Dentro de las técnicas operantes, o también llamadas de modificación de conducta, es decir, herramientas que sirven para instaurar, mantener, aumentar o disminuir comportamientos, existen una gran variedad de estrategias. Entre ellas, algunas de las más conocidas son el reforzamiento y castigo, tanto positivo como negativo, la extinción, o la sobrecorrección. Se diferencian principalmente en función de si entregamos o retiramos algo “agradable” para la persona, o si hacemos lo mismo pero con un estímulo “desagradable”. Hoy en día poseen una utilidad enorme, siendo utilizadas desde casi todas las orientaciones en psicología clínica. 

 

La Economía de Fichas es una técnica de modificación de conducta, clasificada dentro de los sistemas de organización de contingencias (junto al contrato de contingencias), basada en los principios del condicionamiento operante, que consiste en establecer un sistema en el que la persona gane o pierda puntos o fichas por comportarse de una determinada manera, pactada de antemano. Estas fichas podrán intercambiarse o canjearse por los llamados reforzadores de apoyo, es decir, si la persona consigue un determinado número de fichas o puntos, podrá obtener algo que desee (juguete, actividad…). Tal y como hemos indicado, existen dos formas de realizar el programa, entregando todas las fichas inicialmente, e ir retirándolas a medida que se realicen comportamientos no deseados (procedimiento denominado coste de respuesta), o entregarlas a medida que se realizan las conductas deseadas (reforzamiento positivo). 

 

Una de sus ventajas es que se puede aplicar tanto individualmente, como en grupo, lo cual aumenta su eficiencia. Además, permite establecer comportamientos a medio y/o largo plazo, que en caso de estar bien planificados, pasarán a instaurarse como rutinas. Junto a esto, la entrega de puntos supone un aliciente inmediato para la conducta que queremos conseguir, y permite acceder a un reforzador mucho mayor a largo plazo. Esto supone un claro aumento de la motivación de la persona, y favorece su compromiso y colaboración en el programa. Para crearlo, debemos tener en cuenta las siguientes consideraciones, en las cuales podemos diferenciar dos fases:

 

  • Fase de implantación:
    • Establecer los objetivos del programa: es decir, decidir aquellas conductas meta que queremos eliminar o instaurar. Es importante no seleccionar muchas, y definirlas de forma específica, precisa y clara.
    • Elegir el tipo de fichas que utilizaremos: en función del colectivo que tengamos delante (sobretodo en función de la edad), utilizaremos unos u otros (estrellas, caras sonrientes, pegatinas…). 
    • Muestreo: seleccionar los reforzadores de apoyo que se concederán, y por cuántas fichas se canjearan. Esto es importante hacerlo en colaboración con la persona, de tal manera que conozcamos adecuadamente cuáles son sus gustos, y qué refuerzos tienen más significación para ella. 
    • Registro: es importante contar con un método de registro de fichas, de tal forma que tanto el profesional como las personas implicadas tengan un control sobre su ejecución.

 

  • Fase de finalización o desvanecimiento: En esta segunda y última fase principalmente se incrementa el tiempo entre la ejecución de la conducta y la entrega del reforzador, de tal forma que se generalice aquello que deseamos, y progresivamente se reduzca la dependencia sobre el reforzador, instaurando definitivamente el comportamiento deseado. 

 

Aunque esta técnica se creó y se utilizó inicialmente en ambientes institucionalizados, actualmente se utiliza tanto en ámbito clínico, como educativo (escuelas), y social. Además, es una de las herramientas más útiles para población infantil, y especialmente para los trastornos del comportamiento. Además pero, también se ha utilizado en terapia familiar y problemas de pareja.

 

Si deseas conocer más acerca de este o cualquier otro recurso, los profesionales de nuestro centro de psicología, en Mataró, te proporcionarán toda la información que necesites. Contacta con nosotros, te ayudaremos.

