Dedicamos gran parte de nuestro tiempo a resolver problemas, y si no es así, a anticiparlos para estar preparados para cuando vengan. Las responsabilidades del día a día y las diferentes situaciones o conflictos laborales y familiares a veces parecen no darnos un respiro. Esto precipita que nos percibamos como responsables y con control de todo lo que acontece a nuestro alrededor, y no nos damos cuenta de la gran carga emocional y psicológica que esto supone para nuestro organismo. 

 

De esta forma, aunque sea comprensible que realicemos este proceso de “búsqueda de control”, con tal de ganar una cierta sensación de seguridad, esto no quita que pueda ser perjudicial, ya que fomenta estados de estrés y ansiedad acentuados, especialmente cuando luchamos contra algo que tiene un carácter incontrolable por nosotros mismos. Además, supone un gasto de energía muy alto, y se traduce en frustración al ver que todo el tiempo y esfuerzo que hemos empleado ha sido inútil e incluso contraproducente. Pero, ¿qué entendemos situaciones incontrolables? A continuación te proponemos un pequeño listado de situaciones que típicamente cometemos el error de interpretar como controlables:  

  • La influencia y educación de tus seres queridos.
  • Los comportamientos y decisiones de los demás.
  • Cómo se siente alguien cercano y el nivel de intensidad con qué lo hace.
  • Actitudes, pensamientos y emociones ajenas.
  • Sucesos con alta improbabilidad de ocurrencia.
  • Lo que opinen los demás.

Considerar lo contrario, y que nosotros podemos abarcar e incidir en todos estos aspectos, y sobre todo, modificarlos, únicamente nos llevará a la frustración. Como vemos, la mayor parte de cosas se refieren al pasado y/o a estados mentales y emocionales de los demás. Nosotros podemos ofrecer nuestro apoyo, comprensión, escucha…pero es importante no percibir la totalidad de la mejora o cambio como dependiente únicamente de lo que hagamos nosotros. Conocer y tener presentes donde están nuestros límites nos ayuda a desvincularnos de la responsabilidad, y permite que nos relajemos y respetemos. Junto a esto, permite que desarrollemos una mirada más objetiva sobre las diferentes situaciones, con lo cual, el impacto emocional de estas se reduce. 

En nuestro centro de psicología, en Mataró, puedes informarte sobre este y muchos otros temas que te interesen. Llámanos y te atenderemos de una forma profesional e individualizada. 

Las emociones forman parte inherente e inevitable de nuestras vidas. Nos ayudan a dar color a las diferentes situaciones que vivimos, hasta tal punto que tendemos a recordar mucho más a una persona o un acontecimiento, cuando estas son intensas y están asociadas a momentos o contextos significativos. Aunque todos/as nosotros/as tenemos una concepción de cuáles se pueden catalogar como positivas y como negativas, son las características de intensidad y duración las que marcan su carácter disfuncional (p.ej., alegría o euforia elevada y permanente es característica de la fase maníaca del Trastorno Bipolar). Por ello, aceptar y normalizar que podamos tener o pasar por sentimientos negativos resulta no sólo imprescindible, sino también terapéutico. 

 

Podemos definir la culpa como la emoción que aparece cuando nos atribuimos o nos atribuyen la responsabilidad de un suceso o acción negativa (perjudicial), el cual afecta a una situación o persona. Es una sensación interna permanente de haber hecho algo negativo, de ser mala persona, o de haber infringido alguna norma o ley, produce un malestar significativo, y aparece tanto en situaciones reales como imaginarias. Esta última diferenciación es importante, ya que el efecto negativo o perjuicio puede ser real u objetivo (p.ej., tropezar y dar un golpe a alguien sin querer) o subjetivo, el cual es fruto de una interpretación ajena o personal, y acostumbra a aparecer en situaciones de más ambigüedad. En este sentido, si acostumbramos a responsabilizarnos y castigarnos por los sucesos, somos personas autoexigentes y rígidas, y tenemos una alta necesidad de control considerando que siempre podemos hacer algo para modificar las situaciones, fácilmente nos sentiremos frustrados, incapaces, desesperanzados, y dañaremos nuestra autoestima, pudiendo llegar a concluir cosas como “soy mala persona”, o “no soy capaz”, o “soy inferior”…

