Un ataque de pánico se define como la aparición súbita de miedo o de malestar intenso que alcanza su máxima intensidad en minutos y durante el cual se producen una serie de síntomas como pueden ser las palpitaciones, el temblor, la sudoración, náuseas, mareo, miedo a perder el control…entre otros. De esta forma, aparecen diferentes síntomas de ansiedad de manera inmediata, casi simultáneamente, y los cuales se desarrollan rápidamente hasta alcanzar un nivel elevado y significativo. Este episodio, cabe mencionar que puede producirse desde un estado de calma o desde un estado de ansiedad. Por ello, muchas personas informan de que parecen “caídos del cielo”, ya que sin estar haciendo nada especial, o pensando en algo que les preocupe, se producen los síntomas. 

Bien, cuando nuestro cerebro percibe un peligro (real o imaginario), automáticamente se pone en marcha el sistema de alarma; es decir, se activa una parte de nuestro sistema nervioso que provoca diversos cambios fisiológicos con los que nuestro organismo se prepara para afrontar el peligro: 

  • El cuerpo libera adrenalina y noradrenalina, que producen una sensación de nerviosismo e inquietud.
  • Aumenta la frecuencia y la fuerza de los latidos del corazón, así los músculos disponen de más sangre y eliminamos mejor las toxinas, con lo que nos resultaría más fácil atacar o huir. 
  • Hiperventilamos: es decir, respiramos más cantidad de aire y más deprisa, preparando también a nuestro cuerpo, para la lucha o la huida. La hiperventilación hace que dispongamos de más oxígeno en la sangre y que notemos ciertas sensaciones internas (lo podemos incluso comprobar en casa). 
  • La sangre se concentra en las áreas del cuerpo donde podría ser más necesaria en una situación de peligro. Por tanto, queda menos sangre en otras zonas, por ej., en las manos, pudiendo dar lugar a temblor, hormigueo, etc. 
  • Las pupilas se dilatan, con lo que estamos preparados para detectar mejor cualquier estímulo que pueda ser peligroso. Esto puede hacer que percibamos las cosas en forma extraña. 

Junto a todo esto, existe por supuesto la experiencia subjetiva de miedo, mediante el cual tendemos a huir y a querer ponernos a salvo. Sientes miedo y tiendes a huir para ponerte a salvo. Todos estos cambios, serían útiles y beneficiosos si nos encontráramos ante un peligro real. Pero, si en vez de tomarlos como algo «normal», pensamos que esas sensaciones son peligrosas, se activará aún más el sistema de alarma, y, por tanto, las sensaciones y el miedo aumentarán, cerrando así un circulo vicioso negativo.

Por todo ello, es importante que conozcamos los mecanismos que sigue la ansiedad, ya que únicamente de esta forma comprenderemos cómo funciona nuestro cuerpo cuando percibimos el peligro, y podremos controlar los diferentes síntomas.  

Si deseas recibir más información, y conocer más específicamente algunos datos sobre lo comentado, ponte en contacto con nuestro equipo de terapeutas situado en Mataró. Te proporcionaremos toda la información y ayuda que necesites.

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