Hablemos del suicidio

Hablemos del suicidio

Hablemos del suicidio

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente cada año se quitan la vida unas 800.000 personas. Además, una cantidad mucho más elevada intenta hacerlo. Se calcula que el 78% se producen en países con ingresos medianos y bajos, y es la segunda causa principal de defunción en personas de entre 15 y 29 años de edad, afectando por tanto, a población adulta y adolescente.  Junto a esto, debemos resaltar su progresivo aumento en los últimos años, donde según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2012 la tasa creció un 11,2% con respecto al año anterior. Y la ratio por género es de aproximadamente 3 hombres por cada mujer. Estos datos pues, nos reflejan la importancia que posee este tema no sólo para la salud pública, sino para toda la sociedad en general.
Existen múltiples causas y factores de riesgo asociados a este fenómeno. Entre ellos, la presencia de psicopatología es un aspecto especialmente importante. Entre un 60 y un 80% de los suicidios que se cometen se dan en personas diagnosticadas de depresión. Así, tener esta enfermedad incrementa en unas 30 veces el riesgo de suicidio respecto al riesgo de la población general. Además, aproximadamente el 50% de personas con Trastorno Bipolar han cometido un intento de suicidio, siendo el riesgo 4 veces mayor que en la depresión. También los trastornos relacionados con consumo de sustancias se encuentran estrechamente relacionados, y concretamente el abuso de alcohol. Este último pero, se entiende más como conducta consecuente de un malestar psicológico previo. En esta línea, aunque el suicidio se acostumbra a vincular al hecho de sufrir un trastorno mental específico, existen otras posibles causas. Entre ellas, los momentos de crisis que ponen a prueba nuestras habilidades de afrontamiento son particularmente relevantes. Por ejemplo, los problemas económicos, la pérdida o muerte de algún ser querido, las rupturas de relación, o la detección de alguna enfermedad crónica constituyen algunas situaciones de riesgo. También las experiencias vinculadas a violencia, desastres y abusos se encuentran estrechamente ligadas. Junto a estos, se citan también el género masculino, ser mayor de 75 años, el aislamiento social y el bajo nivel socioeconómico como otros factores de riesgo. A pesar de ello, el más peligroso con diferencia es la existencia de un intento de suicidio previo.
A partir de aquí, ¿debemos hablar y explorar el suicidio?
Existe un claro estigma en relación a los trastornos mentales y el suicidio. Esto a su vez actúa como limitación, disuadiendo la búsqueda de ayuda en aquellas personas que piensan en quitarse la vida o ya han tratado de hacerlo. A raíz de esto, el desarrollo de estrategias de prevención útiles se han visto mermadas por la falta de sensibilización respecto a este tema como problema de salud pública principal y al tabú que existe en la mayoría de sociedades para examinarlo de manera abierta. Además, uno de los falsos tópicos existentes es el de que hablar de suicidio puede activar ideas o planes de suicidio. Por el contrario, hablar de esto suele ser un alivio para los pacientes. De esta forma, un clínico está siempre moral y deontológicamente obligado a valorar la presencia posible de este síntoma en la depresión y en cualquier otro cuadro en el que se sospeche la presencia de ideas suicidas. Y en el caso de que sea un síntoma claro, este debería ser el primer objetivo terapéutico.
El profesional deberá abordarlo con las habilidades terapéuticas adecuadas, siendo la escucha empática y la no estigmatización unas armas fundamentales. Junto a estas, la detección de la causa de los pensamientos suicidas resulta clave. El trabajo del malestar emocional vinculado a este tipo de pensamientos mediante el uso de intervenciones eficaces y clínicamente útiles supone una herramienta de prevención muy importante.
En conclusión, el suicidio es un problema grave que afecta a una cantidad muy elevada de personas año tras año. Además, y lamentablemente, es especialmente recurrente en nuestra sociedad. Tanto la población general como los profesionales sanitarios debemos trabajar para aumentar la sensibilización y reducir la estigmatización en relación a esta temática, procurando fomentar una mayor aproximación y confianza en las personas que se lo plantean.
Si te interesa profundizar sobre esta, u otra temática que consideres relevante, nuestro equipo de psicólogos, situados en Mataró, procurará resolver todas tus preguntas. No lo dudes y contacta con nosotros.