Cuando interaccionamos con los demás, dependiendo de la relación, del ámbito, de la edad o incluso de nuestro estado de ánimo en ese momento, nuestro comportamiento puede variar substancialmente. Una de las herramientas o mecanismos más importantes y a la vez más difíciles de aplicar, son los límites. Estos principalmente nos permiten preservar nuestro punto de vista, y sobre todo nuestra estabilidad y autoestima, pero en muchas ocasiones puede resultarnos especialmente difícil acotarlos, y mucho más ponerlos. 

 

El miedo a la reacción del otro, la desconfianza hacia nuestro propio criterio o punto de vista, o la evitación de conflictos, son algunas de las principales causas asociadas a las dificultades a la hora de fijar y poner límites. Así, el miedo a que el otro se enfade, a ser rechazados, o el no querer hacer daño, son algunas de las sensaciones que pueden verse más representadas. Pero, si no pongo límites, ¿dónde quedo yo? Si raramente lo hacemos, adoptando una postura general y habitualmente pasiva, podemos sentirnos cada vez más pequeños al lado de los demás, dañando progresivamente más nuestra autoestima. De esta forma, nos centramos casi exclusivamente en cómo lo vivirá la otra persona, y dejamos de poner el foco en nosotros, y al final, por no herir al otro, nos lo estamos autoinfligiendo. Debemos preguntarnos, por ello, si realmente estamos validando lo que sentimos. 

 

En este sentido, en primer lugar es importante autobservarnos, escucharnos, y validar y aceptar lo que pensamos y lo que sentimos. Nadie mejor que nosotros conoce estos componentes. Seguidamente, es importante tener en cuenta que si lo sentimos, y es importante para nosotros, entonces es importante. Nuestro criterio es el que cuenta. Y por último, debemos darnos y dar la oportunidad al otro de conocer nuestro estado y punto de vista, es decir, comunicarnos. Y este último aspecto es la clave; poner límites no es ni significa hacer daño al otro, sino protegernos a nosotros. Si transmitimos con respeto el mensaje, no es nuestra responsabilidad el cómo reaccione la otra persona, y además, y casi más importante, no es controlable. 

 

Merecemos respetarnos y que nos respeten, y la fijación y uso de los límites es precisamente para eso; para cuidarnos, querernos y respetarnos. 

 

Las dificultades en este ámbito pueden darse en múltiples situaciones, y tanto en personas con patologías concretas (p.ej., depresión o trastorno de personalidad evitativo), como sin ellas. El Entrenamiento en Habilidades Sociales, y las intervenciones centradas en la mejora de la autoconfianza y la autoestima, se muestran como alternativas particularmente útiles y atractivas para trabajar componentes como éste. En nuestro equipo, situado en Mataró, encontrarás profesionales que te ayudarán con esta y cualquier otra consulta o dificultad que poseas. No lo dudes y contacta con nosotros, te ayudaremos.

Pasamos la mayor parte de nuestro tiempo pensando, y de esos pensamientos, un cantidad muy significativa gira en torno a preocupaciones. Algunas de ellas, tienen más intensidad, se encapsulan, o perduran más en el tiempo que otras. Habitualmente esto pasa cuando llevan asociadas estados emocionales intensos, y sobre todo, que nos generan malestar. Además, en muchas ocasiones acabamos descubriendo y evidenciando que nuestras preocupaciones no son tan importantes, y sobre todo, que ni mucho menos reflejan la realidad.

 

Cuando nos preocupamos de manera desmesurada, generando una reacción emocional en la misma línea, tenemos la sensación de que debemos actuar, en consecuencia, de manera igualmente desproporcionada. Esto genera un ciclo de malestar y principalmente de ansiedad. Por ello, son muchas las estrategias que se han diseñado para intervenir sobre mecanismos como este y muchos otros, característicos tanto de población con patologías concretas (p.ej., depresión), como personas con dificultades emocionales específicas.

