LAS TÉCNICAS COGNITIVAS   U
na de las maravillas de la mente humana es su capacidad para aprender una acción tan bien que esta llega a ser automática. Algunas acciones que nos cuestan años aprender ahora son tan automáticas que no pensamos en ellas. De hecho, nos pasamos la mayor parte del día en “piloto automático”. Prácticamente en todos los momentos  de nuestra vida consciente, mantenemos una conversación con nosotros mismos. Esta conversación interna silenciosa  recibe el nombre de autodiscurso. Veamos un ejemplo: En un concurrido teatro, una mujer se levanta de repente, da una bofetada al hombre que está junto a ella y rápidamente se va por el pasillo hacia la salida. Cada una de las personas que han visto la escena reacciona a su manera. Una mujer se asusta, un adolescente se encoleriza, un hombre maduro se siente triste, una asistente social siente una sensación agradable. ¿Por qué el mismo suceso provoca tan diferentes emociones entre la audiencia? Podemos encontrar la respuesta examinando los pensamientos de cada observador. La mujer asustada pensó: “En casa siempre la debe estar molestando y no ha podido aguantar más” imaginando los detalles de una paliza brutal y recordando las veces que la ha maltratado. El adolescente colérico pensó: “Él sólo quería un beso y ella le ha humillado. Pobre tío, vaya tía más desgraciada”. El hombre maduro que reaccionó con tristeza pensó: “Ahora la ha perdido y nunca volverá a verla”. La asistente social sintió un placer agradable al pensar: “Se lo ha ganado. Qué mujer más fuerte!!! Quisiera que algunas mujeres hubieran visto esto”.   En cada caso la EMOCIÓN del observador fue una consecuencia de sus PENSAMIENTOS. El suceso fue interpretado, juzgado  y etiquetado de tal forma que fue inevitable una respuesta emocional particular. Todas las personas están constantemente describiéndose el mundo a sí mismas, dando a cada suceso o experiencia una etiqueta. Hacen interpretaciones de lo que ven y lo que oyen. Estas etiquetas o juicios se forman a lo largo de un interminable diálogo de cada persona consigo misma, y colorean toda la experiencia con interpretaciones privadas. Raras veces nos damos cuenta de estos pensamientos, pero son lo suficientemente poderosos como para crear las emociones más intensas. Veamos otro ejemplo: Una chica estaba esperando su vuelo en una sala de espera de un gran aeropuerto. 
Como debía esperar un largo rato, decidió comprar un libro y también un paquete con galletas. Se sentó en una sala del aeropuerto para poder descansar y leer en paz. Asiento de por medio se sentó un hombre que abrió una revista y empezó a leer.  Entre ellos quedaron las galletas.  Cuando ella cogió la primera, el hombre también tomó una. Ella se sintió indignada, pero no dijo nada. Solo pensó: «¡Qué descarado; si yo fuera más valiente, hasta le daría una bofetada para que nunca lo olvide!». Cada vez que ella cogía una galleta, el hombre también tomaba una. Aquello le indignaba tanto que no conseguía concentrarse ni reaccionar.  Cuando quedaba solo una galleta, pensó: «¿qué hará ahora este aprovechado?». Entonces, el hombre partió la última galleta y dejó media para ella.  ¡Ah no!. ¡Aquello le pareció demasiado!. Se puso a resoplar de rabia. Cerró su libro y sus cosas y se dirigió al sector del embarque.  Cuando se sentó en el interior del avión, miró dentro del bolso y para su sorpresa, allí estaba su paquete de galletas… intacto, cerrado.  ¡Sintió tanta vergüenza!. Sólo entonces se dio cuenta de lo equivocada que estaba. ¡Había olvidado que sus galletas estaban guardadas dentro de su bolso!. El hombre había compartido las suyas sin sentirse indignado, nervioso, consternado o alterado. Y ya no estaba a tiempo ni tenía posibilidades para dar, explicar o pedir disculpas. Pero sí para razonar: ¿cuántas veces en nuestra vida sacamos conclusiones cuando debiéramos observar mejor? ¿cuántas cosas no son exactamente como pensamos acerca de las personas?   Las técnicas cognitivas se basan en el supuesto teórico de que nuestros sentimientos, emociones y conductas están determinadas en gran parte por la forma que tenemos de estructurar el mundo y de interpretar la información que recibimos. Estas técnicas cognitivas sirven para identificar y modificar estos esquemas distorsionados con el objetivo de aprender a resolver situaciones que anteriormente resultaban un problema. El proceso de aprendizaje consiste en: A)     Identificar cogniciones o pensamientos automáticos negativos B)     Identificar las relaciones entre: Pensamiento à Emoción à Conducta C)     Examinar las evidencias a favor y en contra de los pensamientos distorsionados y sustituirlos por interpretaciones más realistas D)     Aprender a identificar y modificar falsas creencias que predisponen a distorsionar las propias experiencias     A)     IDENTIFICAR LAS COGNICIONES O PENSAMIENTOS AUTOMÁTICOS NEGATIVOS El hecho de identificar nuestros pensamientos no siempre es tan fácil como parece. Puede que no seamos conscientes de muchos pensamientos a no ser que pongamos mucha atención. A veces podemos creer que no estamos pensando en nada; esto es debido a que los pensamientos están tan aprendidos que han pasado a ser automáticos. Prácticamente en todos los momentos de nuestra vida consciente estamos conversando con nosotros mismos, producimos un lenguaje interno a base de frases o imágenes con las que describimos e interpretamos el mundo. Si este diálogo con nosotros mismos se ajusta a la realidad con precisión, no será fuente de problemas, pero si no es exacto con respecto a lo que realmente ocurre puede producirnos problemas emocionales. Por ejemplo, uno puede pensar “No puedo soportar estar solo”, pues bien, nadie a muerto por el simple hecho de estar solo. Estar solo puede ser incómodo, incluso indeseable… pero se puede soportar. Estos pensamientos que forman parte de nuestro diálogo interno los llamare4mos pensamientos automáticos y las características de estos son: 1.      Tienen un estilo telegráfico: Están compuestos por unas pocas y esenciales palabras o una imagen breve. 2.      Casi siempre son creídos, no importa lo irracionales que sean: Un hombre que reaccionó con rabia por la muerte de su mejor amigo fue incapaz de pensar por un tiempo que la muerte le había llegado deliberadamente para castigarle a él. Los pensamientos automáticos son creíbles porqué casi no se notan, por lo que no son cuestionados. 3.      Se viven como espontáneos: Entran de golpe en la mente. No son pensamientos reflexivos ni productos del análisis o razonamiento de una persona sobre un problema. 4.      A menudo se expresan en términos de “Tendría que…, Debería…: Aparecen a menudo como obligaciones que nos imponemos a nosotros mismos, a los demás y a las circunstancias que nos rodean, en forma de exigencias intolerantes. 5.      Tienden a dramatizar o “exagerar las cosas”: Estos pensamientos predicen catástrofes, ven peligros en todas partes y siempre suponen lo peor. Las dramatizaciones constituyen la mayor fuente de ansiedad. 6.      Son aprendidos: Todas las personas han sido condicionadas por la familia, los amigos, los medios de información y su propia experiencia para interpretar  los sucesos de una forma concreta. 7.      Son difíciles de controlar: Al no ser pensamientos racionales ni reflexivos, no se suelen comprobar con la realidad, y la persona que los tiene los suele creer fácilmente. Como los pensamientos automáticos producen errores de pensamiento, prismas recortados y desviados de los acontecimientos que ocurren, que suelen ser habituales y repetitivos, pueden ser agrupados en diferentes DISTORSIONES COGNITIVAS en función de los errores que cometen. B)     Identificar las relaciones entre: Pensamiento à Emoción à Conducta ¿Por qué tenemos emociones desagradables? La explicación vendría dada por la siguiente cadena: A – ESTÍMULO AMBIENTAL (SITUACIÓN)     B – PENSAMIENTOS NEGATIVOS AUTOMÁTICOS     C – EMOCIÓN NEGATIVA Y DESADAPTADA     D – CONDUCTA DESADAPTADA   Los acontecimientos por sí mismos no tienen un contenido emocional. Las interpretaciones poco realistas de estos acontecimientos (pensamientos automáticos negativos) son las que explican y controlan nuestros sentimientos negativos y emociones desagradables. Una forma para detectar los pensamientos automáticos consiste en identificar las emociones desagradables (ansiedad, rabia, tristeza, …) ya que las emociones las percibimos con más claridad.   C)     EXAMINAR EL PENSAMIENTO AUTOMÁTICO DISTORSIONADO Y SUSTITUIRLO POR OTRO MÁS REALISTA   Una vez sabemos qué tipo de pensamientos pueden afectar negativamente a nuestra conducta, lo importante es aprender a detectarlos. Para ello hay que intentar “atrapar” este tipo de pensamientos y escribirlo en un papel. Es importante hacerlo de la forma más precisa posible. El paso siguiente consiste en hacer una prueba de realidad: se trata de comprobar si estos pensamientos se ajustan a los acontecimientos que los han provocado. Si descubrimos que no se corresponden a la realidad hay que sustituirlos por otros más realistas. Como punto de partida es importante aceptar que no por el hecho de pensar algo ha de ser realmente cierto. Nuestros pensamientos son hipótesis que hay que comprobar.   PAUTAS PARA EVALUAR LOS PENSAMIENTOS DISTORSIONADOS Debemos estar constantemente vigilando el discurso de nuestro pensamiento para así identificar las distorsiones. Debemos intentar refutarlos y cambiarlos, enfocándolos de forma más realista y objetiva. a)      Las refutaciones deben ser enérgicas para ser más creíbles. b)      No deben ser valorativas c)      Han de ser equilibradas (incluir tanto lo positivo como lo negativo) A continuación aparecen las preguntas que nos podemos hacer para refutar los pensamientos distorsionados:       Preguntas para evaluar la validez de los pensamientos: ·        ¿Qué evidencias hay a favor de este pensamiento? ¿Y en contra? ·        ¿Cuál es la probabilidad de que esté interpretando correctamente la situación? ·        ¿Hay otras explicaciones alternativas a esto que ha ocurrido? ¿Hay otra manera de enfocarlo? ·        ¿Mis juicios están basados en lo que siento en lugar de en los hechos? ·        ¿Estoy usando palabras extremas o exageradas –siempre…, nunca…, todos…, debería…, tendría que…? ·        ¿Estoy sobreestimando mi responsabilidad sobre como salen las cosas? ¿Qué otros factores influyen? ·        Si este pensamiento lo tuviera otra persona, ¿qué le diría para hacerle ver que no es correcto?     Preguntas para descatastrofizar y buscar vías de solución: ·        ¿Esto que parece tan malo, durará siempre? ¿Cómo serán las cosas en un tiempo? ·        Aunque lo que pienso sea verdad, ¿es eso tan malo? ·        ¿Por qué me perturba tanto este pensamiento? ¿Por qué me altera tanto? ¿No estaré dándole más importancia de la que en realidad tiene? ·        ¿Qué ocurriría si las cosas fuesen realmente así, si pasara lo peor que creo que puede ocurrir? ·        Si las cosas son así, ¿qué puedo hacer para cambiarlas? ·        Si este pensamiento lo tuviera otra persona, ¿qué le diría para ayudarla a afrontar la  situación?   Preguntas para evaluar la utilidad de los pensamientos: ·        Este pensamiento, ¿me ayuda a conseguir mis objetivos y a solucionar mis problemas? ·        ¿Me ayuda esta forma de pensar a sentirme como quiero? ·        ¿Cuáles son las ventajas y los inconvenientes de esto que estoy creyendo? ·        ¿Pensar eso me es ventajoso?