Los trastornos relacionados con síntomas somáticos engloban una serie de alteraciones heterogéneas que comparten la manifestación de problemas relacionados con el cuerpo (dolor, fatiga, síntomas motores…), preocupación diversa acerca de estos, y malestar emocional acentuado (en forma de ansiedad principalmente). Así, la “somatización” se podría describir como la tendencia a experimentar y expresar malestar psicológico en forma de síntomas somáticos que el sujeto interpreta erróneamente como signo de alguna enfermedad física severa y, en consecuencia, a menudo solicita asistencia médica para ellos. 

 

Dentro de estos se encuentra la Hipocondría o Trastorno de Ansiedad por Enfermedad. Aunque todos podemos tener una idea de su caracterización, los manuales diagnósticos la definen como la preocupación por padecer o contraer una enfermedad grave, que se acompaña de un grado elevado de ansiedad acerca de la salud, y de comportamientos excesivos como acudir repetidamente al médico, o evitación. Además, es importante destacar que en esta patología no existen síntomas somáticos o, si están presentes, son únicamente leves. Y si hay afección médica real, la preocupación se considera excesiva. Afecta a entre un 1,3 y un 10% de la población, presentando una prevalencia similar entre hombres y mujeres. Además acostumbra a iniciarse en la edad adulta media temprana, con tendencia hacia la cronificación. Junto a esto, como factores de riesgo se ha destacado la presencia de estrés vital acentuado, y las experiencias de abuso o enfermedad grave en la niñez. 

 

De esta forma, la persona, ante el mínimo síntoma físico o cualquier estímulo que implique conectar con la posibilidad de sufrir alguna patología, entra en una espiral negativa, en la que realiza una interpretación magnificada debido al miedo a sufrir una enfermedad, lo cual produce una serie de síntomas de ansiedad que pueden alimentar la idea de que algo está mal en su cuerpo, cerrando el círculo. Por ello, el tratamiento deberá ir encarado a trabajar, no solo la elevada activación con técnicas de regulación emocional y de gestión de la ansiedad, sino la parte cognitiva; es decir, todos aquellos pensamientos que asaltan abrumadoramente a la consciencia y que nos llevan a realizar hipótesis cada vez más significativas. 

La Terapia Cognitivo-Conductual es una alternativa muy eficaz y con elevados niveles de evidencia para la Hipocondría. Existen diferentes programas propuestos por diversos autores (Kellner, Salkovskis, Barsky…) que han mostrado claramente su utilidad. En el Gabinet Psicològic Mataró encontrarás a profesionales con esta y otras especialidades que te permitirán obtener ayuda e información para lo que necesites. No lo dudes y contacta con nosotros, te ayudaremos.

Existen una gran variedad de problemas emocionales, desde trastornos concretos y bien acotados, hasta patologías más inespecíficas. Las situaciones que pueden desencadenar estos, son también múltiples, y es necesario tener una visión amplia y flexible para comprender el origen y mantenimiento de todas estas dificultades. En este sentido, existen síntomas, o compendios de ellos, que aunque no se puedan encasillar en patologías concretas, pueden generar un malestar y limitación significativos, y por ello, merecen igual o más importancia.

 

¡No es necesario poseer un trastorno concreto para pedir ayuda! En ocasiones buscamos información acerca de lo que nos está pasando, y lo encuadramos en un problema concreto, y esto, aunque puede aliviar el malestar por la incertidumbre que genera el no saber lo qué nos pasa, muchas veces fomenta el estigma y el autocastigo, y una percepción errónea de lo que nos sucede. Así, la característica de “subclínico” se reserva para aquellos problemas que implican un sufrimiento significativo para la persona, y que aparecen en una cierta frecuencia e intensidad, pero que debido a sus características no pueden terminar de encasillarse en una categoría o trastorno mental concreto. En este sentido, es importante recordar que para realizar un diagnóstico, actualmente es necesario cumplir con un número concreto de características y durante un cierto tiempo, pero es necesario tener presente que aunque esto no se presente, y por ejemplo sólo  aparezca un único síntoma (p.ej., tristeza), este por sí mismo puede provocar una gran limitación en la persona que lo sufre. 

