Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Columbia, EEUU, han descubierto que muchos de los genes mutados en la esquizofrenia se organizan en dos redes principales, que participan en procesos claves, incluida la orientación del axón, la función de la sinapsis, la movilidad de la neurona y la modificación cromosómica.

Para descubrir las posibles conexiones entre los genes mutados en la esquizofrenia, el doctor Vitkup y su equipo desarrollaron un enfoque computacional, llamado NETBAG+, para identificar redes de genes susceptibles de ser responsables del mismo fenotipo genético. Después se analizaron las mutaciones más fuertes que se habían observado en la esquizofrenia por otros investigadores y las incluyeron en el programa.

El programa descubrió dos redes genéticas. Los genes en la primera red estaban involucrados principalmente en la orientación del axón, la función de la sinapsis y la migración celular. Los genes en la segunda red estaban involucrados en la organización cromosómica y la remodelación.

Corroboraron por tanto que, hay partes de ambas redes muy activas durante el desarrollo prenatal, lo que sugiere que los cambios en el cerebro que causan posteriormente la esquizofrenia se establecen muy temprano.

El estudio, publicado en la revista “Nature Neuroscience”, también reveló una intrigante relación entre la esquizofrenia y el autismo. «Si no hubiera sabido que se trata de dos enfermedades diferentes y hubiera puesto todas las mutaciones en un mismo análisis, habría obtenido redes muy similares», comenta Dennis Vitkup, profesor asociado en el Departamento de Informática Biomédica, de la Universidad de Columbia, e investigador principal del estudio. «Esto demuestra cuán estrechamente están relacionadas las redes genéticas del autismo y de la esquizofrenia», agregó.

Aunque se necesita tiempo para traducir los hallazgos en tratamientos prácticos, el estudio permite conocer las causas moleculares de la esquizofrenia. También sugiere que las mutaciones asociadas con la esquizofrenia, el autismo, y probablemente muchos otros trastornos psiquiátricos, probablemente convergen en un conjunto de procesos moleculares interrelacionados.

• El cambio de hora puede provocar alteraciones de sueño, dificultad para levantarse por las mañanas y cansancio por el desajuste entre nuestro reloj biológico y la hora real.

• Tras la finalización de las vacaciones, nuestro cerebro tiene que adaptarse nuevamente a los horarios y a la rutina diaria.

• Personas que sufran de cefaleas, epilepsia o algún trastorno del sueño pueden experimentar cambios en la frecuencia e intensidad de sus síntomas.

La Sociedad Española de Neurología (SEN) advierte que, a pesar de que es común que en los días posteriores a los cambios de horario aparezcan ciertos trastornos motivados del desajuste entre nuestro reloj biológico y la hora real, este año éstos se pueden intensificar un poco más por coincidir con el fin de las vacaciones de Semana Santa. “Habitualmente se necesitan entre uno y cinco días para que nuestro cerebro se ajuste al nuevo horario. Si ya de por sí, perder una hora suele entrañar más dificultades que ganarla, el hecho de que además este año haya coincidido con el final de la Semana Santa y tengamos que volver al día a día, puede significar más dificultades de adaptación”, asegura el Dr. Carlos Tejero, Vocal de la Sociedad Española de Neurología. 

Tras la finalización de las vacaciones, nuestro cerebro tiene que adaptarse nuevamente a los horarios y a la rutina diaria ya que, por lo general, acostumbramos a posponer la hora de inicio del sueño y a despertamos más tarde. Además, la vuelta a la rutina puede llevar implícito preocupaciones, estrés, o un bajo estado de ánimo, que pueden ser causa y consecuencia de algunos trastornos del sueño. Por otro lado, al cambiar la hora, nuestro cerebro debe adaptarse a la nueva luz ambiental que actúa a modo de sincronizador externo sobre el reloj biológico. “Por esa razón no es sólo habitual que en los primeros días se produzca un retraso de fase, sino que en esta ocasión, adaptar nuestro reloj biológico al nuevo horario, puede hacerse un poco más difícil”, señala el Dr. Carlos Tejero. 

En la población sana, es relativamente habitual que el cambio de hora provoque alteraciones de sueño, dificultad para levantarse por las mañanas y cansancio. Algunas personas también pueden ver su estado de ánimo alterado. “Pero, en general, las consecuencias del cambio de horario son leves y transitorias. No obstante, personas mayores y aquellas que sufran alguna enfermedad que necesiten mantener sus rutinas y descansar de forma adecuada para no experimentar cambios en la frecuencia e intensidad de sus síntomas, son las que se pueden ver más perturbadas por el cambio de horario”, explica el Dr. Carlos Tejero. “Sobre todo se da en personas que sufren cefaleas, epilepsia o algún trastorno del sueño. Por lo que lo aconsejable para todos, pero en especial para estas personas, que traten de tomar ciertas medidas para adaptarse de forma progresiva al cambio de horario y la vuelta a la rutina”.

La SEN aconseja, para minimizar los efectos del cambio de hora y la vuelta a la rutina:

• Intentar, en la medida de lo posible, mantener regularidad en los horarios de alimentación y sueño. 
• Tratar de armonizar nuestra actividad con los tiempos de luz solar. Así veremos mejorado nuestro rendimiento.
• Afrontar el cambio de forma progresiva y natural. No es aconsejable utilizar fármacos por mucho que creamos que nos puede ayudar en la adaptación al cambio. 
• Evitar o limitar el consumo de cafeína, alcohol, tabaco y otros productos estimulantes. 
• Evitar las siestas diurnas, en especial aquellas que superen los 20 minutos, para tener más sueño a la hora de acostarnos. 
• Antes de acostarnos se deben realizar únicamente actividades relajantes. Por ejemplo, se debe evitar realizar ejercicio físico justo antes de la hora de dormir. 
• Seguir otra serie de normas básicas de higiene de sueño: Nuestro dormitorio debe ser confortable, aislado de ruidos y tener una temperatura agradable. También es conveniente eliminar relojes y referencias temporales durante el sueño (tan solo deberíamos acordarnos del reloj cuando sonase el despertador). 
• Mantener una actitud positiva.