Un nuevo estudio estrecha la vinculación entre depresión y enfermedades cardíacas. Los cardiólogos estadounidenses incorporan la tristeza profunda como factor de riesgo.  
La pena no parece una causa de muerte clínicamente válida como para registrarla en una partida de defunción. O para explicar el motivo del ingreso de un paciente cardíaco a sus familiares. Y, sin embargo, cada vez son más concluyentes los datos que relacionan la tristeza extrema con los infartos y, en general, patologías del corazón.

El último de los trabajos que avanzan en esta dirección plantea que los afectados de depresión de moderada a severa presentan un incremento del 40% del riesgo de sufrir insuficiencia cardiaca. El estudio se ha anunciado este viernes en el encuentro EuroheartCare que la Sociedad Europea de Cardiología celebra en Noruega. Para su elaboración se siguió a lo largo de 11 años el estado psíquico y físico (con datos sobre el índice de masa muscular, la actividad física, hábitos tabáquicos y presión sanguínea) de 63.000 de los 97.000 vecinos de la región noruega de Nord-Trondelag, y se comparó esta información con los ingresos y fallecimientos por insuficiencia cardiaca. “Concluimos que cuanto mayores eran los síntomas depresivos, mayor era el riesgo de sufrir problemas cardiacos”, explica Lise Tuset Gustad, enfermera intensivista responsable del trabajo. Entre los pacientes menos graves la posibilidad de desarrollar problemas cardiacos era solo de un 5% más que la media.

“Las evidencias entre la depresión y la patología cardiaca son cada vez más sólidas”, añade el presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), José Ramón González-Juanatey. Hasta el punto de que la principal sociedad de cardiólogos estadounidense (American Heart Association) planteó este pasado mes de febrero añadir la depresión a la lista de factores de riesgo clásicos, como son la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo, el sedentarismo o el colesterol alto, en pacientes con síndrome coronario agudo (infarto).
“Ya habíamos visto trabajos previos de los efectos de la depresión entre pacientes que ya habían sufrido un infarto o como factor de riesgo de la patología coronaria”, apunta el presidente de la SEC. Pero el trabajo presentado ayer da un paso más al relacionar esta enfermedad mental con un ámbito más extenso de las lesiones cardiovasculares como es el caso de la insuficiencia cardiaca, el tramo final de muchas cardiopatías que se presenta cuando el corazón es incapaz de bombear la sangre con suficiente fuerza. Su origen es muy diverso, y puede estar ligado a un infarto, a problemas con las válvulas cardiacas o a un cuadro de diabetes o hipertensión en pacientes de larga evolución.
El trabajo noruego también aporta otro aspecto interesante: la relación directa que establece entre el desequilibrio metabólico (hormonal, desarreglos en neurotransmisores) que caracteriza la depresión, con los efectos en la salud del corazón.

Buena parte de los trabajos hasta ahora publicados incidían en los efectos indirectos. La depresión severa se identifica por la tristeza, la apatía y la desesperanza de los enfermos. Incluso con las ideas de muerte y suicidio en los casos más graves. Este estado de ánimo afecta al estilo de vida de los pacientes. Si se tienen que medicar es fácil que o dejen de hacerlo o se les olviden tomas. Además, suelen fumar más, comer peor, practicar menos o nada de ejercicio y adquirir más peso.

El estudio presentado este viernes admite esta vinculación. Pero tras neutralizar los efectos potenciales del tabaquismo o la obesidad en las personas analizadas destaca otros factores directos que vinculan la depresión y la insuficiencia cardiaca. “La depresión estimula la aparición de hormonas vinculadas al estrés, que inducen la aparición de fenómenos inflamatorios o aterosclerosis [el deterioro de las paredes arteriales que puede provocar un infarto]”.
“Es algo parecido a lo que sucede con la ira”, comenta González-Juanatey. El presidente de la SEC recuerda un reciente artículo publicado en la Revista Europea de Cardiología en el que se describía como se producía una brusca descarga de catecolaminas (hormonas asociadas al estrés) que tenían un impacto directo en la hipertensión y un aumento de plaquetas en la sangre que aumentaban el riesgo de coágulos en las paredes vasculares. “Se asociaba este aumento del tono simpático [del sistema nervioso] con un  mayor riesgo de infarto e ictus”. La alteración hormonal ligada a la depresión explicaría un fenómeno similar en estas personas, según González-Juanatey.

“La asociación entre depresión y problemas cardiovasculares la observamos en la clínica, con los pacientes”, comenta Rafael Tabarés-Seisdedos, catedrático de psiquiatría de la Universidad de Valencia. Este psiquiatra y miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (Cibersam) destaca cómo el trabajo noruego y otros similares demuestran que es frecuente la presencia de dos o más problemas médicos en una misma persona aparentemente no relacionados (depresión y lesiones cardiacas en este caso) que, en el fondo, están conectados. “Ya sea por compartir los mismos factores de riesgo físicos o psicosociales, o porque una patología lleve a la otra”, explica. O incluso cuando la relación es inversa, como el propio Tabarés-Seisdedos e investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas describieron recientemente en el caso del cáncer y el alzhéimer. “Debemos de dar una respuesta asistencial adecuada que tenga en cuenta estas asociaciones y corregir la segmentación actual por especialidades”, apunta.
 SOCIEDAD. EL PAÍS.
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/04/04/actualidad/1396624915_996256.html
 

El estrés es la respuesta física, psíquica y emocional ante condiciones internas o externas que afectan el equilibrio de la persona. Por lo tanto, cualquier hecho positivo o negativo que genere una respuesta emocional, puede ser causante de estrés.

El nacimiento de un hijo, un matrimonio, la pérdida del trabajo, la muerte de un familiar, problemas económicos o situaciones menores como esperar demasiado tiempo en una fila, son factores que pueden desencadenar estrés en las personas dependiendo del significado que se le asigne a estas experiencias de vida.