 

¿Cómo podemos afrontar el sentimiento de culpa? Este incapacitante sentimiento únicamente puede afrontarse reprocesando, reinterpretando y transformando todos aquellos mensajes negativos que nos hemos inculcado y nos han hecho creer que somos merecedores del castigo. Para ello, te proponemos un ejercicio práctico muy útil, la “Carta de disculpa hacia ti mismo/a o hacia el otro”. El autoperdón es esencial, disculparnos por el posible daño infligido supone un paso clave hacia la autoaceptación. Y es que son muchos y diversos los beneficios inherentes: 

 

  • Exteriorización: En primer lugar, nos permite descargar todo el malestar que poseemos de una manera pausada y ordenada (recordemos que la mano va mucho más lenta que nuestra cabeza!).

 

  • Gestión emocional: facilita plasmar, experimentar y disminuir la intensidad de todas aquellas emociones que nos suscita la situación (p.ej., ansiedad, pena, rábia, frustración, tristeza, irritabilidad…).

 

  • Reestructuración: Ayuda a enumerar y reprocesar los autorreproches y automensajes negativos que nos hemos ido diciendo. Al irlo escribiendo, podemos ser conscientes de la magnitud con la que nos hemos castigado, e incluso de la distorsión que hemos realizado al analizar los acontecimientos. 

 

  • Autoaceptación: Es quizás la parte más importante, y la que repercute más en nuestra autoestima. La conclusión de un buen reprocesamiento se hace patente en una mayor aceptación de uno/a mismo/a, un mayor autorrespeto, y por tanto, una disminución del autocastigo.

 

Junto a esto, la utilidad de la carta puede ir mucho más allá, ayudándonos en futuras situaciones no solo a interpretar los hechos de una manera más objetiva, sino a definir planes de acción y formas de afrontamiento mucho más adaptativas.

 

Eres humana, y lo más probable es que haya cosas de tu pasado por las que te sientas culpable, cosas en las que tomaste una mala decisión y lastimaste a otros o a ti misma.

Si te has equivocado o has fallado ¡por dios! No te pongas a la defensiva ni te pongas a justificarte buscando responsabilidades fuera de ti.

Reconocer un error y disculparte por el daño que hayas podido causar es un gesto de lo más constructivo que indica una GRAN MADUREZ EMOCIONAL. No se puede cambiar lo que sucedió pero diciendo la palabra mágica «LO SIENTO» se puede reparar una gran parte del daño que se haya podido causar.

Ha llegado el momento de pedir perdón por todas esas cosas por las que sientes culpa ya sea a ti misma o a alguien a quien sientas que has herido: Escribe una carta dirigida a ti misma o a esa persona a la que has lastimado en la que reflexiones acerca de las circunstancias que tenías en aquél momento para comprender por qué actuaste como lo hiciste. Háblate con cariño y compasión y pídete perdón por ello. Verás que es un ejercicio muy liberador. ¡Adelante!

El 21 de septiembre se reconoce como el día mundial de la Enfermedad de Alzheimer, una patología descrita por primera vez en el año 1906 por Alois Alzheimer, y la cual afecta aproximadamente a unas 800.000 personas en España. Se estima que unos 50 millones de personas sufren demencia a nivel mundial, y que de éstas, dos de cada tres casos son diagnosticados de Alzheimer. Además, a medida que aumenta el conocimiento y se refinan las medidas para su diagnóstico y tratamiento, su aparición y detección va en aumento año a año. Todo ello le confiere una importancia especial y significativa. 

 

Se trata de una enfermedad neurodegenerativa que conduce, de un modo lento y progresivo, a una situación neurovegetativa que precipita la muerte de la persona. Se caracteriza, inicialmente, por una gran dificultad para aprender nueva información (amnesia anterógrada), y a medida que las lesiones neuroanatómicas avanzan, se presenta una dificultad para recordar información del pasado (amnesia retrógrada). Además de las dificultades de memoria, aparecen otros déficits asociados a la denominación, capacidad de planificar, razonamiento y toma de decisiones. Junto a estos, más cognitivo, pueden aparecer otros síntomas como cambios afectivos (irritabilidad, labilidad emocional, depresión, ansiedad…), que pueden presentarse de forma temprana, y alteraciones del pensamiento y psicomotoras (p.ej., deshinibición, deambular, agresividad…), que suelen ser más típicas de fases moderadas y graves. 