La depresión postparto consiste en el desarrollo de una depresión en la madre tras el nacimiento de su hijo. A veces, esta depresión puede tener una fácil explicación, bien porque el hijo no ha sido deseado o porque no es normal. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones la depresión parece no tener sentido: » Deseaba tanto tener este hijo y ahora que lo tengo me siento completamente desdichada», «¿Qué me está pasando?», «El parto fue magnífico, mucho mejor de lo que esperaba, y todo el mundo se portó maravillosamente conmigo, especialmente mi marido. Yo debería dar saltos de alegría», «Tenía miedo que el bebé tuviera algún defecto al nacer, pero es perfecto», » Entonces, ¿Porqué no lo estoy disfrutando?, Quizás no valgo para ser madre».
Estas mujeres no son unas desagradecidas o unas malas madres sino que están experimentando una de las complicaciones más frecuentes del parto, la depresión postparto, un trastorno que todavía sufren en silencio un gran número de mujeres.
Cuál es la frecuencia?
La depresión postparto es una de las enfermedades más frecuentes tras el parto ya que afecta a una de cada diez parturientas. Si no se trata adecuadamente puede persistir durante meses e incluso años.
Cuáles son sus síntomas?
Tristeza
La tristeza es desde luego el síntoma más frecuente de la depresión postparto. Las pacientes se sienten bajas de ánimo, infelices y desgraciadas la mayor parte del tiempo aunque estos síntomas pueden empeorar en algún momento particular del día, como por las mañanas o por las tardes. En ocasiones, las pacientes pasan días malos y días buenos, siendo estos últimos realmente frustrantes ya que el día bueno previo hizo que se albergaran esperanzas de mejorar. A veces, a las pacientes les parece que no merece la pena vivir, precisamente en unos momentos en que deberían sentirse muy alegres.
Irritabilidad
La irritabilidad con frecuencia acompaña a la sensación de tristeza. La paciente puede estar irritable con sus otros hijos y ocasionalmente incluso con el recién nacido, aunque la mayoría de las veces lo está con su marido quien no suele comprender qué es lo que está pasando.
Fatiga
Todas las nuevas madres se sienten un poco abrumadas y fatigadas, pero la madre con depresión postparto se siente tan agotada que llega a pensar que padece alguna enfermedad física.
Insomnio
Cuando por fin la madre se va a la cama puede que tenga dificultad para conciliar el sueño, o si duerme, puede que se despierte muy pronto, incluso aunque su pareja sea quien se ocupe de alimentar al bebé durante la noche.
Pérdida de apetito
Las madres deprimidas generalmente no tienen ni tiempo ni ganas de comer lo cual contribuye a que se sientan malhumoradas y agotadas. Algunas madres deprimidas comen en exceso para aliviar su malestar psicológico y luego se sienten culpables y molestas con su gordura.
Incapacidad para disfrutar
Lo que antes era un placer ahora no apetece y lo que antes interesaba ahora se convierte en aburrido. Esto es especialmente cierto en el caso de las relaciones sexuales. Algunas mujeres recuperan el interés por el sexo (si es que en algún momento lo perdieron) antes de que transcurran 6 semanas del parto, pero las madres con depresión postparto suelen rechazar cualquier contacto sexual lo cual puede generar tensión en la pareja.
Desbordamiento
Las madres con depresión postparto tienen la sensación de no disponer de tiempo para nada, de no hacer nada bien y de no poder hacer nada para remediarlo. A estas pacientes les resulta realmente difícil el establecer nuevas rutinas para poder hacer frente al bebé y a la nueva situación que viven.
Ansiedad
Suele ser aguda y se puede presentar en forma de temor a quedarse sola con el bebé por miedo a que este grite, no quiera comer, se ahogue, se caiga o se haga daño de cualquier otra forma. Algunas madres deprimidas perciben a su bebé como un objeto. En vez de sentir que han dado a luz a la criatura más cariñosa y adorable del mundo se sienten distantes de su hijo, al cual perciben como un pequeño ser misterioso y extraño, cuyos pensamientos (de tener alguno) son insondables y cuyas necesidades y emociones deben ser en algún modo satisfechas. La tarea de la nueva madre deprimida que todavía no se ha «enamorado» de su hijo es realmente dura. No obstante, el amor surge al final, cuando el niño es mayor y más interesante.
Sin embargo, la depresión postparto puede desarrollarse aún cuando el amor por el recién nacido sea intenso. En estos casos, la madre teme desesperadamente perder a su precioso bebé por no cuidarlo bien, porque no se desarrolle adecuadamente, por una infección o bien teme que muera súbitamente. Un simple catarro puede causar una gran preocupación. La madre puede obsesionarse con el peso del bebé y alarmarse si llora demasiado o incluso si pasa mucho tiempo en silencio, llegando a pensar: ¿habrá dejado de respirar?. Es frecuente que la paciente desee ser constantemente tranquilizada por su pareja, su familia, su médico o cualquier otra persona.
La ansiedad también puede hacer a la madre preocuparse por su propia salud. Puede sentir pánico cuando su pulso se acelera o si tiene alguna palpitación, llegando incluso a pensar que tiene algo malo en el corazón o que está al borde de un accidente cerebrovascular. En ocasiones se siente tan debilitada que piensa que tiene alguna enfermedad terrible y que nunca volverá a tener energía de nuevo. Estas sensaciones extrañas e inusuales le harán plantearse la pregunta ¿Me estoy volviendo loca? (La respuesta es NO).
El temor de quedarse sola con todas estas preocupaciones puede dar lugar a que incluso la mujer más capaz se sienta tan indefensa que no desee que su marido vaya al trabajo.
¿No se sienten todas las mujeres un poco así tras tener un hijo?
Gracias a Dios, no. Muchas mujeres, aproximadamente una de cada dos, se sienten un poco llorosas, desanimadas e inseguras en el tercer o cuarto día tras el parto. Es el conocido «maternity blues» o depresión del tercer día que dura de unas horas a un par de días y que pronto desaparece. Desde luego, muchas mujeres se sienten cansadas y un poco desorganizadas cuando regresan a casa del hospital, pero generalmente controlan perfectamente la situación cuando pasa más o menos una semana. Sin embargo, para las madres con una depresión postparto las cosas empeoran día tras día.
Cuándo ocurre?
La mayoría de los casos de depresión postparto surgen en el primer mes tras el parto, aunque en ocasiones este trastorno puede dar la cara 6 meses más tarde.
Por qué ocurre?
Todavía no sabemos lo suficiente sobre porqué las mujeres desarrollan depresiones postparto como para poder estar seguros de quien la desarrollará y quien no. Probablemente no existe una causa única sino más bien diferentes tipos de estrés que pueden tener la misma consecuencia o que pueden actuar conjuntamente.