Las personas con un alto nivel de estrés se caracterizan por ser impacientes, competitivos, viven de manera apresurada, siempre están haciendo cosas para obtener el reconocimiento, son incapaces de delegar responsabilidades, racionalizan sus emociones, se involucran en más actividades de las que pueden abarcar, no saben decir que ‘no’ y son perfeccionistas e intolerantes.

Para reducir el estrés la psicóloga entrega algunas recomendaciones:

– No trabaje más de 10 horas al día.
– Descanse entre tareas: Darse el tiempo para almorzar o ir al baño.
– Practique algún pasatiempo o hobbie.
– Duerma entre siete y ocho horas diarias. Una persona que no duerme bien, al día siguiente anda irritable.
– Evite el uso de drogas para prevenir el estrés. Las pastillas para dormir o tranquilizantes, producen efectos secundarios y dependencia.
– Planee cada año vacaciones lejos del trabajo.
– Planifique el trabajo. Haga una sola cosa a la vez.
– Establezca un orden de las prioridades.
– Aprenda a negociar, conversar, perdonar y perdonarse.
– Defina objetivos reales y alcanzables en la vida.
– Realice ejercicios liberadores de estrés como bailar.
– Dése tiempo para el amor, cariño y amistad.
– No olvide jamás de reír.
– Disfrute de la vida en forma sana.

– Técnicas de Relajación

El adecuado uso de la respiración es uno de los métodos de relajación que más se utilizan para aliviar el estrés, ya que permite que la mente esté conciente y activa. Pero para que resulte efectiva, basta con intentar practicarla dos veces al día por 10 minutos cada vez.

Aprender a controlar la respiración es un método fácil y rápido, que le permite disminuir la activación fisiológica del organismo y la ansiedad. Así también, el yoga, la aromaterapia, hipnosis o el ejercicio físico, son técnicas que le ayudan a relajarse en situaciones de estrés.

Una técnica muy conocida es la ‘Relajación Progresiva de Jacobson’, la cual consiste en contraer y relajar progresivamente los músculos del cuerpo desde los pies a la cabeza, tensando cada grupo de músculos entre cinco y diez segundos para luego soltar por el mismo tiempo.

Para mejorar nuestra calidad de vida y aprender a manejar las situaciones de estrés, ya sea en situaciones positivas o negativas, es importante ser más optimistas. Hay situaciones en nuestras vidas que no se pueden cambiar ni controlar, por lo que hay que tomarlos como parte de la maduración, crecimiento y desarrollo personal y espiritual.

Los trastornos del sueño o desórdenes del sueño son un amplio grupo de padecimientos que afectan el desarrollo habitual del ciclo sueño-vigilia. Algunos trastornos del sueño pueden ser muy graves e interferir con el funcionamiento físico, mental y emocional del individuo. Incluyendo dificultad para conciliar el sueño o permanecer dormido, quedarse dormido en momentos inapropiados, demasiado sueño o conductas anormales durante el sueño.
Los trastornos más frecuentes son:
Apnea del sueño: Donde la persona hace una o más pausas en la respiración o tiene respiraciones superficiales durante el sueño.
Enuresis: Es cuando la persona se orina en la cama durante el sueño; generalmente le pasa a los niños.
Insomnio: Es sueño insuficiente, intranquilo, de mala calidad, o no restaurador.
Síndrome de piernas inquietas: Este es un trastorno en el cual se desea o necesita mover las piernas para interrumpir sensaciones molestas.
Terrores nocturnos: Este trastorno se caracteriza por el despertar abrupto y aterrorizado de la persona.
Sonambulismo: Las personas caminan o realizan otra actividad estando aún dormidas.
Narcolepsia: Es cuando la persona sufre un gran sueño durante todo el día aunque hayan dormido sus horas completas la noche anterior. De repente, uno se duerme sin querer a cualquier hora del día.
Causas
Hay más de cien trastornos diferentes de sueño y de vigilia que se pueden agrupar en cuatro categorías principales, a saber:
•    Problemas para conciliar el sueño y permanecer dormido (insomnio).
•    Problemas para permanecer despierto (somnolencia diurna excesiva).
•    Problemas para mantener un horario regular de sueño (problema con el ritmo del sueño).
•    Comportamientos inusuales durante el sueño (conductas que interrumpen el sueño).
PROBLEMAS PARA CONCILIAR EL SUEÑO Y PERMANECER DORMIDO
El insomnio incluye dificultad para conciliar el sueño o para permanecer dormido. Los episodios pueden aparecer y desaparecer, durar entre 2 y 3 semanas (a corto plazo) o ser duraderos (crónicos).
PROBLEMAS PARA PERMANECER DESPIERTO
Las personas con somnolencia diurna excesiva se sienten cansadas durante el día. Los síntomas que no son ocasionados por la falta de sueño o por sueño interrumpido se denominan hipersomnio.
Las causas de este problema abarcan: 
•    Afecciones médicas tales como la fibromialgia y bajo funcionamiento de la tiroides.
•    Mononucleosis y otras enfermedades virales
•    Narcolepsia y otros trastornos del sueño
•    Obesidad, especialmente si causa apnea obstructiva del sueño
Cuando no se puede encontrar ninguna causa para la somnolencia, se denomina hipersomnio idiopático. 
PROBLEMAS PARA MANTENER UN HORARIO REGULAR DE SUEÑO
También se pueden presentar problemas cuando no se mantiene un horario constante de sueño y de vigilia, lo cual sucede cuando se viaja cruzando zonas horarias distintas y con trabajos por turnos en horarios rotativos, particularmente los que trabajan en las noches.
Los trastornos que involucran una interrupción del horario del sueño abarcan:
•    Síndrome de sueño y vigilia irregulares
•    Síndrome del desfase horario
•    Insomnio paradójico (la persona realmente duerme una cantidad de tiempo distinta a la que cree)
•    Trastorno del sueño a causa del trabajo por turnos
CONDUCTAS QUE INTERRUMPEN EL SUEÑO
Las conductas anormales durante el sueño se denominan parasomnio. Son bastante comunes en los niños y abarcan:
•    Terrores nocturnos
•    Sonambulismo
Trastorno de comportamiento asociado al sueño MOR (la persona se mueve durante el sueño MOR y puede representar sueños).
Con frecuencia, los trastornos del sueño involucran tanto factores médicos como psicológicos, por lo que requieren un abordaje multidisciplinario integrado para su adecuado diagnóstico y tratamiento.??Muchos pacientes insomnes pueden beneficiarse de un abordaje psicoterapéutico orientado a aprender técnicas de identificación y resolución de problemas que mejoren la vivencia de autoeficacia personal.
En general, el abordaje psicoterapéutico del insomnio tratará de mejorar las medidas de higiene del sueño y de estilo de vida del paciente, mediante aprendizaje de estrategias eficaces para el afrontamiento de situaciones de estrés, de los conflictos intrapsíquicos y de las dificultades interpersonales, todo lo cual aumentará la calidad de vida. Para aliviar la excesiva tensión emocional pueden utilizarse técnicas de entrenamiento en relajación, así como de orientación dinámica y cognitivo-conductuales. Éstas últimas permiten la identificación de conflictos, así como el refuerzo de los recursos adaptativos del paciente, la modificación de cogniciones erróneas y negativas del paciente.??
El tratamiento farmacológico debe ser sobre todo etiopatogénico, antes que sintomático, de forma que se utilizarán tratamientos selectivos para las causas subyacentes del insomnio, como antidepresivos para la depresión, analgésicos para el dolor, etc., aunque pueda ser necesaria la asociación de un tratamiento coadyuvante sintomático con hipnóticos. En el momento actual, para el insomnio se utilizan como hipnóticos tres tipos de sustancias: los derivados benzodiacepínicos y dos nuevas familias de aparición más reciente, las ciclopirrolidonas y las imidazopiridinas. De estos grupos el más utilizado siguen siendo las benzodiacepinas, que presentan las siguientes acciones: ansiolítica, anticonvulsivante, miorrelajante, inductora del sueño, preanestésica y disminución moderada de las funciones cognitivas.

