Síndrome del salvador: conceptualización y características principales

Las relaciones son una parte inevitable de nuestras vidas. Nos ayudan a tener una imagen del mundo que nos rodea, y a conformarnos a nosotros mismos. Inicialmente las establecemos con nuestros seres más cercanos, para posteriormente hacerlo con amigos, compañeros y/o con nuestra pareja. La proximidad y la intensidad con la que las creemos y vivamos, vendrán determinadas principalmente por la importancia que le demos al otro y a la relación, y por el beneficio que consideremos que nos aportan. En ocasiones, pero, estas características pueden llevar a afrontar nuestros vínculos de una forma poco adaptativa. 

 

De esta forma, aunque idealmente los vínculos se basan en la reciprocidad, a través de la ayuda, apoyo y cuidado mútuo de una manera más o menos equilibrada, en ocasiones esta balanza se encuentra claramente en desequilibrio, existiendo personas totalmente volcadas hacia los demás, impidiendo que estos sean autosuficientes e independientes, a la vez que ellos mismos se sacrifican tanto que descuidan sus propios deseos, intereses y voluntades. Esto conforma el síndrome del salvador. El ansia por ser salvadores de los demás llega a tener consecuencias psicológicas y emocionales. Así, esta condición se manifiesta en forma de relaciones de excesiva dependencia, de apoyo y de altruismo unidireccional, que perjudica tanto al que lo recibe, como al que lo proporciona. Junto a esto, son frecuentes la responsabilidad excesiva, la falsa percepción de control, y la sobreprotección. De esta forma, la persona procura solventar y llegar a todos los problemas de los demás, asumiendo que es ella quien debe solventarlos, y teniendo la falsa sensación de que puede hacerlo. Además, esto se traduce en una excesiva dependencia o protección hacia el otro, argumentando que son muestras de amor o de afecto, y no percibiendo que se trata más de un proceso de invalidación y anulación. 

 

En cuanto a sus causas, el síndrome puede deberse a diferentes factores, estando entre ellos algunas características de personalidad (altruismo o tendencia al otro, sensibilidad a los demás, necesidad de aprobación y de control, neuroticismo…), la educación recibida (estilo parental sobreprotector, exigencia, autoritarismo…), las influencias y exigencias de la sociedad, y las relaciones que establecemos y el tipo de personas con las que nos vinculamos. En este último sentido, es común que las personas “salvadas”, posean un perfil más pasivo, dependiente, o sumiso, y sean “detectadas” y “objeto de atracción”, de las personas “salvadoras”. 

 

Otra de las causas que se mencionan en la literatura son los déficits de autoestima y de habilidades sociales. Así, el volcarse casi exclusivamente en los otros, puede estar enmascarando dificultades emocionales, que procuran verse cubiertas por la aprobación y el posible beneficio que se aporta a los demás. Por ello, se ha vinculado también a patologías como la depresión, o los problemas de ansiedad (p.ej., trastorno de ansiedad por separación).

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