A medida que nuestra vida pasa, vamos creando impresiones, formas de ver lo que nos rodea, y lo interiorizamos de diferentes maneras, influidos por rasgos personales como nuestra personalidad, y por aquellas personas y estímulos con los que interaccionamos y tenemos contacto, como son: nuestros familiares, nuestro círculo social, nuestros compañeros del trabajo, nuestra pareja…etc. Esto confluye en esquemas o creencias sobre cómo son, y sobre cómo deben ser las cosas. 

 

Las creencias pues, son ideas o pensamientos que asumimos como verdaderos, y reflejan cómo evaluamos las situaciones, las personas, o los diferentes estímulos, y los cuales se van formando desde nuestra infancia. Aunque muchas de ellas pueden ser adaptativas o positivas, en otros casos pueden resultar desadaptativas, y generar un malestar emocional e interferencia significativos. En este sentido, Albert Ellis, uno de los terapeutas cognitivos más influyentes de la psicología clínica, creó a partir de 1955, la Terapia Racional Emotiva, y diferenció entre las creencias racionales y las irracionales:

 

  • Creencias racionales: Son aquellas que contienen un carácter probabilístico y relativo, expresan deseos y gustos (p.ej., me gustaría, desearía que…), son flexibles, y ayudan al individuo a establecer libremente metas y propósitos. Implican una mayor apertura de la mente, y se asocian o bien a emociones positivas, o a neutras, implicando una mayor estabilidad para el individuo. 

 

  • Creencias irracionales: Éstas, en cambio, son dogmáticas y absolutistas, expresan obligación y exigencia (p.ej., tengo que…, o debo de…), són rígidas, obstaculizan la consecución de metas y propósitos, y se consideran falsas, disfuncionales y automáticas. Junto a esto, y al contrario de las anteriores, generan emociones o estados negativos (p.ej., depresión, ansiedad, culpabilidad…) y alteraciones conductuales (p.ej., aislamiento o abuso de sustancias). 

 

Es en base a estas segundas sobre las que se construirá un trabajo terapéutico con énfasis en la flexibilización cognitiva. Se considera que, identificar los pensamientos automáticos negativos, los cuales reflejan la superficie de las creencias, permitirá acceder a éstas, cuestionarlas y transformarlas. Esto repercutirá directamente en el estado de ánimo de la persona, fomentando un mayor bienestar. 

 

Alternativas como la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), o la Terapia Sistémica, abordan estos componentes, y han ido actualizando sus herramientas para dotar de más recursos al individuo. Si quieres recibir este tipo de ayuda o tienes cualquier consulta, en nuestro centro de psicología situado en Mataró, te ofreceremos toda la información que necesites.