 

Actualmente sabemos que no está asociada a una única causa, y que menos del 5% de casos tienen un origen vinculado a un gen específico. Así, su aparición podría explicarse por la interacción de diferentes factores: genéticos, de riesgo individual y no modificables (edad o antecedentes familiares), vinculados a la vulnerabilidad de la persona (riesgo vascular, traumatismos…), el estilo de vida (el tabaco, el consumo de alcohol…) y ambientales (p.ej., exposición a tóxicos). Su combinación sería la que precipitaría la aparición de un proceso neuropatológico progresivo. 

 

Debemos tomar conciencia de su importancia, no solo por su alto nivel de incidencia, sino por las limitaciones que genera en la persona que lo sufre, y en su entorno más cercano. Especialidades como la neuropsicología ayudan cada vez más a comprender e intervenir sobre esta y otras muchas problemáticas. En el Gabinet Psicològic Mataró, encontrarás a profesionales formados en esta, y en otras muchas ramas de la psicología. Si deseas obtener más información, ponte en contacto con nosotros. 

A medida que nuestra vida pasa, vamos creando impresiones, formas de ver lo que nos rodea, y lo interiorizamos de diferentes maneras, influidos por rasgos personales como nuestra personalidad, y por aquellas personas y estímulos con los que interaccionamos y tenemos contacto, como son: nuestros familiares, nuestro círculo social, nuestros compañeros del trabajo, nuestra pareja…etc. Esto confluye en esquemas o creencias sobre cómo son, y sobre cómo deben ser las cosas. 

 

Las creencias pues, son ideas o pensamientos que asumimos como verdaderos, y reflejan cómo evaluamos las situaciones, las personas, o los diferentes estímulos, y los cuales se van formando desde nuestra infancia. Aunque muchas de ellas pueden ser adaptativas o positivas, en otros casos pueden resultar desadaptativas, y generar un malestar emocional e interferencia significativos. En este sentido, Albert Ellis, uno de los terapeutas cognitivos más influyentes de la psicología clínica, creó a partir de 1955, la Terapia Racional Emotiva, y diferenció entre las creencias racionales y las irracionales:

 

  • Creencias racionales: Son aquellas que contienen un carácter probabilístico y relativo, expresan deseos y gustos (p.ej., me gustaría, desearía que…), son flexibles, y ayudan al individuo a establecer libremente metas y propósitos. Implican una mayor apertura de la mente, y se asocian o bien a emociones positivas, o a neutras, implicando una mayor estabilidad para el individuo. 

 

  • Creencias irracionales: Éstas, en cambio, son dogmáticas y absolutistas, expresan obligación y exigencia (p.ej., tengo que…, o debo de…), són rígidas, obstaculizan la consecución de metas y propósitos, y se consideran falsas, disfuncionales y automáticas. Junto a esto, y al contrario de las anteriores, generan emociones o estados negativos (p.ej., depresión, ansiedad, culpabilidad…) y alteraciones conductuales (p.ej., aislamiento o abuso de sustancias). 

 

Es en base a estas segundas sobre las que se construirá un trabajo terapéutico con énfasis en la flexibilización cognitiva. Se considera que, identificar los pensamientos automáticos negativos, los cuales reflejan la superficie de las creencias, permitirá acceder a éstas, cuestionarlas y transformarlas. Esto repercutirá directamente en el estado de ánimo de la persona, fomentando un mayor bienestar. 

 

Alternativas como la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), o la Terapia Sistémica, abordan estos componentes, y han ido actualizando sus herramientas para dotar de más recursos al individuo. Si quieres recibir este tipo de ayuda o tienes cualquier consulta, en nuestro centro de psicología situado en Mataró, te ofreceremos toda la información que necesites. 