 

La importancia del problema pues, vendrá determinada por la vivencia y el afrontamiento de la propia persona en sí, y/o por el malestar que genere en los demás. En esta línea, cada vez son más los autores que se decantan por una aproximación dimensional de las patologías, en lugar de una categorial. Esto implica entenderlas como espectros, en los que los síntomas pueden presentarse de formas muy diversas y combinadas, y en diferentes problemáticas (p.ej., el Trastorno del Espectro del Autismo). En el caso de la ansiedad y de la depresión, ya se lleva evidenciando desde hace tiempo que existe un claro solapamiento entre sus características. Así, cada vez hay más interés en encontrar aspectos comunes de las diferentes problemáticas con tal de diseñar intervenciones que sean útiles para abordar problemas diversos (p.ej., los programas transdiagnósticos). 

 

Merece la pena mencionar, igualmente, que acudir a un terapeuta también puede ser con la finalidad de mejorar. Es decir, que aunque no exista un malestar acentuado, podemos estar interesados en realizar un crecimiento personal o potenciar nuestro autoconocimiento. Por todo ello, si te preocupa o genera malestar cualquier cosa, o simplemente te gustaría ahondar un poco más en ti misma para potenciar ciertos recursos o habilidades, no lo dudes y date la oportunidad de abrirte y encontrar herramientas para gestionarlo a través de un proceso terapéutico. 

 

En nuestro centro de psicología, psiquiatría y neuropsicología de adultos e infanto-juvenil, situado en Mataró, encontrarás a profesionales que te ayudarán a recibir toda la información y atención que necesites. Llámanos sin compromiso, estaremos encantados de atenderte.

Estamos viviendo un aumento exponencial del desarrollo del mundo tecnológico; en forma de aplicaciones, plataformas y un sinfín de recursos, lo cual se traduce igualmente en el progresivo uso que hacemos de ello, adaptando no solamente nuestra actividad laboral, sino también nuestras actividades lúdicas e incluso sociales. Esto tiene una clara repercusión a todos los niveles, cultural, social y sobre todo personal.

 

Está claro que uno de los impactos de este tsunami reside en las redes sociales, y en las aplicaciones que, aunque no destinadas específicamente a ello, también se usan con la misma finalidad. Somos seres sociales, y gran parte de nuestra identidad se construye en base a la interacción con los demás. Por ello, como aspectos positivos de la creación y uso de estos recursos, podríamos destacar la rapidez y accesibilidad de diferentes contenidos, el acercamiento o creación de grupos por similitud de intereses o aficiones, la comodidad, el apoyo grupal, la privacidad, o la confidencialidad. Estos explicarían gran parte del atractivo de estas plataformas. Además, este espacio nos permite conocer y relacionarnos con personas de cualquier parte del mundo, facilitando así la interconexión entre todos nosotros.

 

Por otro lado, pero, y derivado principalmente de un uso inadecuado o no saludable, debemos remarcar diferentes aspectos a tener en cuenta: hacer un uso excesivo, único (utilizar solamente las aplicaciones para interaccionar y abandonar el contacto presencial), creación de falsas identidades o la suplantación de perfiles, entre otros. Todo ello puede llevar a una clara limitación y a consecuencias personales importantes, como el desarrollo de dependencia/adicción y otros trastornos psicológicos como ansiedad, depresión, problemas de autoestima, trastornos del sueño, desregulación alimentaria, o alteraciones psicosomáticas, entre muchos otros. Junto a esto, merece la pena tener en cuenta que las relaciones a distancia también pueden ser dolorosas, ya que nos exponen a cierta incertidumbre, lo cual puede aumentar la desconfianza y los celos, la falta de contacto físico y de compromiso, los malentendidos relacionados con la comunicación, la rutina y la monotonía. 

 

La transición y adaptación a un mundo ciber-social requiere un tiempo, y más cuando hace tan poco debíamos ir a casa del vecino si queríamos verle o comunicarle algo. Esto es especialmente relevante en la infancia y adolescencia, etapa clave en la formación de la identidad. Educar en la realización de un uso adecuado y saludable es clave para conseguir no solamente una adaptación lo más beneficiosa posible a este “nuevo mundo”, sino para prevenir problemáticas como las aquí citadas. 

