Pasamos gran parte de nuestras vidas experimentando innumerables emociones, incluso si lo pensamos, es difícil calcular por las que hemos pasado a lo largo de un mismo día. De hecho, resulta complicado concretar alguna ocasión en la que no hayamos sentido nada (incluso en el sueño las experimentamos!). Por ello, éstas forman parte inevitable de nosotros, dándole sentido y color a nuestro mundo. Algunas, especialmente las agradables, las clasificamos y entendemos como positivas (alegría, confianza, esperanza, amor…); pero otras, en cambio, las ponemos en el cajón negativo, teniendo en cuenta el malestar o la limitación que producen.

 

Esta última idea se encuentra estrechamente vinculada al término presentado, la Mochila Emocional. Podemos definir ésta como el peso que acumulamos a través de ciertas experiencias, y en el que vamos añadiendo o escondiendo, todas aquellas emociones que nos han afectado negativamente, y que se asocian en su mayoría, a situaciones negativas que nos ha costado afrontar. Su contenido, pues, está conformado de una mezcla de recuerdos, experiencias y sentimientos de diferente tamaño o intensidad, que hemos decidido (consciente y/o inconscientemente), bloquear. Si no aprendemos a vaciar la mochila de experiencias negativas, cuanto más tiempo pase, más cargada la tendremos, y mayor peso deberemos soportar, lo cual repercutirá tanto a nivel físico como psicológico o emocional, pudiendo sufrir tanto fatiga o cansancio, tensión, dolores musculares… como tristeza, culpa, ansiedad, problemas de autoestima… Repercutiendo además, en nuestras relaciones y nuestro día a día. 

 

Vaciarla, soltando todo aquello que nos tiene presos del pasado y nos quita energía, nos permitirá avanzar. Aceptar nuestros errores, identificar, observar y conocer nuestras emociones, valorar nuestros avances y nuestras fortalezas, y, sobre todo, aceptar lo que experimentamos y vivimos sin luchar contra ello, nos hace dueños de nosotros mismos, ayudándonos a tener un mayor control. Se trata de un proceso de afrontamiento y de aprendizaje en el que el olvido, la represión, la evitación, y sobre todo, el autocastigo, deben dejarse a un lado, dando paso a la observación, identificación, y por encima de todos, la aceptación. 

 

Si deseas conocer más acerca de este tema, o te gustaría aprender o conocer estrategias para este o cualquier otro aspecto, en nuestro centro de Psicología, en Mataró, te proporcionaremos toda la ayuda e información que necesites. Llámanos, estaremos encantados de atenderte.

Son muchos los autores que han dejado su huella, no solo en el mundo de la psicología y la salud mental en general, sino en el mundo entero. Entre ellos, uno de los más relevantes es Abraham Maslow (1908-1970), psicólogo estadounidense considerado uno de los artífices y fundadores de la Psicología Humanista. Esta corriente, a grandes rasgos se caracteriza por postular la existencia de una tendencia humana básica hacia el bienestar mental y emocional, manifestándose u obteniéndose a través de procesos como la búsqueda de autorrealización o de actualización. Y su teoría estaría en congruencia con este principio.

La pirámide o jerarquía de las necesidades de Maslow es una teoría que propone que la satisfacción de ciertas necesidades más básicas o subordinadas, dará lugar al cumplimiento o generación progresiva de otras necesidades más elevadas o superordinadas, hasta llevar a la autorrealización. La no satisfacción de algunas de las necesidades será el factor responsable de las alteraciones emocionales y de la conducta. Las principales categorías o necesidades de la pirámide son:

