Podemos definir la autoestima como el concepto, la valoración, o el conjunto de sensaciones que tenemos sobre nosotros mismos, englobando pensamientos, sentimientos y actitudes. Constituye de esta manera un constructo dinámico, el cual puede estar formado por aspectos positivos y negativos. Por ello, puede ser alta en unos ámbitos (p.ej., nos sentimos competentes en el ámbito laboral) y baja en otros (p.ej., nos consideramos tímidos y con dificultades para relacionarnos en el área social). De esto debemos deducir que es importante trabajar en nosotros mismos para encontrar el equilibrio. 

En sí, debemos tener claro que poseer una baja autoestima no es sinónimo de patología mental, de trastorno. Se trata más de un problema que puede llegar a generar mucho malestar y sufrimiento. En este sentido, se puede traducir en inseguridad personal, lo cual precipita que no poseamos ese motor que nos mueva a perseguir nuestros objetivos, ya que difícilmente confiaremos en nuestras capacidades, y, por lo tanto, es posible que abandonemos nuestras metas y sueños. A pesar de ello, es cierto que esta circunstancia puede formar parte de otros problemas, quedando inherente a ciertos trastornos como pueden ser la depresión o los trastornos de la conducta alimentaria, donde la baja autoestima puede tener un papel clave para entender el desarrollo y curso de la problemática. 

Para potenciarla, en primer lugar hay que tener presente de que se trata de algo dinámico. Desde el nacimiento, y a través de la interacción y la creación de vínculos con nuestros padres y posteriormente con nuestros amigos y compañeros, vamos construyendo una imagen sobre nosotros mismos, incorporando constructos positivos, y en ocasiones negativos, y suprimiendo otros que pueden no resultarnos tan útiles. Es a través pues del aprendizaje y de la autoobservación mediante lo cual potenciamos nuestro autoconocimiento y la valoración que hacemos de nosotros mismos. Así, a continuación proponemos algunas estrategias que te pueden permitir alimentarla y potenciarla:

  • Autoobservación: El primer paso para mejorar es analizar, ver, ser conscientes de cómo somos, de quién somos, y principalmente de qué sentimos y cómo. Implica un ejercicio de introspección importante, el cual podemos llevar a cabo en nuestro día a día, atendiendo a nuestros comportamientos y en definitiva a todo aquello que nos caracterice. Este es el paso que nos permitirá pasar a los demás niveles. 

  • Identificar y transformar los automensajes: Es importante detectar cómo nos tratamos a nosotros mismos; si tendemos a castigarnos al realizar ciertas acciones o nos felicitamos y valoramos. En el caso en que nos juzguemos y maltratemos, debemos procurar transformar por mensajes constructivos que nos ayuden a sentirnos capaces y estables.

  • Rememorar experiencias positivas y crear de nuevas: Este es un ejercicio sumamente poderoso. Para potenciar sentimientos de autoeficacia y confianza, podemos procurar hacer un repaso de experiencias de éxito, de situaciones que hayamos conseguido afrontar de manera adecuada, y si son parecidas a las que nos esperan, mucho mejor. Otra alternativa es crearlas; para ello podemos planificar algo con lo que nos sintamos más o menos seguros y llevarlo a cabo. Recordemos que se trata constantemente de afrontar y de superarnos. 

Existen muchas más estrategias y ejercicios para fomentar la autoestima. Como vemos, esta tiene un poder especial, es nuestro motor para persistir en nuestras ideas y objetivos, y para adaptarnos al entorno. Si quieres conocer más sobre ella o te interesa trabajarla, en nuestro centro de psicología, ubicado en Mataró, te atenderemos y proporcionaremos toda la ayuda que necesites. No lo dudes, y llámanos.

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