Tratamientos de autoayuda para la depresión

Tratamientos de autoayuda para la depresión

Los Trastornos del estado de ánimo, y específicamente la depresión, afectan entre el 5 – 15% de la población general, siendo el porcentaje de afectados mayor en mujeres que en varones (10% vs. 5%). Sin embargo, el 50% de personas afectadas por esta patología no realizan ningún tratamiento (Rieger et al., 1993).

Las personas que no buscan tratamiento para la depresión suelen utilizar formas de tratamiento menos intensivas de autoayuda como libros, panfletos, cintas de video o programas de ordenador, conocidos en conjunto como biblioterapia.

Los programas de tratamiento ambulatorio en depresión han mostrado una eficacia que oscila entre el 25 – 75% de los casos. Entre ellos, los programas de autoayuda, como en el caso de otras patologías, han mostrado una eficacia contrastada en patologías como el abuso de alcohol, la ansiedad, la demencia y la bulimia nerviosa.

La psicoterapia cognitivo-conductual para el abordaje de la depresión ha mostrado ser el tratamiento más eficaz, tanto en población adulta como en población adolescente, cuando se compara con otros abordajes psicológicos así como cuando se compara con la utilización de fármacos antidepresivos.

La mayor parte de publicaciones se ha centrado en el estudio de la eficacia del tratamiento psicológico individual cara a cara así como grupal, pero otras formas de tratamiento menos intensivas, tales como los tratamientos de autoayuda, han mostrado también ser eficaces en el tratamiento de las depresiones de carácter leve a moderado (Ackerson et al., 1998; Jamison et al., 1995; Smith et al., 1997). En este sentido, formas de administrar este tipo de tratamiento, consisten en la lectura de un manual de autoayuda (biblioterapia), lectura del material a través de un programa informático o bien a través de Internet.

Estudios recientes han demostrado que Internet es un medio eficaz para proporcionar psicoterapia o soporte psicológico para personas afectadas de depresión, especialmente en adolescentes, dado que muestran una actitud más positiva y una mayor adherencia al mundo de la informática y a Internet cuando se compara con otros grupos de edad superior (Colley & Comber, 2003).

O’Kearney et al. (2006) evaluaron la eficacia del programa de tratamiento de autoayuda llamado MoodGYM que se realiza a través de Internet. Este programa de tratamiento de autoayuda, dividido en 5 módulos de unos 30-60 minutos de duración, proporciona información sobre la depresión y enseña habilidades para el afrontamiento de los síntomas basados en los principios de la terapia cognitivo-conductual, donde se incluyen la reestructuración cognitiva, programación de actividades agradables y técnicas de solución de problemas interpersonales. Todas estas habilidades se adquieren a través del empleo de ejemplos, cuestionarios y ejercicios. Los autores estudiaron un grupo de 40 adolescentes varones con edades comprendidas entre los 15 y los 16 años que realizaron el programa de tratamiento MoodGYM en la sala de ordenadores de su instituto durante una hora semanal (durante la hora de tutoría), y fueron comparados con un grupo de 38 alumnos del mismo rango de edad, que no realizaron ninguna intervención, es decir, realizaron durante el mismo periodo de tiempo la hora de tutoría como acostumbraban, tiempo durante el cual no se habló de temas relacionados con la depresión. Los participantes fueron evaluados al inicio del tratamiento, al finalizar la intervención y a las 16 semanas. Solamente el 40% de los participantes del grupo MoodGYM completaron 3 o más módulos. Así mismo, los autores no hallaron diferencias significativas en las puntuaciones pre- a post- o pre- a seguimiento. Aquellos chicos que realizaron 3 o más módulos obtuvieron un aligera reducción de los síntomas depresivos, del estilo atribucional así como de la autoestima tras el tratamiento, aunque ésta última fue la única que se mantuvo a los 4 meses de seguimiento. Estos resultados deben verse con cautela dadas las numerosas limitaciones del presente estudio. A saber, el escaso tamaño muestral, la gran cantidad de abandonos, los grupos no fueron aleatorizados a las dos condiciones, y lo más importante, los participantes no estaban clínicamente deprimidos así que no realizaron el tratamiento con este fin sino como una actividad más de la hora de tutoría del instituto.

Andersson et al. (2005) investigaron recientemente la eficacia de un programa de tratamiento de autoayuda realizado a través de Internet. Un total de 117 pacientes adultos diagnosticados de depresión fueron aleatorizados a dos condiciones de tratamiento: a) tratamiento cognitivo-conductual a través de Internet con contacto terapéutico mínimo a través de correo electrónico + participación en un foro de discusión sobre la depresión (n=57); b) participar únicamente en el foro de discusión (n=60). Los participantes fueron evaluados antes de la intervención, al finalizar ésta y seis meses tras la finalización del tratamiento. El tratamiento de autoayuda, basado en la terapia cognitiva de Beck y en la activación conductual de Lewinsohn, estaba dividido en 5 módulos, cada uno de los cuales finalizaba con un breve examen para evaluar los conocimientos adquiridos. El programa estaba diseñado para realizarse a lo largo de ocho semanas. El foro de discusión del grupo de tratamiento y del grupo control difirió en cuanto al contenido tratado; el grupo de tratamiento discutía en mayor medida sobre el contenido del material de autoayuda, mientras que el grupo control discutía especialmente sobre la baja por enfermedad y la experiencia de estar deprimido. Los autores hallaron un 37% de abandonos en el grupo de tratamiento, y un 18% en el grupo control. El grupo de tratamiento obtuvo una mejoría significativa en sintomatología depresiva, así como en sintomatología ansiosa y calidad de vida tras finalizar el tratamiento, mejoría que se mantuvo a los seis meses de seguimiento, resultados que no obtuvieron los participantes del grupo control, sin embargo, los autores concluyen que añadir un foro de discusión al tratamiento de autoayuda no incrementa los índices de mejoría clínica.