 

La proyección temporal o salto en el tiempo es una técnica de imaginación creada por Lazarus (1971) que consiste en, cuando nos venga una imagen con alto contenido emocional, imaginar que se está produciendo en un momento temporal distinto, lo cual nos puede permitir ver que la magnitud e importancia que le damos en un momento determinado, seguramente no es la misma si nos focalizamos en un momento temporal diferente. Esto facilita que aparezcan sensaciones de bienestar y de relajación, junto con una percepción de mayor dominio sobre nuestras preocupaciones. De esta forma, podremos ser capaces de ver aquello que nos preocupa en exceso de una forma distinta, y le daremos realmente la importancia que merece, sin que de ello dependa nuestro estado emocional. 

 

Ser capaces de alejarnos de nuestro propio proceso de pensamiento, y permitirnos proyectarnos y plantearnos otras alternativas no resulta sencillo. Habitualmente entramos en espirales negativas, y el miedo y el malestar no nos permiten salir, ya que necesitamos cerciorarnos de que lo que nos perturba, no ocurre. Toda mejora, o cambio, implica un trabajo personal, un esfuerzo en el cual se producirán luchas y resistencias internas. Si persistimos, y confiamos en el proceso, podemos conseguir no solamente gestionar emocionalmente situaciones tanto personales como externas, sino aprender de nosotros mismos y de nuestro alrededor. 

 

Realizar un seguimiento psicoterapéutico nos permite adquirir o sacar a flote recursos internos que pueden verse plasmados en infinidad de situaciones. Supone un camino no solo hacia la resolución del malestar, sino hacia la autorrealización. Si tienes cualquier duda o crees que puede beneficiarte nuestra ayuda, te animamos a que contactes con nuestro equipo de psicólogos y psiquiatras situado en Mataró. Estaremos encantados de atenderte.

La comunicación es un proceso de influencia constante. Nuestras interacciones están repletas de mecanismos, conscientes e inconscientes, que hacen de nuestras relaciones un proceso increíblemente rico a la par que complejo. En ocasiones, estos mecanismos se usan o adoptan la forma de manipulación, la cual puede ser utilizada para eludir la responsabilidad de algo, para culpabilizar al otro, para preservar la autoestima…entre otros. 

La Luz de gas o gaslighting se considera un tipo de maltrato psicológico o de manipulación de la percepción de la realidad del otro, la cual es utilizada de manera consciente e inconscientemente para provocar que la otra persona dude de su propio criterio. Aunque puede adoptar diferentes formas, las más comunes son negar la realidad del otro, aportar información falsa para desorientar al otro, o afirmar algo que nunca ocurrió. Además, puede aparecer en cualquier ámbito, tanto en el familiar, social, académico/laboral o de pareja. 

Algunas de las expresiones que utilizan las personas que lo ejercen son las siguientes:

  • Estás loco/loca.
  • Te lo estás imaginando o inventando. 
  • Eres demasiado sensible.
  • Esto no ha pasado.
  • Estás exagerando.
  • Forma parte de tu inseguridad.
  • Siempre haces lo mismo. 

Como consecuencia de esto, la persona víctima de esta manipulación puede llegar a creer que está haciendo algo malo, sentirse insegura dañando significativamente su autoestima, y empequeñecerse hasta tal punto de ceder totalmente y depender de la opinión de los otros. Junto a esto, puede incluso alejarse de sus familiares o amigos por miedo a que confronten la relación, a que no lo entiendan, o a que juzguen. 

¿Cuáles son las principales señales de alarma que nos pueden ayudar a detectarlo?

  • El autor niega algo que la persona sabe.
  • Hace comentarios sobre su salud mental.
  • Procura alinear a los demás en su contra.
  • Se sitúa como víctima, responsabilizando y culpando al otro. 
  • Agrede verbal o físicamente aspectos que son importantes para el otro. 

Ante esto, algunas de las medidas que podemos tener en cuenta para afrontarlo son; pedir ayuda a un profesional, confiar en nuestra intuición, ser conscientes de nuestros valores, mantener y tener claros nuestros límites personales, acudir y fortalecer nuestras relaciones sociales y familiares.

Merecemos que nos respeten y que validen nuestras emociones, y si no es así, es importante respetarnos a nosotros mismos, ser asertivos, o bien alejarnos de aquellas fuentes que únicamente nos aporten malestar. La intervención psicológica, y especialmente el Entrenamiento en Habilidades Sociales, como componente de la Terapia Cognitivo-Conductual, se muestra como una alternativa muy útil para hacer frente a situaciones como la descrita. 