Sabemos que entre esos «factores de riesgo» están:
una historia previa de depresión (especialmente de depresión postparto).
una falta de apoyo por parte de la pareja.
un bebé prematuro o con cualquier tipo de enfermedad.
el que la nueva madre hubiera perdido a su madre cuando era niña.

una acumulación de acontecimientos vitales adversos, como el fallecimiento de un ser querido, la pérdida del empleo de la paciente o de su pareja, problemas económicos, problemas de vivienda, etc.

Sin embargo, una mujer puede sufrir una depresión postparto sin que se aprecie ninguna razón obvia para la misma.
Qué pasa con las hormonas?
Parece probable que la depresión postparto esté relacionada con los importantes cambios hormonales que tienen lugar en el momento del nacimiento de su hijo, aunque todavía no dispongamos de evidencias al respecto. Aunque los niveles de estrógenos, progesterona y otras hormonas relacionadas con la reproducción que pueden afectar a las emociones descienden bruscamente tras el parto, no se han encontrado diferencias entre las hormonas de las madres que desarrollan una depresión postparto y las de las que no. Una posible explicación es que probablemente algunas mujeres puedan ser más sensibles que otras a tales cambios.
¿Maltratan las mujeres con depresión postparto a sus bebés?
No, ellas no lo hacen. Se pueden sentir como si lo fueran a hacer y se preocupan mucho por la posibilidad de hacer daño a sus hijos, aunque realmente nunca lo hacen. Para ser honestos, muchas mujeres sin depresión postparto han podido llegar a pensar en alguna ocasión » Creo que si sigue llorando lo voy a coger y lo voy a lanzar por la ventana».
Las mujeres que «golpean» a sus bebés con frecuencia presentan graves trastornos emocionales que tienen su origen en su infancia.
Raramente, sin embargo, un bebé es herido o incluso asesinado, constituyendo un infanticidio, por una madre que presenta un trastorno mental grave en esos momentos. Esta es una consecuencia trágica de la llamada «psicosis puerperal», una enfermedad mental muy grave, aunque tratable, que puede aparecer a los pocos días del parto. La madre puede delirar y llegar a pensar que su hijo es el diablo y por eso tiene que acabar con él, o puede tener ideas suicidas y decidir acabar no sólo con su vida sino también con la del recién nacido. La psicosis puerperal ocurre únicamente en uno de cada 500 partos y el infanticidio es afortunadamente muy raro.
Qué puede hacerse?
Muchas cosas, pero lo primero desde luego es reconocer y diagnosticar la depresión.
Muchas madres deprimidas no son conscientes de que tienen una enfermedad y se sienten avergonzadas de tener que admitir cómo les ha afectado su reciente maternidad. Algunas pueden llegar a creer que si dicen como se sienten realmente puede que les quiten a su hijo (esto NO ocurrirá). Algunos médicos, enfermeras y trabajadores sociales están preparados para reconocer la depresión postparto ya que conocen su existencia y se esfuerzan por detectara, sin embargo, otros profesionales la pasan por alto o, lo que es peor, la ignoran considerándola como un simple «maternity blues».
En la actualidad existe una mayor concienciación para el reconocimiento y tratamiento de la depresión en general y la depresión postparto no debe ser una excepción.
Una vez que se sospecha la presencia de este trastorno, hay que animar a la paciente para que exprese como se siente realmente tras el parto de su hijo. Si manifiesta sentirse triste, desgraciada, irritable, incompetente, asustada y desinteresada por el bebé, debe aceptarse esto con una actitud comprensiva, no con alarma y reproches.
El decirle a la madre que todo lo que le está pasando es consecuencia de que tiene una enfermedad llamada depresión postparto suele ser de gran ayuda, ya que por lo menos sabrá a qué tiene que enfrentarse. Hay que tranquilizarla e intentar convencerla de que ella no es una madre caprichosa, extravagante o una mala madre, y de que otras muchas personas han padecido y padecen la misma enfermedad. La depresión postparto es muy frecuente, y si se pone tratamiento sin duda mejorará. Hay que advertir a la paciente que el tratamiento necesitará su tiempo para hacer efecto y que será necesario el concertar algunas citas para que reciba el apoyo necesario hasta que se recupere.
En este momento es importante el involucrar a la pareja de la paciente de forma que él pueda comprender qué es lo que ha estado pasando (no olvidemos que él también ha estado sufriendo las cosecuencias de la depresión postparto). Posiblemente él sea quien mejor pueda apoyar a la paciente, aunque también necesitará algo de apoyo para sí mismo, especialmente si es el primer hijo que tiene la pareja y si se ha sentido desplazado tras su llegada. Este es un aspecto realmente importante ya que si el marido está resentido y no comprende hasta que punto su esposa necesita de su apoyo y ayuda podrán surgir más problemas. El marido de la paciente también se sentirá aliviado por el diagnóstico y por recibir consejos sobre cómo actuar. La ayuda práctica con el recién nacido, una actitud comprensiva y afectiva y el ser positivo serán apreciados incluso cuando la depresión desaparezca.
Qué pasa con el tratamiento hablado?
La oportunidad de poder hablar tranquilamente con un interlocutor simpático, comprensivo y no crítico, que puede ser un amigo, un familiar, un profesional o cualquier otra persona, puede significar una gran ayuda para la paciente.
Los tratamientos psicológicos más especializados tales como la psicoterapia (mediante la cual intentará comprender la depresión en términos de lo que le ocurrió en el pasado) y la terapia cognitiva (que intentará hacerle sentir más positivo sobre sí mismo) constituyen también una gran ayuda y pueden ser solicitadas por su médico de cabecera a los profesionales de la Unidad de Salud Mental que le corresponda.
Qué pasa con las pastillas?
Los médicos de cabecera no siempre prescriben tratamiento farmacológico para sus pacientes con trastornos emocionales. Sin embargo, en ocasiones la naturaleza de la depresión es tal que hace necesario un tratamiento con fármacos antidepresivos. Estos medicamentos:
No son tranquilizantes ni estimulantes. No son adictivos, no crean dependencia. Necesitan dos semanas o más para empezar a hacer efecto. No hacen necesario el suspender la lactancia materna ya que entre los muchos antidepresivos disponibles existen algunos que no pasan a la leche materna y por tanto no afectarán a su hijo en absoluto. Necesitan ser mantenidos durante al menos 6 meses tras la depresión para reducir el riesgo de recaída. A muchas mujeres les parece más atractiva la posibilidad de recibir tratamiento con hormonas en lugar de con antidepresivos ya que consideran a éstas más naturales. Sin embargo, las evidencias disponibles sobre su eficacia son cuestionables y además no están exentas de efectos secundarios.
La progesterona parece funcionar mejor en supositorios, mientras que los estrógenos se aplican actualmente en forma de parches en la piel. No existe duda de que muchas mujeres creen que el tratamiento hormonal que han recibido les ha beneficiado, pero todavía está por demostrar que este sea algo más que un placebo, es decir que la curación se produce más por la esperanza puesta en el tratamiento que por el propio tratamiento en sí.
¿Cuál es el futuro de la depresión postparto si no se trata?
La mayoría de las mujeres suelen mejorar en algún grado al cabo de semanas, meses o incluso uno o dos años. Sin embargo, esto es a costa de un gran sufrimiento injustificado. La depresión postparto hace de la maternidad una mala experiencia y dificulta la relación entre la pareja. De forma que lo mejor es detectar lo antes posible este trastorno para tratarlo precozmente.
Puede prevenirse la depresión postparto?
Si. Existen tres formas de prevención: detectar precozmente el trastorno, tratarlo rápidamente y evitar sus consecuencias. Este folleto está especialmente dedicado a la detección y tratamiento precoz de la depresión postparto.

