depresión

La tristeza es una de las emociones más típicas y frecuentes del ser humano. Todos, en base a nuestra experiencia, podemos definir más o menos en qué consiste. Sabemos que aparece en momentos complicados, como por ejemplo cuando alguna cosa nos ha herido, decepcionado, cuando hemos perdido a alguien o algo significativo para nosotros, o cuando no hemos conseguido algo que deseábamos. Ésta, se traduce además en una serie de sensaciones y reacciones, como ganas de llorar, apatía, sensación de vacío, o incluso de ahogo. En algún momento, todas o casi todas estas manifestaciones forman parte de nuestra vida. A pesar de ello, de por sí, no constituyen un trastorno depresivo, aunque formen parte de él como a continuación se verá.

Podemos definir la depresión como la enfermedad o trastorno psicológico en el que predominan un estado de ánimo de tristeza significativa y de disminución del interés y del placer, y en el que además pueden y suelen darse otros síntomas como insomnio, fatiga o pérdida de energía, sentimientos de inutilidad o de culpa excesiva, menor capacidad de concentración, pérdida o aumento de peso…entre otros. Además, el cuadro limita de manera importante la vida de la persona, considerándolo de ésta manera, como clínicamente significativo. Esto último es especialmente importante, ya que lo diferencia de el estado de ánimo bajo o tristeza. Es decir, para constituir un diagnóstico deben aparecer una serie de síntomas que repercutan de manera negativa y significativa en la persona. Además pero, y aunque no se acostumbra a hacer mucha mención, desde hace relativamente poco tiempo se han venido definiendo algunos subtipos de depresión. Esto ha sido así en parte debido a la variabilidad con la que se presenta este cuadro en cada persona, y por otro lado con el objetivo de diseñar estrategias terapéuticas más específicas y eficaces en función de la problemática.

Entre los subtipos encontramos a la depresión atípica, y la depresión melancólica. En relación a la primera, como criterio obligatorio para establecer su diagnóstico, hay una reactividad del estado de ánimo, es decir, que este mejora ante eventos positivos reales o potenciales. Junto a esto, deben aparecer dos de los siguientes: aumento del peso o del apetito, hipersomnia, parálisis plúmbea (sensación de pesadez en las extremidades), y una alta sensibilidad al rechazo interpersonal. Como vemos, la propia palabra nos ayuda a hacernos una idea de las características que presenta, ya que pueden resultar algo contraintuitivas si pensamos en una depresión más común o prototípica. En cuanto a la depresión melancólica, el principal rasgo y el cual nos debe hacer sospechar de su aparición es la marcada pérdida de placer y/o falta de reactividad hacia estímulos habitualmente y potencialmente placenteros. Además pero, y teniendo en cuenta que este aspecto (aunque quizás de forma menos acentuada) también se presenta en la depresión típica, deben aparecer tres  o más de los siguientes: desaliento profundo, desesperación y/o malhumor, estado de ánimo vacío, empeoramiento por la mañana, despertar precoz, notable agitación o retraso psicomotor, anorexia o pérdida de peso, y culpa excesiva o inapropiada.

De esta forma, vemos como no solamente existe un único subtipo de depresión, y cada vez son más los trastornos en los que se están definiendo formas alternativas de presentación. Esto, a su vez, también se ve favorecido por el gran solapamiento que existe entre muchas categorías. Así, por ejemplo, ansiedad y depresión comparten muchos aspectos, e incluso en muchas ocasiones vemos como algunos pueden llevar a otros con relativa facilidad. Por todo ello, debemos desengranar lo más específicamente posible todas las características de la problemática que presente el paciente, con tal de poder ayudarlo de manera más eficiente.

Si estás interesado en conocer más sobre el tema, o tienes alguna otra pregunta, en Mataró contamos con un equipo de psicólogos y psiquiatras que te ayudará y proporcionará toda la información que necesites.

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