A lo largo de toda nuestra vida, pasamos por situaciones que pueden resultarnos difíciles de superar, de afrontar. Incluso a lo largo de un mismo día podemos sufrir contrariedades que nos pongan a prueba, tanto a nivel emocional como físico. Así, a veces podemos sentirnos incapaces, o en cierta manera, hundidos por algún acontecimiento. En otras, en cambio, llegamos incluso a sorprendernos de lo fuertes que hemos sido. La variabilidad en el comportamiento y estado de ánimo que mostremos vendrá determinada, en gran parte, por el concepto aquí presentado, la resiliencia. 

Ésta se define como la capacidad que poseemos para afrontar y adaptarnos a las diferentes situaciones, especialmente cuando estas son menos favorables. Dicho de otro modo, se trataría del mecanismo que permite la superación de adversidades y el no quebrarnos emocionalmente. Sin embargo, cada uno de nosotros la tenemos en diferente grado, y esto refleja que no solo depende de mecanismos innatos, sino que podemos modificarla, aprenderla o moldearla. Así, las personas resilientes tendrían las siguientes características:

  • Autoobservación y detección: acostumbran a tener facilidad para encontrar la causa de sus problemas. Mediante el autoanálisis, procuran tener en cuenta cómo han afrontado conductual y emocionalmente las diferentes situaciones para que éstas no vuelvan a repetirse. Podríamos decir que con la experiencia fortalecen sus recursos. 

  • Gestión emocional: suelen mostrar una buena capacidad para manejar sus emociones. En este sentido, procuran que cuando éstas son especialmente negativas, no les invadan. Para ello, buscan el equilibrio entre aceptar su estado emocional y cambiarlo, tendiendo más a la modificación cuando el estado es especialmente negativo. 

  • Objetividad/realismo: Razonan rápidamente y encuentran alternativas realistas ante los diferentes acontecimientos. Este mecanismo está muy ligado con la capacidad anterior, ya que si tenemos pensamientos negativos o catastrofistas, normalmente aparecerán emociones negativas, pero si nuestra intepretación es más constructiva y tenemos en cuenta diferentes alternativas, probablemente nuestro estado de ánimo mejore. 

  • Autoconfianza y toma de decisiones: Son personas que tienen en cuenta sus posibilidades, y buscan potenciarlas por encima de todo. Ante la duda, focalizan la atención en sus habilidades y las ponen en marcha. Este segundo punto entroncaría la toma de decisiones. Cuanta más autoconfianza, muy posiblemente haya un plan de acción eficaz más rápido. 

Además de estas características, la resiliencia engloba otras como la empatía, la automotivación, el autorespeto… En algunas patologías, como en los problemas de autoestima, de ansiedad, y sobre todo en la depresión, aparecen claras dificultades en este proceso. Como hemos remarcado además, son habilidades que podemos potenciar, entrenar, mejorando así nuestra capacidad para hacer frente a los acontecimientos negativos. Si deseas formarte o potenciar esta importante habilidad, puedes ponerte en contacto con nuestro equipo de psicólogos, en Mataró. Estaremos encantados de ayudarte y de proporcionarte todo aquello que necesites. 

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