El malestar psicológico y emocional puede manifestarse de maneras extraordinariamente diversas. Muestra de ello son el conjunto de patologías que hoy en día recogen los manuales de diagnóstico y clasificación. Así, aunque se intentan crear categorías globales como los trastornos de ansiedad, o los trastornos del estado de ánimo, no ha habido más remedio que crear subcategorías, debido a la diversidad de presentación de los distintos cuadros (p.ej., trastorno de pánico o trastorno de ansiedad generalizada dentro de los trastornos de ansiedad; trastorno bipolar o depresión dentro de los del espectro anímico). Entre ellos, uno de los que suscita más interés es la disforia de género. 

 

Se define como el malestar que puede acompañar a la incongruencia entre el propio género sentido y expresado, y el género asignado al nacer vinculado casi siempre exclusivamente a las características anatómicas. De esta forma se hace énfasis en el malestar, ya que sin éste criterio, es decir sin sufrimiento, no existiría dificultad o patología. Junto a esto, se definen algunos otros criterios como son: el deseo por poseer los caracteres sexuales correspondientes al sexo opuesto, el deseo de ser del otro sexo y de ser tratado como del otro sexo, o la convicción de que uno tiene los sentimientos y reacciones típicas del otro sexo. Es importante que ninguno de estos criterios citados es necesario ni suficiente para identificar la problemática, pero sí lo es el malestar experimentado por el propio individuo. Además de ello, los diferentes manuales han procurado diferenciar entre niños y adolescentes, especificando características para los dos colectivos. 

 

Los datos epidemiológicos más recientes destacan que se trata de una situación poco frecuente, aunque aparece más en hombres. Por otro lado, y a falta de más investigación al respecto, no existen explicaciones exhaustivas sobre la etiología de estos problemas, sino tan sólo una serie de conjeturas con escaso y contradictorio apoyo experimental. Un dato pero, que resulta interesante, es que uno de los trastornos más prevalentes entre niños/as con disforia de género, es el Trastorno del Espectro Autista (TEA). 

 

Lo más importante pues, cuando acude una persona a consulta, es tener en cuenta el malestar que expresa, y ayudarlo a gestionar emocionalmente la situación. Es por ello que en todas las categorías cada vez se aboga más por resaltar la importancia de que exista malestar. A pesar de ello, existen alteraciones en las que no existe un alto grado de introspección, y por tanto malestar personal (p.ej., ciertos casos del espectro psicótico o del trastorno bipolar), y deberemos tener en cuenta la alteración en el funcionamiento social, familiar o laboral, o el malestar experimentado por las personas más cercanas. 

 

Si quieres ampliar la información al respecto, o deseas recibir ayuda, los profesionales de nuestro centro de psicología, en Mataró, te facilitarán todo lo que necesites. Llámanos, estaremos encantados de atenderte.

El sueño supone no sólo un elemento inevitablemente frecuente en nuestras vidas, sino sumamente importante. Como tal, es una de las claves para regular nuestro organismo, mantener nuestra homeostasis y facilitar nuestro bienestar físico y emocional. Y es que cuando no dormimos bien, lo notamos casi al instante (fatiga, dolor de cabeza, irritabilidad, pérdida de apetito, falta de concentración…). Junto a estos, y si los problemas se prolongan en el tiempo, puede provocar problemas emocionales limitantes como síntomas depresivos o incluso patologías físicas. 

 

Aunque todos tenemos una idea de lo que es el insomnio, se calcula que existen más de cien trastornos relacionados con el sueño, los cuales se pueden clasificar en las siguientes categorías:

 

  • Disomnias: las cuales engloban problemas de la cantidad, calidad y horario del sueño. Aquí entrarían el insomnio, la hipersomnia (somnolencia excesiva), la narcolepsia, los trastornos del sueño relacionados con la respiración (apnea, hipopnea e hipoventilación), y los trastornos del ritmo circadiano sueño-vigilia.

 

  • Parasomnias: engloban una serie de acontecimientos o conductas anormales que suceden durante el sueño. Se situarían aquí las pesadillas, los terrores nocturnos, el sonambulismo o el trastorno de conducta del sueño REM. 

