Podríamos decir que, en general, tendemos a relacionar las emociones con ciertas expresiones; la tristeza se vincula fácilmente con el llanto, la alegría con la sonrisa, la sorpresa con quedarnos boquiabiertos, el miedo con la paralización, etc. Estos correlatos los aprendemos y asimilamos a lo largo de nuestra vida, y nos ayudan tanto a comprender nuestro mundo emocional como el de los demás. Si lo pensamos, para cada emoción es posible que nos salga alguna otra forma de expresión específica, pero podemos obviar que existe un abanico mucho más amplio de posibilidades y expresiones asociadas a cada una de ellas.

En cuanto a la ansiedad, fácilmente la podemos describir como nerviosismo, inquietud, o incluso hacer referencia a alguno de sus síntomas físicos como la sudoración o el temblor. Más allá de estos podemos encontrar muchas otras formas de aparición, las cuales podemos clasificar de la siguiente manera:

  • A nivel físico: Englobaría todas aquellas expresiones que se relacionan con el cuerpo, y las cuales pueden ser más evidentes para nosotros, como por ejemplo la tensión, el dolor de cabeza, la sudoración, las palpitaciones, la visión borrosa, los temblores, la sequedad en la boca, los mareos, las náuseas, la inestabilidad…etc. Como vemos, todos ellos hacen referencia a reacciones físicas a nivel corporal, las cuales podemos notar en ciertos momentos o incluso provocarlas.
  • A nivel cognitivo: En este punto entrarían toda la cadena de pensamientos, preocupaciones y anticipaciones que podemos hacer sobre ciertas situaciones o sucesos, o incluso sobre nosotros mismos. El grado de malestar vendría definido por la intensidad o la “exageración” de los pensamientos, y por su frecuencia. La manera en que interpretemos lo que nos rodea, marcará cómo nos sintamos. Por ejemplo, si tenemos un examen y pensamos que suspenderemos seguro y que no conseguiremos nada en la vida, es mucho más probable que se acentúe la ansiedad. En cambio, si pensamos que lo podemos sacar, y que tan solo es un examen, posiblemente nos sintamos más tranquilos y capaces de afrontar la situación.
  • A nivel comportamental: Comprendería todo lo que hacemos nosotros a nivel de conducta que refleja nuestro estado ansioso. Por ejemplo, la impulsividad, la agresividad, el habla acelerada, el actuar de prisa o apresuradamente, comer compulsiva o rápidamente, el mover las piernas …etc., entrarían dentro de esta categoría. También podríamos incluir aquí la forma de reaccionar y comportarnos ante los demás.

Como podemos ver, la expresión de las emociones incluye mucho más que lo que vemos a simple vista. No todos lo manifestamos de la misma manera, y el peso de cada uno de los componentes puede estar claramente desequilibrado.

Desde nuestro centro de psicología, en Mataró, os invitamos a que echéis una mirada a vuestra forma de exteriorizar vuestros sentimientos, ya que seguro que os percatáis de cosas que quizás os habían pasado por alto. Si tenéis cualquier pregunta al respecto, podéis poneros en contacto con nuestro equipo, será un placer atenderos.

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