  • Necesidades básicas o fisiológicas: corresponden al primer eslabón de la pirámide. Según el propio autor, son las únicas que se encuentran inherentes en todos nosotros, y resultan claves para la supervivencia. Englobarían respirar, alimentarse, vestirse, hidrataarse, el sexo, etc. 
  • Necesidades de seguridad: aquí buscamos mantener y crear una situación de orden y seguridad en nuestras vidas. Entroncaría principalmente una seguridad física (la salud), económica (tener un mínimo de ingresos), de vivienda, entre otros. 
  • Necesidades sociales: este escalón implica el sentimiento de pertenencia a un grupo, incluyendo la familia, la pareja, los amigos, los compañeros de trabajo, etc.
  • Necesidades de estima o reconocimiento: Constituyen las necesidades de reconocimiento como la confianza, la reputación, la independencia social o las metas financieras. Dentro de la interacción social, necesitamos recibir cierta aprobación para conformar nuestra autoestima. 
  • Necesidades de autorrealización: es el quinto y último nivel, el más alto, y el cual sólo puede satisfacerse cuando todas las demás necesidades han sido cubiertas y alcanzadas. Cuando se llega a la cumbre, se considera haber alcanzado el éxito personal. 

 

Maslow marcó una época con sus aportaciones, y si lo pensamos, cada uno de sus escalones puede representarnos en cierta manera, o incluso, en cierta manera, la búsqueda de ellos. Todos tenemos una serie de necesidades, las cuales podemos distribuir por ámbitos, siendo el personal y el social o interpersonal dos categorías claves para englobarlas y comprenderlas. Dentro de ellas, surgirán conflictos, alteraciones, o incluso patologías en forma de problemas de ansiedad, tristeza o depresión… Su afrontamiento y resolución conllevará satisfacer una serie de necesidades, y, por lo tanto, la obtención de bienestar físico y emocional. 

 

La Psicología Humanista es una de las orientaciones que existen dentro de la psicología clínica, junto a otras como la Sistémica o la Cognitivo-Conductual. Si deseas conocer más acerca de ellas, o crees que pueden beneficiarte, ponte en contacto con nuestro equipo, situado en Mataró, te proporcionaremos toda la información que necesites.

La llegada de un hijo es un gran acontecimiento, y supone una nueva etapa que suele llevar consigo una inmensa ilusión y felicidad. Tener un nuevo miembro en la familia supone un gran cambio, y para los padres puede suponer un paso más hacia la realización tanto personal como de la pareja o matrimonio. Junto a esto, pero, en ocasiones este acontecimiento puede producir un estado algo diferente al comentado, el cual es conocido como Baby Blues

 

Este, es un fenómeno psicológico vinculado a la maternidad caracterizado por alteraciones en el estado de ánimo en las cuales se observa una tristeza, irritabilidad, cambios de humor, cansancio y decaimiento emocional. Se trata de un estado que puede durar de minutos a horas, y hasta las dos semanas siguientes al parto, y se considera muy frecuente entre las madres primerizas. Hay que tener en cuenta, que los síntomas no llegan a interferir significativamente en la vida de la persona, lo cual permite distinguirlo de la Depresión Mayor, y específicamente de la depresión postparto, en la cual sí se observa esta limitación funcional. Esto significa que aunque el baby blues conlleva malestar, no incapacita a la mujer para llevar a cabo la rutina del día a día y, por tanto, no les disminuye su autonomía. 

 

¿Cuáles son sus principales manifestaciones? Además de las citadas, se encuentran:

 

  • Problemas de sueño (insomnio).
  • Disminución del apetito.
  • Sensación de malestar y tristeza generalizada. 
  • Pérdida de energía.
  • Llanto espontáneo. 

 

En cuanto a sus causas, éstas son difíciles de determinar, aunque se habla de una influencia bidireccional entre lo biológico y lo ambiental. De esta forma, se propone que los cambios bruscos a nivel hormonal que se producen en la madre después del nacimiento pueden ser importantes. Así, los estrógenos, la progesterona, la serotonina y la prolactina se han mostrado implicadas. Por otro lado, la necesidad de dar una buena atención al bebé produce un desgaste psicológico y físico, juntamente con la reacción del entorno. 