 

Estos serían los principales, o sobre los que existe un gran consenso. Junto a estos, o incluso dentro de algunos de ellos, puede haber especificaciones (p.ej., insomnio de conciliación o inicial, de mantenimiento o medio, y final o tardío).  Así pues, como vemos, el sueño es un fenómeno complejo que engloba una gran cantidad de problemáticas relacionadas. Por ello, se han venido desarrollando diferentes alternativas que permiten abordarlo de una forma global:

 

  • Técnicas de relajación: actúan sobre el estado de activación del organismo, procurando que este entre en modo reposo con mayor facilidad. La Relajación Muscular Progresiva, el Entrenamiento Autógeno, la Respiración Diafragmática o la Meditación y la Hipnosis se consideran alternativas útiles. 

 

  • Higiene del sueño: Se trata de un procedimiento educativo que intenta mejorar dos aspectos; por un lado condicionar y modificar los factores ambientales relacionados (luz, sonido, temperatura…), y por el otro los hábitos inadecuados, con recomendaciones como disminuir el consumo de cafeína, nicotina, alcohol, controlar la dieta o hacer ejercicio físico.

 

  • Control de estímulos: Busca regular el horario de sueño de la persona y restringir la realización de actividades incompatibles en la conducta de dormir. Algunas de sus recomendaciones serían acostarse para dormir sólo cuando se tenga sueño, no permanecer despierto en la cama más de 15-20 minutos, mantener regulares los horarios de acostarse y levantarse, evitar dormir durante el día, o usar la cama y dormitorio exclusivamente para dormir. 

Existen muchas otras alternativas y técnicas específicas que se han creado para problemáticas específicas, y las cuales han demostrado altamente su eficacia. La Terapia Cognitivo-Conductual se erige como una de las principales propuestas para los problemas de sueño. En nuestro centro de psicología y psiquiatría, en Mataró, estamos especializados en ésta y en otras orientaciones como la Terapia Sistémica o el EMDR. No lo dudes y contacta con nosotros, te ayudaremos.

Pasamos la mayor parte de nuestro tiempo pensando. Las imágenes e ideas se suceden con mucha rapidez, y con una frecuencia casi asombrosa. Algunos de estos pensamientos pueden ser casi imperceptibles, o dicho de otra manera, automáticos e inconscientes. Otros, en cambio, son especialmente sobresalientes y significativos, pueden tener una mayor duración, y generan un impacto emocional mucho mayor. En este último caso nos acercamos al concepto de distorsión cognitiva.

 

Las distorsiones cognitivas, tal y como fueron definidas por Beck (1963) en su teoría sobre la depresión, consisten en errores a la hora de procesar la información, al interpretar las diferentes situaciones. Esto provoca que aparezcan sentimientos negativos en relación a estas situaciones y a nosotros mismos, y facilita que se mantengan las creencias negativas acerca de nosotros, el mundo y el futuro. Todos hemos podido experimentar alguna vez alguna distorsión, aunque son principalmente comunes en problemáticas como la ansiedad, la depresión o los problemas relacionados con la autoestima. A continuación, se exponen algunas de las definiciones y ejemplos de las principales distorsiones:

 

  • Catastrofización: Consiste en pensar constantemente en el peor escenario posible acerca de una situación, sin importar lo improbable de su ocurrencia. Esto provoca que veamos la situación como terrible, inevitable, intolerable o sin solución. Por ejemplo, “si lo hago me va a salir mal y será horrible”; “seguro que voy a fracasar”; “me quedaré siempre solo/a…”

 

  • Lectura del pensamiento: también denominado “lector de mentes” o “error del adivino”. Se refiere al hecho de inferir lo que los demás están pensando de nosotros, y darlo por verdadero. Por ejemplo, “si le hablo pensará que soy tonto/a”, “mi jefe/a cree  que no valgo”, “la gente piensa que soy débil…”.

 

  • Los debería: Consisten en la transformación de preferencias, deseos o elecciones en absolutos universales. Por ejemplo, “debo caer bien”, “debería empezar a correr”, “debo ser perfecto…”.