La depresión es muy frecuente; una de cada cinco personas sufrirá depresión en algún momento de su vida. Todo el mundo puede sentirse triste a veces, pero se dice que alguien sufre depresión cuando estos sentimientos no desaparecen rápidamente o empeoran tanto que interfieren con su vida diaria.
¿Por qué se deprime uno?
Unas veces puede haber una razón obvia, otras veces no. A menudo hay más de una razón, y las razones son distintas para cada uno:
–          El fin de una relación.
–          Un duelo.
–          Incluso, el nacimiento de un hijo.
En cualquier caso estos sentimientos pueden volverse tan desagradables que se necesite ayuda.
¿Cómo se siente uno al estar deprimido?
El sentimiento de depresión es más intenso, prolongado y desagradable que los cortos episodios de tristeza que todo el mundo experimenta ocasionalmente.
Los síntomas incluyen:
–          Pérdida de interés en la vida.
–          Dificultad para tomar decisiones.
–          Imposibilidad para sobrellevar los problemas como antes.
–          Sentirse agotado.
–          Sentirse inquieto o agitado.
–          Pérdida de peso y apetito.
–          Dificultades para conciliar el sueño.
¿Cómo sé si estoy deprimido?
A menudo uno no se da cuenta de lo deprimido que está, debido a que la depresión se ha desarrollado gradualmente. Quizá intenta seguir luchando y sobrellevar los sentimientos de depresión a base de estar muy ocupado, pero esto puede provocarle aún más estrés y agotamiento. Entonces empiezan los dolores físicos.
¿Qué tipo de ayuda existe?
Existen dos tipos de tratamiento: la psicoterapia y la medicación.
¿Qué es lo correcto para mí, la psicoterapia o las pastillas?
Depende de cómo se haya desarrollado su depresión y de su gravedad. Como norma, se ha visto que la psicoterapia es eficaz en la depresión leve y moderada. Si la depresión es grave, probablemente necesitará antidepresivo.

Desde el Gabinet Psicològic Mataró te proponemos una serie de consejos que debes poner en práctica si deseas mejorar tu estado de ánimo.
Aumento de actividad física y socialParticipe en actividades que le hagan sentirse mejor. Por ejemplo, ir al cine, ir al teatro, salir a caminar por un parque, tomar la bicicleta para dar un paseo, realizar una visita sorpresa a un amigo o pariente, o cualquier otra cosa que lo entretenga o divierta. No se agobie la mejoría en su estado de ánimo será gradual. Ver la televisión y realizar las tareas domésticas no se incluyen en este tipo de actividades.
Hacer ejercicioCuando se está deprimido es normal estar más pasivo, cayendo en un círculo vicioso de baja autoestima e inactividad, pobre auto imagen, sentimiento de indiferencia y rechazo. Romper ese círculo cuesta un esfuerzo. Fíjese prioridades y haga hasta donde le sea posible. Lo importante es comenzar, y aprovechar el apoyo de otras personas, salir a caminar en compañía es un buen comienzo. Comience ya, no lo postergue más. El aumento de actividad física de cualquier tipo le va a traer beneficios psicológicos.
Nuevos intereses y actividadesBusque un hobby que le haga sentir realizado, algo que le apasione. Algunos hobbies son: colecciones, bricolaje, manualidades, decoración, y por supuesto los deportes, bailar…
Evite hablar sólo de la depresiónUna cosa es desahogarse y otra que se convierta en un tema recurrente, es mejor distraerse de la tristeza. Hable de otros temas más positivos: de anecdotas divertidas, del tiempo, de deportes o de las noticias.
Círculo socialApoyese en sus amigos íntimos, personas en las que pueda confiar, que sepan escuchar y que sean divertidas. Personas así representa un factor protector contra la depresión, y contra el pensamiento distorsionado que la acompaña.
Utilice la musicoterapiaEscuche canciones positivas, marchosas, que le ayuden a salir adelante y le den fuerzas. Baile, cante a gritos, salte, eche fuera su tristeza.
Tome el solAdemás de aportarle vitamina D el sol es un gran aliado que le ayudará a luchar contra la depresión, la luz solar incide en ciertas actividades del cerebro que tienen que ver con el humor de las personas. La explicación es que los rayos UV aumentan la producción de un neurotrasmisor , llamado serotonina, que está relacionado con la sensación de bienestar, la regulación del sueño, la temperatura del cuerpo y la conducta sexual.Es fácil navegar cuando el mar está en calma, pero en la tormenta es donde se forja un gran marino.
Escuche lo que Rocky le dice a su hijo sobre la vida y siga su consejo “…y fuiste creciendo cada vez más estupendo. Era fantástico poder observarte, un privilegio. Y cuando te llegó el momento de hacerte un hombre y afrontar el mundo, lo hiciste. Pero en algún momento del trayecto cambiaste. Dejaste de ser tú. Permitiste que te señalaran y que te dijeran que no sirves. Y cuando empeoró todo buscaste a quién echarle la culpa, a una sombra alargada. Voy a decirte algo que tú ya sabes, el mundo no es todo alegría y color. Es un lugar terrible y por muy duro que seas es capaz de arrodillarte a golpes y tenerte sometido permanentemente si no se lo impides. Ni tú, ni yo, ni nadie golpea más fuerte que la vida. Pero no importa lo fuerte que golpeas sino lo fuerte que pueden golpearte. Y lo aguantas mientras avanzas. Hay que soportar sin dejar de avanzar. Así es como se gana. Si tu sabes lo que vales ve y consigue lo que mereces pero tendrás que soportar los golpes. Y no puedes estar diciendo que no estás donde querías llegar por culpa de él , de ella, ni de nadie. Eso lo hacen los cobardes y tú no lo eres. Tú eres capaz de todo. …”Hay un proverbio ruso que dice “caer está permitido, levantarse es obligatorio”.

Desde nuestro centro de psicología infantil y de adultos de Mataró os queremos ofrecer algunas recomendaciones útiles para padres y para niños que sufren TDAH, conocido com el Déficit de Atención e Hiperactividad.
PAUTAS PARA EL NIÑO: MÉTODOS PERSONALES ÚTILES
Pide que te repitan las instrucciones.
Anota en una libreta aquello que necesites recordar, cada tema en distintas secciones y lleva siempre la libreta contigo.
Escribe notas recordatorias y colócalas en lugares visibles (frigorífico, espejo, armario).
Crea una rutina diaria y utiliza alarmas (despertador, móvil).
Elabora una lista con lo que necesitas hacer.
Elabora un calendario para realizar las tareas.   
Divide las tareas en pequeños grupos.
Fija una fecha o una hora límite para cada tarea.
Asegúrate de que las terminas.
Trabaja en un lugar silencioso.
No hagas varias cosas a la vez.
Cuando trabajes, haz pequeños descansos.
Haz ejercicio, sigue una dieta equilibrada, duerme suficientes horas.

PARA LOS PADRES: NORMAS DE CONDUCTA A SEGUIR
Prestar atención al niño escuchándole y hablándole con paciencia, comprendiendo su patrón de conducta y explicándole los planes para ayudarle.
Que el niño no vea discordancias entre los padres respecto a las pautas de actuación.
No actuar con él de forma excesivamente permisiva. Es conveniente que le proporcionen pocas normas de conducta pero que éstas sean claras y coherentes. Un ambiente sin una normativa clara aumenta la ansiedad y confusión del niño. Utilizar el “no” cuando el niño pida o exija cosas poco razonables y explicar el porqué de forma precisa y razonada.
Utilizar los intereses del niño y emplearlos como motivación para ayudarle a aprender de forma más eficaz. Por ejemplo: “cuando terminemos esta tarea puedes jugar con la videoconsola”.
Aumentar su autoestima y confianza en sí mismo, ponderando sus éxitos por modestos que sean, no resaltando sus fracasos o afeando su conducta de forma reiterada.
Mantener en casa unas normas de vida, consensuadas previamente por los padres. Por ejemplo: mantener si es posible el horario de actividades.
Evitar estímulos de alta intensidad (ruidos, luces, gritos). El niño responderá de forma exagerada a estos estímulos, gritos u órdenes fuertes.
Comunicar al niño con suficiente antelación cualquier posible cambio en la dinámica del hogar de manera que pueda adaptarse a ella.
Hacerle partícipe de las tareas domésticas que pueda realizar según sus capacidades y alabarle cuando intente actuar por sí mismo.
Comentar tranquilamente con él sus malas actuaciones y errores, explicándole que es necesario evitar las prisas y pensar antes de actuar. Es bueno que piense en alternativas a sus equivocaciones para no repetirlas.
Diferenciar entre las conductas voluntarias y las involuntarias. Los castigos aplicados a las acciones voluntarias deberían ser consecuencias lógicas de sus actos.
Situar al niño mientras hace los deberes en un lugar próximo al suyo para mantener contacto visual y más supervisión. Evitar estímulos que les distraigan (ventana, mesa desordenada, juguetes, etc).
Es conveniente dar órdenes claras y concisas, acompañando estas órdenes de contacto ocular y si es necesario haciéndoselas repetir al niño en voz alta.
Resaltar el éxito y no el fracaso. Motivación constante. Use lenguaje positivo usando frases como “tú puedes hacerlo”, “¡qué bien lo has hecho!”.
Controlar la «intendencia escolar» antes de ir al colegio como si fuera una asignatura más (agenda, libros, lápices, etc).
Procurar fraccionar las tareas y deberes a realizar en casa, utilizando tiempos más cortos. Las tareas largas deben dividirse en partes.
Recordar también que alguno de estos niños presentan un “odio a leer”. Organizar la lectura de manera que se motive al niño.
Evitar llamadas de atención en público. Comentar su comportamiento en privado.
Tener en cuenta que su comportamiento empeora en ciertas situaciones con menor control (cumpleaños, reuniones familiares, etc).
Las actividades extraescolares son importantes para estos niños, siempre que les gusten y que sirvan para mejorar su autoestima.
Mantener entrevistas personales con el profesor/a cada cierto tiempo, supervisando en casa el trabajo escolar del niño.
En resumen, convertir el entorno familiar en un ambiente favorecedor para el niño con TDAH y no en un ambiente hostil.
Utilizar como castigo “la ausencia de premio”. Evitar castigos físicos o muy prolongados, suelen ser contraproducentes y de escasa eficacia.
Cuando haga algo bien, reforzarlo con una sonrisa o una palabra de elogio. El refuerzo positivo con un sistema de “puntos” puede ser muy beneficioso.
Ante la hiperactividad motriz, permitirle la posibilidad de moverse en situaciones tales como: tiempo de comidas, deberes, etc.