Ponte en contacto con nuestro equipo. En el Gabinet Psicológic Mataró (GPM) te proporcionaremos una atención profesional e individualizada, y te ayudaremos a resolver todas tus dudas.

Los problemas emocionales han recibido diferentes denominaciones y clasificaciones a lo largo de los años. Son muchas y diversas las propuestas realizadas para procurar cubrir toda la gama de alteraciones en este sentido. Así, aunque todos podemos hacernos una idea de lo que es y lo que implica la depresión (estado acentuado de tristeza, desmotivación, apatía…), es posible que nos sea menos común el concepto aquí propuesto, la depresión doble. 

 

En primer lugar, el Trastorno Depresivo Mayor (TDM) se define como un estado de ánimo deprimido (en niños puede ser irritable) en el que predominan la disminución del interés o el placer, la pérdida o aumento significativo de peso, el insomnio o hipersomnia, la fatiga o pérdida de energía, los sentimientos de culpa o inutilidad, los problemas de concentración y las ideas de muerte o de suicidio. Estas características (un mínimo de 5 síntomas de los citados) deben estar presentes durante un mínimo de dos semanas, causar un malestar o deterioro significativos, y no estar producidos por los efectos de una sustancia o afección médica concreta. 

 

Por otro lado, la Distimia o Trastorno Depresivo Persistente, es aquel cuadro en el que aparece un estado de ánimo depresivo durante un mínimo de 2 años, con síntomas como poco apetito o sobrealimentación, insomnio o hipersomnia, poca energía o fatiga, baja autoestima, problemas de concentración, y sentimientos de desesperanza. Algunos consideran esta problemática como una presentación algo más leve y persistente que el TDM, pero se ha evidenciado que puede llegar a resultar incluso más incapacitante que éste. 

 

La Depresión Doble sería pues la combinación entre las dos patologías citadas, es decir, la presentación conjunta durante 2 años de un trastorno depresivo mayor y un trastorno distímico, y donde la persona no ha estado más de 2 meses sin presentar síntomas. Esta patología se asocia a un mayor grado de incapacitación y de ingresos hospitalarios, reflejando además, mayor resistencia a los tratamientos tanto psicológicos como farmacológicos. Además, todos ellos reflejan una prevalencia superior en el sexo femenino y en la mediana edad (25-35 años). 

La Terapia Cognitivo-Conductual, la Terapia Sistémica o el EMDR se han mostrado altamente eficaces para este y muchas otras patologías, de las cuales cada vez existe un mayor conocimiento, reflejando incluso en algunos casos, una eficacia superior al tratamiento farmacológico. Si quieres recibir más información o te interesa cualquier otra cuestión, ponte en contacto con nuestro equipo de psicólogos, en Mataró, te proporcionaremos toda la información y ayuda que necesites.

Las personas somos, en esencia, seres sociales. Creamos, mantenemos y fortalecemos vínculos con los demás, y esto nos proporciona seguridad, afecto, compañía, intimidad… Junto a ésto, nos ayuda a crearnos una imagen tanto de nosotros mismos como de nuestro entorno, y nos proporciona las bases para desenvolvernos a través de la interacción. La comunicación no verbal es esencial para ello, y uno de los gestos más potentes son las conductas de aproximación, y entre ellas, el abrazo. 

 

Hoy, día 21 de enero, se considera el día mundial del abrazo. Como tal, supone una muestra innata de amor o un tipo de saludo, pudiendo ser algo relativamente neutro, o muy positivo a nivel emocional. De esta forma, nunca es asociado a algo negativo. Así, es una vía para estrechar la conexión con otra persona, demostrarle nuestro cariño, hacerle saber que estamos aquí, y que nuestra relación es incondicional. Es utilizado tanto para dar o transmitir buenas notícias (p.ej., cuando recibimos una muy buena notícia y queremos compartirla con nuestros más cercanos), como para ayudarnos a enfrentar situaciones negativas, y especialmente la tristeza. En este segundo caso, el abrazo nos facilita aligerar el dolor, y liberarnos, en parte, del malestar. A nivel psicobiológico, los expertos enfatizan su relevancia para liberar las famosas hormonas del placer, el amor y la felicidad, como son la oxitocina, la dopamina o la serotonina, permitiéndonos impregnar de emociones positivas. 

