Los miedos, las inseguridades, la ansiedad, constituyen sensaciones, emociones que surgen casi diariamente a lo largo de nuestra vida. Cada uno de nosotros lo experimentará asociado a diferentes aspectos, en mayor o menor frecuencia, y sobretodo, en mayor o menor grado o intensidad. Este último punto es especialmente importante para comprender lo que sigue, y es que todos experimentamos y estamos conformados de una gran variedad de emociones, y de por sí, no hay ninguna patológica, forman parte de nuestro ser, y nos definen tanto a nosotros mismos como a las relaciones que tenemos con los demás. 

La vergüenza y la timidez aparecen tempranamente en nuestras vidas, y en un primer momento, es común que se asocien al hecho de conocer gente nueva, o acercarnos a desconocidos. Tienen una función adaptativa ya que nos ayudan a actuar con precaución, a analizar la situación, y a que la confianza en nosotros mismos y en los demás se vaya construyendo progresivamente. De por sí, nuevamente conviene remarcar el carácter legítimo, funcional e incluso necesario de éstas. Entonces, ¿cuándo pueden suponer un problema o una limitación? La respuesta es cuando perduran mucho en el tiempo, cuando aparecen en un grado elevado de intensidad, y cuando aparecen en situaciones en las que quizás deberían quedar más escondidas. De esta forma, podemos entrar a comprender problemas como la fobia social

En este sentido, podríamos decir a nivel general que esta patología supone una multiplicación de las características y del malestar que aparecen en la timidez. Es decir, lo podemos entender como una cuestión de grado. La persona con fobia social experimenta un miedo o ansiedad intensos ante situaciones donde pueda verse expuesto al escrutinio o juicio de los demás, pudiendo ser a una sola situación (p.ej., hablar en público), o a diferentes situaciones sociales. Además, la persona casi siempre evita estas situaciones, o las soporta con un gran malestar. Junto a esto, conviene tener presente que la timidez aparece mucho antes, en etapas tempranas de la vida. En cambio, la fobia social suele aparecer a finales de la adolescencia o principios de la adultez.

Esto nos lleva al problema de la estigmatización. Tendemos a pensar que los problemas emocionales, y las enfermedades mentales son algo extraño, y sobretodo, categórico (lo tenemos o no lo tenemos). Es importante ver que es algo mucho más dimensional; todos tenemos miedos, ansiedad, pasamos por buenos y malos momentos. En el momento en que esto supone una limitación o un peligro para nosotros y/o para los demás, podemos tomar medidas las cuales nos ayuden a gestionar la situación. 

En nuestro centro de psicología, situado en Mataró, te proporcionaremos toda la ayuda e información que necesites. Estamos formados en terapias como la sistémica, el EMDR, y la orientación cognitivo-conductual. Llámanos, estaremos encantados de atenderte. 

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