Nos encontramos en una situación difícil, en un momento en el que debemos adaptarnos a algo nuevo, algo aparentemente inusual pero real. Son muchos los cambios que debemos realizar, siendo el primero el de nuestra rutina diaria. No solo nos enfrentamos a una enfermedad, sino a nuestros temores, y son estos los que mayormente nos pueden llevar a desestabilizarnos emocionalmente. Cada uno haremos nuestras hipótesis sobre lo que creemos que podemos hacer, lo que puede pasar, cuándo terminará, todo en base a la información que vayamos recibiendo. A todo esto le podemos llamar jugar con la incertidumbre, uno de nuestros mayores miedos. 

Las personas poseemos una mente científica, necesitamos resultados concretos y esperables, de tal forma que tengamos la sensación de que controlamos nuestra vida. Lamentablemente en muchas ocasiones esto no es posible, y emergen sentimientos como la angustia, la ansiedad o la desesperación, especialmente cuando lo que sucede lo percibimos como potencialmente peligroso. Junto a estos, pueden incluso surgir problemas de autoestima al no vernos capaces de hacerle frente . En esta situación, podemos ser nuestros peores enemigos, y lo que debemos entender es que, ya no es tanto el hecho en sí lo que nos produce malestar, sino nuestras predicciones y anticipaciones constantes, en forma de escenarios claramente negativos e incluso catastróficos (p.ej., “voy a morir”; “seguro que me echan del trabajo”; “no terminará nunca”…). Por ello, es importante afrontarlo de la mejor forma posible, de tal manera que consigamos estabilizarnos y, dicho de forma simple, mantener la calma. Para ello podemos utilizar diferentes estrategias:

  • Mente objetiva: Resulta uno de los métodos más relevantes. Como se ha visto, nuestra mente nos la jugará creando escenarios muy negativos. Lo más importante es tener en cuenta que existen otras alternativas, seguramente mucho menos catastróficas, y sobre todo mucho más válidas que las que anticipamos. Debemos simplemente considerarlas, recordárnoslas, y confiar en que puedan darse de esta manera. No se trata de ser exageradamente optimista, sino simplemente de empequeñecer la potencia de las interpretaciones negativas, y dar cabida a pensamientos e hipótesis realistas, y tranquilizadoras. 

  • Contrastar y aceptar la información: Este está muy ligado con el anterior. El miedo puede hacer que vayamos directamente a confirmar nuestros mayores temores con información errónea. Así, para conseguir ser racionales, relativizar, y disminuir el miedo, es importante ceñirnos a la información que nos proporcionen, y únicamente la que nos llegue de las autoridades sanitarias y gubernamentales. Algo así como ni más ni menos. 

  • Exteriorizar y comunicarnos: Debemos mantener el contacto con las personas de confianza, y exteriorizar nuestro malestar. Esto, por un lado ayuda por un lado a sacar ciertas emociones negativas, y por el otro, permite ver que no estamos solos ante la situación. Además, fomenta la confianza interpersonal, facilitando que los demás se permitan abrirse también con más facilidad.

  • Mantener una rutina y hábitos: Es importante intentar ver que no todo debe girar entorno al problema, y procurar conservar una rutina diária lo más saludable y estructurada posible dentro de la “improvización” que nos está tocando vivir. De esta forma, intentar adaptar nuestras actividades resulta primordial, y ver hasta qué punto podemos conservar su realización con tal de sentirnos adaptados y con control.

Esta y otras estrategias pueden resultar muy útiles para combatir un miedo que resulta particularmente frecuente. Ponte en contacto con nuestro equipo de psicólogos, en Mataró. Estos te facilitarán toda la información que necesites sobre este o cualquier otro tema que te interese. 

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