Cada día vivimos y recibimos estimulación de todo tipo. Conforme vamos creciendo, vamos definiendo nuestra realidad en base a nuestras experiencias. Adquirimos progresivamente un conocimiento del mundo poco a poco más amplio, y en el que relacionamos objetos, personas e incluso acontecimientos. Además, somos como “pequeños científicos”, dedicando parte de nuestro tiempo a hacer predicciones en base a lo que conocemos sobre algo, y esto nos ayuda a tener cierto control sobre nuestro día a día, y a ser algo más eficientes. A pesar de ello, en ocasiones estas anticipaciones/predicciones pueden no ser del todo acertadas, como es el caso del fenómeno aquí expuesto.

Podemos definir la profecía autocumplida como un sesgo en nuestra percepción que provoca la anticipación de acontecimientos sin una base firme y lógica para ello. Esto genera que nuestras actitudes y comportamientos se modifiquen bajo la creencia de que sucederá lo que predecimos, lo cual provoca que la probabilidad de que ocurra aumente. Veámoslo mejor con un ejemplo: imaginemos a un estudiante que cree que no merece la pena estudiar para un examen, ya que considera que suspenderá de todos modos. Es probable que por desmotivación, por miedo, y por apatía, este termine mirándose poco el temario, y creyendo poco en sus posibilidades. Por ello, puede acercarse más a suspender. Otro ejemplo lo podríamos encontrar en el ámbito laboral, cuando vamos a pedir un aumento de sueldo para el que si no tenemos buenas expectativas y creemos que no nos lo darán, quizás no seremos capaces de demostrar nuestra valía ni defenderlo con suficiente convicción. En cambio, si nuestra creencia es firme en que nos lo merecemos, haremos todo lo posible independientemente del resultado final.

¿Dónde está el principal problema? En el cumplimiento de nuestras creencias y profecías. Si acertamos, y ocurre aquello que anticipamos, ganaremos la sensación de que podemos predecir el resultado de los acontecimientos, lo cual nos otorga una sensación de control completamente ilusoria. Esto hace que nos volvamos calculadores, obsesivos, y con mucha necesidad de control, lo cual provoca estados de estrés y ansiedad que pueden llegar a ser muy significativos.

¿Cómo podemos controlarlo o minimizarlo? Cuestionando nuestras creencias iniciales. Debemos poner en duda aquello que nos decimos a nosotros mismos, aunque tengamos una gran convicción sobre ello. Sólo así nos permitiremos concebir otros posibles escenarios y no actuaremos buscando confirmarlo, sino con mayor flexibilidad, ya que tendremos presentes diferentes posibilidades.

Ponte en contacto con nuestro equipo de psicólogos, en Mataró, para recibir toda la información que desees o necesites. Estaremos encantados de atenderte.

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