 

En el Gabinet Psicològic Mataró (GPM), encontrarás a profesionales especializados en esta y muchas otras problemáticas, las cuales pueden ayudarte a obtener más información o una atención clínica, especializada e individualizada. Llámanos sin compromiso, estaremos encantados de resolver todas tus dudas.

Existe un reciente y progresivo interés por identificar aquellas variables o problemáticas que pueden ser comunes a diferentes patologías. Esto es así, debido a que la investigación y diseño de tratamientos busca cada vez más diseñar herramientas que puedan ser útiles y eficaces para diferentes trastornos, abogando por una base sintomatológica común. Uno de estos constructos, y el cual ha suscitado un interés especialmente relevante, es el de Sensibilidad a la ansiedad

 

Sabemos que la ansiedad es aquella reacción mental y emocional que aparece ante un peligro real o subjetivo (percibido) caracterizado principalmente por inquietud, excitación e inseguridad, y que engloba una serie de síntomas físicos como taquicardia, sudoración, temblores, tensión, palpitaciones, dificultad para respirar, visión borrosa, mareo…entre otros. Nos prepara para hacer frente o escapar de una situación, y supone un mecanismo adaptativo para la supervivencia. El término sensibilidad a la ansiedad, propuesto inicialmente por Reiss (1991) en su modelo sobre la expectativa de ansiedad, se refiere al miedo que experimenta una persona hacia las propias reacciones o síntomas de ansiedad, traducido en diferentes creencias o interpretaciones como puede ser el hecho de que los síntomas poseen consecuencias peligrosas o dañinas (p.ej., “puedo tener un ataque al corazón si experimento pánico”). Así, existe una interpretación negativa, sesgada y magnificada sobre las reacciones propias de la ansiedad, lo cual retroalimenta y potencia los síntomas, generando un círculo vicioso que puede llevar a experimentar síntomas de forma más frecuente e intensificada. 

 

Este componente se asocia principalmente a la incertidumbre sobre las características y consecuencias de la propia ansiedad, ya que ante la incomprensión y el malestar que produce, realizamos predicciones catastróficas sobre sus repercusiones. Además, se asocia y supone un factor de riesgo para el desarrollo de diferentes patologías:

 

  • Trastornos de Ansiedad en general.
  • Trastorno de Pánico con o sin Agorafobia.
  • Trastorno de Estrés Postraumático.
  • Adicciones. 

Como vemos, aunque se relaciona principalmente con el desarrollo de problemas de ansiedad, y especialmente con el pánico, tiene relevancia en diferentes categorías diagnósticas. Por ello, comprender mediante una adecuada psicoeducación, e intervenir con métodos eficientes como el EMDR, o la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), resulta clave. Si te interesa este o cualquier otro tema, o crees que puede beneficiarte nuestra ayuda, contacta con nuestro equipo situado en Mataró, te proporcionaremos toda la información que necesites.

La enuresis se define como la emisión repetida de orina, en la cama o en la ropa. Se estima que afecta a entre un 5 y un 10% de los niños y niñas de 5 años, a entre un 3 y un 5% de los que tienen 10 años, y a un 1% de los que tienen 15 o más años de edad. Esto evidencia una remisión en su prevalencia a medida que se avanza en el ciclo vital. A pesar de ello, su incidencia en edades tempranas es cada vez mayor, y esta se relaciona principalmente con factores psicológicos como el estrés, la ansiedad (p.ej., miedos), o los problemas del vínculo. 

 

En cuanto a los diferentes subtipos, tras observar los múltiples patrones de presentación en población infantil, se han propuesto los siguientes:

 

  • Voluntaria o involuntaria: Aunque tiende a concebirse como únicamente involuntaria, la enuresis y la encopresis (emisión de heces), pueden ser tanto voluntarias como involuntarias. En el primer caso, la alteración se relaciona con trastornos generalizados del desarrollo (p.ej., autismo) o de conducta, o , ya que puede haber intencionalidad de llamar la atención, o provocación, junto con rasgos de impulsividad.

