Formamos parte de un mundo donde las interacciones, la vida social, constituyen uno de los aspectos más definitorios y significativos de nuestra condición humana. La comunicación, y con ésta nos referimos no sólo al uso de palabras, sino al intercambio de mensajes (verbales y no verbales), resulta un vehículo primordial para la creación y el mantenimiento de vínculos. Todos los ámbitos (laboral, familiar, social…) requieren este componente, suponiendo una herramienta en nuestras vidas. Por esto, y aunque en ocasiones lo olvidemos y incluso consideremos que es mejor evitarlo, la comunicación entre todos los miembros es un elemento fundamental. 

En la línea de lo introducido, en primer lugar debemos tener en cuenta que “es imposible no comunicar”. Es decir, incluso cuando no tenemos ganas y nos encerramos en nuestra habitación, o evitamos la mirada, o incluso cuando nos vamos a dar una vuelta, ¡estamos comunicando! En este caso podríamos transmitir enfado, disgusto, desinterés, miedo…Emociones que habitualmente nos alejan de aquello que nos genera malestar. Ya simplemente con esto nos podemos hacer una idea de la relevancia de este proceso (la comunicación), pudiendo considerarlo casi todo inherente a él. Junto a esto, los errores o dificultades en la comunicación se pueden dar de dos formas: cuando no se comunica o cuando se hace de manera errónea o problemática. En el primero de los casos, hablamos de aquellas personas en las que predomina un estilo evitador de conflictos, en las que cada acostumbramos a querer solucionar el problema por nuestra parte, y dónde se transmite un clima de desconfianza hacia los demás, generando una tensión que acostumbra a perpetuarse y acentuarse con el tiempo. Esto puede predisponer y es característico de problemas como la depresión o la ansiedad, donde la represión de emociones es un aspecto característico. En la segunda opción, tenemos diferentes posibilidades; podemos encontrarnos con interacciones agresivas, dominantes o autoritarias, frías o distantes, o incluso vacías (se deja de lado el conflicto y se tocan temas banales). Evidentemente, la edad y rol que se tenga nos puede facilitar comprender el tipo de relación. Pero no por ello debemos justificar y mucho menos fortalecer ciertos comportamientos. 

En este sentido, la edad no debe ser un impedimento ni una excusa para mejorar la manera de relacionarnos. Tanto un niño pequeño como una persona mayor necesitan escuchar y ser escuchados. Pero eso sí, deberemos adaptar nuestros mensajes al momento evolutivo y al nivel de comprensión. A pesar de ello, existen unas pautas comunes que es importante conocer, recordar, y respetar: 

  • Escucha activa: Aunque pueda sonar sencillo, cuando estamos inmersos en nuestro día a día a veces se nos olvida. La predisposición y actitud de escucha, sin juzgar, puede favorecer un clima de confianza, de comodidad. Es cierto que todos lo echamos de menos en muchas situaciones, pero tener el recordatorio puede ayudarnos a priorizarlo en nosotros mismos, favoreciendo que también salga de los demás. 

  • Empatía y respeto: Comprender y respetar la opinión y las inquietudes del otro puede ser una de las tareas más arduas, y más cuando creemos que tenemos razón. Aunque esto sea así, ser flexibles y procurar entender cómo se siente el otro en todo momento, nos puede ayudar a enfrentarnos a la situación con más garantías de éxito, resolviendola de manera más eficiente. 

  • Asertividad: Podría decirse que las dos habilidades anteriores quedan englobadas aquí. Ser asertivo significa comunicar nuestros derechos y necesidades respetando y sin vulnerar las del otro. Requiere tomar conciencia de la importancia de exteriorizar nuestros pensamientos y emociones, por perjudiciales que nos parezcan. El poner sobre la mesa lo que nos preocupa o nos hace sentir mal facilita que los demás se hagan una idea de la situación, y además puede servirnos para sacar cierto malestar.

Existen diferentes pautas a tener en cuenta a la hora de comunicarnos. Debemos trabajarlo tanto a nivel verbal como no verbal. Los aquí expuestos son tres principios generales que es importante recordar. Si deseas complementar la información, o tienes alguna pregunta sobre este u otro tema, los psicólogos y psiquiatras de nuestro centro te proporcionarán todo lo que necesites. No lo dudes y llámanos!

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