Síndrome de Asperger: características y señales que pueden facilitar su detección

La psicopatología, y especialmente la infanto-juvenil, se encuentra en una continua evolución y progreso, hasta el punto de que muchos trastornos son redefinidos o reclasificados para facilitar su comprensión, detección y estrategias de intervención. En el caso del síndrome de Asperger, actualmente se engloba, junto a los antiguos trastornos generalizados del desarrollo (p.ej., trastorno de Rett, o el trastorno desintegrativo infantil), dentro del espectro del autismo. De esta forma, se entiende que todos quedan englobados bajo esta categoría ya que comparten características y mecanismos comunes, aunque siguen y se permiten concretar sus especificaciones diferenciales.

 

Así, el Síndrome de Asperger se define como aquella alteración que afecta principalmente a la interacción social recíproca, la comunicación verbal y no verbal, y exhibe una gran resistencia al cambio, rigidez o inflexibilidad del pensamiento, y un estrecho repertorio de intereses y actividades. A diferencia del autismo prototípico, y de mayor gravedad, aquí puede no existir un déficit cognitivo ni una alteración del lenguaje significativos. Además, dos de las dificultades cognitivas más evidenciadas son las dificultades en la teoría de la mente, y las alteraciones en las funciones ejecutivas. La primera involucra procesos para comprender los estados mentales y emocionales propios y ajenos, y actuar adaptándonos a esta comprensión. Y el segundo, a grandes rasgos y entre muchas otras funciones, se relaciona con la toma de decisiones, la resolución de problemas, el control de impulsos, o la inhibición de respuestas inadecuadas.

 

¿Cuáles son las principales señales de alarma del Síndrome de Asperger?

 

  • Déficit en la interacción social, y relaciones sociales limitadas.
  • Escaso contacto visual cuando interaccionan.
  • Dificultades para empatizar y comprender las emociones de los demás.
  • Reacciones de molestia e irritabilidad ante estímulos externos como ruidos, luz, o ciertas imágenes. 
  • Alteraciones motoras como retraso o torpeza de movimientos.
  • Utilización de un lenguaje formal o peculiar. 
  • Sensación de que se encuentran ausentes, o absortos en sus pensamientos.

 

Algunas de las expuestas pueden verse de forma temprana incluso desde el nacimiento. Junto a estas pero, conviene realizar una exploración neuropsicológica adecuada para determinar el alcance de las dificultades cognitivas e intelectuales, además de una observación continua del comportamiento del niño. La evaluación o exploración previa a la realización de un tratamiento concreto, es clave para determinar el grado de limitación y las ayudas necesarias en cada caso. 

 

Si deseas obtener más información al respecto, ponte en contacto con nuestro centro de psicología y psiquiatría, en Mataró, te proporcionaremos toda la ayuda que necesites.