 

  • Nocturna o enuresis monosintomática: Es la más común, y afecta principalmente al sexo masculino. Tiende a aparecer sobre todo durante el primer tercio de la noche, donde existe una mayor cantidad de tiempo en sueño profundo, y asociándose por tanto más a los trastornos del sueño no REM (p.ej., terrores nocturnos o sonambulismo). 

 

  • Diurna o incontinencia urinaria: Aparece sobre todo en niñas, y su prevalencia tiende a disminuir significativamente pasados los 9 años de edad. Dentro de ésta, se habla de “incontinencia urgente” cuando hay síntomas repentinos e inestabilidad del detrusor, y de “emisión pospuesta” cuando hay un retraso consciente de las ganas de orinar hasta que se produce la incontinencia. 

 

  • Nocturna y diurna: También llamada enuresis no monosintomática. Su presentación es poco frecuente, no existiendo diferencias por géneros. 

En cuanto al tratamiento, las terapias cognitivo-conductuales, y en concreto, el método de la alarma o pipi-stop ha demostrado ampliamente su evidencia y utilidad. El objetivo es que el niño o niña aprenda a discriminar las sensaciones antes de la micción, y a controlarlas voluntariamente de una forma poco invasiva y sobre todo, no lesiva. Si quieres obtener más información al respecto, ponte en contacto con nuestro grupo de profesionales, en Mataró. Te ayudaremos.

Son muchas las propuestas que se han hecho para conceptualizar el constructo de la inteligencia, y por tanto diferentes las divergencias entre los distintos autores. Ésta se puede definir como aquella capacidad mental que implica la aptitud para razonar, planificar, resolver problemas, pensar de modo abstracto, comprender ideas complejas, aprender con rapidez y aprender de la experiencia. Consistiría así en una capacidad amplia y profunda para comprender el ambiente. Entre las principales discusiones, se debate entre sí constituye un rasgo de la personalidad, si se trata de característica innata o adquirida, o si es un constructo unitaria o multidimensional. 

 

En este último sentido, y en contra de lo que tendemos a considerar, existe cierto consenso en considerar que no existe una única inteligencia, y que son muchos los atributos o capacidades que debemos tener en cuenta para considerar a una persona como más o menos inteligente. Así, Howard Gardner, psicólogo estadounidense de la Universidad de Harvard, publicó en 1983, su teoría sobre las inteligencias múltiples, advirtiendo de que no únicamente la inteligencia académica es el factor decisivo, ya que muchas personas con calificaciones excelentes presentan dificultades para relacionarse con otros o para manejar ámbitos concretos de su vida. En este sentido, el autor podría afirmar que Stephen Hawking no es más inteligente que Leo Messi, sino que ambos han desarrollado un tipo de inteligencia diferente. De esta forma, propone la existencia de 8 tipos de inteligencia:

 

  • Lingüística: Se refiere a la habilidad para la comunicación tanto verbal como no verbal, representando el dominio del lenguaje en todas sus esferas. 

 

  • Lógico-matemática: Es la capacidad para razonar lógicamente y para resolver problemas numéricos. Los conocidos tests de inteligencia (QI), se encaran a evaluar principalmente este tipo de inteligencia, y en menor medida, la lingüística. 

 

  • Espacial: Conocida también como inteligencia visual-espacial, y referida a la habilidad para observar los estímulos, objetos, y en general, el mundo, desde diferentes perspectivas. Nos permite elaborar nuestras propias imágenes mentales y ser sensibles a los detalles, además de permitirnos desarrollar un sentido individual de la estética.

 

  • Musical: Como su nombre indica, representa la habilidad y sensibilidad para detectar, aprender y reproducir sonidos y piezas musicales. El autor destaca esta inteligencia resaltando la importancia del arte musical en nuestras vidas desde siglos atrás. 

 

  • Corporal y cinestésica: Se requieren ciertas habilidades corporales y motrices para manejar herramientas y expresar algunas emociones. Así, el autor considera que existe un componente físico clave para una adaptación adecuada a nuestro entorno. 

