El desempleo, la pobreza, la deuda y la disminución de los servicios públicos también tienen implicaciones directas para la salud humana. Las depresiones, los suicidios asociados y los trastornos por consumo de alcohol, son consecuencias conocidas en todo el mundo. Es oportuno, pues, que este año pasado el Día Mundial de la Salud Mental que se celebró el 10 de octubre se centrara en la depresión como una crisis global.
 La dura realidad de las enfermedades mentales como la depresión no se debe perder en las controversias sobre la clasificación psiquiátrica que han surgido durante la revisión del Manual de Diagnóstico y Estadística de los Trastornos Mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders). En un comentario en la edición de esta semana, Dilip Jeste pregunta: “¿Cómo puede cualquier persona razonable creer que las enfermedades mentales, que son trastornos del cerebro, son menos merecedoras de tratamiento que las que afectan a los pulmones o al hígado?” La Ley de Paridad y Equidad de Salud Mental y Adicción ( Mental Health Parity and Addiction Equity Act) aprobada por el Gobierno de los EE.UU. en 2008, y los recientes progresos del Proyecto de ley de Salud Mental (Discriminación) en el Reino Unido, son bienvenidos ejemplos de que los legisladores reconocen la gravedad de la enfermedad mental.
La naturaleza completamente devastadora de la depresión es evidente si se considera que muchas personas con esta enfermedad prefieren morir a vivir con sus síntomas. Más del 50% de las personas que mueren por suicidio han tenido un episodio de depresión en el momento de la muerte. “No me gusta estar cerca del borde de la plataforma cuando un tren está pasando“, dijo Winston Churchill. “La acción de un segundo terminaría con todo. Unas gotas de desesperación.” Otros se autolesionan , más del 70% de los pacientes en una muestra del Reino Unido de autolesionados ha tenido un trastorno depresivo. Muchas más personas con formas más leves de depresión no experimentarán una desesperación tan profunda. Pero sin embargo, dejarán de funcionar como un individuo sano: pueden llegar a ser incapaces de trabajar, cuidar de sus hijos, o simplemente no poder pasar un día sin sentirse inútil y vacío o imprudente y enojado.
La carga de la depresión mundial es enorme. Las estiumaciones actuales de la OMS colocan los trastornos depresivos unipolares en tercera posición en la liga de enfermedades de carga global. Se espera que superen las infecciones respiratorias y las enfermedades diarreicas en 2030. Sin embargo, a diferencia de muchos grandes problemas globales de salud, la depresión es fácilmente tratable y, hasta cierto punto, se puede prevenir. El diagnóstico, que suele tener lugar en el ámbito de atención primaria, exige un historial riguroso y una exploración para identificar posibles trastornos comórbidos (por lo general ansiedad, trastornos por consumo de alcohol y  enfermedades crónicas como el cáncer y la diabetes). El tratamiento consiste preferentemente en apoyo psicosocial básico combinado con medicamentos antidepresivos, psicoterapia a corto plazo (como la terapia cognitivo-conductual), o ambos. Desafortunadamente, se estima que el 50% de los pacientes en todo el mundo aún no reciben este tratamiento.

Han bastado diez años para que las cifras sobre incidencia de anorexia y bulimia en nuestro país se equiparen a las del resto de los países europeos, convirtiéndose así en la tercera enfermedad (la primera es el asma, y la segunda la obesidad) más frecuente entre los adolescentes. Ahora, aproximadamente, una de cada 100 adolescentes de entre 14 y 18 años cae en las garras de la anorexia, mientras que un 2,4% desarrolla bulimia. Y no sólo el sexo femenino (la anorexia nerviosa afecta 15 veces más a mujeres que a hombres) se está enganchando a los trastornos de la alimentación, también los varones han empezado a verse reflejados significativamente en las estadísticas. «El sexo es un factor de protección frente a los trastornos de la alimentación. Hasta ahora ser varón era un arma eficaz contra la anorexia y la bulimia, pero ésto está cambiando. Cada vez hay más casos de chicos que sufren estas patologías», destaca el M. Velilla, del Hospital Clínico de Zaragoza.
Las investigaciones realizadas en España están aportando ya algunas respuestas al porqué de este aumento espectacular de casos, así como las razones que justifican esta alarma: los cambios sociales, un mejor diagnóstico, un nuevo comportamiento de la enfermedad y un conocimiento mayor de las consecuencias físicas de padecer trastornos de la alimentación.

CAMBIOS SOCIALES
La cultura de la delgadez.
La anorexia y la bulimia, conocidas popularmente a través del rostro de algunos de sus afectados como lo fue Lady Diana, Jane Fonda o la bailarina del Boston Ballet, Heide Guenther, que murió el 30 de junio como consecuencia de una anorexia, son patologías modernas que han sabido aprovecharse de las tendencias sociales de los países industrializados. En las últimas dos décadas, la delgadez se ha convertido en la tarjeta de visita de todos aquellos hombres y mujeres que desean triunfar social y profesionalmente. «Los mensajes que hacen referencia a la imagen corporal son omnipresentes y con ellos se transmite la idea de que estar delgado es el medio para obtener la felicidad y el éxito. La presión es excesiva», destaca el doctor Gonzalo Morandé, del Hospital Niño Jesús de Madrid.
Pérdida de hábitos alimenticios.
La incorporación de la mujer al mundo laboral es otro de los factores sociales del que se están sirviendo la anorexia y la bulimia para su propagación. La ausencia de una persona que se responsabilice de los horarios de comida (un papel tradicionalmente atribuido a la madre) ha facilitado que muchos adolescentes que empezaban su tonteo con la dieta escaparan al control familiar y acabaran transformando una alimentación irregular en una enfermedad grave.
«Aspectos tradicionales, como sentarse a la mesa para comer o cenar en familia están desapareciendo de las casas españolas. Este es uno de los motivos que están favoreciendo la expansión de los trastornos de la alimentación», explica el doctor J. Casas, del Hospital de Móstoles de Madrid.
Otra de las conductas rotas en los hábitos alimenticios es, según el doctor Casas, la hora de la merienda. «El descontrol a la hora de la merienda ha aumentado. Ahora cada uno abre la nevera y coge lo que quiere. Los niños aprenden a comer mal, de ahí que las costumbres dietéticas que transmitirán a sus hijos también serán erróneas».
Una solución a este problema, que puede convertirse en hereditario, es, según Asunción Marcos, «introducir una asignatura sobre nutrición en las escuelas, para que los pequeños aprendan cuáles son sus necesidades alimenticias y lleven siempre un estilo de vida sano».
MEJOR DIAGNOSTICO
Nueva terminología.

Las estadísticas no mienten: el aumento de personas que acaba desarrollando un trastorno de alimentación se ha elevado considerablemente. Algunos autores apuntan a que parte de este crecimiento se debe tanto a un mayor y mejor diagnóstico, como a la aparición de una nueva forma de catalogar la enfermedad. «En 1985, los términos anorexia o bulimia parcial no existían. Sin embargo estos tipos de diagnósticos ya se están utilizando. En ellos se agrupan los pacientes que padecen varios, aunque no todos, los síntomas de la anorexia y la bulimia», asegura el doctor Casas.
Perfil de las víctimas.
Sexo: femenino. Edad: 14 a 18 años, son las épocas de más riesgo, aunque los estudios sitúan entre los 12 y los 25 años, las edades en las que pueden aparecer los trastornos de la alimentación. Clase social: media-alta. Estos han sido, tradicionalmente, tres de los rasgos más comunes entre las anoréxicas. Hoy, los trastornos de la alimentación se han saltado las barreras sociales e, incluso, las fronteras de la adolescencia. «La anorexia, por ejemplo, se ha universalizado. Ahora afecta a todas las clases sociales y empiezan a presentarse casos de personas que sobrepasan la treintena y que sufren este trastorno», afirma el doctor Morandé. Treinta mujeres británicas de 60 años, que han sido diagnosticadas de anorexia nerviosa, son uno de los ejemplos presentado durante la celebración de las jornadas que mejor ilustra la nueva personalidad de esta patología.
El riesgo de contagio.
La competencia y el riesgo de contagio son dos de los peligros que encierran los trastornos de la alimentación, en especial la anorexia. El doctor Morandé explica que, en muchas ocasiones, el deseo de perder unos kilos se convierte en una competición entre amigas. «Cada una siempre se verá más gorda que la otra e intentará seguir adelgazando. Además, entre ellas se apoyan y respaldan para seguir ayunando y perdiendo peso». También puede producirse el efecto dominó. «Hemos comprobado que, cuando una niña logra estar más delgada y consigue así la admiración del resto del grupo, se produce una especie de contagio. Esto provoca que las amigas de su entorno quieran parecerse a ella y acaben también enfermando».
Más factores precipitantes.
Divorcio de los padres, sobreprotección de los hijos, muerte de un familiar, antecedentes familiares de anorexia o depresión o, incluso, ser el primero o el último de los hermanos se han revelado como factores que pueden empujar a un adolescente con predisposición a sufrir un trastorno de alimentación a caer definitivamente en la telaraña de la anorexia o de la bulimia.
«Mientras que entre las primeras pacientes que ingresamos apenas existían casos en los que los padres estuvieran divorciados, ahora nos encontramos con que la separación de los padres es una característica bastante frecuente en estos enfermos, así como, por ejemplo, vivir excesivamente protegidos», destaca el doctor Morandé.
CONSECUENCIAS FISICAS
Corazones pequeños.
Niñas de 17 años con corazones del tamaño de una de siete. Quedarse, literalmente, en los huesos está provocando alteraciones en el funcionamiento y en el tamaño del corazón. Un total de 130 niñas anoréxicas españolas han participado en un estudio. Sus resultados: la mayoría poseía un corazón pequeño y sufría alteraciones. Antonio Bayo, jefe de la sección de Cardiología del Hospital Niño Jesús de Madrid y líder del trabajo, afirma: «Nos hemos encontrado con una alta incidencia de anomalías: la mitad de los casos debido a un prolapso en la válvula mitral (mal funcionamiento de dicha válvula); otras sufrían derrame pericárdico (agua fuera del corazón). También se encontraron trastornos del ritmo cardiaco». Los expertos desconocen aún si la recuperación del peso devolverá la normalidad al funcionamiento cardiaco.
Niñas menopáusicas.
La amenorrea (pérdida de la menstruación) es uno de los tres síntomas que sirven para el diagnóstico de la anorexia nerviosa. Dicha pérdida ha sido asociada, junto a un aumento de los niveles de ciertas hormonas, como el cortisol, con la aparición de osteoporosis.
Dos años de seguimiento de 42 pacientes han servido para constatar que existía una pérdida de densidad ósea, no recuperable ni con un año de tratamiento con estrógenos. La doctora María Teresa Muñoz Calvo, de la sección de Endocrinología del Hospital Niño Jesús, afirma: «No sabemos si más años de administración de estrógenos servirán para recuperar masa ósea. Sin embargo, hemos comprobado que las que recuperan la menstruación de forma natural sí aumentan la fortaleza de sus huesos».
TRATAMIENTO MULTIDISCIPLINARIO
No hay discrepancias. El tratamiento de los trastornos de la alimentación debe ser multidisciplinario: aspectos nutricionales, psicoterapia, terapia familiar, farmacoterapia, son varias de las medidas que hay que adoptar frente a una anoréxica. Además, la detección precoz siempre juega a favor del paciente. «La curación siempre es más fácil cuando el problema se detecta en sus fases incipientes», comenta Gonzalo Morandé.
Personalidad diferente
Las víctimas de la anorexia y de la bulimia poseen un carácter obsesivo que acaba traduciéndose en una preocupación constante por el peso y la dieta. Sin embargo, la personalidad de estos pacientes es diferente. Así, la anoréxica suele estar considerada como «niña modelo»: perfeccionista, buena estudiante, con un nivel intelectual alto y con tendencia a evitar conflictos.
En cambio, su preocupación por la opinión que los demás tienen de ella es excesiva, así como su autocontrol. Las bulímicas, por el contrario, suelen ser más impulsivas, intolerantes y se frustran más.
La adicción a las drogas es una característica bastante frecuente entre estas pacientes así como su tendencia a la depresión y a la ansiedad. Además, suelen fracasar en sus relaciones sentimentales. «A la mujer anoréxica se la descubre antes porque se queda en los huesos, mientras que la bulímica suele mantener el mismo peso. Esta es una de las razones por la que las bulímicas mantienen más tiempo en secreto su enfermedad», comenta el doctor Casas. Según los especialistas, la bulímica, a diferencia de la anoréxica, tiene más conciencia de que está enferma y suele acabar solicitando ayuda.

La aparición y progresivo auge de las nuevas tecnologías ha ido paralelo al surgimiento de una nueva expresión de un viejo fenómeno: La Adicción. Telefonía móvil, videojuegos, ordenador, Internet, chats, etc…conforman aparentemente el origen del problema.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que una de cada cuatro personas sufre trastornos de conducta relacionados con las nuevas adicciones. Se puede hablar de adicción en todos aquellos casos en los que la afición interfiere en la vida diaria, o cuando se practica esa afición para no pasarlo mal en vez de para pasarlo bien.

Entre las señales de alerta que pueden indicarnos una adicción destacan las siguientes:
? Pérdida de tiempo de estudio, con o sin malos resultados académicos.
? Deterioro o menor dedicación a las relaciones interpersonales y a otras actividades de ocio.
? Incremento de las conductas que implican agresividad.
? Sufrir ansiedad, irritabilidad, incluso malestar físico en caso de no poder utilizar el objeto de la adicción.
Adoptar actitudes preventivas resulta muy importante, pero en caso de sospechar que pudiera existir una adicción, se debe buscar ayuda profesional especializada.

Recomendaciones indispensables:
1. Potenciar en nuestros hijos actividades de ocio saludable (deporte, lectura, manualidades, actividades al aire libre, etc.)
2. Establecer con ellos una relación de confianza que nos permita hablar y dialogar de forma sincera y abierta.
3. Controlar los tiempos de uso de las tecnologías.
4. Tener en cuenta la importancia de nuestro ejemplo. Nuestros hijos nos tienen como modelos y tienden a imitar nuestras propias conductas ¿cómo insistirles en no abusar del ordenador si nosotros pasamos demasiadas horas frente al mismo?
5. Ayudarles a desarrollar buenas habilidades sociales que les permitan el desarrollo de sanas relaciones interpersonales.

Recomendaciones para prevenir la adicción al INTERNET:
1. Romper con las rutinas de conexión: si el menor enciende el ordenador nada mas levantarse para comprobar su correo electrónico, debemos indicar un nuevo horario y usar señales y alarmas que le indiquen al adolescente que ha pasado su tiempo y debe de desconectarse.
2. Ayudar al menor a elaborar un horario realista dentro del cual se contemple no solo el tiempo dedicado a navegar, sino también otras actividades como el estudio… Enseñarle al menor la capacidad formativa de la red, incluyendo Internet como una herramienta de ayuda al estudio y a la formación.
3. Instalar filtros de contenido que impidan a los menores el acceso a páginas con contenido no adecuado.

Recomendaciones para prevenir la adicción a la TELEFONÍA MÓVIL:
1 . Retrasar al máximo la edad de posesión del móvil.
2. Hacer que los menores entiendan el valor económico de las llamadas.
3. Pactar el modelo de móvil: buscar uno adecuado para su edad.
4. Facilitar la toma de conciencia del tiempo que pasan hablando y mandando mensajes.
5. Delimitar los espacios de uso.
  
Recomendaciones para prevenir la adicción a los VIDEOJUEGOS:
1. Poner la consola o el ordenador en un espacio común, de este modo, facilitamos la interacción con los padres y la posibilidad de que estos “controlen” indirectamente cómo, cuándo y con quien se juega.
2. Jugar con ellos, compartir emociones y transmitiendo de esta forma nuestro punto de vista. Limitar el tiempo dedicado a jugar.
3. Pactar con ellos la duración del juego y hacerles conscientes del tiempo que pasan jugando.
4. Informarse del nivel de violencia, la edad mínima y las habilidades requeridas por el videojuego, antes de comprarlo.

Recomendaciones para prevenir la adicción a la TELEVISIÓN:
1. Poner la televisión en un espacio común de la casa.
2. Evitar que los menores tengan su propio aparato en su habitación.
3. Dedicar tiempo a ver la televisión con nuestros hijos y hablar con ellos acerca de lo que se está  viendo, ayudándoles, de este modo, a reflexionar acerca de los contenidos.
4. Evitar mantenerla encendida de forma permanente, aunque no se le esté prestando atención.
5. Ver la televisión con un objetivo concreto (por ejemplo: una serie determinada), no “ver por ver”.
6. No utilizar la televisión mientras se está comiendo. Aprovechar estos momentos para el diálogo familiar.