 

  • Pensamiento dicotómico: O “blanco o negro” o “todo o nada”. Aquí la persona va de extremo a extremo a la hora de interpretar la realidad, y además, muestra su postura con mucha rigidez. Ejemplos de ello serían: “no sirvo para cocinar ya que ésta comida me ha quedado salada”; “si no puedo llevar a mi mascota, prefiero perderme la función”; o valorar las cosas como buenas o malas, amigos o enemigos, a favor o en contra. 

 

Junto a estas, existen otras distorsiones las cuales fueron definidas por el mismo autor y posteriormente ampliadas por otros autores. Algunas de ellas son la magnificación, la sobregeneralización o la personalización, todas ellas comunes tanto en población general como clínica. En este sentido, a nivel terapéutico lo que se pretende es facilitar a la persona descubrir sus pensamientos disfuncionales e irracionales, junto al efecto que tienen sobre su comportamiento y estado de ánimo, y dotarle de herramientas de afrontamiento adecuadas para que lleve a cabo su vida de forma más satisfactoria.

Cuando hablamos de autoestima, todos poseemos una definición más o menos subjetiva de lo que significa; el cómo nos sentimos con nosotros mismos. Más allá de esto, el término engloba diferentes aspectos que son especialmente importantes a tener en cuenta, de tal forma que nos encaremos a cuidar y alimentar cada uno de ellos. Uno sería la autoimagen, es decir, la percepción física que tenemos de nosotros mismos y la que creemos que tienen los demás. Y el otro, el cual aquí presentamos, es el autoconcepto.

Este se refiere a lo qué pensamos de nosotros mismos, al conjunto de ideas y conceptos que utilizamos para definirnos, y el cual resulta uno de los pilares fundamentales de nuestra autoestima. Es importante tener en cuenta que no posee un carácter genético, es decir no se hereda, sino que se aprende a través de las experiencias familiares, sociales y/o relacionales que vamos teniendo a lo largo de toda nuestra vida. Por ello, resulta clave tener presente que la interacción con los demás es una de las principales herramientas para desarrollarlo. Junto a esto, en función del autoconcepto que tengamos, vamos a predecir, anticipar y prepararnos para hacer frente a las situaciones o problemas de nuestra vida de una manera u otra. A continuación se exponen algunas diferencias entre un autonconcepto positivo y uno negativo:

  • Autoconcepto positivo: Soy capaz, me lo merezco, soy interesante, soy bueno/a, soy inteligente…
  • Autoconcepto negativo: soy inútil, no puedo, no lo merezco, soy inútil, no lo conseguiré, soy aburrido/a, soy un desastre…

Como podemos apreciar, en función de si nos situamos en un polo más positivo, o en otro más negativo, nuestro estado de ánimo se verá influenciado claramente, y esto afectará a la manera en que interpretamos y afrontamos las diferentes situaciones. En caso de situarnos más a menudo en el primero, debemos intentar preguntarnos dónde aprendimos eso de nosotros, y quién o qué me transmitió esos mensajes.

En nuestro centro de psicología, en Mataró, podemos ayudarte a trabajar o comprender mejor conceptos como el aquí presentado. Nuestros profesionales de psicología y psiquiatría te proporcionarán toda la ayuda que necesites.

Pasamos gran parte de nuestro tiempo con la mente ocupada, situada mayormente en aspectos que conciernen el futuro lejano o inmediato, o bien en escenarios del pasado, incluyendo a veces aquí juicios o valoraciones de cómo deberíamos haber actuado, y cómo no lo hemos hecho. Podríamos decir que nos cuesta “estar en el presente”, y cuando lo estamos, rápidamente buscamos un motivo para alejarnos. 

 

De esta forma, nos acostumbramos a vivir con preocupaciones. El ritmo frenético de nuestro día a día, las responsabilidades, y la presión social actúan como factores claramente implicados. Esto se acaba transformando en rutina, y lo que es peor, en normalidad. Junto a esto, tampoco ayuda el haber vivido ciertas experiencias negativas, lo cual puede hacer que, ante situaciones similares, aparezca una anticipación pesimista constante. Todo ello, confluye en una necesidad imperiosa de estar preocupados, preparándonos para lo que pueda venir, procurando tener una falsa sensación de seguridad. 