 

  • Intrapersonal: Es la capacidad para comprendernos, escucharnos y crearnos una imagen interna de nosotros mismos, tanto a nivel emocional como de otros atributos internos (pensamientos, rasgos de personalidad…). 

 

  • Interpersonal: Sería la equivalencia de inteligencia social propuesta por otros autores. Se muestra en nuestra capacidad para crear y mantener vínculos y para comprender los estados internos de los demás, juntamente con la habilidad para la resolución de conflictos interpersonales. 

 

  • Naturalista:  Esta fue añadida a su teoría posteriormente (1995) por el propio autor justificando que es clave para nuestra supervivencia. La definió como la habilidad para detectar, categorizar y diferenciar los estímulos relacionados con el entorno (p.ej., vegetales y animales) u otros fenómenos relacionados con la naturaleza como la geografía o el clima. 

 

Resulta muy interesante adoptar un punto de vista global y divergente cuando hablamos de constructos como la inteligencia. No todos somos buenos en todo, y si lo analizamos detenidamente, es posible que seamos capaces de detectar cuáles de estas inteligencias tenemos más desarrolladas. Esta concepción divergente, además, puede ayudar a la desestigmatización de ciertas personas, y a adoptar planes de desarrollo individualizados mucho más completos e integrales. 

Disciplinas como la neuropsicología se encargan de estudiar y evaluar estas y otras facetas. En nuestro centro de psicología y psiquiatría, en Mataró, encontrarás profesionales especializados en esta, y en otras vertientes de la psicología de adultos e infanto-juvenil.

Existe una gran cantidad de autores los cuales han contribuido a crear y engradecer el maravilloso mundo de la psicología. Entre ellos, se encuentra Aaron Temkin Beck, fallecido el pasado 1 de noviembre, y el cual hoy queremos conmemorar. Este profesor y psiquiatra, nacido en 1921 en Rhode Island, es considerado “uno de los cinco psicoterapeutas más influyentes de todos los tiempos” por The American Psychologist, y creador de la Terapia Cognitiva (también denominada por algunos Terapia Cognitivo-Conductual) construida inicialmente para la depresión. 

El principal postulado de esta terapia gira entorno a que no son los acontecimientos o situaciones externas las por sí mismas generan una perturbación emocional, sino que es el procesamiento o interpretación de estos eventos las que explican el malestar. En este sentido, se defiende que todos aplicamos un filtro mediante el cual nos hacemos una idea sobre lo que sucede. De esta forma, esta orientación trabaja con las representaciones internas que las personas poseen de sí mismas y de los diferentes ambientes, y supuso un avance crucial ante algunas limitaciones del conductismo radical y del psicoanálisis. 

Entre los principales componentes de su teoría, encontramos los siguientes:

  • Esquemas cognitivos: Constituyen estructuras cognitivas estables, creadas desde la infancia, las cuales organizan la información en la memoria, y representan todo el conjunto de experiencias previas, fruto del aprendizaje. Por ello, influyen en la interpretación de los hechos, y facilitan el recuerdo. De esta forma, actúan como filtros a la hora de percibir el mundo. Una característica importante es que pueden permanecer latentes, y activarse a raíz de que un evento significativo interactúe con ellos. 

 

  • Creencias: Suponen el contenido de los esquemas. Sería todo aquello en lo que creemos, y representarían los mapas internos que nos ayudan a dar un significado al mundo. Dentro se situarían las creencias nucleares o centrales (proposiciones globales, absolutas y duraderas como por ejemplo “soy un inútil”) y las intermedias o periféricas (supuestos construidos principalmente bajo la condición de “si…entonces…”, por ejemplo “si mis hijos no me hacen caso, significa que soy un mal padre”).

 

  • Procesos cognitivos: Se definen como las reglas transformacionales a través de las cuales seleccionamos del medio la información que será atendida, codificada, almacenada y recuperada. Son procesos automáticos que operan sin el conocimientos consciente, pero que pueden producir ciertos sesgos o distorsiones (p.ej., inferencia arbitraria, pensamiento dicotómico, magnificación, personalización…).

