Las preocupaciones, el malestar emocional y los problemas relacionados pueden alcanzar diferentes grados y afectar a una o varias áreas de nuestra vida. Acostumbramos a fijarnos en aquello que nuestros ojos pueden ver a simple vista, como la ansiedad, la tristeza, el enfado…, es decir, sentimientos o situaciones que, y sobre todo si son agudas, realzan y se detectan con relativa facilidad. Pero, entre todas las problemáticas y patologías, existen algunas que pueden ser algo más difíciles de reconocer, siendo algunos de los más relevantes los Trastornos de la Personalidad.

Podemos definir esta amplia categoría como un patrón permanente de experiencia interna y de comportamiento que se aparta acusadamente de las expectativas de la cultura del sujeto. Además, este patrón se manifiesta en dos (o más) de las siguientes áreas:

  • Cognición: es la forma de percibir e interpretarse a uno mismo, a otras personas y los acontecimientos.
  • Afectividad: la conforman el rango, la intensidad, la labilidad y la adecuación de la respuesta emocional.
  • Funcionamiento interpersonal: comprende la calidad y el cómo dentro de las relaciones con los demás. 
  • Control de los impulsos: Este apartado se refiere a la capacidad para controlar nuestra conducta, y principalmente cuando esta se aparta de lo considerado adecuado o, principalmente, no perjudicial para uno mismo y/o para los otros. 

Este patrón, junto con las características anteriores, para conformar un problema de personalidad debe mostrarse como inflexible, y además extenderse a una amplia gama de situaciones personales y sociales. En este sentido, los trastornos de la personalidad acostumbran a dominar toda la vida del individuo, mostrándose de maneras similares en los diferentes ámbitos. El inicio se remonta al menos a la adolescencia o edad adulta temprana, con lo que la duración, por ende, es prolongada. Por último, para diagnosticarse debe generar malestar, para uno mismo o para los demás. En resumen, los trastornos de personalidad constituyen problemas emocionales y comportamentales más arraigados o profundos, dominan nuestras vidas y generan un desajuste generalizado. Además, y en unos tipos más que otros, aparecen dificultades emocionales como ansiedad, depresión, baja autoestima que deben valorarse adecuadamente para no confundir o entremezclar diagnósticos. Debemos escarbar la superficie para quizás encontrar características personales de base que nos ayuden a entender lo que nuestros ojos ven.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *