nuestra autoestima se explica por la visión que tenemos de nosotros mismos, y por la que creemos que tienen los demás de nosotros. En este sentido, también en buena parte, el malestar que podemos sufrir puede explicarse muchas veces por conflictos con los demás. Por ello, se han desarrollado propuestas como la aquí presentada, la Terapia Interpersonal de Klerman.

 

Así pues, se trata de un tipo de intervención, que, como su propio nombre indica, se centra en analizar y trabajar las relaciones entre la problemática del paciente y el contexto psicosocial e interpersonal en el que vive, es decir, cómo se relaciona con los demás. Para ello, esta orientación da mucha relevancia a las experiencias actuales de la persona, a los principales vínculos de ésta, y a su repertorio de habilidades sociales para adaptarse a un mundo en constante interacción. En este sentido, aunque no elude el análisis del pasado, da mucho énfasis al presente, y considera el ambiente social como potenciador tanto de síntomas, como de cambio y mejoría. Además, se considera una terapia breve, y en la que el paciente juega un papel activo. Las principales áreas que aborda son las siguientes:

 

  • Duelo: en el caso de haber perdido a algún ser querido, se trabaja la pérdida. 
  • Las disputas interpersonales: se refiere a los conflictos pasados y que puedan surgir con los demás a lo largo de la intervención.
  • La transición de rol: se trabajan las dificultades para pasar de un rol “biográfico” a otro (p.ej., de estudiante a profesional, de hijo a padre, jubilarse…). Se considera que su afrontamiento adecuado ayuda a estabilizar y aumentar la autoestima.
  • Los déficits interpersonales: aquí se analizan y trabajan los recursos y habilidades verbales y no verbales de la persona, y su capacidad para crear, mantener y resolver tanto vínculos como conflictos con los demás. 

 

Aunque inicialmente fue creada como terapia de mantenimiento para la depresión, actualmente se utiliza para diferentes problemáticas, como la Bulimia Nerviosa, el Trastorno Bipolar, o el Trastorno Adaptativo, entre otros. Además, se puede aplicar tanto a adultos como a adolescentes. 

 

Si deseas obtener más información acerca de esta intervención o de cualquier tema que te interese, estamos a tu disposición. En nuestro centro de psicología, situado en Mataró, contamos con profesionales experimentados que te proporcionarán toda la ayuda que necesites. No lo dudes y llámanos.

El Mindfulness ha ido ganando terreno e importancia en el mundo de la psicología y en la salud mental en general. En sí, ha sido traducido de diferentes maneras, las cuales buscan encontrar, en una palabra, abarcar su totalidad: plena conciencia, presencia plena o abierta…siendo “Atención plena” la más aceptada y generalizada. Se define como aquella experiencia que nos permite anclarnos y conectar con el presente, procesando y reconociendo lo que está sucediendo mientras está sucediendo, y aceptando activamente el flujo de la experiencia en su esencia, tal cual está transcurriendo, sin juzgarla. Así, puede considerarse como un fin en sí mismo, un estilo de vida que implica practicar, en nuestras actividades diarias y rutinarias, el ser conscientes de lo que estamos haciendo en su totalidad.

De esta forma, son diferentes las propuestas que se basan o que usan el Mindfullness para trabajar diferentes problemáticas (ansiedad, depresión, estrés…), las cuales nos proponen estrategias para alimentarlo y desarrollarlo. Sin embargo, para aprenderlo debemos detectar y reducir aquello que no nos permite acceder a ello. Mantener la atención totalmente en el presente, en lo que está ocurriendo aceptándolo sin pretender cambiarlo puede resultar complicado. Llegar a la conciencia plena exige esfuerzo, cambiar hábitos de “desatender” y “distraernos”, los cuales hemos ido desarrollando a lo largo de nuestras vidas. Además de ello, es difícil sentir y detenerse en el momento actual, el ahora en toda su plenitud, y especialmente cuando queremos abrirnos para acoger algo doloroso o indeseable, utilizando lo que algunos autores denominan como Mindlessness. Este mecanismo se refiere al estado en el que  no prestamos atención a nuestro día a día, a las actividades que realizamos, no percibimos las sensaciones que nos ocurren y estamos más conectados con preocupaciones sobre el futuro o el pasado, que con el presente. Esta actitud “distraída” podríamos decir que es la que acostumbramos a adoptar la mayoría de las personas, ya sea por restarle importancia al presente, por estar demasiado ocupados, por tener preocupaciones de cierta importancia…etc.