 

Por contra, su falta o escasez puede ser una de las principales causas de desarrollo de problemas emocionales, como por ejemplo la depresión. En este sentido, se ha descubierto que supone una necesidad para el ser humano, variando de entre 4 y 5 abrazos diarios para los adultos, a unos 12 para los niños según la organización Free Hugs. Esto tiene parte de su explicación en el hecho de que los humanos, tardamos mucho en comenzar a andar en comparación a otros animales, y durante todo este periodo, es el abrazo el que nos proporciona el principal contacto físico y garantiza nuestra supervivencia, ayudando a nuestro cerebro a desarrollar los vínculos afectivos. Por ello, cuando esto, por diferentes circunstancias, no se da, estamos privados de una de las armas más potentes de nuestro ciclo vital. 

 

Desde hace ya un tiempo nos encontramos sufriendo una situación que nos ha obligado a alejarnos de nuestros seres queridos, teniendo que reducir y prácticamente eliminar el contacto físico. Frases como “volveremos a abrazarnos” han cobrado especial importancia y se han hecho virales, evidenciando su relevancia y cómo podemos echarlo de menos cuando nos privan de ello. 

 

Por todo lo comentado, hoy es un día para reflexionar y tomar conciencia de su importancia. Dar y recibir abrazos puede ser algo aparentemente simple, pero muchas veces lo infravaloramos, lo subestimamos, cuando, si lo pensamos, es lo primero que recibimos en nuestra vida.

En nuestro centro de psicología clínica de adultos e infanto-juvenil, podrás obtener información acerca de este o cualquier otro tema que te interese. No lo dudes y contacta con nosotros, será un placer atenderte.

La adolescencia es un periodo crítico para nuestro desarrollo vital. Supone una transición, entre la juventud y la adultez, en la que se producen los principales cambios madurativos tanto a nivel físico como cognitivo-emocional. Además, el ámbito social ejerce una influencia especialmente relevante, y todo ello se plasma en la construcción y asunción de una autoestima e identidad determinadas que marcarán, en cierta manera. el porvenir de nuestro crecimiento, desarrollo y adaptación. 

 

De esta forma, en un muy corto período de tiempo afrontamos (consciente e inconscientemente), una serie de cambios muy significativos, los cuales pueden plasmarse y transformarse en muchas ocasiones en conflictos externos e internos. En este sentido, existen dificultades que se hacen especialmente patentes en este periodo, como son los problemas de conducta, entre los cuales y como más representativos encontramos los siguientes:

 

  • Evitación de responsabilidades y procrastinación: Se trata de uno de los comportamientos más frecuentes. Los/las chicos/as con estos problemas, acostumbran a no involucrarse en casi ninguna tarea que implique cierta responsabilidad, tanto a nivel escolar, como familiar, delegando a los demás o para otro momento (a menudo tarde), su realización.

 

  • Conductas negativistas y oposicionistas: Las conductas de oposición, principalmente a figuras de autoridad, es un aspecto muy característico. Es típico que cuanto más se les solicite hacer algo, menos lo hacen. Así, utilizan esto para cuestionar a ciertas personas. 

 

  • Conductas imprudentes: Junto a las anteriores, acostumbran a involucrarse en actividades peligrosas, como conducción temeraria, ciertas prácticas sexuales, actos violentos o vandálicos, consumo de drogas…etc. 

 

  • Déficit en el control de impulsos: Lo anterior puede verse especialmente influenciado por una falta de control sobre la conducta, lo cual acostumbra a ser muy característico en estas problemáticas. Éste se ha vinculado con un déficit del funcionamiento de la corteza prefrontal. 

 

Junto a estos, que generan claramente un malestar y deterioro en la esfera interpersonal (familiar, social, escolar…), pueden coexistir e incluso ser la causa, los problemas emocionales. Así, las dificultades relacionadas con la autoestima y los problemas de ansiedad y depresión, son comunes y cada vez más frecuentes.

 

Intervenciones como la TCC (Terapia Cognitivo-Conductual), o en Entrenamiento para Padres, suponen alternativas muy útiles para hacer frente a estas dificultades. Si tienes cualquier pregunta o quieres recibir más información, ponte en contacto con nosotros. En nuestro centro de psicología, en Mataró, te facilitaremos toda la ayuda que necesites.

