El duelo supone una parte inevitable de nuestras vidas, y forma parte de un proceso inherente a todos nosotros. Como tal, puede definirse como aquel proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida (p.ej., ser querido, relación, empleo…). Se trata de un fenómeno totalmente natural y real, en el que se ponen a prueba nuestros recursos emocionales, nuestra resiliencia. Además, existe consenso en identificar 5 fases por las que podemos transitar durante este, como son: negación, enfado o ira, negociación, dolor o depresión, y aceptación. Estas aparecen de forma alternada y en espiral, no siguiendo una secuencia concreta, dependiendo de la persona. 

 

El duelo perinatal se define como la pérdida que sucede durante el embarazo, el parto o al poco tiempo de dar a luz. Aunque este proceso, ha quedado silenciado, o a la sombra, por el impacto, el miedo, o el considerarse un proceso antinatural, es sumamente importante darle voz, ya que supone una realidad frecuente y significativa. En el año 2015, la OMS lo incorporó como uno de los 100 indicadores básicos de salud. Además, 1 de cada 40 fetos muere antes de nacer, y concretamente en España, son 2000 los bebés que mueren pasadas las 24 semanas de gestación o durante el primer mes de vida. A estos, habría que sumar las pérdidas por abortos involuntarios, los cuales en 2 de cada 3 casos sucede durante el primer trimestre. Por lo tanto, nos encontramos ante una situación que existe, y a la que sigue un impacto emocional muy significativo. 

 

De esta forma, los sentimientos de tristeza, rabia, ansiedad, culpabilidad, o incluso patologías mentales pueden aparecer asociadas a este momento. La pérdida del nuevo proyecto de vida, de la ilusión, puede suponer un momento realmente complicado para muchos padres. Además, es importante tener en cuenta que el amor no entiende de tiempos, de edades. Así, el dolor será proporcional al amor que sintamos por esa persona. Se ha comprobado que incluso puede existir vínculo antes de la gestación, por lo que simplemente la esperanza, o el proyecto pueden ser ya claves para comprender su relevancia en nuestras vidas. Aun así, es cierto que a medida que avanza nuestro embarazo, el vínculo se fortalece y se hace más significativo. 

 

Ante esta situación, y debido al impacto y la incredulidad, podemos orientar de forma incorrecta la ayuda que proporcionamos a las personas afectadas. Así, frases típicas pueden ser: ya llegará otra oportunidad, sabes que te puedes quedar embarazada, todavía no había nacido, tienes que ser fuerte por el resto de tu família… Todas ellas llevan a fomentar sentimientos de incomprensión, de culpabilidad, evitando afrontar un dolor muy presente y real. Por contra, la validación emocional, la aceptación, el acompañamiento, la escucha, y el atender a las necesidades, se alzan como estrategias clave para el afrontamiento de la situación. En este sentido, frases como: no imagino por el dolor que estás pasando, ¿qué necesitas?, o no tengo palabras para consolar pero si brazos para sostenerte y para acompañarte, son alternativas que facilitan el procesamiento, la empatía, la comprensión.  Incluso un silencio puede ser más sanador que una frase mal dicha. 

 

Los bebés, lleven el tiempo que lleven con nostros, ocupan un lugar en nuestra vida. Su pérdida, sea en el momento que sea, debe reconocerse, hablando sobre ello, afrontándolo. Juzgar nuestro o el estado emocional ajeno no nos ayuda, y mucho menos el taparlo o evitarlo. Elaborarlo, a través de nuestros familiares, o pidiendo ayuda externa puede ayudarnos a facilitar nuestro proceso de adaptación. 

 

Si deseas recibir más información sobre ello, ponte en contacto con nuestro equipo de profesionales de la psicología, en Mataró, te proporcionaremos toda la ayuda que necesites.

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