No intente ser una supermujer. El tener un hijo es un trabajo que puede exigir dedicación exclusiva, de forma que durante su embarazo intente reducir sus compromisos (si trabaja, asegúrese que se alimenta de forma suficiente y con regularidad y ponga los pies en alto durante la hora de la comida).

No se mude de casa mientras esté embarazada o hasta que su hijo no tenga seis meses.

Haga amistad con otras parejas que estén esperando un hijo o que lo hayan tenido recientemente. Entre otras cosas, esto le posibilitará el disponer de alguien que pueda cuidar a su hijo cuando lo precise.

Identifique a alguien en quien pueda confiar, es necesario disponer de algún amigo a quien acudir en caso de necesidad.

Vaya a las clases preparto y lleve a su pareja consigo.
Si ha sufrido previamente una depresión, esto no significa que usted vaya a tenerla de nuevo en el siguiente parto. Sin embargo, tras el parto es necesario que se ponga en contacto con su médico de cabecera para que éste vigile la posible aparición de cualquier signo de recurrencia de la depresión postparto y así comenzar lo antes posible con el tratamiento.
Una vez que el bebé haya nacido:

Aproveche cualquier oportunidad para descansar. Aprenda a echar cabezadas o pequeñas siestas. Su pareja podrá encargarse de alimentar al bebé por la noche, utilizando si usted lo desea incluso su propia leche extraída con anterioridad.

Aliméntese adecuadamente. Las ensaladas, los vegetales frescos, la fruta, los zumos, la leche y los cereales son alimentos muy adecuados para este momento y que además no necesitan de mucha cocina.

Encuentre tiempo para disfrutar con su pareja. Intente conseguir una niñera y salgan juntos a cenar, al cine, a ver unos amigos o tomar una copa.

Intente intimar con su pareja, incluso aunque todavía no le apetezca tener relaciones sexuales completas, un beso, un abrazo, una caricia, o un mimo pueden ser bastante reconfortables hasta que regrese el deseo sexual al completo.

No sea muy crítica consigo misma ni con su pareja. La vida se hace bastante dura en estos momentos y el cansancio y la irritabilidad de ambos puede conducir a discusiones frecuentes que no harán mas que debilitar su relación en unos momentos en que esta debería ser más fuerte.

