Estrategias para convivir con adolescentes

La adolescencia es una de las etapas más importantes dentro de nuestro ciclo vital. Supone la transición entre la infancia y la adultez, y es donde se conforma principalmente la individualidad e identidad de la persona. En un espacio muy corto de tiempo, se suceden rápidamente muchos cambios, tanto a nivel interno (hormonal, y emocional principalmente), como externo (físico, social…). Esto hace que nos tengamos que adaptar continuamente, mientras le damos un significado a nuestro ser. 

En muchas ocasiones este proceso viene cargado de inestabilidad, de dudas, y de dificultades que pueden generar malestar tanto personal como interpersonal, y especialmente a nivel familiar. A esto se le pueden sumar situaciones externas (p.ej., COVID-19) que pueden dificultar todavía más la gestión de esta etapa, y especialmente para los padres. Por ello, a continuación os proponemos algunas consideraciones y herramientas para mejorar la convivencia con hijos adolescentes:

  • Comprensión y contextualización: En primer lugar, entender que todos los miembros de la familia tienen su situación particular, sus preocupaciones. Así, los padres acostumbran a tener más en mente aspectos familiares o económicos, y los hijos habitualmente más sobre su círculo social o el ámbito académico. La comprensión y escucha mútua suponen un primer paso importante. 

 

  • Comunicación: La comunicación familiar es una herramienta clave. Entender, flexibilizar, reajustar, escuchar y atender a las necesidades de los hijos puede ser un aspecto especialmente importante. El equilibrio entre dejar espacio y negociar supone una tarea árdua, pero muy útil. 

 

  • Acompañamiento, refuerzo y validación: La mayoría de veces nos centramos más en aquello que no queremos, lo que nos molesta, o lo que queremos corregir o modificar. En lugar de esto, transmitir confianza y fomentar la autonomía puede ser incluso más potente. En este sentido, alabar los progresos y el esfuerzo supone un elemento especialmente motivador y energizante. 

 

  • Establecer normas y horarios: Se requieren unos mínimos a cumplir, en cuanto a estructuración y organización, tanto para responsabilidades personales y tareas diárias (deberes, extraescolares, recoger y limpiar…), como para ocio. En este segundo caso, limitar el uso de pantallas y diversificar actividades puede ser una buena opción. 

 

  • Actividades compartidas: Encontrar actividades comunes puede ser una buena oportunidad para interactuar, dinamizar y compartir. Atender a sus motivaciones resulta particularmente útil. Ciertamente pero, en ocasiones diversificar y encontrar actividades que resulten atractivas y creativas a veces puede no ser fácil. Para ello, involucrarlos a ellos a la hora de pensar y crear, haciéndolos partícipes del proceso, puede ser de gran ayuda. 

Por último, cabe mencionar que cada adolescente madura a su ritmo, y que el número de años no determina el grado de adultez que se logra. Por ello, debemos adaptarnos a sus características y necesidades, procurando alejarnos de las comparaciones, tanto con hermanos como con otros chicos/as de su edad. 

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