Pasamos gran parte de nuestro tiempo pensando en aquello que no hemos hecho, recordándonos nuestros errores, o focalizados en el futuro, preocupándonos por lo que pueda pasar, por lo que vendrá. Vamos saltando de un pensamiento a otro, de pasado a futuro, de futuro a pasado… Sin darnos cuenta, nos encontramos casi totalmente desvinculados de nuestro presente, del ahora, del momento actual. Y lo que es peor, difícilmente somos conscientes de la potencia que puede tener conseguirlo. 

¿Qué nos impide focalizarnos en el presente? Son muchos los factores que inciden, tanto externos como internos o personales, nadie está exento de ellos, y además todos interaccionan entre sí. Por un lado, las responsabilidades diarias como el cuidado familiar o el rendimiento en el trabajo pueden desviarnos de la conexión con el momento actual. Además, esto nos lleva claramente a la balanza de prioridades: aunque cada uno define las suyas, es muy fácil considerar que rendir a un determinado nivel es lo importante, o que los demás deben estar bien, y luego ya nos lo permitiremos nosotros, cuando tengamos tiempo… Todo esto, claramente inmerso en una presión social continua donde se valora la proyección, el crecimiento y la productividad continúa por encima de la salud y el bienestar emocional. 

¿Cómo podemos fomentar pues conectar con el ahora? 

  • Autoobservación: En primer lugar, debemos ser observadores de nosotros mismos, a ser conscientes de lo que nos preocupa y de nuestro estado emocional, y ver cuánto tiempo dedicamos a preocupaciones pasadas o futuras.

  • Normalización: El siguiente paso es legitimar el hecho de estar preocupados, de tener un mal día, o de sentirnos cansados o incluso molestos. Tras identificar nuestro estado mental y emocional, conviene no juzgarlo, no culpabilizarnos por ello. 

 

  • Anclaje en el presente: Esto se refiere a atender, valorar y analizar minuciosamente lo que estemos haciendo “ahora”. Esta parte es especialmente potente. Desde que nos levantemos, procurar analizar todo lo que vayamos haciendo y percibiendo, los colores, las sensaciones, los olores, todo lo que esté sucediendo en este preciso momento. 

  • Permitirnos: Sin nuestro propio permiso no será posible. Somos nosotros los que debemos darnos esta oportunidad, y fomentar momentos de observación e introspección, y comprobar que no por ello dejamos de lado nuestras obligaciones, sino que incluso mejora nuestro rendimiento en ellas al no haber un desgaste previo a través de la anticipación o preocupación constante. 

Junto a estas, y especialmente vinculado al último proceso, resulta clave dedicarnos momentos a nosotros, a lo que nos gusta y nos hace sentir bien. Si lo pensamos, nos resultará más fácil conectar con lo que estemos haciendo si es algo agradable, que no si supone una obligación o algo que no nos resulte motivante. 

Orientaciones como el mindfulness trabajan especialmente en este mecanismo. En nuestro centro somos especialistas en ésta y otras intervenciones como la Terapia Cognitivo-Conductual, la Terapia Sistémica, o el EMDR. Si deseas recibir más información ponte en contacto con nosotros, estaremos encantados de ayudarte. 

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