El síndrome del impostor, o fenómeno del impostor, también llamado síndrome del fraude, consiste en un proceso psicológico mediante el cual las personas, a pesar de poder considerar que tienen éxito, son incapaces de asimilar los logros. Por ello, es característico que se minimice, subestime o incluso se externalice la responsabilidad de haber conseguido un objetivo, atribuyendolo comunmente a la suerte, o a otras circunstancias que poco tienen que ver con las características personales positivas.  

 

Este proceso, el cual se indica que tiene una prevalencia ligeramente superior en mujeres, se ha relacionado con distintas variables, como el perfeccionismo, la autoexigencia, o incluso la baja autoestima. Lo que está claro es que puede afectar de manera negativa a nuestra carrera profesional, ya que si estamos convencidos de que no estamos a la altura, esto puede suponer un obstáculo de cara a imponernos o enfrentar ciertas situaciones. Así, podemos encararnos más en no cometer un error y evitar el fracaso, en lugar de procurar ser proactivos y focalizarnos en conseguir nuevos retos. Todo ello puede llevar a deteriorar nuestra autopercepción, y a menguar nuestro estado de ánimo (p.ej., tristeza, ansiedad, frustración, impotencia…). 

 

¿Cómo podemos combatirlo?

 

Observación y registro: Atender y hacer conscientes nuestros sentimientos y pensamientos de “impostor” cuando aparezcan puede romper con el círculo vicioso. Además, si lo escribimos podemos verlo desde otra perspectiva, alejándonos de su credibilidad e importancia. 

 

Flexibilización: Una vez detectados los automensajes, seguramente seremos capaces de ver la rigidez y la magnificación inherente en cada uno. Reducir la autoexigencia y la perfección que nos imponemos es clave. Esto, además, puede facilitar que surjan alternativas más constructivas.

 

Listado de fortalezas: El paso anterior permite esta parte. Además de reducir la potencia de los mensajes negativos, conviene recordarnos todo aquello personal de lo que podemos confiar, y lo cual nos proporciona evidencias de que podemos confiar en nosotros mismos, y enfrentarnos a cualquier situación. Dedícate unos minutos y realiza un listado general de lo que consideras tus puntos fuertes, junto a uno diario de aquellas características positivas que hayas podido apreciar durante ese día.

 

Afrontamiento y exposición: Es importante no postergar las situaciones. Dejar las cosas para más adelante puede hacer que indirectamente reafirmes tu condición de “ineptitud” o “incapacidad”. Podemos enfrentar los problemas directamente y asumir los errores, si estos aparecen. Responsabilizarnos del proceso es una magnífica forma de fortalecer nuestra autoconfianza. 

 

Modificar el lenguaje interno y nuestras creencias no es fácil, y menos en el ámbito laboral y cuando creemos que se espera mucho de nosotros. Este y otros fenómenos son recurrentes en nuestra sociedad actual. Si quieres conocer más, o tienes cualquier pregunta, nuestro equipo de psicólogos y psiquiatras, en Mataró, te proporcionará toda la ayuda que necesites. Acércate o llámanos, te atenderemos encantados.

Dentro de las técnicas operantes, o también llamadas de modificación de conducta, es decir, herramientas que sirven para instaurar, mantener, aumentar o disminuir comportamientos, existen una gran variedad de estrategias. Entre ellas, algunas de las más conocidas son el reforzamiento y castigo, tanto positivo como negativo, la extinción, o la sobrecorrección. Se diferencian principalmente en función de si entregamos o retiramos algo “agradable” para la persona, o si hacemos lo mismo pero con un estímulo “desagradable”. Hoy en día poseen una utilidad enorme, siendo utilizadas desde casi todas las orientaciones en psicología clínica. 

 

La Economía de Fichas es una técnica de modificación de conducta, clasificada dentro de los sistemas de organización de contingencias (junto al contrato de contingencias), basada en los principios del condicionamiento operante, que consiste en establecer un sistema en el que la persona gane o pierda puntos o fichas por comportarse de una determinada manera, pactada de antemano. Estas fichas podrán intercambiarse o canjearse por los llamados reforzadores de apoyo, es decir, si la persona consigue un determinado número de fichas o puntos, podrá obtener algo que desee (juguete, actividad…). Tal y como hemos indicado, existen dos formas de realizar el programa, entregando todas las fichas inicialmente, e ir retirándolas a medida que se realicen comportamientos no deseados (procedimiento denominado coste de respuesta), o entregarlas a medida que se realizan las conductas deseadas (reforzamiento positivo). 