 

Existen diferentes fenómenos psicológicos y emocionales los cuales no necesariamente debemos englobar en patologías concretas, y los cuales acostumbran a ser transitorios. Sólo si generan una limitación o malestar importante y/o perduran un tiempo significativo, deben ser abordados profesionalmente. Nuestro equipo de psicólogos y psiquiatras, en Mataró, te puede facilitar toda la información que necesites acerca de este o cualquier otro tema. No lo dudes y contacta con nosotros, te ayudaremos.

Vivimos en una sociedad donde la accesibilidad y la inmediatez son cada vez mayores. Estamos inmersos en un mundo progresivamente más tecnológico, donde la proliferación de herramientas para conocer y acceder a casi cualquier contenido es impresionantemente rápida. Esto tiene sus obvias ventajas, y difícilmente nos quejamos de que esto sea así, pero a veces podemos obviar sus desventajas, y sobre todo sus negativas consecuencias para nuestra salud física y emocional. Entre ellas, claramente está la impaciencia; aprendemos a tener y quererlo todo de inmediato. La impulsividad; actuando de forma rápida y precipitada en muchas ocasiones. Las alteraciones como la ansiedad y el estrés al estar sometidos a un flujo de información e interactuación tan potente y constante. Y la incapacidad para postergar nuestros intereses o motivaciones inmediatas.

 

Este último aspecto tiene especial relación con lo que aquí comentamos, la demora de la gratificación. Este concepto fue propuesto en 1960 por el psicólogo Walter Mischel, el cual realizó un experimento muy sencillo con niños: básicamente ponía a prueba su capacidad para autocontrolarse situándolos en una sala, con una golosina delante, durante unos minutos hasta que el examinador regresara. Si cuando éste volviera, el niño no había comido la golosina, eran premiados con una golosina más. Los perfiles eran diversos, desde el que se lo comía de inmediato, hasta el que tardaba algo más, y hasta aquellos que esperaban a que volviera, consiguiendo el segundo premio. Pero esto no terminó aquí; años después se volvió a examinar a adultos que habían pasado por el experimento, y aquellos que habían conseguido vencer la tentación, eran los que habían desarrollado una mejor carrera académica y laboral. 

 

De esto se dedujo la importancia de educar y entrenar en la capacidad de demora de gratificación, la cual se asocia a la capacidad de control y autosugestión. Así, es importante tener en cuenta en primer lugar que puede aprenderse y desarrollarse; aunque podamos nacer con más o menos capacidad, se puede entrenar, y debemos reforzarla desde la infancia, enfatizando la importancia de no conseguirlo todo de inmediato, y reforzando el esfuerzo y la constancia. Además, propicia que ganemos en autocontrol y en poder de decisión, repercutiendo clara y muy positivamente en nuestra autoestima. Junto a esto, tener la capacidad de esperar y no ceder ante lo inmediato nos proporciona la oportunidad de obtener mejores resultados, de realizar el plan a nuestra propia medida, y de ver en qué fallamos y cómo podemos resolverlo, e ir adquiriendo habilidades que nos permitan afrontar las diferentes situaciones con muchos más recursos.

Especialmente ahora nos estamos viendo forzados a demorar nuestros planes, nuestros intereses, y a reajustar nuestros objetivos constantemente, debido a una causa de fuerza mayor que atenta contra nuestra salud y la de nuestros allegados. Así, se está poniendo a prueba claramente nuestra capacidad de autocontrol. Todos podemos vencer nuestras tentaciones, y demorar la recompensa. Solo necesitamos fuerza de voluntad, motivación, adquirir una serie de habilidades y herramientas y fortalecer la confianza en nosotros mismos. 

Si deseas recibir más información, nuestro equipo de psicólogos y psiquiatras de infantil y de adultos te proporcionará todo lo que necesites. Llámanos y te atenderemos de inmediato.