Nos encontramos inmersos en un mundo en constante movimiento, donde los días pasan como horas, y las horas como segundos. La rutina, las responsabilidades y sobretodo las preocupaciones (como seguidamente veremos), nos mantienen entretenidos la mayor parte del tiempo, y cuando miramos para atrás, en ocasiones nos damos cuenta que hemos ido viviendo de una forma casi ausente, con el modo automático permanentemente conectado. Por ello, merece la pena recordarnos ciertos aspectos de la importancia de vivir y mejorar nuestro momento actual, de tal forma que sintamos que nos adueñamos y conectamos con nuestro día a día. 

Así pues, son diversos los factores que explican nuestra dificultad mantenernos anclados en el “ahora”; entre ellos, como hemos dicho la cantidad de actividades facilitan que tengamos la sensación de que todo sucede muy rápido. Hoy en día es difícil no llevar un ritmo frenético, ya que tenemos muchas cosas que hacer y en diferentes ámbitos: objetivos en el trabajo, vida familiar, encuentros sociales, ocio…Pero si tomamos conciencia, y sobretodo valorando nuestras posibilidades, es posible que nos demos cuenta de que quizás hay ciertas cosas que podemos permitirnos flexibilizar e incluso dejar de hacer. Tener en cuenta algo así “como quién mucho abarca poco aprieta”. Es cierto pero, que existen ciertos impedimentos, pero es importante valorar aquello que es imprescindible o prácticamente imposible de abandonar, y aquello otro más accesorio. En este sentido, si nos adentramos en nuestra forma de afrontar las diferentes situaciones, es posible que podamos identificar que estamos dedicando demasiado tiempo tanto física como mentalmente a ciertas cosas, lo cual únicamente hace que rindamos peor en aquellas que requieren más atención ahora mismo. 

Uno de los casos más extremos y a la vez más recurrentes en todos nosotros, es nuestra tendencia a focalizarnos mucho más en el pasado o en el futuro en comparación con el presente. Nos pasamos gran parte de la vida intentando solucionar o controlar cosas que ya han pasado (p.ej., a través del recuerdo, el remordimiento o la culpa), o que todavía están por suceder, como por ejemplo una reunión de trabajo, un examen, e incluso en no pocas ocasiones, cosas que es muy poco probable que sucedan. Esto es especialmente característico de ciertos problemas psicológicos como la depresión o la ansiedad. Además, habitualmente se relaciona con la supervivencia, argumentándose que nos aporta cierta seguridad situarnos en el peor de los escenarios para así tener la sensación de estar más preparados por si sucede. Pero todo lo contrario, lo único que estamos consiguiendo preocupándonos es aumentar nuestro malestar diario, fatigándonos, y por lo tanto repercutiendo negativamente en la realización de todo lo que vamos haciendo. 

Por ello, algunas de las estrategias para potenciar centrarnos en el presente son: normalizar y minimizar nuestras preocupaciones, procurar atender y valorar cada momento, hacer un repaso al finalizar el día, identificar cuándo conectamos más con el antes y el después que con el ahora, utilizar un mensaje o señal para volver “aquí”. Estas y otras alternativas facilitan que regresemos al momento actual, y sintamos que exprimimos más nuestras vidas. Aun así, requieren continuidad y práctica para que se automaticen. Por ello, es importante concienciarnos y empezar cuanto antes a aplicarlo. 

Intervenciones como el Mindfulness trabajan especialmente esta habilidad, suponiendo el principal de sus objetivos. Si deseas recibir información o te gustaría empezar una intervención específica, ponte en contacto con nuestro equipo de psicólogos de Mataró. Te facilitaremos todo lo que necesites. 

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