El malestar psicológico y emocional puede manifestarse de maneras extraordinariamente diversas. Muestra de ello son el conjunto de patologías que hoy en día recogen los manuales de diagnóstico y clasificación. Así, aunque se intentan crear categorías globales como los trastornos de ansiedad, o los trastornos del estado de ánimo, no ha habido más remedio que crear subcategorías, debido a la diversidad de presentación de los distintos cuadros (p.ej., trastorno de pánico o trastorno de ansiedad generalizada dentro de los trastornos de ansiedad; trastorno bipolar o depresión dentro de los del espectro anímico). Entre ellos, uno de los que suscita más interés es la disforia de género. 

 

Se define como el malestar que puede acompañar a la incongruencia entre el propio género sentido y expresado, y el género asignado al nacer vinculado casi siempre exclusivamente a las características anatómicas. De esta forma se hace énfasis en el malestar, ya que sin éste criterio, es decir sin sufrimiento, no existiría dificultad o patología. Junto a esto, se definen algunos otros criterios como son: el deseo por poseer los caracteres sexuales correspondientes al sexo opuesto, el deseo de ser del otro sexo y de ser tratado como del otro sexo, o la convicción de que uno tiene los sentimientos y reacciones típicas del otro sexo. Es importante que ninguno de estos criterios citados es necesario ni suficiente para identificar la problemática, pero sí lo es el malestar experimentado por el propio individuo. Además de ello, los diferentes manuales han procurado diferenciar entre niños y adolescentes, especificando características para los dos colectivos. 

 

Los datos epidemiológicos más recientes destacan que se trata de una situación poco frecuente, aunque aparece más en hombres. Por otro lado, y a falta de más investigación al respecto, no existen explicaciones exhaustivas sobre la etiología de estos problemas, sino tan sólo una serie de conjeturas con escaso y contradictorio apoyo experimental. Un dato pero, que resulta interesante, es que uno de los trastornos más prevalentes entre niños/as con disforia de género, es el Trastorno del Espectro Autista (TEA). 

 

Lo más importante pues, cuando acude una persona a consulta, es tener en cuenta el malestar que expresa, y ayudarlo a gestionar emocionalmente la situación. Es por ello que en todas las categorías cada vez se aboga más por resaltar la importancia de que exista malestar. A pesar de ello, existen alteraciones en las que no existe un alto grado de introspección, y por tanto malestar personal (p.ej., ciertos casos del espectro psicótico o del trastorno bipolar), y deberemos tener en cuenta la alteración en el funcionamiento social, familiar o laboral, o el malestar experimentado por las personas más cercanas. 

 

Si quieres ampliar la información al respecto, o deseas recibir ayuda, los profesionales de nuestro centro de psicología, en Mataró, te facilitarán todo lo que necesites. Llámanos, estaremos encantados de atenderte.