Principios generales para el tratamiento de la depresión –
El adecuado régimen asistencial en el tratamiento del enfermo depresivo consiste en una asistencia de carácter ambulatorio.
Con los intervalos indicados, variables de unos enfermos a otros, los enfermos acudirán al centro médico, sin necesidad de dejar su hogar ni, casi nunca, abandonar su trabajo.
Si bien es el psiquiatra el médico que dispone de una formación integral suficiente, biológica, psicológica y de interacción personal para hacerse cargo de estos enfermos, hay médicos generales o internistas preparados para tratar con eficacia las depresiones sencillas y sin complicaciones. Por otra parte, sólo la acción conjunta de los médicos generales o internistas y los psiquiatras puede resolver con eficacia los sufrimientos del elevado contingente de enfermos depresivos infratratados que pululan por los centros de salud. Existe consenso para que el médico general derive inmediatamente el enfermo hacia el tratamiento especializado psiquiátrico en estos casos: riesgo de suicidio elevado; sintomatología psíquica acentuada; síntomas de psicosis, abuso o adicción a cualquier droga; mal cumplimiento de las indicaciones; resistencia al tratamiento; historia de hospitalización psiquiátrica, y antecedentes personales o familiares de manía o hipomanía.
De la adecuada coordinación funcional de la psiquiatría con los cuidados médicos primarios se derivan cuantiosos beneficios para la asistencia de estos enfermos.
El ingreso en el servicio de psiquiatría del hospital o en una clínica psiquiátrica se considera hoy como una medida extrema reservada para casos excepcionales de depresión donde concurra alguno de los datos siguientes: el abandono social; el alto riesgo de suicidio, al que no puede hacerse frente debidamente en el medio familiar; la peligrosidad contra los demás, preferentemente contra los seres más queridos, factor propio de ciertos subtipos de depresión paranoide; el rechazo del tratamiento; la indicación de un cambio de ambiente; la presentación de complicaciones metabólicas (desnutrición, deshidratación) o cardiocirculatorias de suficiente notoriedad. Será muy raro que los depresivos internados por alguna de estas razones no estén en condiciones de salir del establecimiento psiquiátrico antes de haber pasado tres o cuatro semanas.
La realización del tratamiento ambulatorio en la misma localidad de residencia del enfermo, sin abandonar el entorno familiar ni el centro de trabajo, constituye la plataforma asistencial idónea.
Idoneidad que no se rompe aun cuando se tenga que emitir la baja laboral mantenida durante algunos días. Aprovechemos aquí este inciso para afirmar que el depresivo puede ser objeto algunas veces de discapacidad temporal más o menos prolongada y sólo en ocasiones excepcionales de discapacidad permanente.
La estrategia terapéutica gira en torno a la administración del fármaco o los fármacos antidepresivos indicados por el experto. La medicación antidepresiva representa el cable de salvación que permite extraer al enfermo del negro pozo donde se halla sumido, en un plazo relativamente rápido, no más allá de cuatro o cinco semanas en el 80 por ciento de los casos. El objetivo inicial del tratamiento no se refiere sólo a la reducción de los síntomas, o sea al logro de la remisión clínica, sino a la restauración de las facultades psicosociales en los ámbitos familiar, laboral y social, sobre cuya base se podrán evitar las recaídas y las recidivas. Por múltiples razones, la acción farmacológica debe complementarse con la intervención de carácter psicosocioterapéutico. La mejoría conseguida rápida y muchas veces espectacular, no debe conducir al terapeuta a la ingenuidad de interrumpir prematuramente el tratamiento.
Para que el enfermo y los familiares no caigan tampoco en la imprudencia que acabamos de señalar, conviene consignar que el tratamiento antidepresivo se distribuye en dos fases de seguimiento obligatorio en todos los casos:
1. El tratamiento de la depresión aguda o subaguda para obtener la remisión clínica, o sea la desaparición de los síntomas.
2. El tratamiento de mantenimiento durante un mínimo de seis meses para evitar la reaparición de los síntomas, incidencia catalogada como una recaída cuando ocurre dentro de este plazo. Se conceptúa la remisión mantenida durante el plazo mínimo de seis meses como una curación de ese episodio, o lo que es lo mismo como una recuperación del enfermo.
La mayor parte de los enfermos depresivos precisa prolongar la medicación durante al menos otros dos años, lo que constituye una tercera fase terapéutica, integrada por el tratamiento preventivo o profiláctico, que, como indica su denominación, trata de evitar la recurrencia o repetición en forma de un nuevo episodio depresivo.
Debo dejar bien grabado que en cualquier caso el tratamiento antidepresivo debe instaurarse rápidamente con un carácter un tanto gradual y mantenerse durante un plazo mínimo de seis meses a partir de haber obtenido la desaparición de los síntomas depresivos, o sea la recuperación del enfermo.
El enfermo depresivo, habitualmente muy mejorado en el plazo de tres a cuatro semanas, precisa continuar de un modo sistemático con la terapia activa durante los seis meses consignados, dada su alta inclinación a la recaída ya los retrocesos. Una vez lograda la recuperación de este episodio, logro acreditado por el mantenimiento sin síntomas durante al menos seis meses, con lo que se despeja el riesgo de la recaída, habrá que plantearse la conveniencia o no de seguir con el tratamiento preventivo o profiláctico, tratamiento protector contra la irrupción de nuevas fases.
Tres observaciones sólo sobre la administración de medicamentos durante las tres fases terapéuticas que constituyen el tratamiento básico del enfermo depresivo:
1. Durante el tratamiento agudo, cuando el enfermo no responda a las cuatro o cinco semanas con una recuperación casi total, habrá que considerar la conveniencia de cambiar la dosificación o incluso la medicación.
2. Cuando sin entrar todavía en el tratamiento preventivo, se opta por la suspensión de la medicación, nunca antes de haber mantenido al enfermo durante seis meses recuperado, o sea libre de síntomas, se efectuará la reducción de los medicamentos mediante una disminución escalonada y se seguirá revisando el estado mental del enfermo cada dos meses durante un período de seis meses.
3. El paso a la tercera fase, orientada como un tratamiento preventivo (evitación de nuevos episodios), es obligado siempre que concurra alguna de estas circunstancias: estado depresivo con una duración superior a un año, presentación de dos o más episodios durante los últimos cinco años, diagnóstico de trastorno bipolar. La prolongación mínima del tratamiento preventivo es de dos años. La suspensión del tratamiento se hará también gradualmente y será continuada con la revisión periódica del enfermo cada dos meses a la largo de un período de seis meses.
Hoy se insiste mucho en la necesidad de evitar la suspensión brusca del medicamento. La reducción gradual de la dosis a lo largo de un plazo mínimo de tres meses permite neutralizar dos riesgos importantes: el de la instauración precoz de una recaída o una recidiva y el de la aparición de los síntomas producidos por la suspensión de los medicamentos. Esta última contingencia, ya conocida con relación a los antidepresivos clásicos, ha tomado un interés creciente en el manejo de algunos de los productos antidepresivos más recientes. La suspensión de la venlafaxina puede inducir síntomas muy perturbadores, como irritabilidad, vértigos, sudoración e insomnio. Dentro de los inhibidores de la recaptación de la serotonina, los síntomas de supresión se producen con mucho mayor acento en las sustancias de vida media corta, como la paroxetina y la fluvoxamina, que en las de vida media larga, como la sertralina y la fluoxetina.