Christensen et al. (2006) estudiaron el grado de adherencia de 2794 sujetos que fueron aleatorizados a una de seis versiones del programa de tratamiento MoodGYM que se realiza a través de Internet. La versión 1 consistió en terapia cognitivo conductual (CBT) breve (un solo módulo); la versión 2 consistió en terapia CBT breve y resolución de problemas (2 módulos); la versión 3 trataba CBT breve, manejo del estrés y resolución de problemas (3 módulos); la versión 4 proporcionaba CBT extensa y resolución de problemas (3 módulos); la versión 5 incorporaba CBT extensa, estrategias conductuales y resolución de problemas (4 módulos); y la versión 6 era el programa MoodGYM completo (5 módulos en total).
Los participantes fueron evaluados al inicio del tratamiento e inmediatamente después de finalizar éste. Los pacientes no tenían ningún tipo de contacto con los investigadores ni con ningún terapeuta.

Los autores concluyen que aquellas versiones del programa que incluyen terapia cognitivo-conductual extensa producen mayores cambios en los síntomas depresivos. Sin embargo, las versiones del programa más largas estaban asociadas con mayores índices de abandono prematuro del tratamiento, el 70% de sujetos que realizaron la evaluación inicial no llegaron a completar ni siquiera un módulo del programa. Los autores concluyen así que las personas que realizan un tratamiento de autoayuda a través de Internet se beneficiarían enormemente de recordatorios o contactos a través del teléfono o correo electrónico con un terapeuta para incrementar el nivel de adherencia así como para mejorar el nivel de mejoría clínica.

Clarke et al. (2002) crearon un programa de tratamiento de autoayuda cognitivo a través de Internet diseñado para ser usado como tratamiento único para depresiones leves a moderadas, o como intervención complementaria al tratamiento estándar para aquellas depresiones más severas. Estudiaron la eficacia de dicho programa llamado “Overcoming Depresión on the Internet” (ODIN), programa psicoeducativo que se centra en la adquisición y uso de técnicas de reestructuración cognitiva, y que no emplea ningún tipo de monitorización ni interacción entre los participantes y los terapeutas. Para ello compararon dos grupos aleatorizados a dos condiciones: a) 144 sujetos realizaron el tratamiento a través de Internet y b) 155 no tuvieron acceso al tratamiento a través de Internet. Los sujetos de ambos grupos recibieron correos electrónicos recordándoles que debían realizar la versión on-line de los cuestionarios de evaluación a las 4, 8, 16 y 32 semanas. Por cada evaluación de seguimiento que realizaban los participantes, éstos recibían un cheque regalo de 5€ que podían canjear en la página web amazon.com.  Los autores no hallaron una mejoría superior en aquellos pacientes que realizaron el tratamiento a través de Internet y los que no lo utilizaron, concluyendo que la baja tasa de acceso y uso del programa podría explicar que el programa no obtuviera una mejoría significativa de los síntomas depresivos. Por este motivo, este mismo grupo de investigadores inician un segundo estudio en el 2005 (Clarke et al., 2005), en el que estudian la eficacia del mismo programa de tratamiento pero con la novedad de introducir recordatorios a través de cartas postales o bien a través de llamadas telefónicas breves para animar a los pacientes a realizar las evaluaciones de seguimiento así como para acceder al contenido del programa a través de Internet. Para ello los investigadores aleatorizaron a 255 pacientes a tres condiciones de tratamiento; 1) Grupo control sin acceso al programa ODIN (n=100), 2) Tratamiento ODIN con recordatorios a través de correo ordinario (n=75), y 3) Tratamiento ODIN con recordatorios a través de llamadas telefónicas breves (n=80).  En este caso sí hallaron una mejoría significativa de la sintomatología depresiva en aquellos pacientes que realizaron el programa de tratamiento ODIN cuando fueron comparados con el grupo control, no encontrando diferencias significativas en cuanto a mejoría clínica así como en cuanto a la frecuencia de uso del programa cuando los recordatorios se hacían a través de correo ordinario o a través de llamadas telefónicas. Así mismo, hallaron que aquellos pacientes más gravemente deprimidos al inicio de la intervención obtenían una mejoría más pronunciada, con un 20% de pacientes de ambos grupos de tratamiento hallándose en el rango de la normalidad tras la intervención.