Las enfermedades psicosomáticas se definen como aquellas alteraciones en las que aparecen síntomas físicos los cuales no pueden ser explicados, total o parcialmente, por una enfermedad física u orgánica, y en las que los factores psicológicos/emocionales juegan un papel crucial en su desarrollo y/o mantenimiento. En este sentido, existe una amplia evidencia acerca de la relación cuerpo-mente, conociéndose una gran variedad de patologías causadas y amplificadas por problemas como el estrés o la ansiedad

 

Entre ellas el Síndrome del Intestino Irritable (SII) es un trastorno funcional de la motilidad del tracto intestinal, el cual no se explica por alteraciones orgánicas, y caracterizado por dolor abdominal que mejora tras la defecación y alteraciones en ésta última como necesidad urgente de defecar, estreñimiento o diarrea, distensión abdominal, o pesadez. Se estima que afecta a un 10-20% de personas en países occidentales, y afecta al doble en mujeres que en hombres. Además, suele presentarse más en jóvenes (antes de los 30 años), aunque se ha evidenciado un segundo pico pasados los 65-70 años. Por otro lado, no se ha conseguido determinar una única causa que explique su aparición, hablándose de una interacción de factores fisiológicos (p.ej., hipersensibilidad visceral, alteraciones de la motilidad intestinal o disfunciones en la relación cerebro intestino) y psicosociales. 

 

Entre estos últimos, el estrés y la ansiedad juegan un papel crucial, pero junto a estos, existen variables personales que predisponen a que se acentúen ciertos síntomas: la baja autoestima, la autoexigencia, la tolerancia/intolerancia a la incertidumbre y a la frustración, la necesidad de aprobación, y la rigidez a la hora de cumplir con ciertas normas sociales. Así, las personas que reaccionan de manera desproporcionada a las molestias físicas o muestran un miedo intenso a desarrollar una enfermedad, o las que han experimentado una situación de estrés (problemas en el trabajo, fallecimiento de un ser querido, historia de abusos…), son más propensas a desarrollar el síndrome. 

 

Por todo ello, la comprensión y el abordaje de esta dificultad debe tener un carácter multifactorial y multidisciplinar, el cual se centre tanto en los síntomas puramente físicos o médicos, y los psicológicos. De esta forma, se requerirá un examen médico completo junto con una evaluación del estado mental y emocional de la persona para diseñar un tratamiento lo más adecuado posible. La Terapia Cognitivo-Conductual o la Terapia de Aceptación y Compromiso han demostrado amplia evidencia al respecto, utilizando técnicas como la psicoeducación, la relajación/respiración, el Mindfulness o la Reestructuración Cognitiva, las cuales se encara a que la persona comprenda y asuma más control de su enfermedad, y a la vez aprenda a regular los síntomas desde diferentes componentes: físico, mental y emocional. 

 

Todas las patologías, sean de índole psicógena o física, poseen una gran relevancia desde el punto de vista emocional. El impacto que pueden generar en la persona y en los seres cercanos puede ser realmente elevado. Si deseas obtener más información, contacta con nuestro equipo de psicólogos y psiquiatras de Mataró, te proporcionaremos toda la ayuda que necesites.