No tema pedir ayuda cuando la necesite. Aunque su médico es quien debe realizar el diagnóstico de su depresión postparto, lo que usted haya aprendido en las clases preparto y en folletos como este puede orientarle sobre cuando pedir ayuda.
Finalmente, a pesar de que la depresión postparto ya esté instaurada cuando se le diagnostique, no se desespere, el apoyo, el consejo y la medicación marcarán la diferencia y acelerarán su recuperación. Nunca es tarde.

Para resolver y superar un problema con los juegos de azar, hay que tener voluntad firme de cambiar el comportamiento. Esta sección os ofrece algunas claves y recomendaciones para mantener el problema a raya.

Consejos para mantener los juegos de azar bajo control

Adquirir ciertos hábitos saludables, adoptar determinadas actitudes o haceros algunas normas en relación con el juego os puede ayudar a mantener bajo control el comportamiento con los juegos de azar. Algunos de los consejos siguientes pueden seros útiles.

• Sed sincero con vuestra familia y amigos sobre cuánto jugáis.
• Poned un límite en la cantidad que queréis gastar en los juegos de azar, y mantenedlo.
• Limitad cuánto de tiempo queréis pasar apostando en los juegos de azar.
• Limitad la cantidad de dinero en efectivo que os lleváis cuando vais a apostar en juegos de azar.
• Dejad las tarjetas de crédito, talonarios (y otros) en casa.
• Recordad que los juegos de azar son un gasto en entretenimiento: el entretenimiento cuesta dinero y, por lo tanto, también los juegos de azar.
• Recordad que las ganancias son vuestras: os los podéis poner en el bolsillo y llevároslos en casa.
• Antes de empezar a jugar, habláis con alguien durante media hora.
• Mantened un registro de todo el dinero ganado y perdidos.
• No jugeis nunca hasta que no hayais pagado las facturas.
• Nunca pedid dinero para jugar a juegos de azar.
• No jugad a juegos de azar si estás enfadado, preocupado o deprimido.
• Cuando sea que sentís el impulso de jugar a juegos de azar y a la vez realmente no lo queréis hacer, buscáis alguien en quien confiáis y con quién podáis hablar, y habláis del que sea, no necesariamente sobre juegos de azar.
• Poneds algunos objetivos para el dinero que utilizabais en el juego.
• Recompensaos por todos los pasos que hacéis en la dirección deseada.

No intentad cambiarlo todo en un periodo corto de tiempo. Es mucho mejor hacer pequeños pasos en la dirección correcta, que no pretender cambios inmediatos y radicales. Reflexionad con sinceridad sobre vuestro comportamiento con los juegos de azar.

Control del dinero

Las consecuencias que el juego patológico tiene en la economía personal y familiar del jugador pueden ser graves. Por eso es importante tomar medidas para recuperar el control de las finanzas. A continuación se exponen algunas sugerencias para las personas que juegan y sus familias.

Para jugadores: controlad la deuda

Responsabilizaos de vuestra situación económica. Haced una propuesta a los acreedores y comprometeos a pagar la deuda pendiente, estableciendo un plan. Esto ayudará vuestras finanzas y también a reconstruir la autoestima.

No probais de jugar para resolver vuestros problemas económicos.

Procuraos más trabajo, si es necesario, para ocupar el tiempo libre: os ayudará a evitar una nueva ocasión de juego. Puede ser llevar, pero a largo plazo será bueno para vuestra situación económica y os hará sentir mejor.

Designad alguien de confianza para hacerse cargo, al menos temporalmente, de vuestras tarjetas de débito y crédito, y de los talonarios; o destruidlos.

Proteged vuestros activos transfiriendo la titularidad a nombre de vuestro cónyuge o compañero. Haced que hagan falta dos firmas para sacar dinero, en lugar de sólo la vuestra. Un asesor financiero os puede ayudar en el proceso.

Evitad cobrar y pagar en efectivo: domiciliáis la nómina y las facturas a vuestra cuenta corriente.

Limitad la cantidad de efectivo disponible, en general.

Buscad ayuda profesional con especialistas en juego patológico y especialistas en gestión de finanzas.

Para familiares: proteged el dinero
Estar al correinte de todo el dinero que se gastan y deben.

Proteged los activos. Considerad cambiar cuentas bancarias, hipotecas y otros activos de forma que el jugador no pueda acceder. Un asesor financiero os puede ayudar en el proceso.

Negociad el control de la gestión de las finanzas familiares. Intentad asumir la responsabilidad sobre las tarjetas de crédito y débito del jugador. Dadlos dinero sólo para las necesidades diarias hasta que la situación mejore.

No “rescateis” el jugador ofreciéndole dinero para pagar las deudas. Esto sólo alargaría el problema.

Buscad ayuda profesional, tanto para los consejos financieros como para el apoyo emocional.

Cambiar el comportamiento

Cambiar el comportamiento nunca es fácil, pero se puede hacer. Una de las claves es hacerlo a paso, sin pretender cambiarlo todo de golpe.

Señales de recaída

Es importante que podáis identificar una recaída cuando está pasando. Sólo si os dáis cuenta podéis elegir una opción diferente y sana.

Elecciones no saludables
• Hacer una apuesta.
• Hacer otra apuesta.
• Perseguir las pérdidas.
• Conseguir más dinero en efectivo (pedir, robar…).

Elecciones sanas
• Afrontar las emociones propias (trucáis a un amigo, hablad).
• Encontrar alguna otra cosa para hacer.
• Parar las pérdidas: volvéis a casa y explicadlo a alguien.
• Hacer algo: buscar ayuda.
Cuanto antes elegís una opción saludable, más éxito tendréis a la hora de dejar el hábito de los juegos de azar.