 

  • Productos cognitivos: Serían el resultado o confluencia de los dos componentes anteriores, en forma de imágenes y pensamientos concretos asociados a las diferentes situaciones. Estos son los aspectos más fácilmente accesibles a la conciencia. 

 

En base a esto, el autor propone que los trastornos emocionales y/o conductuales (p.ej., la depresión) son el resultado de una alteración del procesamiento de la información fruto de la activación de esquemas latentes, e indica que el primer síntoma correspondería con la tríada cognitiva (la visión negativa de uno mismo, del mundo y del futuro). Así pues, la perturbación emocional sería consecuencia de una interpretación o procesamiento cognitivo alterado, el cual buscará moldearse y transformarse, con tal de flexibilizarlo. El autor, para ello, hace uso de la Reestructuración Cognitiva, o de los Experimentos Conductuales, los cuales han demostrado una gran utilidad en la práctica clínica.

 

En nuestro centro de psicología, en Mataró, estamos formados en ésta y otras orientaciones, las cuales han demostrado ampliamente su eficacia. Si deseas contactarnos y recibir nuestra ayuda, o simplemente más información, ponte en contacto con nosotros, será un placer atenderte.

Las enfermedades psicosomáticas se definen como aquellas alteraciones en las que aparecen síntomas físicos los cuales no pueden ser explicados, total o parcialmente, por una enfermedad física u orgánica, y en las que los factores psicológicos/emocionales juegan un papel crucial en su desarrollo y/o mantenimiento. En este sentido, existe una amplia evidencia acerca de la relación cuerpo-mente, conociéndose una gran variedad de patologías causadas y amplificadas por problemas como el estrés o la ansiedad

 

Entre ellas el Síndrome del Intestino Irritable (SII) es un trastorno funcional de la motilidad del tracto intestinal, el cual no se explica por alteraciones orgánicas, y caracterizado por dolor abdominal que mejora tras la defecación y alteraciones en ésta última como necesidad urgente de defecar, estreñimiento o diarrea, distensión abdominal, o pesadez. Se estima que afecta a un 10-20% de personas en países occidentales, y afecta al doble en mujeres que en hombres. Además, suele presentarse más en jóvenes (antes de los 30 años), aunque se ha evidenciado un segundo pico pasados los 65-70 años. Por otro lado, no se ha conseguido determinar una única causa que explique su aparición, hablándose de una interacción de factores fisiológicos (p.ej., hipersensibilidad visceral, alteraciones de la motilidad intestinal o disfunciones en la relación cerebro intestino) y psicosociales. 

 

Entre estos últimos, el estrés y la ansiedad juegan un papel crucial, pero junto a estos, existen variables personales que predisponen a que se acentúen ciertos síntomas: la baja autoestima, la autoexigencia, la tolerancia/intolerancia a la incertidumbre y a la frustración, la necesidad de aprobación, y la rigidez a la hora de cumplir con ciertas normas sociales. Así, las personas que reaccionan de manera desproporcionada a las molestias físicas o muestran un miedo intenso a desarrollar una enfermedad, o las que han experimentado una situación de estrés (problemas en el trabajo, fallecimiento de un ser querido, historia de abusos…), son más propensas a desarrollar el síndrome. 

 

Por todo ello, la comprensión y el abordaje de esta dificultad debe tener un carácter multifactorial y multidisciplinar, el cual se centre tanto en los síntomas puramente físicos o médicos, y los psicológicos. De esta forma, se requerirá un examen médico completo junto con una evaluación del estado mental y emocional de la persona para diseñar un tratamiento lo más adecuado posible. La Terapia Cognitivo-Conductual o la Terapia de Aceptación y Compromiso han demostrado amplia evidencia al respecto, utilizando técnicas como la psicoeducación, la relajación/respiración, el Mindfulness o la Reestructuración Cognitiva, las cuales se encara a que la persona comprenda y asuma más control de su enfermedad, y a la vez aprenda a regular los síntomas desde diferentes componentes: físico, mental y emocional. 

