relajación

El afrontamiento del malestar, sea este causado por eventos internos (pensamientos, dolor físico…) o externos (discusión con la pareja, problemas en el trabajo…), puede realizarse de diferentes maneras. En muchas ocasiones buscamos encontrar una solución directa y sencilla para conseguir sentirnos mejor, y en la mayoría de situaciones lo hacemos enfocándonos hacia fuera, es decir, procurando solucionar un problema externo que indirectamente incida en nuestro bienestar físico y emocional. Lo que está claro es que el malestar, en mayor o menor medida, lo acostumbramos a experimentar de manera similar, al menos cualitativamente. Así, síntomas como la tristeza, el estrés o la ansiedad son especialmente comunes cuando algo nos perturba. Por ello, a continuación se expondrá una alternativa de afrontamiento que pone el foco de atención en nuestro interno, en nuestro cuerpo, lo cual puede ser beneficioso tanto para acontecimientos que ocurran fuera como dentro de nosotros.

Hablamos de las técnicas de control de la activación, donde quedan incluidos los ejercicios de respiración y de relajación. Cuántas veces hemos necesitado una “bocanada de aire fresco” para pararnos y reflexionar? O en cuántos momentos hemos suspirado cuando algo nos ha molestado o hecho sentir mal? Estos actos automáticos buscan regular nuestro cuerpo, proporcionandonos una ligera sensación de bienestar. Pues bien, las técnicas que comentamos buscan precisamente esto, pero de manera algo más sistematizada. Cuando estamos especialmente inquietos o nerviosos, sea porque algo nos preocupa a corto o largo plazo, nuestro cuerpo responde. Esto se produce a través de la activación del Sistema Nervioso Simpático, o también denominado sistema de alarma. Este, provoca una serie de cambios fisiológicos con los que nuestro organismo se prepara para afrontar el peligro: Liberamos adrenalina y noradrenalina, que producen una sensación de nerviosismo e inquietud. Aumenta la frecuencia y la fuerza de los latidos del corazón. Así nuestros músculos disponen de más sangre y eliminamos mejor las toxinas, con lo que nos resultará más fácil atacar o huir. Hiperventilamos; es decir, respiramos más cantidad de aire y más deprisa, preparando también nuestro cuerpo para el afrontamiento. Esta hiperventilación hace que tengamos más oxígeno en la sangre y que notemos ciertas sensaciones internas. Además, nuestra sangre se concentra en las áreas del cuerpo donde podría ser más necesaria en una situación de peligro, quedando por tanto menos sangre en otras zonas, por ej., en las manos, pudiendo dar lugar a temblor, hormigueo, etc.

Todos estos cambios, pueden ser útiles y beneficiosos si estamos ante un peligro real. Pero cuando ésto no es así, y nos mantenemos permanentemente activados, podemos sentirnos especialmente fatigados, bajos de energía e incluso perder el sueño o el apetito, con las subsecuentes consecuencias que esto conlleva. Por ello, los ejercicios de relajación y control de la respiración puede mostrarse muy beneficiosos. Estos, a nivel general buscan reducir la activación fisiológica facilitando la recuperación de la calma, el equilibrio mental y la sensación de paz interior. Es importante mencionar pero, que su práctica no sólo afecta a una dimensión fisiológica, sino  también a los procesos emocionales, cognitivos y conductuales. Así, buscan activar la rama parasimpática de nuestro cuerpo, es decir aquella encargada de las funciones de ahorro y reposo. Entre las técnicas de relajación podemos encontrar la Relajación Muscular Progresiva con sus variantes (p.ej., Relajación Diferencial,  Relajación condicionada o Relajación pasiva), la Meditación, el Yoga o el Biofeedback. Entre las de respiración, se recomienda especialmente la Respiración Diafragmática. Todas ellas, si se practican con regularidad pueden llegar a producir una gran sensación de alivio y liberación, y ayudarnos afrontar las diferentes situaciones con más calma y energía. Entre sus efectos, se encuentran los siguientes: incremento de la circulación sanguínea cerebral, descenso del consumo metabólico de oxígeno, relajación muscular (disminuye la tensión y el tono muscular), disminución de la intensidad y frecuencia del latido cardíaco y de la presión arterial, disminución frecuencia y aumento y profundidad de la respiración, aumento de la amplitud y capacidad inspiratoria, y el aumento de serotonina (sustancia relacionada con el bienestar).

Como vemos, por tanto, se producen efectos contrarios a los de activación, estrés o ansiedad. Además, conviene resaltar que acostumbran a ser ejercicios relativamente sencillos de aplicar, y que no conllevan mucho tiempo, lo cual facilita que puedan ser puestos en práctica en muchas situaciones. Junto a esto, puede ser aplicado tanto por niños como por adultos, lo cual refleja que es una estrategia versátil. Puedes recibir más información en nuestro centro, situado en Mataró, donde nuestros psicólogos y psiquiatras te proporcionarán toda la ayuda que necesites. No lo dudes y llámanos.

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