La aceptación

La gestión emocional de los acontecimientos internos y externos que se van sucediendo en nuestras vidas, no siempre es fácil. Si lo pensamos, seguramente podemos ser conscientes de que hay situaciones, y sobre todo estados emocionales, que nos cuesta tolerar, y luchamos por desprendernos de ellos o por cambiarlos lo más rápidamente posible. La tristeza, el enfado, la frustración, o el miedo, especialmente cuando son intensos, se traducen en comportamientos de evitación o distracción, o de minimización, los cuales muchas veces hacen el efecto contrario, aumentando el malestar. 

 

Por ello, la aceptación resulta ser un objetivo especialmente útil, ya que estamos acostumbrados a todo lo contrario. Nos negamos a aceptar una parte de nosotros que no nos gusta, o una situación que no nos agrada, tendiendo a interpretar que aceptar implica conformarse o resignarse, y que no la podemos cambiar. Tampoco se relaciona con creer todo lo contrario a lo que nos preocupa de una situación, como por ejemplo que “nada va a salir mal”, o que “somos perfectos”. Esto es una postura que muchas veces utilizamos para combatir el malestar, pero supone una visión poco realista, la cual muy posiblemente se verá frustrada con facilidad. Aceptar pues, implica conseguir vivir en paz con eso que nos molesta, tolerando su presencia, e integrandolo sin frustración ni resignación. Es un proceso de adaptación en el cual asumimos que hay aspectos o situaciones que no podemos modificar, y que podemos y debemos asumirlos como son. Así, algunos de los pasos que podemos tener en cuenta para conseguirlo, son los siguientes:

 

  • Observar: El primer paso supone atender a lo que nos genera malestar, sea interno o externo, procurando tomar conciencia de todos los elementos implicados. Una observación abierta y amplia puede ser ya una herramienta útil y terapéutica. 

 

  • Identificar: Este segundo paso implica diferenciar o balancear los estímulos. Es decir, implica atender a nuestro estado emocional, procurando especificar el nivel de intensidad de molestia que nos supone cada componente. 

 

  • Comprender: Es importante intentar responder al por qué de ese malestar, qué hemos podido pensar acerca de ello, o qué puede haber implicado de nosotros que repercute en el nivel de molestia que experimentamos. 

 

  • No juzgar: Este puede ser uno de los pasos más útiles. Si nos preocupa algo, ya es importante. Ponerle la etiqueta de más o menos válido en base a un criterio subjetivo social o externo, sólo fomenta que nos sintamos peor por el simple hecho de experimentarlo. 

La aceptación es un objetivo que puede resultar difícil, pero que si se consigue, supone una estrategia emocional muy efectiva, la cual ayuda a aumentar nuestro bienestar emocional y a convertirnos en personas con mayor resiliencia y capacidad de autorregulación, permitiéndonos crecer como personas.  El mindfulness, la Terapia Cognitivo-Conductual o el EMDR, son intervenciones que buscan de manera más directa o indirecta, este objetivo. En nuestro centro, situado en Mataró, encontrarás a profesionales formados en éstas y otras orientaciones, las cuales pueden ayudarte a mejorar o afrontar las preocupaciones que poseas. Ponte en contacto con nosotros, te ayudaremos.