El apego supone uno de los aspectos más importantes de nuestras vidas. Se trata de la vinculación afectiva que desarrollamos desde el nacimiento, inicialmente con nuestros padres, para posteriormente traspasarlo o generalizarlo a muchas otras personas. Supone una herramienta clave para crear y mantener relaciones, ayudándonos a desenvolvernos en un mundo social y a crearnos una imagen de nosotros mismos en los diferentes ámbitos de nuestro día a día. En ocasiones, pero, este puede verse alterado, manifestándose de formas inadecuadas e incluso patológicas. 

Este es el caso del Trastorno de relación social desinhibida, un problema definido como aquel patrón de comportamiento en el que el/la niño/a se aproxima e interacciona activamente con adultos extraños. Esto se traduce principalmente en una falta de reticencia para aproximarse a éstos y en un comportamiento demasiado familiar. Además, el niño puede no recurrir a su cuidador principal después de una salida o aproximación arriesgada, siendo esto incluso en contextos poco familiares. De esta forma, el pequeño no refleja malestar cuando interacciona con gente desconocida, y tampoco busca activamente a sus padres tras hacerlo. Esto, muestra un déficit claro en sus habilidades sociales, y más concretamente, en el tipo de apego desarrollado. Junto a esto, debe tenerse en cuenta que para realizar el diagnóstico el niño debe tener una edad de desarrollo de al menos 9 meses. Esto es debido a que hasta entonces, puede ser difícil diferenciar aquellas conductas consideradas normales, de las problemáticas. 

Debemos remarcar aquí la importancia de diferenciarlo de otras situaciones o alteraciones en las cuales puede mostrarse un comportamiento parecido. En este caso, el Autismo o el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) aparecen como principales solapamientos. En ambos puede existir una falta de inhibición ante la interacción con extraños, pero así como en el primero se añaden déficits intelectuales y del lenguaje, en el de apego deshinibido “únicamente” observamos la alteración en el plano social o afectivo. En el caso del TDAH, las aproximaciones a los demás se enmarcan en el espectro de impulsividad, y en el aquí descrito, para diagnosticarse, no deben limitarse a ésta. Ciertamente, puede resultar difícil diferenciarlo, sobretodo por la edad del niño y la falta de conducta verbal, por lo que debemos ser cautos a la hora de considerar esta alteración. 

Se considera que la causa principal de su aparición es el haber experimentado un patrón extremo de cuidado insuficiente, poniéndose esto de manifiesto a través de: una clara negligencia o carencia social en la cual existe una falta persistente de tener cubiertas necesidades emocionales básicas; haber sufrido o sufrir cambios repetidos de cuidadores primarios que minimizan la posibilidad de crear un apego estable; y recibir una educación en contextos poco habituales lo cual reduce la oportunidad de establecer un tipo de apego más selectivo. Las consecuencias de esto se pueden manifestar no solo en el plano social, sino en múltiples áreas. Conforme la persona crece, pueden aparecer problemas emocionales diversos, principalmente relacionados con ansiedad, depresión y dificultades relacionadas con la autoestima. Además, si la alteración persiste, la inadaptación social puede ser significativa, precipitando problemas en todas las esferas (laboral, académica, familiar…).

Esta problemática nos muestra la importancia de mantener y crear una estabilidad familiar y social en el entorno del niño, ya que de esta manera se favorecerá que elabore un estilo de interacción positivo. En ocasiones, esto puede verse dificultado por la necesidad de hacer ciertos cambios (residencia, trabajo…). Por ello, es importante tener en cuenta que debemos procurar trabajar y fortalecer nuestra relación con el niño independientemente del contexto externo, ya que es posible que de esta manera podamos prevenir que aparezcan dificultades como la aquí descrita. 

Si deseas recibir más información sobre esta o cualquier otra cuestión, no dudes en ponerte en contacto con nuestro equipo de psicólogos de Mataró. Llámanos, ¡te ayudaremos!

 

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