¿Qué implica acudir a terapia?

Pedir ayuda, de cualquier tipo, no es un proceso fácil. Además, considerando el motivo que nos puede llevar a acudir a un psicoterapeuta, este aspecto puede resultar más comprensible. Abrirnos emocionalmente, exteriorizar, y procurar comprender y trabajar aspectos que inicialmente pueden resultarnos confusos, supone un esfuerzo, y una muestra de valentía. Es una experiencia en su totalidad, la cual implica adentrarnos a conocernos a nosotros mismos, y crear una relación de confianza y cercanía con una persona que actúa como un facilitador, un canal para potenciar y mejorar nuestros recursos personales a la hora de afrontar situaciones o aspectos que nos generen malestar.

 

Los motivos que pueden llevarnos a iniciar tratamiento psicológico pueden ser diversos, conscientes e inconscientes, individuales o múltiples, y pueden generar más o menos malestar. Comúnmente conocemos los problemas de ansiedad, depresión, dificultades relacionadas con la autoestima, adicciones…entre muchos otros; siendo su denominador común el malestar propio o ajeno. Además, muchas veces estos mismos enmascaran otras dificultades implícitas que pueden ser identificadas y trabajadas en las sesiones. La forma en que se abordan depende principalmente de la orientación seguida por el terapeuta, y existen diferentes dentro de la psicología clínica: Cognitivo-Conductual, Psicoanálisis, modelos humanistas, sistémicos… Todos ellos se presentan como alternativas útiles y eficaces para diferentes situaciones, y varían principalmente en la conceptualización de las patologías, las herramientas utilizadas, el número de sesiones y el carácter del terapeuta. A pesar de ello, poseen un denominador común, que es la estructura o el proceso seguido:

 

  • Fase de exploración, valoración y diagnóstico: En esta primera parte, el objetivo es conocer profundamente a la persona y delimitar las variables/situaciones problemáticas a trabajar. Se necesita una buena comprensión tanto del paciente como de su situación vital para poder plantear objetivos terapéuticos que se adecuen a sus necesidades. Es común aquí utilizar cuestionarios de valoración del estado de ánimo y otras herramientas para complementar la información obtenida mediante la entrevista. Una vez realizada la exploración, se realiza un diagnóstico o una explicación de la situación de la persona.

 

  • Fase de tratamiento o seguimiento: Supone la parte gruesa y nuclear de la intervención, la cual cuenta con mayor número de sesiones y donde se trabajan los objetivos planteados. Aquí es donde encontramos las principales diferencias entre orientaciones, aunque la mayoría de ellas utilizan técnicas tanto en sesión como fuera de ella, con tal de generalizar el efecto de las intervenciones, y comúnmente se utiliza también la colaboración de terceros para potenciar los resultados. 

 

  • Fase de prevención de recaídas: Representa la parte final del proceso, y donde principalmente se consolidan los recursos y herramientas alcanzados, reforzando los avances y anticipando posibles dificultades. Esto permite mantener el efecto de la terapia a largo plazo, favoreciendo la autonomía y resiliencia de la persona.

 

Sobre esta base además, todos coinciden en que la psicoterapia es un trabajo constructivo y en colaboración entre paciente y terapeuta, en el que el uso de la palabra es clave tanto para trabajar mediante diferentes técnicas en las sesiones, como para establecer un vínculo basado en la empatía, la escucha activa, y la reciprocidad. Junto a esto, en todas las orientaciones las sesiones pueden llevar se a cabo de forma individual, grupal, de pareja o familiar, dependiendo del motivo de consulta. 

 

Si deseas profundizar más sobre este tema, o tienes cualquier pregunta, nuestro equipo de psicólogos y psiquiatras, en Mataró, te facilitará todo lo que necesites. Poseemos una amplia formación en diferentes ramas, no lo dudes y contacta con nosotros.