Los trastornos disociativos constituyen un grupo heterogéneo de problemáticas complejas en las que aparece una alteración en las funciones de integración de la conciencia, la identidad, la memoria y la percepción del entorno. Es decir, existe una ruptura parcial o completa entre ciertos recuerdos del pasado, la conciencia de la propia identidad, ciertas sensaciones inmediatas y el control de los movimientos del cuerpo. En ocasiones, pueden darse fenómenos disociativos pasajeros que no constituyen categorías específicas, pero cuando suponen una limitación importante en la vida de la persona, y perduran durante un tiempo significativo, hablamos de patologías o trastornos específicos. 

Entre ellos, uno de los más complejos y a la vez interesante, es el Trastorno de Identidad Disociativo (TID). Su principal característica es una perturbación de la identidad en la que aparecen dos o más estados claramente definidos de la personalidad. Al producirse el cambio o la escisión entre personalidades, se observa una discontinuidad del sentido del yo y de la propia identidad, acompañado de perturbaciones del afecto (depresión, ansiedad…), el comportamiento, el conocimiento y la percepción. Junto a estos, también son frecuentes los lapsos de memoria sobre acontecimientos cotidianos e información personal relevante. Aunque es un trastorno cuya prevalencia es más bien baja, su aparición es cada vez más frecuente. Además, puede suponer uno de los trastornos psicológicos más incapacitantes. Uno de los fenómenos más curiosos de este trastorno, es la conciencia o no por parte de las personalidades, de la existencia de las otras. En este sentido, puede presentarse de diferentes formas: puede que se presenten independientemente, que una predomine y tenga conciencia de las demás, o que todas se conozcan. Ese último caso es el menos prevalente. 

En cuanto a su etiología, se ha propuesto que puede surgir como un fenómeno protector. En este sentido, el TID suele aparecer tras sufrir acontecimientos traumáticos, y es por ello que se asocia principalmente con el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT). En niños es importante no confundirlo con juegos fantasiosos, ya que suele ser común que tengan amigos imaginarios, o que generen situaciones ficticias en el juego. Finalmente, como datos a tener presentes, mencionar que el problema parece iniciarse en la infancia, y aparece de forma mucho más significativa en mujeres. 

Si deseas recibir más información sobre este o cualquier otro tema que te interese, estaremos encantados de atenderte. Nuestros psicólogos y psiquiatras, en Mataró, te proporcionarán toda la ayuda que necesites. 

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