 

Una de sus ventajas es que se puede aplicar tanto individualmente, como en grupo, lo cual aumenta su eficiencia. Además, permite establecer comportamientos a medio y/o largo plazo, que en caso de estar bien planificados, pasarán a instaurarse como rutinas. Junto a esto, la entrega de puntos supone un aliciente inmediato para la conducta que queremos conseguir, y permite acceder a un reforzador mucho mayor a largo plazo. Esto supone un claro aumento de la motivación de la persona, y favorece su compromiso y colaboración en el programa. Para crearlo, debemos tener en cuenta las siguientes consideraciones, en las cuales podemos diferenciar dos fases:

 

  • Fase de implantación:
    • Establecer los objetivos del programa: es decir, decidir aquellas conductas meta que queremos eliminar o instaurar. Es importante no seleccionar muchas, y definirlas de forma específica, precisa y clara.
    • Elegir el tipo de fichas que utilizaremos: en función del colectivo que tengamos delante (sobretodo en función de la edad), utilizaremos unos u otros (estrellas, caras sonrientes, pegatinas…). 
    • Muestreo: seleccionar los reforzadores de apoyo que se concederán, y por cuántas fichas se canjearan. Esto es importante hacerlo en colaboración con la persona, de tal manera que conozcamos adecuadamente cuáles son sus gustos, y qué refuerzos tienen más significación para ella. 
    • Registro: es importante contar con un método de registro de fichas, de tal forma que tanto el profesional como las personas implicadas tengan un control sobre su ejecución.

 

  • Fase de finalización o desvanecimiento: En esta segunda y última fase principalmente se incrementa el tiempo entre la ejecución de la conducta y la entrega del reforzador, de tal forma que se generalice aquello que deseamos, y progresivamente se reduzca la dependencia sobre el reforzador, instaurando definitivamente el comportamiento deseado. 

 

Aunque esta técnica se creó y se utilizó inicialmente en ambientes institucionalizados, actualmente se utiliza tanto en ámbito clínico, como educativo (escuelas), y social. Además, es una de las herramientas más útiles para población infantil, y especialmente para los trastornos del comportamiento. Además pero, también se ha utilizado en terapia familiar y problemas de pareja.

 

Si deseas conocer más acerca de este o cualquier otro recurso, los profesionales de nuestro centro de psicología, en Mataró, te proporcionarán toda la información que necesites. Contacta con nosotros, te ayudaremos.

Los trastornos relacionados con síntomas somáticos engloban una serie de alteraciones heterogéneas que comparten la manifestación de problemas relacionados con el cuerpo (dolor, fatiga, síntomas motores…), preocupación diversa acerca de estos, y malestar emocional acentuado (en forma de ansiedad principalmente). Así, la “somatización” se podría describir como la tendencia a experimentar y expresar malestar psicológico en forma de síntomas somáticos que el sujeto interpreta erróneamente como signo de alguna enfermedad física severa y, en consecuencia, a menudo solicita asistencia médica para ellos. 

 

Dentro de estos se encuentra la Hipocondría o Trastorno de Ansiedad por Enfermedad. Aunque todos podemos tener una idea de su caracterización, los manuales diagnósticos la definen como la preocupación por padecer o contraer una enfermedad grave, que se acompaña de un grado elevado de ansiedad acerca de la salud, y de comportamientos excesivos como acudir repetidamente al médico, o evitación. Además, es importante destacar que en esta patología no existen síntomas somáticos o, si están presentes, son únicamente leves. Y si hay afección médica real, la preocupación se considera excesiva. Afecta a entre un 1,3 y un 10% de la población, presentando una prevalencia similar entre hombres y mujeres. Además acostumbra a iniciarse en la edad adulta media temprana, con tendencia hacia la cronificación. Junto a esto, como factores de riesgo se ha destacado la presencia de estrés vital acentuado, y las experiencias de abuso o enfermedad grave en la niñez. 

