A lo largo de nuestra vida, e incluso si pensamos en la última semana, es más que probable que nos hayamos sentido dolidos o lastimados por alguien, o que lo hayamos provocado nosotros en alguna persona. Aun así, puede que no hayamos recibido la reacción o comprensión que esperábamos, y, de la misma manera, puede habernos sido difícil disculparnos. Junto a esto, y siendo uno de los procesos más complicados, nos ha podido ser especialmente complicado disculparnos a nosotros mismos. Esto, como veremos, tiene una clara repercusión en nuestro estado de ánimo, y en nuestra forma de interaccionar con los demás, por lo que es importante concienciarnos de la importancia de comprenderlo, tenerlo presente, y priorizarlo.

En ocasiones, por paradójico que parezca, parecemos incapaces de exteriorizar ciertas palabras; como si un bloqueo nos lo impidiera. Algunos ejemplos son gracias, lo siento e incluso te quiero. Todas ellas, cierto es, contienen de por sí una carga emocional importante, independientemente del contexto en el que las situemos. Entre ellas está el disculparnos. ¿Por qué nos cuesta tanto pedir perdón? Pueden existir diferentes motivos por los cuales esto nos supone un problema, y esta variabilidad depende, en gran parte, de lo vivido por la propia persona y de sus rasgos de personalidad. Aun así, nos encontramos muchas veces con elementos comunes: El primero es el orgullo, entendido este como el exceso de estima hacia uno mismo y hacia los méritos personales. Este, puede fomentar que nos cueste lo que se entiende como “bajar del burro”, obligando al otro a admitir su culpabilidad, y reduciendo nuestra capacidad de autocrítica. Relacionado con este, en muchas ocasiones nos cuesta aceptar el “no tener la razón”; defendemos nuestros argumentos sin contemplar el punto de vista del otro. Como tercer punto, puede existir cierto rencor hacia el otro, o hacia situaciones similares. Ello provoca que difícilmente consigamos empatizar y mucho menos disculparnos. Y por último, muy vinculado a este, es probable que echemos de menos que los demás nos lo digan o soliciten a nosotros, teniendo la sensación de que siempre nos estamos rebajando. 

Por otro lado, ¿qué impide que nos perdonemos? Este es un proceso todavía más complejo que el anterior, ya que se trata de algo totalmente interno, y más subjetivo. En este sentido, a veces no aceptamos nuestros pensamientos, emociones y conductas, y nos dedicamos a autocastigarnos por haber hecho o dejado de hacer ciertas cosas, recreándonos en el dolor. Además de esto, de por sí, a la mayoría de nosotros a veces nos cuesta incluso comprendernos. Así, podemos tener dificultades tanto para detectar, como para expresar lo que sentimos, y esto puede ser algo que arrastramos desde hace demasiado tiempo. Todo ello impide que avancemos, que dejemos atrás tanto acontecimientos como emociones concretas, y por ende, crecer. Al encontrarnos con situaciones parecidas a las vividas, y en las que no nos hemos conseguido perdonar, podemos afrontarlas incluso peor de lo que lo hicimos, repitiendo el ciclo. Por todo lo comentado, es importante tomar conciencia de lo relevante que resulta para nuestras vidas, perdonar y perdonarnos. El poder inherente a este proceso es espectacular si realmente lo llevamos a cabo. 

De esta forma, si lo integramos en nuestro día a día, podremos observar un cambio tanto en los demás en relación a nosotros, como en nuestro ser. En el primero de los casos, fomentamos el acercamiento, la confianza y la sinceridad con los otros. Y en cuanto al segundo, mejoramos nuestro autoconocimiento, y rompemos con tabúes y barreras personales que nos impiden procesar y aceptar experiencias y emociones concretas. 

Existen palabras de por sí poderosas, algunas de ellas citadas al inicio de este artículo. Si lo pensamos, algunas parecen olvidadas, y otras simplemente las obviamos. Consideramos que resulta útil conocer qué nos impide exponerlas, y qué efectos pueden tener. Si quieres ampliar la información al respecto, o te surge cualquier otra pregunta, ponte en contacto con nuestro equipo de psicólogos, en Mataró. Te ayudaremos a resolver todas tus dudas.

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