El desempleo, la pobreza, la deuda y la disminución de los servicios públicos también tienen implicaciones directas para la salud humana. Las depresiones, los suicidios asociados y los trastornos por consumo de alcohol, son consecuencias conocidas en todo el mundo. Es oportuno, pues, que este año pasado el Día Mundial de la Salud Mental que se celebró el 10 de octubre se centrara en la depresión como una crisis global.
 La dura realidad de las enfermedades mentales como la depresión no se debe perder en las controversias sobre la clasificación psiquiátrica que han surgido durante la revisión del Manual de Diagnóstico y Estadística de los Trastornos Mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders). En un comentario en la edición de esta semana, Dilip Jeste pregunta: “¿Cómo puede cualquier persona razonable creer que las enfermedades mentales, que son trastornos del cerebro, son menos merecedoras de tratamiento que las que afectan a los pulmones o al hígado?” La Ley de Paridad y Equidad de Salud Mental y Adicción ( Mental Health Parity and Addiction Equity Act) aprobada por el Gobierno de los EE.UU. en 2008, y los recientes progresos del Proyecto de ley de Salud Mental (Discriminación) en el Reino Unido, son bienvenidos ejemplos de que los legisladores reconocen la gravedad de la enfermedad mental.
La naturaleza completamente devastadora de la depresión es evidente si se considera que muchas personas con esta enfermedad prefieren morir a vivir con sus síntomas. Más del 50% de las personas que mueren por suicidio han tenido un episodio de depresión en el momento de la muerte. “No me gusta estar cerca del borde de la plataforma cuando un tren está pasando“, dijo Winston Churchill. “La acción de un segundo terminaría con todo. Unas gotas de desesperación.” Otros se autolesionan , más del 70% de los pacientes en una muestra del Reino Unido de autolesionados ha tenido un trastorno depresivo. Muchas más personas con formas más leves de depresión no experimentarán una desesperación tan profunda. Pero sin embargo, dejarán de funcionar como un individuo sano: pueden llegar a ser incapaces de trabajar, cuidar de sus hijos, o simplemente no poder pasar un día sin sentirse inútil y vacío o imprudente y enojado.
La carga de la depresión mundial es enorme. Las estiumaciones actuales de la OMS colocan los trastornos depresivos unipolares en tercera posición en la liga de enfermedades de carga global. Se espera que superen las infecciones respiratorias y las enfermedades diarreicas en 2030. Sin embargo, a diferencia de muchos grandes problemas globales de salud, la depresión es fácilmente tratable y, hasta cierto punto, se puede prevenir. El diagnóstico, que suele tener lugar en el ámbito de atención primaria, exige un historial riguroso y una exploración para identificar posibles trastornos comórbidos (por lo general ansiedad, trastornos por consumo de alcohol y  enfermedades crónicas como el cáncer y la diabetes). El tratamiento consiste preferentemente en apoyo psicosocial básico combinado con medicamentos antidepresivos, psicoterapia a corto plazo (como la terapia cognitivo-conductual), o ambos. Desafortunadamente, se estima que el 50% de los pacientes en todo el mundo aún no reciben este tratamiento.

Han bastado diez años para que las cifras sobre incidencia de anorexia y bulimia en nuestro país se equiparen a las del resto de los países europeos, convirtiéndose así en la tercera enfermedad (la primera es el asma, y la segunda la obesidad) más frecuente entre los adolescentes. Ahora, aproximadamente, una de cada 100 adolescentes de entre 14 y 18 años cae en las garras de la anorexia, mientras que un 2,4% desarrolla bulimia. Y no sólo el sexo femenino (la anorexia nerviosa afecta 15 veces más a mujeres que a hombres) se está enganchando a los trastornos de la alimentación, también los varones han empezado a verse reflejados significativamente en las estadísticas. «El sexo es un factor de protección frente a los trastornos de la alimentación. Hasta ahora ser varón era un arma eficaz contra la anorexia y la bulimia, pero ésto está cambiando. Cada vez hay más casos de chicos que sufren estas patologías», destaca el M. Velilla, del Hospital Clínico de Zaragoza.
Las investigaciones realizadas en España están aportando ya algunas respuestas al porqué de este aumento espectacular de casos, así como las razones que justifican esta alarma: los cambios sociales, un mejor diagnóstico, un nuevo comportamiento de la enfermedad y un conocimiento mayor de las consecuencias físicas de padecer trastornos de la alimentación.

CAMBIOS SOCIALES
La cultura de la delgadez.
La anorexia y la bulimia, conocidas popularmente a través del rostro de algunos de sus afectados como lo fue Lady Diana, Jane Fonda o la bailarina del Boston Ballet, Heide Guenther, que murió el 30 de junio como consecuencia de una anorexia, son patologías modernas que han sabido aprovecharse de las tendencias sociales de los países industrializados. En las últimas dos décadas, la delgadez se ha convertido en la tarjeta de visita de todos aquellos hombres y mujeres que desean triunfar social y profesionalmente. «Los mensajes que hacen referencia a la imagen corporal son omnipresentes y con ellos se transmite la idea de que estar delgado es el medio para obtener la felicidad y el éxito. La presión es excesiva», destaca el doctor Gonzalo Morandé, del Hospital Niño Jesús de Madrid.
Pérdida de hábitos alimenticios.
La incorporación de la mujer al mundo laboral es otro de los factores sociales del que se están sirviendo la anorexia y la bulimia para su propagación. La ausencia de una persona que se responsabilice de los horarios de comida (un papel tradicionalmente atribuido a la madre) ha facilitado que muchos adolescentes que empezaban su tonteo con la dieta escaparan al control familiar y acabaran transformando una alimentación irregular en una enfermedad grave.
«Aspectos tradicionales, como sentarse a la mesa para comer o cenar en familia están desapareciendo de las casas españolas. Este es uno de los motivos que están favoreciendo la expansión de los trastornos de la alimentación», explica el doctor J. Casas, del Hospital de Móstoles de Madrid.
Otra de las conductas rotas en los hábitos alimenticios es, según el doctor Casas, la hora de la merienda. «El descontrol a la hora de la merienda ha aumentado. Ahora cada uno abre la nevera y coge lo que quiere. Los niños aprenden a comer mal, de ahí que las costumbres dietéticas que transmitirán a sus hijos también serán erróneas».
Una solución a este problema, que puede convertirse en hereditario, es, según Asunción Marcos, «introducir una asignatura sobre nutrición en las escuelas, para que los pequeños aprendan cuáles son sus necesidades alimenticias y lleven siempre un estilo de vida sano».
MEJOR DIAGNOSTICO
Nueva terminología.