El seguimiento de las dos pautas terapéuticas mencionadas, muchas veces tres, constituye la vertebración de todo el tratamiento de un enfermo depresivo. Cuando nos encontramos ante una depresión crónica, entendiendo por tal aquella de duración superior a los dos años, tenemos que estar advertidos de que la columna vertebral terapéutica que acabamos de señalar exige una ampliación en sus pautas primera y tercera. La fase inicial dedicada al tratamiento agudo pasará a tener en el enfermo crónico una duración de al menos mes y medio a dos meses, que es el plazo de expectativa mínimo requerido para presentarse la remisión, o sea una mejoría de grado importante. Sólo después de haber pasado este tiempo sin una respuesta positiva suficiente del enfermo, podrá pensarse en una modificación de la dosis o en un cambio del medicamento. Ante el enfermo crónico la terapia preventiva será de prescripción obligatoria y habrá de prolongarse con una medicación de sostenimiento a largo plazo, durante un tiempo mínimo de tres años.
La identificación de la depresión crónica no es todo lo fácil que pudiera pensarse. Hay que evitar una confusión muy corriente: la de identificar como depresión crónica una depresión residual, una depresión prolongada por sucesivas recaídas y/o recurrencias o una depresión doble (crónica y recurrente), tarea que puede poner en apuros incluso a un experto. La resolución acertada de esta discriminación de estados depresivos va a permitir centrar mejor la estrategia del tratamiento y la elección del medicamento.
El tratamiento preventivo o profiláctico trata ante todo de evitar nuevos episodios, conceptuados como recurrencias o recidivas. Entre la recurrencia (recurrence, en inglés) y la recaída (relapse, en inglés) la diferencia conceptual es clara: la primera se refiere a la aparición de un nuevo episodio y la segunda a la reanudación de los síntomas. En la práctica no se dispone de datos objetivos fiables para efectuar la distinción entre ambas y se recurre al criterio cronológico convencional: la reaparición de los síntomas antes de haber pasado el período de cinco a seis meses después de la remisión se estima como una recaída y cuando acontece después de este plazo se valora como una recurrencia. Tal diferenciación cronológica se basa en postular que la recuperación o curación del episodio depresivo acontece de cinco a seis meses después de haberse logrado la remisión o desaparición de la sintomatología y que, naturalmente, a partir de ese momento en que .el episodio está resuelto se anula el riesgo de recaída.
Decíamos que con la aplicación del tratamiento preventivo se trata de evitar nuevas recurrencias. Su orientación habitual consiste en mantener durante un plazo mínimo de dos años el mismo tratamiento farmacológico que permitió obtener la recuperación del enfermo. La tendencia a disminuir la dosis antes de llegar al final del plazo mínimo, es una medida de aplicación individual que exige mucha cautela. No pocos enfermos depresivos se han desestabilizado en esta fase por no haberse mantenido en la misma dosis.
El tratamiento preventivo de los enfermos depresivos diagnosticados de trastorno bipolar exige una orientación peculiar y específica. Con independencia de los fármacos utilizados para conseguir la remisión de los síntomas agudos depresivos o hipertímicos, a partir de haberse conseguido esta remisión, por lo tanto incluso ya durante la fase de consolidación de la mejoría, son los psicofármacos psicoestabilizadores o timorreguladores la medicación indicada. El uso de medicamentos antidepresivos fuertes está casi siempre contraindicado en los bipolares y en los ciclotímicos en atención a que pueden acortar los ciclos, al extraer al enfermo de las garras de la depresión para precipitarlo por el tobogán de un episodio hipertímico.
El uso de los psicoestabilizadores exige no sólo un control clínico periódico sino la vigilancia sistemática de la tasa plasmática del medicamento, para lo cual se efectuará la extracción de la sangre en ayunas, diez horas después de la última toma del fármaco.
A la cabeza de esta familia de psicofármacos psicorreguladores figura el carbonato de litio. Su dosis habitual oscila entre 1200 y 2000 mg, fraccionada en dos o tres tomas. Se suele reservar la toma más alta para la noche. El nivel de litemia (tasa plasmática del litio) considerada idónea en el tratamiento preventivo oscila entre 0.6 y 1.00 mUq/l (mili equivalentes por litro). A partir de los 50 o 60 años la dosis terapéutica del litio, así como la tasa de litemia efectiva, suele ser mucho menor.
En los enfermos tratados con litio la litemia desciende cuando se retuerza la sal de las comidas. Lo contrario sucede si comienzan a tomar la comida más sosa. Por ello, se impone la rutina de que al consumir más sal se eleve algo la dosis de litio, y al revés.
La contraindicación fundamental para el tratamiento con litio viene impuesta por la insuficiencia renal o cardiaca. Durante el embarazo no es preciso suspender el litio, en contra de lo que antes se postulaba. Una vez al año debe efectuarse una prueba de funcionamiento renal y una determinación de la tasa plasmática de sustancias tiroideas.
La eficacia del litio se refuerza muchas veces asociándolo a la carbamazepina. De todos modos, su efectividad, ni siquiera con este refuerzo, se muestra suficiente en el tratamiento de los enfermos bipolares conocidos como cicladores rápidos (tres o más ciclos de hipertimia/depresión al año). La estabilización de los cicladores rápidos puede obtenerse casi siempre recurriendo al valproato, a la gabapentina o a la asociación de ambos productos. En los cicladores rápidos está rigurosamente contraindicada la administración de antidepresivos, porque la ciclación se volvería todavía más rápida. Esta contraindicación no deja de ser una paradoja que vulnera la lógica de la depresión.
Desde el inicio del tratamiento es conveniente acompañar la medicación con una psicoterapia cognitivo-conductual hecha sobre la marcha, aprovechando las sesiones de control clínico, con objeto de corregir la actitud pesimista del enfermo con la aportación de informaciones claras y precisas y orientar de un modo conveniente su conducta con un plan de vida adecuado. Esta intervención psicosocial, habrá de adaptarse más y mejor a las condiciones de cada enfermo una vez remitida su sintomatología. La intervención psicosocial será un acompañamiento ineludible de la administración de medicamentos durante las fases terapéuticas de recuperación y de prevención.
La guía para el plan de vida del enfermo, válido para acelerar la recuperación y consolidar la prevención, coincide con el sistema de pautas individuales recomendado para evitar la depresión.
A medida que se vaya produciendo la remisión de los síntomas depresivos, se irá perfilando la técnica más adecuada de psicoterapia breve para corregir los elementos personales de vulnerabilidad. Volveremos sobre este punto en el capítulo dedicado a la psicoterapia.
 