 

Entonces, ¿existe la intolerancia al bienestar? A raíz de todo esto, algunos autores han propuesto este fenómeno en contraposición al de intolerancia al malestar. Esto se explica porque parece común la sensación de no poder conectar con el disfrute, con la desconexión, y menos durante un largo periodo de tiempo. En este sentido, a pesar de poder contar con momentos en los que parece existir despreocupación, o en los que lo podemos pasar aparentemente bien, pronto podemos experimentar esa sensación de incapacidad para desvincularnos de la preocupación y del malestar. A veces, incluso podemos interpretar que estar bien es indicativo de que algo malo tiene que venir. Este efecto es curioso pero es común en aquellas personas que han encadenado una serie de experiencias negativas, lo cual hace que aparezca el mecanismo de la anticipación. 

 

Todo esto contrasta con nuestra intención y necesidad verdadera, la cual no es otra que estar bien, disfrutar, y pasar la mayor cantidad de tiempo posible, relajados. Pero son típicas las frases como “soy incapaz de estar tranquilo/a”, “me es imposible dejar la mente en blanco”, “salgo de una y ya estoy inmerso/a en otra”. Nada más lejos de la realidad. Si bien es cierto que nuestro día a día nos pone obstáculos para conseguirlo, podemos entrenar nuestra capacidad para conectar con sensaciones agradables; estrategias como darnos permiso, equilibrar la balanza de nuestras prioridades, buscar momentos para nosotros mismos y para los más cercanos, rebajar la autoexigencia y el perfeccionismo, o aprender estrategias de gestión emocional, resultan claves para potenciar esta importante habilidad. 

 

La psicología infantil y de adultos busca potenciar y comprender aspectos como los aquí mencionados, los cuales si se ven muy acentuados, pueden reflejar estados depresivos o ansiosos que pueden llegar a limitar nuestras vidas. No lo dudes y ponte en contacto con nosotros para recibir más información. Te atenderemos encantados. 

Entre todas las habilidades sociales que poseemos, es quizás la asertividad una de las más potentes, importantes y estudiadas. Ésta, se puede definir como la capacidad para exponer y defender nuestros derechos y pensamientos, haciéndolo de una forma empática y educada, y sin vulnerar los de los demás. Entre ellas, expresar nuestra opinión, decir lo que sentimos, elegir entre diferentes opciones, o el tomar decisiones, se alzan como algunas de las conductas asertivas más entrenadas. Junto a estas, el saber decir “no” cobra especial relevancia.

 

Las dificultades para expresar esta palabra o para simplemente oponernos a algo, pueden estar relacionadas por una parte con miedos; miedo a que se genere un conflicto, a hacer sentir mal al otro, a que se vea perjudicada nuestra imagen… Aunque también puede vincularse con una incapacidad para detectar lo que realmente deseamos, opinamos o sentimos. Este último aspecto puede guardar estrecha relación con el hecho de haber pecado, en muchas ocasiones, de anular nuestro punto de vista, lo cual ha podido hacer que finalmente perdiéramos la capacidad para autobservarnos y detectar aquello que realmente queremos. Todo ello, como podemos imaginar, precipita un deterioro significativo en la autoestima, pudiendo aparecer sentimientos de soledad, tristeza, o incluso rabia hacia nosotros mismos por no ser capaces de ponernos por delante. Problemas como la depresión y algunos trastornos de personalidad (p.ej., evitativo o dependiente), acostumbran a reflejar esta limitación. 

 

De esta forma, decir “no” implica una demostración de valentía, seguridad, y autoestima. Es el resultado de una personalidad sana y estable, y lo más importante, tal y como la hemos podido desaprender, podemos recuperarla cuidándonos a nosotros mismos, y poniéndola en práctica en diferentes situaciones. Como ejemplos, podemos encontrar los siguientes: No me gusta, gracias; gracias pero no es lo que deseo en este momento; preferiría tomar otra opción; respeto tu opinión pero no la comparto; me gustaría pensarlo; no quiero ser participe de esto; no, gracias; o simplemente, no.

 

Si deseas aprender más sobre ello, o crees que te podemos ayudar, contacta con nuestro equipo de psicólogos y psiquiatras, en Mataró. Te atenderemos de una forma individualizada y profesional.