Las estadísticas no mienten: el aumento de personas que acaba desarrollando un trastorno de alimentación se ha elevado considerablemente. Algunos autores apuntan a que parte de este crecimiento se debe tanto a un mayor y mejor diagnóstico, como a la aparición de una nueva forma de catalogar la enfermedad. «En 1985, los términos anorexia o bulimia parcial no existían. Sin embargo estos tipos de diagnósticos ya se están utilizando. En ellos se agrupan los pacientes que padecen varios, aunque no todos, los síntomas de la anorexia y la bulimia», asegura el doctor Casas.
Perfil de las víctimas.
Sexo: femenino. Edad: 14 a 18 años, son las épocas de más riesgo, aunque los estudios sitúan entre los 12 y los 25 años, las edades en las que pueden aparecer los trastornos de la alimentación. Clase social: media-alta. Estos han sido, tradicionalmente, tres de los rasgos más comunes entre las anoréxicas. Hoy, los trastornos de la alimentación se han saltado las barreras sociales e, incluso, las fronteras de la adolescencia. «La anorexia, por ejemplo, se ha universalizado. Ahora afecta a todas las clases sociales y empiezan a presentarse casos de personas que sobrepasan la treintena y que sufren este trastorno», afirma el doctor Morandé. Treinta mujeres británicas de 60 años, que han sido diagnosticadas de anorexia nerviosa, son uno de los ejemplos presentado durante la celebración de las jornadas que mejor ilustra la nueva personalidad de esta patología.
El riesgo de contagio.
La competencia y el riesgo de contagio son dos de los peligros que encierran los trastornos de la alimentación, en especial la anorexia. El doctor Morandé explica que, en muchas ocasiones, el deseo de perder unos kilos se convierte en una competición entre amigas. «Cada una siempre se verá más gorda que la otra e intentará seguir adelgazando. Además, entre ellas se apoyan y respaldan para seguir ayunando y perdiendo peso». También puede producirse el efecto dominó. «Hemos comprobado que, cuando una niña logra estar más delgada y consigue así la admiración del resto del grupo, se produce una especie de contagio. Esto provoca que las amigas de su entorno quieran parecerse a ella y acaben también enfermando».
Más factores precipitantes.
Divorcio de los padres, sobreprotección de los hijos, muerte de un familiar, antecedentes familiares de anorexia o depresión o, incluso, ser el primero o el último de los hermanos se han revelado como factores que pueden empujar a un adolescente con predisposición a sufrir un trastorno de alimentación a caer definitivamente en la telaraña de la anorexia o de la bulimia.
«Mientras que entre las primeras pacientes que ingresamos apenas existían casos en los que los padres estuvieran divorciados, ahora nos encontramos con que la separación de los padres es una característica bastante frecuente en estos enfermos, así como, por ejemplo, vivir excesivamente protegidos», destaca el doctor Morandé.
CONSECUENCIAS FISICAS
Corazones pequeños.
Niñas de 17 años con corazones del tamaño de una de siete. Quedarse, literalmente, en los huesos está provocando alteraciones en el funcionamiento y en el tamaño del corazón. Un total de 130 niñas anoréxicas españolas han participado en un estudio. Sus resultados: la mayoría poseía un corazón pequeño y sufría alteraciones. Antonio Bayo, jefe de la sección de Cardiología del Hospital Niño Jesús de Madrid y líder del trabajo, afirma: «Nos hemos encontrado con una alta incidencia de anomalías: la mitad de los casos debido a un prolapso en la válvula mitral (mal funcionamiento de dicha válvula); otras sufrían derrame pericárdico (agua fuera del corazón). También se encontraron trastornos del ritmo cardiaco». Los expertos desconocen aún si la recuperación del peso devolverá la normalidad al funcionamiento cardiaco.
Niñas menopáusicas.
La amenorrea (pérdida de la menstruación) es uno de los tres síntomas que sirven para el diagnóstico de la anorexia nerviosa. Dicha pérdida ha sido asociada, junto a un aumento de los niveles de ciertas hormonas, como el cortisol, con la aparición de osteoporosis.
Dos años de seguimiento de 42 pacientes han servido para constatar que existía una pérdida de densidad ósea, no recuperable ni con un año de tratamiento con estrógenos. La doctora María Teresa Muñoz Calvo, de la sección de Endocrinología del Hospital Niño Jesús, afirma: «No sabemos si más años de administración de estrógenos servirán para recuperar masa ósea. Sin embargo, hemos comprobado que las que recuperan la menstruación de forma natural sí aumentan la fortaleza de sus huesos».
TRATAMIENTO MULTIDISCIPLINARIO
No hay discrepancias. El tratamiento de los trastornos de la alimentación debe ser multidisciplinario: aspectos nutricionales, psicoterapia, terapia familiar, farmacoterapia, son varias de las medidas que hay que adoptar frente a una anoréxica. Además, la detección precoz siempre juega a favor del paciente. «La curación siempre es más fácil cuando el problema se detecta en sus fases incipientes», comenta Gonzalo Morandé.
Personalidad diferente
Las víctimas de la anorexia y de la bulimia poseen un carácter obsesivo que acaba traduciéndose en una preocupación constante por el peso y la dieta. Sin embargo, la personalidad de estos pacientes es diferente. Así, la anoréxica suele estar considerada como «niña modelo»: perfeccionista, buena estudiante, con un nivel intelectual alto y con tendencia a evitar conflictos.
En cambio, su preocupación por la opinión que los demás tienen de ella es excesiva, así como su autocontrol. Las bulímicas, por el contrario, suelen ser más impulsivas, intolerantes y se frustran más.
La adicción a las drogas es una característica bastante frecuente entre estas pacientes así como su tendencia a la depresión y a la ansiedad. Además, suelen fracasar en sus relaciones sentimentales. «A la mujer anoréxica se la descubre antes porque se queda en los huesos, mientras que la bulímica suele mantener el mismo peso. Esta es una de las razones por la que las bulímicas mantienen más tiempo en secreto su enfermedad», comenta el doctor Casas. Según los especialistas, la bulímica, a diferencia de la anoréxica, tiene más conciencia de que está enferma y suele acabar solicitando ayuda.