 
La psicoterapia en el enfermo depresivo y otras estrategias complementarias –
 
El adecuado tratamiento de todo enfermo depresivo se desarrolla en tres perspectivas: la acción química por medio de la farmacoterapia; la acción psíquica a través de la psicoterapia, y las normas de vida integradas por la socioterapia. De la socioterapia hemos dado cumplida cuenta en el prefacio, ya que para su aplicación resulta imprescindible la colaboración de los familiares, plan de vida al que deben asociarse las actividades individuales en que se basa la prevención de la depresión. La afirmación de que el medicamento es el vehículo principal responsable de la remisión de la sintomatología y por ende de los sufrimientos del enfermo, no supone una merma para la importancia de la psicoterapia. La psicoterapia resulta imprescindible ante todo enfermo depresivo para lograr un doble objetivo: en la primera fase, durante la recuperación del enfermo, la meta psicoterapéutica es la de potenciar y complementar la acción del medicamento; y una vez el enfermo recuperado, en la fase de tratamiento preventivo y ya algo antes, se trata de reforzar la personalidad con la disminución de su vulnerabilidad y con la estimulación de la capacidad para establecer y mantener relaciones interpersonales.
La psicoterapia inicial en el enfermo depresivo agudo se desarrolla con la técnica de la psicoterapia cognitiva, porque es la única forma de psicoterapia posible. Se trata ante todo de corregir las erróneas cogniciones {ideas, informaciones y actitudes) del enfermo sobre sí mismo. La depresión se autoalimenta en tanto en cuanto es fuente de pensamiento y actitudes del todo negativas en torno al yo, al vínculo con el mundo exterior ya lo que deparará el futuro. Así abundan afirmaciones de este cariz: «yo soy un inútil», «no cuento con nadie para ayudarme», «la enfermedad es incurable y el sufrimiento no tendrá fin». El enfermo se automortifica así en las tres vías: la escasa satisfacción de sí mismo, la subestimación de los refuerzos positivos recibidos del exterior y la convicción de un futuro cerrado.
La tarea psicoterapéutica no es fácil ni sencilla ante este panorama porque las producciones automáticas depresivas las refuerza el propio enfermo con razonamientos erróneos, en forma sobre todo de generalizaciones abusivas, absolutizaciones ilógicas (verlo todo como definitivo), ampliaciones o minimizaciones poco razonables {evaluación por exceso o por defecto), pensamiento dicotómico o maniqueo (división de las experiencias en dos categorías opuestas: bueno o malo, falso o verdadero, etc.); personalizaciones (establecimiento de una relación entre el acontecimiento externo y la persona sin una base suficiente para ello).
La acción de la psicoterapia cognitiva trata a la vez de sustituir los pensamientos negros sobre el yo, el ambiente y el futuro por imágenes agradables y de modificar los razonamientos distorsionados. Por ello, el psicoterapeuta cognitivo se centra en aportar una información realista y bien elaborada y en adiestrar al enfermo para no aceptar los pensamientos automáticos depresivos y reemplazar los razonamientos equivocados por interpretaciones realistas.
La aportación de información atinada para conducir al enfermo a una visión realista de su situación, representa el primer alivio que se le puede proporcionar, ya en el punto inicial del tratamiento. Además se consigue con ello una disposición más favorable a seguir la pauta terapéutica sobre todo la administración de los medicamentos. Hasta muchas veces se obtiene una mejor tolerancia de la medicación y una reducción de los efectos colaterales desagradables de los medicamentos, sobre todo cuando el manejo de estos productos proviene de un terapeuta grato con el que se ha establecido una relación psíquica directa. En cambio, tales efectos de intolerancia y de efectos adversos se multiplican cuando el fármaco ha sido prescrito por un especialista poco apto para la psicoterapia, sea por desconocer la técnica, sea por poseer una personalidad poco cordial y de escasa capacidad comprensiva. En este sentido podríamos calificar como placebo a los terapeutas de personalidad grata, ya que con su actitud facilitan la acción favorable de los medicamentos a través de un mecanismo psíquico, ya los de personalidad desagradable como nocebo, o sea placebo negativa, ya que de esta personalidad se derivan efectos medicamentos os adversos.
La técnica cognitiva asociada con la técnica comportamental acrecienta su eficacia. Para ello es suficiente elaborar un programa de actividades que abran el cauce a situaciones en las que el enfermo puede encontrar placer o mostrar su capacidad o su habilidad.
A medida que el enfermo se va recuperando de sus síntomas, a causa sobre todo de que la acción del medicamento va tomando plena marcha, lo que suele ocurrir entre las primeras tres y seis semanas, la psicoterapia toma una mayor efectividad y cambia un tanto de orientación, al encontrarse con un enfermo ya más propicio para colaborar en sí mismo y en las conexiones con el exterior. La psicoterapia cognitiva, al remitir los síntomas depresivos y reanudarse la apertura al exterior, deja paso paulatinamente a la técnica centrada en la vertiente externa del individuo, o sea la otredad, que es la psicoterapia interpersonal. Las entrevistas terapeuta/enfermo se orientan a partir de ese momento hacia dos objetivos: primero, el de fomentar la capacidad de aceptarse a sí mismo y elaborar una autoestima suficiente; segundo, el de fomentar la capacidad de aceptar a los demás, corregir las relaciones conflictivas y estimular la capacidad para establecer y mantener relaciones interpersonales adecuadas.
La psicoterapia interpersonal se desarrolla, por tanto, como si fuera una intervención psicosocial. Constituye la acción psicoterapéutica propia de la fase del tratamiento preventivo. Su objetivo primordial es la evitación de nuevos episodios, naturalmente. Por ello no tiene nada de extraño que una de sus indicaciones imprescindibles sea la depresión unipolar recurrente.
Las técnicas de psicoterapia cognitiva y de psicoterapia interpersonal, aplicadas sucesivamente en los enfermos depresivos como acabamos de exponer, coinciden en estos cuatro rasgos básicos: ambas son psicoterapias activas (intervención activa del psicoterapeuta), directivas (con metas dirigidas por el psicoterapeuta, más en la cognitiva que en la interpersonal), breves (su extensión máxima es una sesión semanal durante un período de tres a cuatro meses) y realistas (centradas en la situación presente del enfermo).
De esta suerte la psicoterapia adecuada para los enfermos depresivos se desarrolla íntegramente en sus dos secuencias habituales dentro de la psicoterapia breve. Quedan sujetos aquí a excepción exclusivamente los depresivos neuróticos, o sea los afectados por una depresión secundaria a un trastorno neurótico, llamados distímicos en los libros estadounidenses. En estos depresivos, una vez lograda la remisión bastante completa de la sintomatología de la depresión, es preciso ocuparse del tratamiento del cuadro neurótico sin abandonar por ello la medicación antidepresiva. La mayor parte de las depresiones neuróticas se desarrollan sobre la base de una neurosis de carácter y la fracción restante sobre una neurosis de angustia o una neurosis fóbica. Mientras que la psicoterapia selectiva toma una vía distinta en las tres modalidades de neurosis, la medicación indicada es prácticamente la misma: la asociación de un tranquilizante menor (benzodiazepina de vida media larga o buspirona) durante el día, potenciado o no con propanolol u otro betabloqueante, y al acostarse un hipnofacilitador. En la neurosis de carácter, la neurosis que con mayor frecuencia sirve de condicionante a la depresión neurótica, la psicoterapia selectiva es el método psicoterapéutico marcado por Adler para neutralizar el sentimiento de inferioridad. Se trata de una modalidad de psicoterapia comprensiva breve, que no exige nunca más de veinte sesiones, con lo que se consigue que el enfermo se comprenda a sí mismo a través sobre todo de la captación del sentido de su inseguridad y de la índole de su sentimiento de inferioridad. En consecuencia, se eleva automáticamente su autoestima. Resulta increíble que un método capaz de transformar la personalidad neurótica en una personalidad segura, flexible y sin inhibiciones, haya atraído en una proporción tan escasa la atención de los psicoterapeutas, hasta el punto de que casi resulta un método hoy desconocido. En la neurosis de angustia la técnica psicoterapéutica más eficiente es la del psicoanálisis breve, descrita hace tiempo por los psicoanalistas norteamericanos French y Alexander. Para la neurosis fóbica, el remedio más eficiente lo encontramos en las técnicas de terapia del comportamiento que conducen al fóbico al enfrentamiento precoz con la situación o el objeto fobógeno.
Entre las terapias antidepresivas complementarias las que han alcanzado la mayor aplicación son la fototerapia y la cronoterapia.
La fototerapia consiste en estimular al enfermo con una luz fluorescente blanca brillante, de espectro completo, de intensidad entre 2500 y 3000 lux. Ello equivale aproximadamente a la cantidad de luz que se registra en un día de primavera cuando se mira a través de una ventana y representa la acción de multiplicar por cinco la iluminación normal presente en cualquier local. La aplicación de esta luz artificial se efectúa en sesiones de alrededor de dos a cuatro horas durante un período de dos a cuatro semanas.
Con esta estimulación luminosa se trata de bloquear la secreción de la melatonina, hormona depresógena que inhibe la secreción de las glándulas endocrinas genital y tiroidea. Los niveles altos de melatonina son frecuentes en los enfermos depresivos y a medida que el fotoperíodo es más corto, como sucede en el invierno, se eleva la secreción de melatonina, lo contrario de lo que acontece en el verano.
La fototerapia está indicada sobre todo en la depresión estacional, una forma de depresión que suele presentarse en el tránsito del otoño al invierno, durante los meses de noviembre y diciembre, y no remite antes de transcurrir unos cuatro meses, por lo común antes del comienzo de la primavera. Cursa con síntomas vegetativos atípicos, en forma de un exceso de sueño y apetito y elevación del peso. Algunas veces toma una forma bipolar combinándose con un estado hipomaníaco durante el verano.
La fototerapia permite en algunos casos reforzar los efectos favorables de la terapia farmacológica. Hay diversos sucedáneos de la fototerapia, factores capaces de inhibir la secreción de melatonina, como el desplazamiento del enfermo depresivo a los países del Sur y la administración de un betabloqueante tipo propanolol o atenolol, o de la levodopa más la decarboxilasa incorporada, combinación muy utilizada en el tratamiento del síndrome parkinsoniano.
La cronoterapia es asimismo un recurso terapéutico complementario, especialmente válido para las depresiones refractarias al tratamiento habitual. Se desdobla en dos pautas posibles: la privación de la segunda mitad del sueño un día a la semana o el adelantamiento habitual del momento de acostarse y dormir en una hora o más.
Ambas pautas persiguen adelantar la presentación del sueño lento, el sueño acoplado con la vigilia, que, por depender de un regulador interno débil, obedece con docilidad y rapidez a los cambios del horario, lo contrario de lo que ocurre con el sueño rápido. Con este adelantamiento del sueño lento se facilita su integración sincronizada, o sea la resincronización con el sueño rápido, que en un gran sector de depresivos se encuentra en una fase avanzada con relación al sueño lento.
Los resultados obtenidos por lo general con las técnicas de cronoterapia no pasan de ser discretos y transitorios, por cuyo motivo su aplicación se ha reducido a una minoría de enfermos refractarios a los fármacos habituales. Naturalmente, con su aplicación se trata de reforzar la acción terapéutica de estos fármacos y nunca se prescinde de la terapia habitual.
Últimamente se ha incorporado a estas técnicas complementarias, buscando neutralizar la anormalidad neuroquímica singular o plural existente en todo enfermo depresivo, la aplicación de la estimulación magnética transcraneal. Se asegura que el efecto dura más que la estimulación, y se extiende más allá del área estimulada a otras áreas cerebrales.
En las depresiones recurrentes en la mujer la dieta baja en calorías (1000 calorías diarias) es un recurso que ha servido algunas veces de refuerzo efectivo al tratamiento farmacológico. En mi experiencia personal, el mayor apoyo terapéutico prestado por esta dieta al tratamiento farmacológico se produce en las depresiones premenstrual y perimenopáusica cuando se acompañan de aumento de peso.
 