 

De esta forma, la persona, ante el mínimo síntoma físico o cualquier estímulo que implique conectar con la posibilidad de sufrir alguna patología, entra en una espiral negativa, en la que realiza una interpretación magnificada debido al miedo a sufrir una enfermedad, lo cual produce una serie de síntomas de ansiedad que pueden alimentar la idea de que algo está mal en su cuerpo, cerrando el círculo. Por ello, el tratamiento deberá ir encarado a trabajar, no solo la elevada activación con técnicas de regulación emocional y de gestión de la ansiedad, sino la parte cognitiva; es decir, todos aquellos pensamientos que asaltan abrumadoramente a la consciencia y que nos llevan a realizar hipótesis cada vez más significativas. 

La Terapia Cognitivo-Conductual es una alternativa muy eficaz y con elevados niveles de evidencia para la Hipocondría. Existen diferentes programas propuestos por diversos autores (Kellner, Salkovskis, Barsky…) que han mostrado claramente su utilidad. En el Gabinet Psicològic Mataró encontrarás a profesionales con esta y otras especialidades que te permitirán obtener ayuda e información para lo que necesites. No lo dudes y contacta con nosotros, te ayudaremos.

Existen una gran variedad de problemas emocionales, desde trastornos concretos y bien acotados, hasta patologías más inespecíficas. Las situaciones que pueden desencadenar estos, son también múltiples, y es necesario tener una visión amplia y flexible para comprender el origen y mantenimiento de todas estas dificultades. En este sentido, existen síntomas, o compendios de ellos, que aunque no se puedan encasillar en patologías concretas, pueden generar un malestar y limitación significativos, y por ello, merecen igual o más importancia.

 

¡No es necesario poseer un trastorno concreto para pedir ayuda! En ocasiones buscamos información acerca de lo que nos está pasando, y lo encuadramos en un problema concreto, y esto, aunque puede aliviar el malestar por la incertidumbre que genera el no saber lo qué nos pasa, muchas veces fomenta el estigma y el autocastigo, y una percepción errónea de lo que nos sucede. Así, la característica de “subclínico” se reserva para aquellos problemas que implican un sufrimiento significativo para la persona, y que aparecen en una cierta frecuencia e intensidad, pero que debido a sus características no pueden terminar de encasillarse en una categoría o trastorno mental concreto. En este sentido, es importante recordar que para realizar un diagnóstico, actualmente es necesario cumplir con un número concreto de características y durante un cierto tiempo, pero es necesario tener presente que aunque esto no se presente, y por ejemplo sólo  aparezca un único síntoma (p.ej., tristeza), este por sí mismo puede provocar una gran limitación en la persona que lo sufre. 

 

La importancia del problema pues, vendrá determinada por la vivencia y el afrontamiento de la propia persona en sí, y/o por el malestar que genere en los demás. En esta línea, cada vez son más los autores que se decantan por una aproximación dimensional de las patologías, en lugar de una categorial. Esto implica entenderlas como espectros, en los que los síntomas pueden presentarse de formas muy diversas y combinadas, y en diferentes problemáticas (p.ej., el Trastorno del Espectro del Autismo). En el caso de la ansiedad y de la depresión, ya se lleva evidenciando desde hace tiempo que existe un claro solapamiento entre sus características. Así, cada vez hay más interés en encontrar aspectos comunes de las diferentes problemáticas con tal de diseñar intervenciones que sean útiles para abordar problemas diversos (p.ej., los programas transdiagnósticos). 

 

Merece la pena mencionar, igualmente, que acudir a un terapeuta también puede ser con la finalidad de mejorar. Es decir, que aunque no exista un malestar acentuado, podemos estar interesados en realizar un crecimiento personal o potenciar nuestro autoconocimiento. Por todo ello, si te preocupa o genera malestar cualquier cosa, o simplemente te gustaría ahondar un poco más en ti misma para potenciar ciertos recursos o habilidades, no lo dudes y date la oportunidad de abrirte y encontrar herramientas para gestionarlo a través de un proceso terapéutico. 

 

En nuestro centro de psicología, psiquiatría y neuropsicología de adultos e infanto-juvenil, situado en Mataró, encontrarás a profesionales que te ayudarán a recibir toda la información y atención que necesites. Llámanos sin compromiso, estaremos encantados de atenderte.