La aparición y progresivo auge de las nuevas tecnologías ha ido paralelo al surgimiento de una nueva expresión de un viejo fenómeno: La Adicción. Telefonía móvil, videojuegos, ordenador, Internet, chats, etc…conforman aparentemente el origen del problema.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que una de cada cuatro personas sufre trastornos de conducta relacionados con las nuevas adicciones. Se puede hablar de adicción en todos aquellos casos en los que la afición interfiere en la vida diaria, o cuando se practica esa afición para no pasarlo mal en vez de para pasarlo bien.

Entre las señales de alerta que pueden indicarnos una adicción destacan las siguientes:
? Pérdida de tiempo de estudio, con o sin malos resultados académicos.
? Deterioro o menor dedicación a las relaciones interpersonales y a otras actividades de ocio.
? Incremento de las conductas que implican agresividad.
? Sufrir ansiedad, irritabilidad, incluso malestar físico en caso de no poder utilizar el objeto de la adicción.
Adoptar actitudes preventivas resulta muy importante, pero en caso de sospechar que pudiera existir una adicción, se debe buscar ayuda profesional especializada.

Recomendaciones indispensables:
1. Potenciar en nuestros hijos actividades de ocio saludable (deporte, lectura, manualidades, actividades al aire libre, etc.)
2. Establecer con ellos una relación de confianza que nos permita hablar y dialogar de forma sincera y abierta.
3. Controlar los tiempos de uso de las tecnologías.
4. Tener en cuenta la importancia de nuestro ejemplo. Nuestros hijos nos tienen como modelos y tienden a imitar nuestras propias conductas ¿cómo insistirles en no abusar del ordenador si nosotros pasamos demasiadas horas frente al mismo?
5. Ayudarles a desarrollar buenas habilidades sociales que les permitan el desarrollo de sanas relaciones interpersonales.

Recomendaciones para prevenir la adicción al INTERNET:
1. Romper con las rutinas de conexión: si el menor enciende el ordenador nada mas levantarse para comprobar su correo electrónico, debemos indicar un nuevo horario y usar señales y alarmas que le indiquen al adolescente que ha pasado su tiempo y debe de desconectarse.
2. Ayudar al menor a elaborar un horario realista dentro del cual se contemple no solo el tiempo dedicado a navegar, sino también otras actividades como el estudio… Enseñarle al menor la capacidad formativa de la red, incluyendo Internet como una herramienta de ayuda al estudio y a la formación.
3. Instalar filtros de contenido que impidan a los menores el acceso a páginas con contenido no adecuado.

Recomendaciones para prevenir la adicción a la TELEFONÍA MÓVIL:
1 . Retrasar al máximo la edad de posesión del móvil.
2. Hacer que los menores entiendan el valor económico de las llamadas.
3. Pactar el modelo de móvil: buscar uno adecuado para su edad.
4. Facilitar la toma de conciencia del tiempo que pasan hablando y mandando mensajes.
5. Delimitar los espacios de uso.
  
Recomendaciones para prevenir la adicción a los VIDEOJUEGOS:
1. Poner la consola o el ordenador en un espacio común, de este modo, facilitamos la interacción con los padres y la posibilidad de que estos “controlen” indirectamente cómo, cuándo y con quien se juega.
2. Jugar con ellos, compartir emociones y transmitiendo de esta forma nuestro punto de vista. Limitar el tiempo dedicado a jugar.
3. Pactar con ellos la duración del juego y hacerles conscientes del tiempo que pasan jugando.
4. Informarse del nivel de violencia, la edad mínima y las habilidades requeridas por el videojuego, antes de comprarlo.

Recomendaciones para prevenir la adicción a la TELEVISIÓN:
1. Poner la televisión en un espacio común de la casa.
2. Evitar que los menores tengan su propio aparato en su habitación.
3. Dedicar tiempo a ver la televisión con nuestros hijos y hablar con ellos acerca de lo que se está  viendo, ayudándoles, de este modo, a reflexionar acerca de los contenidos.
4. Evitar mantenerla encendida de forma permanente, aunque no se le esté prestando atención.
5. Ver la televisión con un objetivo concreto (por ejemplo: una serie determinada), no “ver por ver”.
6. No utilizar la televisión mientras se está comiendo. Aprovechar estos momentos para el diálogo familiar.