Beber vino con moderación (de 2 a 7 copas a la semana) puede asociarse a un menor riesgo de desarrollar depresión, según las conclusiones de una investigación de la Red Predimed (Prevención mediante Dieta Mediterránea), publicada en la revista ‘BMC Medicine’.

Los resultados del estudio sugieren que «sólo con moderadas cantidades de alcohol, consumidas preferentemente en forma de vino, se puede obtener un efecto protector frente a la depresión, similar al que se ha observado para la principal enfermedad cardiovascular: la enfermedad coronaria».

Así lo ha destacado, a través de un comunicado, el catedrático de la Universidad de Navarra Miguel A. Martínez-González, director de este trabajo de investigación multicéntrico.

Según ha detallado, la Red Predimed ha trabajado durante siete años en el seguimiento de una cohorte de 5.500 bebedores con consumos ligeros y moderados de alcohol, de entre 55 y 80 años. «Los hallazgos mostraron una asociación inversa entre estos niveles bajos-moderados de alcohol y la ocurrencia de nuevos casos de depresión», ha indicado Martínez-González.

En opinión del experto, estudios previos apuntan que consumos intensos de alcohol conducen a problemas de salud mental, como la depresión. En cambio, «pocos han valorado la relación entre la salud mental y un consumo bajo-moderado de alcohol». «Nuestros hallazgos han mostrado una asociación inversa entre estos niveles bajos-moderados de alcohol y la ocurrencia de nuevos casos de depresión», ha apuntado.

El catedrático de la Universidad de Navarra ha precisado que los investigadores estudiaron sólo a aquellos voluntarios que, al inicio del estudio, nunca antes habían sufrido una depresión ni habían tenido problemas previos relacionados con el consumo de alcohol.

Factores como el consumo de alcohol, salud mental y estilo de vida se valoraron repetidamente mediante visitas en persona, repetidas con carácter trimestral, en las que se les realizaron exámenes médicos, entrevistas con dietistas y una amplia variedad de cuestionarios.

Se encontró que quienes tenían la costumbre de beber cantidades moderadas de vino (de 2 a 7 copas a la semana, sin superar una copa al día) era menos probable que desarrollasen una depresión. Estos resultados siguieron siendo significativos también cuando los investigadores tuvieron en cuenta y ajustaron sus hallazgos por diversos factores sociales y de estilo de vida como el tabaco, la dieta o el estado civil.

Martínez-González concluye que «pequeñas cantidades de ingesta de alcohol pueden ejercer una protección de modo similar a lo que se ha venido observando para la enfermedad coronaria». «De hecho, se piensa que la depresión y la enfermedad coronaria comparten diversos mecanismos causales comunes», ha explicado.

Asimismo, ha resaltado que investigaciones previas han indicado que algunos componentes no alcohólicos del vino, como el resveratrol y otras sustancias fenólicas, pueden tener funciones beneficiosas en algunas áreas cerebrales.

Una relación de larga duración puede conservar mucho del encanto de los primeros tiempos, para lograrlo se necesita creatividad, vencer la pereza y las cómodas rutinas. Diez recomendaciones para mantener viva la emoción y la ilusión.

1. Cada día en plan de conquista
Dar por hecho que ya se ganó la partida y que no hay que hacer nada más para conquistar al otro, es el primer paso para el deterioro de la relación. Recordar las estrategias más útiles al comienzo de la relación y aplicarlas, así como nuevas acciones basadas en el conocimiento que se tiene de la pareja, mantendrán la chispa y la emoción y evitan que el otro o uno mismo se convierta en algo tan obvio como el sofá de la sala.

2. Tener una vida propia
Cuando todas las experiencias que se tienen se viven en pareja, llega un punto en que no hay nada nuevo de qué hablar. Tener amigos propios, intereses individuales, actividades independientes de la pareja, es conveniente tanto para la persona como para la relación: oxigena, da temas de conversación, propicia nuevas actividades, nuevos amigos, en resumen, enriquecen la cotidianidad.

3. Modificar rutinas
Las rutinas prevalecen porque son cómodas, pero se pueden volver automáticas y por lo tanto pierden la emoción. Romperlas es más fácil de lo que se cree. Es darle espacio a la espontaneidad, atreverse a hacer propuestas fuera de lo común y cambiar la comodidad por la acción. Por ejemplo, aprovechar un día soleado en la semana y encontrarse en algún lugar de la ciudad después del trabajo para conversar mientras cae la noche.

4. Interesarse por lo que hace el otro
Los hobbies, gustos, intereses y el conocimiento del otro, pueden aportarle mucho al universo propio. Siempre habrá un ángulo de lo que el otro hace, que puede generar curiosidad en la pareja. No es decir simplemente “no me gusta el fútbol” sino intentar comprender por qué le gusta al otro. Con esta actitud se vencen prejuicios y se amplían horizontes. Además, se crean espacios para compartir.

5. Tener momentos exclusivos para compartir entre dos
Cuando hay niños de por medio, es poco el espacio que se tiene para compartir en pareja. Los abuelos, los tíos, la familia en general, pueden ser de gran ayuda para tener algunos momentos a solas. También en la vida cotidiana se pueden reservar algunos espacios para vivir en pareja: cuando ya se han acostado los niños o temprano, antes de que se levanten. El hecho es nunca olvidar que el otro, fuera de ser “el papá o la mamá de mis hijos, es mi pareja”.

6. Una buena relación sexual
En la sexualidad influyen la biología, pero también la psicología de ambos. El estrés  y el cansancio diarios no son los mejores acompañantes para una relación. La risa, por el contrario, distensiona y permite un acercamiento más tranquilo. Buscar o crear ambientes adecuados (también emocionales) y evitar los encuentros “automáticos” son buenas formas de mantener una relación dinámica y emocionante. Preparar la comida juntos, sin prisa y anunciándolo de antemano de manera que ambos estén en la misma tónica, es una buena manera de disponerse para el sexo.

7. Ser siempre un reto
Dice Eduardo Punset, científico español, que uno de los factores fundamentales del Homo sapiens para ser feliz es tener un reto, algo que se tenga que lograr. Aquello que se cree ya conseguido, pierde interés. El concepto de incondicionalidad en la pareja es peligroso y promueve actitudes y acciones irresponsables: “Estarás ahí, haga lo que haga”. Cuando ambas personas tienen claro que tienen que “ganarse” día a día al otro, aportan lo mejor de sí y hacen su mayor esfuerzo para que la relación continúe.

8. Hacer de las caricias una novedad
En las caricias convive lo instintivo y lo racional. La ternura, la solidaridad, el apoyo, son sentimientos que se expresan muchas veces con mayor claridad y contundencia con un abrazo o un apretón, que con palabras. Las caricias tienen un efecto terapéutico, disminuyen el estrés, relajan y crean un vínculo irremplazable. Su efecto positivo es tanto para quien las da como para quien las recibe. Se puede acariciar con las puntas de los dedos o con la mano entera, con el dorso o con un simple juego de dedos. Son cientos las formas para explorar y expresarle sentimientos al otro.

9. Ser compinches
Antes que ser pareja, es importante que ambos sean amigos. La vida no puede convertirse sólo en obligaciones y responsabilidades. Se está construyendo una vida y un futuro en común, pero también se necesitan espacios de distensión, de ocio, de diversión y picardía. Ser compinches de pequeñas locuras, crea un vínculo fortísimo y gratificante.

10. Evitar ser el “típico” en cualquier cosa
Liberarse de los estereotipos o evitar caer en ellos es una forma de mantener la “identidad”. Cada cual construye su día y su vida a su manera. Es fácil hacerlo según las recetas prehechas de la sociedad (la señora cantaletosa, el señor malhumorado e indiferente frente a lo doméstico…), pero es más enriquecedor y gratificante hacerlo según la fórmula propia.

Una relación de pareja es como una planta que debe cultivarse día a día. Los detalles y la paciencia con el otro son la base para que una relación amorosa funcione y perdure en el tiempo. Siguiendo los anteriores consejos podrás mejorar tu relación de pareja de tal manera que la armonía y la felicidad visiten de nuevo tu corazón. Apréndelos y practícalos.
Si tienes problemas en tu relación de pareja y te gustaría solucionarlos, pide ayuda en nuestro centro de psicología clínica de Mataró. Estamos especializados en terapia de pareja y en terapia familiar.