 

Todas las patologías, sean de índole psicógena o física, poseen una gran relevancia desde el punto de vista emocional. El impacto que pueden generar en la persona y en los seres cercanos puede ser realmente elevado. Si deseas obtener más información, contacta con nuestro equipo de psicólogos y psiquiatras de Mataró, te proporcionaremos toda la ayuda que necesites.

A lo largo de nuestra vida, y como seres sociales que somos, vamos construyendo vínculos con diferentes personas. Inicialmente, y de forma casi inevitable, con nuestros padres, para posteriormente hacerlo con otros seres familiares cercanos, compañeros y amigos de la escuela… etc. Entre estos, las relaciones de pareja son unas de las más atractivas y potentes, y llegan a poder constituir un pilar fundamental en nuestro día a día.  Junto a esto, es quizás la comunicación, o mejor dicho, una buena comunicación, la que explica gran parte del bienestar en nuestras relaciones, ya que si cuidamos sus principales ingredientes, ayudamos a fortalecer aspectos como la confianza, la intimidad o la empatía. 

 

Así, notar que somos comprendidos, escuchados, y que la información fluye en una balanza equilibrada, nos hace estar tranquilos, y encontramos en el otro la posibilidad de compartir casi cualquier cosa. Por el contrario, cuando existe una comunicación deficitaria, explica gran parte de las problemáticas de las relaciones de pareja, y puede ser tanto la principal causa de malestar, como consecuencia de otros procesos o situaciones deficitarias (p.ej., problemas en el trabajo, malestar en la familia de uno u otro, alcoholismo…). Entre los principales errores de comunicación, se encuentran los siguientes:

 

  • Lector de mentes: Este es uno de los errores más comunes. Consiste en interpretar constantemente lo que estará pensando o sintiendo el otro, dándolo por verdadero y único, como si tuviéramos una especie de telepatía. Esto precipita dos cosas; por un lado que disminuyamos nuestro nivel de comunicación al “no necesitarlo”, ya que consideramos que ya sabemos lo que está pasando por la mente del otro. Y por otro, que nos creemos una imagen distorsionada tanto de la otra persona como de la situación. 

 

  • Sordera psicológica: Este error supone básicamente la incapacidad de escuchar al otro. Estamos tan centrados en nuestro discurso, y a veces, en tener la razón, que no nos paramos a atender qué nos están diciendo, y ni mucho menos transmitiendo. Además, es uno de los principales componentes de la empatía, ya que sin escucha real, no puede haber empatía. 

 

  • Déficit de autocontrol: Explica las dificultades en controlar emociones y comentarios significativos, como la ira, el enojo, o la rabia. Esto se traduce en aspectos como gritos o alzar la voz, mirada fija y amenazante, postura tensa o rígida, gestos pavorosos, intimidación… Esto provoca un daño emocional evidente, además de la posibilidad de causar uno físico. 

 

  • Asunción de responsabilidad: En ocasiones tendemos a asumir la responsabilidad de todo lo que está sucediendo, sea porque el otro nos lo hace sentir de esta forma, o porque tendemos a interpretarlo nosotros. Debemos procurar tener presentes cuales son nuestros límites, hasta donde podemos abarcar.

 

  • Unidireccionalidad: Esto ocurre cuando acaparamos toda la conversación, por estar firmemente convencidos de tener la razón, o por dar mayor importancia a lo que nosotros queremos transmitir. Esto no permite que el otro devuelva lo que ha entendido del contenido del mensaje.

Estos son algunos de los errores más comunes, aunque existen otros, e incluso una gran variedad de “microerrores” en cada uno de los expuestos. Cabe mencionar, que afectan tanto a la comunicación verbal como no verbal, por lo que resulta clave trabajarlo y mejorarlo desde ambos canales de comunicación. La terapia de pareja, o la Terapia Sistémica resultan alternativas muy útiles para ello. En nuestro centro de psicología, de Mataró, recibirás toda la información que necesites al respecto. No lo dudes y llámanos!