Así, algunos ejemplos de Mindlessness son:

  • Estar más preocupados o preocupadas por el futuro o por el pasado.
  • Pasar rápidamente de una actividad a otra sin ser conscientes de ello, sin prestar atención.
  • Romper o derramar algo por falta de cuidado, por no estar atendiendo o por estar pensando en otra cosa.
  • Olvidar donde hemos dejado algo que acabábamos de tener en la mano, u olvidar el nombre de una persona casi en el mismo momento en el que lo oímos.
  • No ser conscientes de sensaciones sutiles de tensión física o incomodidad..
  • Actuar de forma autónoma, olvidando lo que hemos estado haciendo en los últimos minutos.

 

Como podemos ver, todas las situaciones anteriores se relacionan con una falta de atención al ahora, o por un exceso de atención o concentración en aspectos distintos a lo que estamos haciendo o sintiendo. La práctica del Mindfullness como contrario al Mindlessness puede permitirnos escucharnos y entendernos mejor, conectar con todo aquello que hagamos y que nos rodea, y mejorar nuestro bienestar y calidad de vida. 

 

Los profesionales de nuestro centro de psicología, en Mataró, están formados en esta y otras técnicas terapéuticas que te pueden ayudar a aumentar tu salud tanto física como emocional. Ponte en contacto con nosotros y te proporcionaremos toda la información que necesites.

La ansiedad es una reacción adaptativa del organismo ante la percepción de un peligro real o imaginario. Ésta desencadena una serie de síntomas como pueden ser: nerviosismo, inquietud, sudoración, temblor… los cuales nos permiten, o bien hacer frente a la situación de una manera eficaz, o escapar de ella. Como tal, supone una entidad amplia y dinámica, la cual incluye un componente claramente físico o emocional (las reacciones citadas), uno cognitivo (la cadena de pensamientos e interpretaciones que realizamos sobre el suceso), y otro conductual (los comportamientos llevados a cabo para afrontar o escapar de la situación). Y son muchas las categorías diagnósticas que se enmarcan dentro de ella, siendo la aquí presentada una de las más prevalentes.

 

El Trastorno de Ansiedad Generalizada o TAG se define como aquella alteración en la que existe una preocupación o anticipación aprensiva excesivas, que se produce de manera continua, en relación a diferentes sucesos o actividades relacionadas con cualquier ámbito vital (familiar, laboral, académico…). Además, a la persona le es difícil controlar esta preocupación, ocasionándole un malestar significativo. Junto a esto, aparecen una serie de síntomas que son característicos de esta problemática: inquietud o sensación de estar atrapado o con los nervios de punta, facilidad para fatigarse, dificultad para concentrarse o quedarse con la mente en blanco, irritabilidad, tensión muscular y problemas de sueño. Es importante tener en cuenta que no es necesario que aparezcan todos los síntomas citados para realizar el diagnóstico, pero sí en una proporción significativa. 

 

Se han planteado diferentes hipótesis como causas de su aparición, como son la intolerancia a la incertidumbre, o la sensibilidad a la ansiedad. A pesar de ello, se considera que en su etiología interfieren múltiples factores, tanto internos (variables de personalidad, tendencia a la preocupación… entre otros), como externos (conflictos relacionales, pérdidas emocionales o laborales…entre otros), que pueden actuar tanto como predisponentes, como precipitantes de la patología. A pesar de ello, merece la pena tener presente que la ansiedad es algo dimensional, de grado. Es decir, que todos la sufrimos en muchos momentos de nuestra vida, y sólo si aparece reiteradamente o de una manera demasiado acentuada, limitando nuestro día a día, requiere una consideración y atención especial.

Son diferentes las propuestas que se han realizado para combatir esta problemática, siendo la Terapia Cognitivo-Conductual una de las más eficaces. En nuestro centro de psicología y psiquiatría, situado en Mataró, estamos formados en esta y otras intervenciones que pueden ayudarte. Si quieres conocernos, llámanos, te proporcionaremos toda la información que necesites.