Los problemas psicológicos tienden agruparse, en primer lugar por sector de la población (infantil-adolescente o adultez), y por otro lado, por tipología de síntomas. En algunos casos, pero, pueden aparecer tanto en la infancia como en la edad adulta, e incluso en otros, se observa una cronificación desde edades tempranas hasta momentos más avanzados de la vida. En el caso que aquí nos ocupa, el trastorno de la comunicación social (pragmático), vemos que su aparición acostumbra a ser en edades tempranas (primera o segunda infancia), pero debido a las características de nuestro desarrollo evolutivo, y a las dificultades para detectar ciertas alteraciones, éste puede no identificarse hasta periodos más tardíos. 

De esta forma, la principal característica de esta problemática es la deficiencia/deficiencias en el uso de la comunicación para propósitos sociales, como puede ser saludar o compartir información considerada apropiada para el contexto social. Además, presenta un claro deterioro en la capacidad para modificar la comunicación y adaptarla al contexto o a las necesidades del oyente (p.ej., hablar de manera distinta en un aula o en un parque, conversar con un adulto o un niño, etc.). También presentan dificultades para seguir las normas de interacción y conversación, como pueden ser respetar su turno, expresarse de forma diferente cuando no se comprende su mensaje, y saber cuándo utilizar signos verbales y no verbales para regular la conversación. Por último, como otra de las características relevantes, aparecen dificultades para entender aquello que no se dice de manera explícita, costando interpretar significados ambiguos o no literales (ironía, sarcasmo, humor…). 

En la línea de lo último expuesto, el problema presentado puede confundirse con otros trastornos, como son el Trastorno del Espectro Autista (TEA) o el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). En el primero, aparecen dificultades sociales significativas, pero éstas no sólo se circunscriben a la comunicación, sino que engloban otros aspectos como la empatía, la intersubjetividad, y la teoría de la mente. Además, otra de las características que los diferencia es que en el TEA aparecen intereses restringidos y conductas estereotipadas. En el caso del TDAH, pueden aparecer dificultades en la comunicación, pero junto a éstas, se aprecia una actividad motora excesiva y/o dificultades claras de atención. Resulta interesante y conveniente conocer las características del desarrollo evolutivo de los niños para poder diferenciar las alteraciones y poder establecer un diagnóstico diferencial adecuado. En este sentido, la detección e intervención temprana nos permite prevenir dificultades futuras más graves, y favorecer el correcto funcionamiento y la adaptación de la persona. 

Por último, conviene tener en cuenta, que esta y otras patologías pueden cronificarse, o incluso modificarse y derivar hacia otra alteración. Si deseas ampliar la información acerca de ello, o quieres visitarte con nuestros profesionales, en nuestro centro de psicología, en Mataró, te facilitaremos todo lo que necesites. No lo dudes y llámanos. 

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *