El término que proponemos se define como la ausencia de conciencia, por parte de la persona, de su propia enfermedad o incapacidad. En un primer momento se vinculó especialmente a pacientes neurológicos, proponiendo que consistía en una situación patológica que sufrían algunos de ellos al no tener percepción de sus déficits cognitivos. Así, es cierto que aparece de manera más prominente o clara en patologías como la Enfermedad del Alzheimer, el Síndrome de Korsakoff, y en diferentes trastornos cognitivos. Aun así, y como a continuación veremos, cada vez son más las patologías (especialmente psicológicas) en las que aparece esta problemática, por lo que conviene conocer sus características y especialmente su repercusión.

En la línea de la último comentado, aunque hablamos de una problemática que puede aparecer en mayor o menor medida en muchas complicaciones, los trastornos psicológicos en los que se ve reflajada de manera más prominente son la Esquizofrenia, los Trastornos de Personalidad, el Autismo (Trastorno del Espectro Autista) e incluso en ciertos problemas de conducta. En este sentido, los manuales de clasificación diagnóstica han empezado a añadir especificadores para indicar el grado de conciencia de enfermedad de la persona. También hay que tener en cuenta, y como aspecto mucho más común, que en la mayoría de ocasiones, dentro de las problemáticas puede haber ciertos aspectos de los cuales la persona no es consciente, pero que pueden tener consecuencias tanto para ella como para los demás. De este modo, la anosognosia puede aparecer en problemas muy diversos, en población adulta e infantil, y tanto en casos graves como leves, asociándose más a los primeros.

Como se habrá podido intuir, uno de los rasgos más prominentes y a la vez constituyendo casi la principal dificultad, es la falta de sufrimiento por parte de la persona. Si no me pasa nada, ¿para qué tratarme?. Esto debemos diferenciarlo de la negación, en la cual existe conciencia de enfermedad, pero la persona no admite la situación. Es decir, en este caso nos enfrentamos a una total ausencia tanto de conocimiento, como de sufrimiento. Por ello, es importante tener en cuenta la repercusión que esto tiene tanto a nivel individual, como familiar. En el primero de los casos, al no ser consciente de la gravedad, la persona puede llevar a cabo conductas de riesgo que pongan en peligro su salud. Junto a esto, son numerosos los casos que no se vinculan e incluso que no acuden a tratamiento, y que cuando lo hacen, no cumplen con las recomendaciones del terapeuta debido a la creencia de que “ya están bien como están”. Por otro lado, es clara la repercusión que posee a nivel familiar y social. Así, son estos los que acostumbran a sufrir el problema, procurando (muchas veces en vano), ayudar en la medida de lo posible; muchas veces tratando de convencer de que existe un problema o una patología, otras remarcando cómo se sienten, etc. Todo ello genera tensiones y a menudo discusiones por la difícil gestión de la situación.

Por todo lo comentado, ante estos casos conviene intervenir lo más pronto posible, procurando vincular al paciente a un seguimiento terapéutico específico y trabajando mucho con las familias y personas cercanas con tal de dotar estrategias para afrontar posibles situaciones problemáticas. Los psicólogos y psiquiatras de nuestro centro, en Mataró, pueden darte más información acerca de este o cualquier otro tema que te preocupe o interese. No dudes en ponerte en contacto con nosotros, te ayudaremos a resolver tus dudas.

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