Vivimos en un mundo social. Nos encontramos inmersos en un entorno donde las relaciones e interacciones con los demás son constantes, y éstas nos permiten crearnos una imagen tanto de la gente y contexto que nos rodea, como de nosotros mismos y de nuestra competencia en relación a ellos. En ocasiones pero, aparecen situaciones que nos pueden dificultar mucho iniciar y/o mantener estos vínculos, siendo uno de los casos más frecuentes, el miedo al rechazo. Este pero, como a continuación se verá, puede aparecer “camuflado” en forma de muchos otros miedos, preocupaciones o problemáticas.

Este temor aparece cuando nos sentimos evaluados o juzgados por los demás. Así, algunas de las situaciones donde puede surgir son por ejemplo, al pedir un favor a alguien, al declarar nuestro amor a una persona, al solicitar un aumento de sueldo, etc. Entre las situaciones más prototípicas conviene resaltar el miedo a hablar en público. Esto provoca diferentes tipos de respuesta, pudiendo hacer que la persona sacrifique sus deseos y necesidades con tal de ser aceptada, o bien que opte por evitar exponerse a situaciones en las que perciba o sienta que la puedan juzgar o evaluar. En base a esto, es posible que nos haya venido alguna experiencia personal en la que esto haya sucedido, lo cual refleja que en cierta manera, y en menor o mayor intensidad, casi todos hemos podido experimentarlo, por lo que podemos concluir que todos poseemos una cierta necesidad de aprobación. Pero se transforma en problemática cuando supone una limitación importante para la persona, generando malestar y preocupación constante.

Pero ¿de dónde proviene este temor? ¿por qué aparece? Existen diferentes hipótesis al respecto, las cuales podríamos englobar en dos principales: la innata (o evolutiva), y la adquirida (o aprendida). En el primero de los casos, se sugiere que poseemos una cierta tendencia innata a querer ser aceptados por los demás, ya que en el pasado, estar solo podía tener graves consecuencias. Desde esta perspectiva, también se habla de rasgos temperamentales y de personalidad que puede predisponer a sufrir este problema, como pueden ser la elevada sensibilidad, o la introversión. En el segundo planteamiento (más aceptado hoy en día), se habla de de aprendizaje, es decir, se propone que la vivencia de ciertas experiencias sociales pueden provocar que desarrollemos este miedo. En este sentido, si hemos recibido un feedback negativo (malas caras, comentarios negativos, abandonos…), es posible que nos hayamos formado una imagen de la interacción social. Junto a esto, además, este miedo también se relaciona con nuestro autoconcepto y con nuestra autoestima. A todos nos gusta sentirnos aprobados y, en cierta manera, admirados. Si nos rechazan, esto choca con nuestros esquemas, generando cierto conflicto interno, el cual podemos evitar dejando de exponernos socialmente.

Todo ello repercute en nuestro bienestar físico y emocional, pudiendo generar diferentes problemáticas, siendo la ansiedad una de las más características. Debemos adoptar y aprender ciertos mecanismos para evitar engrandecerlo e incluso su cronificación. En este sentido, a continuación se exponen algunas de las estrategias que pueden servir para superar este miedo:

Comprensión y normalización: Este puede ser útil de por sí, y conviene utilizarlo como primer paso. El miedo es una emoción como cualquier otra, y aunque en ciertos momentos desagradable, posee un sentido adaptativo, pudiendo prevenirnos en ocasiones de algún daño o peligro real. Así, uno de los errores más comunes es considerar que la persona que definimos como valiente, no tiene miedo. Todo lo contrario, posiblemente también lo tiene pero la diferencia es que actúa para combatirlo.

Exposición progresiva: Es uno de los componentes más importantes. Seguramente habremos oído la importancia de afrontar nuestros miedos. En el caso del miedo al rechazo es particularmente importante, ya que supone una de las formas más efectivas para desconfirmar las creencias de la persona (ej., no gustaré, se reirán de mí, me ignorarán…). Conviene hacerlo, pero, gradualmente y siempre en función de las dificultades presentes.

Interpretaciones alternativas: Es importante considerar otras “hipótesis” o “alternativas” cuando vayamos a interaccionar, o cuando hayamos terminado. El pensamiento, cuando está dominado por el miedo, puede ser muy catastrófico, por lo que el entrenamiento regular en considerar diferentes hipótesis, aunque a priori sean difíciles de creer, nos puede permitir combatirlo de manera más efectiva poco a poco.

Aunque estos son los componentes que se consideran claves, existen otras herramientas útiles para ayudarnos a superar este y otros muchos miedos. Se trabajan desde diferentes perspectivas y de forma cada vez más eficiente. Puedes solicitar información en nuestro centro de psicología, en Mataró. Nuestro equipo de psicólogos te proporcionará todo aquello que necesites.

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